Hiperconectividad, mujeres y soledad moderna

«En México, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares 2021 y de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo con información del cuarto trimestre de 2022, se informó que el 75.6 % de la población mexicana (88.6 millones de personas) usaron internet, entre ellas, la mayoría fueron mujeres (51.7 %) lo que las coloca 3.4 puntos porcentuales arriba de los hombres que representaron el 48.3 %.«
Hiperconectividad bajo la búsqueda incesante de un falso sentido de pertenencia a través de la aceptación en las redes sociales, esa mente obsesiva ante un número llamado “likes”, la competencia recurrente entre mujeres bajo estándares de belleza impuestos por la publicidad engañosa sin perspectiva de género que manipula constantemente nuestra mente para que se distraiga y se enfoque en aquello que nos distancia de nosotras mismas, mecanismos de comunicación que predominan bajo la cultura de la inmediatez esa que facilita la transformación de la humanidad en seres autómatas, dependientes, con mentes mecanizadas cuya realidad alterada es encontrar el bienestar en lo externo, en aquello que por mínimo que sea genere placer inmediato para luego caer en la insatisfacción que nos lleve a repetir el ciclo.
Soledad moderna, entre el placer y la felicidad
Despiertas, tomas inmediatamente tu teléfono celular, ese que te alerta y acciona tu modo prisa sin ni siquiera haber salido de tu cama, sin haberte detenido por un segundo a visualizar la intención de tu día, conectas con una mente en piloto automático que responde a las exigencias de una rutina cuyo motor es la inmediatez, esa que permea cada día ante una sociedad neurótica de la que elegimos ser parte a través de una serie de actividades multitareas, exigentes, perfeccionistas en donde el diálogo interior se convierte en un verdadero monólogo de frustración, enojo, ira, incomodidad, molestia ante la agenda cargada de pendientes personales, familiares, laborales, sociales, académicos, entre otros, que nutren una mente robotizada que ha perdido su identidad y el acercamiento humano con el mundo, soledad moderna que a las mujeres nos desvincula de quiénes somos de forma significativa ante los retos que representa la falta de igualdad y equidad de género.
En México, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares 2021 y de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo con información del cuarto trimestre de 2022, se informó que el 75.6 % de la población mexicana (88.6 millones de personas) usaron internet, entre ellas, la mayoría fueron mujeres (51.7 %) lo que las coloca 3.4 puntos porcentuales arriba de los hombres que representaron el 48.3 %.
Encontramos por medio de la interacción digital una forma de respuesta a nuestras necesidades no sólo materiales sino emocionales, conexiones banales, superficiales, carentes de profundidad y autenticidad, aplicaciones móviles que si bien facilitan algunos aspectos propios de una sociedad en la era digital también lo es que nos alejan de nuestra capacidad de resolución conflictos a partir del respeto, el autocuidado emocional y la responsabilidad afectiva al delegarle a un dispositivo digital cualquiera que éste sea y a quienes se ostentan como falsos gurús detrás de las redes sociales en diversos sectores como el de la salud mental, nuestro sentir, nuestras frustraciones, confundiendo las experiencias reales y la diversidad de oportunidades de un verdadero crecimiento interior ante la gama de productos y servicios que se nos presentan como mujeres bajo una identidad extraviada que se vuelve esclava de la manipulación del consumo.
Esa sensación placentera en las mujeres de que todo está bien y que se vuelve adictiva, que todo fluye a partir de llevar a cabo dinámicas complacientes detonadas por el entorno digital que incrementa nuestro ego sin darnos cuenta del costo que los estereotipos y roles de género provocan con tal de sentirnos mujeres incluidas, suficientes, aparentando que todo en nuestra vida es maravilloso, agradable, satisfactorio, ocultando en diversas de ocasiones el agotamiento, el sobreesfuerzo, las cargas psicológicas que existen sólo por el hecho de ser mujeres, la crianza, el trabajo, el supermercado, el mantener una casa, las separaciones y los divorcios con sed de venganza virtual porque hoy, ante la lupa de las redes sociales, ser mujeres empoderadas requiere de ocultarnos bajo un personaje provocador, agresivo, cosificado y expuesto que nos aleja de nuestro genuino sentido de identidad, de nuestro Yo más profundo, por tan solo un escaso tiempo de placer traducido en stickers de corazones con un “Me encanta” que al paso de los días nos regresará a sentirnos mujeres insatisfechas atrapadas en la soledad moderna que nos aísla de lo realmente importante, de aquello que trasciende, de la conciencia intrapersonal de descubrir nuestro sentido de la vida.
