Autogestión, un viaje al centro de la Tierra

Escrito por Luisa Laya

En el lado occidental de la cultura tenemos alguna tendencia a vivir de nuestra piel hacia afuera, de modo que cuando hablamos de cualquier tema, y no escapa de ello el liderazgo, pensamos en cómo es que lo podemos demostrar.

Miles de fórmulas hay para medir la habilidades de liderazgo, múltiples teorías que invitan a evaluar cómo nos relacionamos con los demás, cómo es que logramos influir en otros, cómo hacemos para conducir a equipos hacia el logro de objetivos. Y entonces nos dedicamos a trabajar en esos aspectos que se enumeran y definen a la perfección en grandes guías de competencias, en reconocidas y amplias estructuras del pensamiento, o en resúmenes y esquemas para publicar en redes sociales. Buscamos referentes en el mundo, personas que nos inspiren y podemos pasarle un lector de cualidades para utilizar de ejemplo.

Fuente: Katerina Jerabkova (Unsplash)

Vamos a cerrar un momento la ventana y hagamos un viaje al interior de nuestro ser, como al centro de la tierra. Después de varias capas, temperaturas y texturas, encontrarás que la persona más difícil de liderar quizá seas tú misma: Autoliderazgo. Y esto, no necesariamente porque seas irreverente, sino porque nadie mejor que tú para saber el torbellino que te habita y que aún no conoces del todo. No se trata de conducir un equipo y unos recursos para la consecución de una meta, es manejar un mundo infinito, en un tiempo incierto, con una multiplicidad de objetivos y casi todo irresuelto.

Así que requerirá vivir un proceso de autoconocimiento, que implica saber lo que quieres y lo que no quieres, lo que crees, lo que te apasiona, lo que se te da fácilmente y lo que te cuesta un montón, lo que temes, lo que nunca negociarías, lo que te relaja, lo que te angustia, tus prejuicios y contradicciones.

Hacerte muchas preguntas, responderte con honestidad y ser constante porque no serás siempre la misma persona; cuando creas conocerte ya habrás cambiado, por lo que tendrás que actualizar mucha de la información, sin culpa, sin rigidez; tal vez hasta con un poco de sorpresa, sí. Todo evoluciona, por qué no habrás de hacerlo tú con cada experiencia.

Después de toda esta excursión por nuestras cavernas, nos corresponde hacernos cargo de pensamientos, emociones y acciones. Tomar las riendas, asumir las responsabilidades y exterminar la culpa, esa terrible herencia de la tradición “judeocristiana”. Revisar hacia dónde se inclina tu locus de control, regular el tablero que se pasea entre una humanidad confabulada en tu contra y el monstruo que eres, que todo lo puede y crece en tus entrañas.

«La motivación es para mantener el foco en tus intereses, para saber que controlas a tu gusto la presión del grifo del aprendizaje, para zafarte de lo inútil y sumar lo necesario y deseado. Volver a salir a flote cuando los remolinos atrapen tus pies y te hundan y asfixien en el reino de Neptuno, cuando las situaciones de estrés superen tus capacidades, cuando los volcanes hagan erupción y la lava te petrifique»

Tu aproximación hacia lo externo será diferente, de acuerdo a la conexión que tengas con tu interior, qué tan al centro de tu propio planeta has llegado. Y no es un tema esotérico, se trata de autogestión, porque si para asumir la gerencia adecuada de un negocio requieres saber objetivos, visión, valores, con qué recursos cuentas, metas versus tiempo, fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades en un entorno que no controlas, que apenas puedes ir analizando y en alguna medida adaptándote, por qué no hacer lo mismo con tu vida.

Es allí cuando la autogestión, especialmente en tiempos en los que nos ha tocado aprender a cambiar, a golpes y a toda prisa, es una habilidad compleja y muy valiosa para el autoliderazgo. Supone organización de recursos, hacer lo mejor con lo que se tiene, previo reconocimiento de que cuentas con ello. Implica también que establezcas tus metas en todos los aspectos de tu vida que te son significativos, y aprendas a priorizar porque tu energía y tiempo no son infinitos, son recursos no renovables y tienden a disminuir; por ventura, la experiencia suele ayudarte a aprovecharlos mejor.

La gestión de ti misma te resultará más eficiente en la medida en la que te inyectes motivación, y una vez más, reconozcas que es tuya y para ti, no depende de un proveedor externo que, si puede fallar, fallará, y que además no siempre suplirá tus expectativas. La motivación es para mantener el foco en tus intereses, para saber que controlas a tu gusto la presión del grifo del aprendizaje, para zafarte de lo inútil y sumar lo necesario y deseado. Volver a salir a flote cuando los remolinos atrapen tus pies y te hundan y asfixien en el reino de Neptuno, cuando las situaciones de estrés superen tus capacidades, cuando los volcanes hagan erupción y la lava te petrifique.

Sí, porque la vida en la tierra no es rosa, ni colmada sólo de bellas flores, y porque aun cuando así lo fuese, quizá no te gustara ese color y preferirías los campos sin capullos. Por eso es que la persona más difícil de liderar, con el mundo o contra el mundo, podrías ser tú misma y resulta tan útil volcar las habilidades de gestión hacia tu propio centro.

LUISA LAYA

Es Socióloga, Conferencista e Instructora de Dale Carnegie y Practitioner de PNL con especialización en Recursos Humanos en Venezuela, Colombia, Chile, Perú y otros países. Los programas que dicta como instructora son “Presentaciones de Alto Impacto” (oratoria), “Habilidades Esenciales para el Éxito” (Relaciones Interpersonales y Comunicación), “Liderazgo”, “Train The Trainers” (Formación de Instructores), “Escuela de Ventas y Negocios”; “Coaching”, Gestión del Estrés”, Oratoria Juvenil; entre otros. Luisa es la Visionaria Líder de la sección de Liderazgo.

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