Día Mundial del Emprendimiento: celebrar, liderar y construir negocios que se sostengan

«…la gran cuestión del emprendimiento femenino: no basta con celebrar que haya más mujeres que se animan a emprender; es necesario preguntarse cuántas logran crecer, sostenerse y escalar, y en qué condiciones lo hacen. Porque el verdadero reto no es solo abrir una puerta, sino asegurar que el modelo de negocio que hay detrás tiene la capacidad real de sostenerla.»

Cada 16 de abril se conmemora el Día Internacional del Emprendimiento, una fecha que invita a mirar más allá de las cifras y a poner en valor a las personas que convierten una idea en una oportunidad, una necesidad en un proyecto y una dificultad en una solución.

Emprender es, en esencia, una forma de crear futuro, pero solo si se construye cuando existen las condiciones (y el criterio) para sostenerlo.

Y hoy, más que nunca, ese futuro necesita más mujeres liderando, innovando y tomando decisiones. Ya no hablamos solo de crear empresas, sino de activar soluciones capaces de responder a retos sociales, tecnológicos y ambientales. Emprender es producir valor, pero también generar impacto. Y, cada vez más, implica tomar decisiones con criterio sobre qué modelos tienen sentido construir y cuáles no.

En un contexto de innovación económica, transformación digital y cambios acelerados en el mercado laboral, el emprendimiento se ha consolidado como una herramienta estratégica para generar empleo, impulsar y construir resiliencia. Ya no hablamos solo de crear empresas, sino de activar soluciones capaces de responder a retos sociales, tecnológicos y ambientales. Emprender es producir valor, pero también generar impacto.

Los datos recientes del Global Entrepreneurship Monitor confirman una realidad que no podemos seguir ignorando: las mujeres están presentes en el emprendimiento, pero siguen enfrentando más barreras que los hombres para consolidar sus negocios. En actividad emprendedora temprana (TEA), la paridad sigue siendo la excepción: solo 9 de 23 economías de ingresos medios alcanzan paridad o cercanía (ratio mujeres:hombres ≥4:5), mientras que en economías de ingresos altos no se observa paridad. Y cuando miramos la consolidación, la brecha se ensancha: en 14 economías hay 2+ hombres por cada mujer en negocios establecidos (EBO).

La brecha no está en el talento ni en la capacidad, sino en el acceso desigual a financiación, redes, visibilidad, formación y tiempo disponible para desarrollar sus proyectos. Tampoco está en la intención de emprender. En muchos casos, la diferencia aparece en cómo se estructuran los proyectos, qué decisiones se toman en las fases iniciales y qué condiciones reales existen para sostenerlos en el tiempo. La igualdad formal no siempre se traduce en igualdad real de oportunidades.

También hay señales de avance: economías como India, Perú, El Salvador, Ecuador o Chile muestran niveles de TEA femenina superiores a la masculina, una tendencia que dialoga con historias como las de Corina Huang y Salma Bougarrani, donde el emprendimiento se convierte en liderazgo y en respuesta a necesidades reales.

Esa es precisamente la gran cuestión del emprendimiento femenino: no basta con celebrar que haya más mujeres que se animan a emprender; es necesario preguntarse cuántas logran crecer, sostenerse y escalar, y en qué condiciones lo hacen. Porque el verdadero reto no es solo abrir una puerta, sino asegurar que el modelo de negocio que hay detrás tiene la capacidad real de sostenerla.

El informe GEM también deja una idea poderosa: cuando las mujeres emprenden, no solo crean empresas, sino también respuestas. A nivel global, el 51% de las personas emprendedoras en fase TEA afirma que emprende para “hacer una diferencia en el mundo”, y el 84% declara que siempre considera los impactos sociales y ambientales en sus decisiones futuras. En ese marco, muchas mujeres están liderando proyectos en salud, sostenibilidad, tecnología, educación o servicios esenciales, aportando soluciones con una mirada práctica, humana y transformadora. Su forma de emprender no es menor ni secundaria; es una pieza clave para la innovación económica y social. Pero para que ese impacto se mantenga, necesita apoyarse en estructuras viables y en decisiones estratégicas que lo hagan sostenible más allá de la intención inicial.

Casos como el de Salma Bougarrani demuestran que el liderazgo femenino tiene capacidad para resolver problemas complejos con creatividad, conocimiento y compromiso. Pero también muestran algo importante: incluso las emprendedoras más preparadas  siguen encontrando barreras estructurales que, en muchos casos, limitan no solo el acceso, sino también la capacidad de consolidar y escalar modelos de negocio sólidos. Por eso, apoyar a las mujeres emprendedoras no es un gesto simbólico, sino una apuesta por un modelo económico más inteligente y más justo.

Desde esta perspectiva, celebrar el Día Internacional del Emprendimiento implica también reivindicar condiciones reales para emprender: financiación accesible, acompañamiento, mentoría, regulación ágil, educación emprendedora y políticas de conciliación que no castiguen a quienes sostienen al mismo tiempo un negocio y una vida familiar. El GEM subraya, además, que el entorno emprendedor no es igual en todas partes: solo 16 de 53 economías alcanzan un nivel “suficiente” de condiciones marco (NECI ≥5.0) y, de forma recurrente, la educación emprendedora en etapa escolar aparece como uno de los puntos más débiles (33 de 53 economías). Sin estas bases, muchas ideas valiosas nunca llegan a materializarse.

Visionarias tiene precisamente el valor de poner el foco en esas mujeres que no solo imaginan el cambio, sino que lo construyen cada día. Mujeres que emprenden, lideran, resisten, innovan y abren camino para otras. Mujeres que no piden privilegios, sino oportunidades reales para competir en igualdad de condiciones.

Porque emprender no es solo crear una empresa. Es atreverse a transformar una idea en impacto. Y cuando ese impulso nace del liderazgo femenino, el resultado no solo enriquece la economía: también amplía el horizonte de lo posible.

Referencia:
GEM 2025/2026 – Global Report

https://www.gemconsortium.org/reports/latest-global-report

Verónica Menéndez Díaz es consultora estratégica especializada en emprendimiento femenino y fundadora de FEM Consultoría (2025). Desde 2016 forma parte del ecosistema emprendedor público y privado, asesorando a emprendedores y negocios en todas sus fases: desde la creación hasta la transmisión empresarial.
Su enfoque es directo: los bloqueos no surgen de la ejecución, sino de decisiones no revisadas a tiempo. Aplica consultoría estratégica para analizar viabilidad real, coherencia del modelo y sostenibilidad a largo plazo.

Colegiada en el Col·legi d’Economistes de Catalunya (nº 17573), cuenta con formación en Empresariales, Emprendimiento e Innovación, RRHH e Igualdad. Fusiona rigor técnico y experiencia práctica en sus metodologías FEM y METANOIA. Autora de Emprender con claridad, ofrece herramientas prácticas para diseñar y validar negocios sólidos.

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