Brújula y equilibrio, sentido de identidad
Nuestro sentido de identidad implica un sentimiento intrapersonal de mantener un balance entre quiénes somos y lo que el mundo nos pide, buscando adaptación y resiliencia en la trascendencia personal a partir de una práctica consciente de flexibilidad psicológica que facilite adaptarnos sin autoexigencia, sin sobreesfuerzo, con base en lo que valoramos de la vida a pesar de las pérdidas, los cambios, la tristeza, el no entender razones, las decepciones, las separaciones, a pesar de esa emoción de que se nos cae el mundo encima. Preguntarnos ¿Qué nos acerca y qué nos aleja de nuestro Yo más profundo? ¿Cómo nos sobreponemos a las dificultades y retos externos y a las limitaciones internas? ¿Qué áreas de nuestra vida son lo más importante? Tales como la familia, pareja, crianza, ocio, crecimiento espiritual, autocuidado físico, trabajo, comunidad, desarrollo humano, relaciones sociales, entre otros.
Indagar, discernir y autoreflexionar requiere de una práctica de atención plena que facilite el que, progresivamente, nos detengamos ante el reto que representa el placer de la hiperconectividad y observemos cómo nos aislamos intra e interpersonalmente de la realidad, esa brújula que nos invita a vivir con una intención nuestro día momento a momento poniendo nuestros sentidos activos para estar más en el presente disminuyendo el diálogo interior propio de una mente futurizada o anclada en el pasado que lo único que nos provoca es el eterno continuo de estar atrapadas en lo externo, ese equilibrio que nos permite realizar acciones comprometidas entre lo que valoramos de la vida y su congruencia.
Identidad que se descubre manteniéndonos firmes en lo que creemos y valoramos, con la distancia suficiente para no identificarnos con la sensación de éxito cuando todo va bien o de fracaso cuando algo no resulta ante una alta expectativa que sólo atiende a una sociedad que nos exige, valida o rechaza, identidad que no necesite de obtener más y más al tener mayor claridad en aquello que se valora de la vida y que le da sentido a nuestra existencia como mujeres reales, sanas, estables y autocompasivas.
Referencias
- García Campayo, J. (2020). Cómo reducir el sufrimiento con Aceptación y Mindfulness, Editorial Siglantana.
- Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares 2021, y de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2022, INEGI. https://www.inegi.org.mx/programas/dutih/2022/

Alice Rodríguez
Psicóloga Clínica, Instructora en Mindfulness, y abogada, fundadora de Resilio Consultores, S.C. a cargo de las áreas de psicología y sector empresarial en la implementación de políticas institucionales en temas relacionados con la prevención a la violencia laboral, igualdad de género, inclusión y no discriminación, creadora de su marca personal Alice Rodríguez-Psicología y Feminismos.
• Psicóloga Clínica, Universidad Latinoamericana.
• Instructora en Mindfulness, Instituto Iberoamericano de Estudios para la Paz en Valencia, España.
• Licenciada en Derecho, Universidad Tecnológica de México.
• Egresada, entre diversos estudios, del Máster Interdisciplinar en el Estudio y Prevención de la Violencia de Género, Universidad de Salamanca; de la formación Psicoterapéutica, Trauma y Mindfulness, Instituto Iberoamericano de Estudios para la Paz, España; Derechos Humanos de la Mujer, Universidad Austral, Argentina; Educación para la Paz y Derechos Humanos, Universidad Iberoamericana, y Enfoque de Derechos y de Igualdad de Género, en Política, Programas y Proyectos, OEA.
Cuenta con 28 años de experiencia profesional. Es articulista para el Tribunal Federal de Justicia Administrativa, Visionarias y conductora del programa de radio “Género y Acción” que se transmite por KLDRO Radio.
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