La voz que necesitas escuchar para reinventarte

Como emprendedoras hemos convertido la constancia en una virtud casi absoluta y, sin darnos cuenta, hemos terminado confundiendo perseverar con resistir a cualquier precio. Cerramos los ojos ante el desgaste porque sentimos que cambiar de rumbo puede interpretarse como un fracaso. Y no ante los demás, sino ante nosotras mismas. Y nos agotamos.

¿En qué momento hemos asumido que crecer significa sumar? Más proyectos, más servicios, más presencia, más clientes, más actividad.

Quizá por eso nos cuesta tanto reconocer cuándo una etapa ha terminado. O quizás por eso vivimos poniendo puntos y seguido.

No hablo de rendirse ni de abandonar un proyecto a la primera dificultad. Hablo de algo mucho más complejo: aceptar que aquello que un día nos entusiasmó puede dejar de representarnos. No porque haya dejado de ser valioso, sino porque nosotras hemos cambiado. No somos las mismas. Y es ahí donde debemos hacer una pausa.

Admiramos a quienes nunca se detienen, a quienes siempre encuentran una nueva meta, un nuevo lanzamiento o una nueva forma de seguir creciendo. Sin embargo, pocas veces nos preguntamos si ese crecimiento responde realmente a un propósito o simplemente al miedo de detenernos.

La escritora Anaïs Nin afirmaba que «La vida se encoge o se expande en proporción al coraje que una tenga». Me parece muy sabia esta frase. Y encogerse no quiere decir que nuestro coraje sea menor. Todo lo contrario. Habla del valor de hacer menos o más en proporción de lo que nos atrevemos a hacer o nos atrevemos a dejar de hacer, de lo que nos define, de la sabiduría que acumulamos, de los miedos que soltamos. Del valor de renunciar a aquello que ya no tiene sentido. Del coraje necesario para reconocer que no todo lo que construimos tiene que acompañarnos durante toda la vida.

Como emprendedoras hemos convertido la constancia en una virtud casi absoluta y, sin darnos cuenta, hemos terminado confundiendo perseverar con resistir a cualquier precio. Cerramos los ojos ante el desgaste porque sentimos que cambiar de rumbo puede interpretarse como un fracaso. Y no ante los demás, sino ante nosotras mismas. Y nos agotamos.

Te agotas. No paras. Pero un día te das cuenta de que debes regresar a la esencia de tu proyecto, a tu esencia. Y esto no significa recomenzar de cero. Todo lo contrario.

Con los años aprendemos que hay proyectos que nacieron para responder a un momento concreto de nuestra vida profesional. Cumplieron su función, nos enseñaron, nos abrieron puertas y nos permitieron crecer. Pretender que permanezcan inalterables solo porque un día funcionaron es ignorar que nosotras también hemos evolucionado.

Quizá por eso cada vez escucho a más mujeres decir que están cansadas. No cansadas de trabajar, sino de sostener. De mantener servicios que dejaron de disfrutar hace tiempo. De alimentar proyectos que continúan existiendo más por compromiso que por convicción. De responder a expectativas ajenas. De intentar demostrar, una y otra vez, que pueden con todo. O de simplemente no atreverte a decir “hasta aquí”.

Con frecuencia hablamos de reinventarse como si siempre implicara empezar de cero, crear algo nuevo o lanzarse a un proyecto diferente. Tal vez la verdadera reinvención tenga menos que ver con añadir y mucho más con elegir qué dejamos de sostener.

Durante años he acompañado a mujeres que querían escribir, comunicar mejor, ganar visibilidad o convertirse en referentes en sus sectores. Muchas llegaban convencidas de que necesitaban aprender a hablar mejor, encontrar el mensaje perfecto o descubrir la estrategia adecuada. Sin embargo, el verdadero desafío casi nunca estaba ahí. Lo más difícil era volver a escuchar su propia voz. Esa que había quedado sepultada bajo las expectativas, la necesidad de demostrar constantemente, el miedo a decepcionar o la presión por responder a un modelo de “éxito” que casi nunca era el suyo. Porque cuando dejamos de escucharnos, terminamos construyendo una vida profesional que responde más a lo que otros esperan de nosotras que a lo que realmente queremos construir.

Sostener, cansa. Te lo digo con conocimiento de causa. Cansa intentar responder a todas las expectativas. Cansa querer demostrar constantemente que podemos con todo. Cansa mantener estructuras que hace tiempo dejaron de ilusionarnos. Cansa seguir alimentando una versión de nosotras mismas que ya no existe.

No es casualidad que cada vez escuche a más mujeres hablar de agotamiento. No siempre se trata de un cansancio físico. Muchas veces es un cansancio mental y emocional que nace de vivir demasiado tiempo sosteniendo aquello que ya no encuentra un lugar en nuestra vida.

Tuve el honor de acompañar a una autora española en la edición de su primer libro. «El desorden no es un fallo. Es una señal». Un libro que va de historias. De la de ella, de esas que te mueven y otras te derrumban. Habla de lo que acumulamos, de lo que abandonamos, de esos rincones que hablan de ti, de los armarios, de esos que cargan el peso de nuestras historias, de nuestros duelos también. Lo que acumulamos habla de lo que no hemos decidido. Cuando le pregunté en una entrevista que está cerca de publicarse en Visionarias: ¿Qué es lo primero que ves cuando entras en una casa desordenada? Ella me responde: «Una mujer. Esa es mi primera visión. Y esa es la primera señal. Porque habla de lo que sé que vendrá después. El agotamiento. El no saber. El no entender. El sentirse un desastre. No puedo.»

Mujeres agotadas. No físicamente. Mujeres mentalmente agotadas porque dan más de lo que puede, se les exige demasiado. Sostienen demasiado.

Y eso nos pasa en todo.

¿Qué seguiría en pie si hoy dejáramos de sostener todo aquello que ya no nos corresponde?

Hay decisiones que no se toman porque cuesta demasiado desprenderse de la imagen que hemos construido de nosotras mismas. Sin embargo, llega un momento en el que seguir sosteniéndola pesa más que transformarla.

Tal vez reinventarse no consista en empezar de nuevo. Tal vez consista en hacer algo mucho más difícil: bajar el volumen del ruido para volver a escuchar la única voz que ha estado siempre ahí.

La nuestra.

Porque solo cuando volvemos a escucharla somos capaces de distinguir entre lo que queremos seguir sosteniendo y aquello que, sencillamente, ha cumplido su ciclo.

Periodista con Perspectiva de Género y Editora de medios digitales e impresos. Experta en Comunicaciones y Visibilidad.

Escribe para hacer visible lo invisible, sobre igualdad de género, sobre mujeres referentes, sobre la mujer en el mundo de los negocios y sobre el emprendimiento liderado, «por supuesto», por mujeres.

Ha dirigido los departamentos de Comunicaciones de organizaciones relacionadas con el sector de los negocios e inversiones. Fue Directora de Comunicaciones de la Cámara de Industria y Comercio de EEUU y Venezuela, Gerente de Comunicaciones del Consejo Nacional de Promoción de Inversiones (Caracas) y Editora de la revista sobre economía y negocios Business Venezuela.

En 2014 creó su propio blog, Voces Visibles, para escribir sobre los derechos de mujeres y niñas en el mundo. Publicó en Amazon La Mujer. Una Voz que se extiende. Ha escrito para Womenalia, FeminismoINC y otros medios y comunidades.

Es Consultora Comunicacional y apoya y asesora a mujeres que están en proceso de visibilizarse.

Marita es fundadora de Visionarias y su Directora Ejecutiva y Editorial. Es también Consultora Visionaria.

Su lema: Atrévete, visibilízate, Cree en ti

Puedes conseguir su libro aquí: click aquí

Marita Seara es Experta Visionaria. Visita su espacio. CLICK AQUÍ

Comunicación y Visibilidad

La palabra es poder y sobre todo la palabra escrita. En un mundo como el de hoy necesitamos perder el miedo, atrevernos y utilizar el lenguaje para posicionarnos como Expertas y referentes en nuestras áreas de acción. La visibilidad a través de la plabra permanece, es una huella que trasciende y que formará parte de nuestra trayectoria profesional. Escribir nos posiciona como referentes, pero escribir en los canales ideales. En esta columna hablaremos sobre la visibilidad de nosotras las mujeres, de cómo posicionarnos como expertas, cómo utilizar la comunicación escrita y como mostrarnos en diferentes plataformas. Hablaremos de atrevimiento, de cómo romper barreras, síndromes y todo aquello que nos bloquea. Hablaremos de tips y consejos sobre visibilidad y escritura, hablaremos de historias inspiradoras y más.
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