Catalina la Grande: La autócrata ilustrada y el costo sexual del poder femenino

«Catalina la Grande no fue una santa. Fue una autócrata que consolidó la servidumbre mientras predicaba libertad. Pero desde el feminismo, su figura es titánica porque se negó a ser pequeña. Se negó a ser una nota al pie en la historia de su marido..»
Cuando analizamos la historia de las mujeres en el poder, a menudo nos encontramos con herederas o regentes. Catalina II de Rusia, llamada «La Grande», rompe este molde con una violencia necesaria: ella no heredó el poder, lo tomó. Como estudiosa de los riesgos, percibo en su ascenso al trono como una operación de gestión de crisis
Catalina es el ejemplo definitivo de la mujer «hecha a sí misma». No era rusa, no se llamaba Catalina (nació como Sofía Federica Augusta) y no tenía derechos de sangre al trono de los Romanov. Sin embargo, gobernó el imperio más grande de la tierra durante 34 años. Desde una perspectiva feminista crítica, mi análisis se centra en cómo demolió las barreras de la xenofobia y el género para convertirse en la representación misma del Estado, y cómo la historia, incapaz de perdonar tal autonomía sexual y política, intentó destruirla con bártulos de alcoba.
Para comprender su liderazgo, debemos mirar sus inicios. Llegó a Rusia a los 14 años, una princesa alemana menor, pobre y sola, su matrimonio con el futuro Pedro III fue un desastre: él era infantil, y probablemente impotente o desinteresado en ella.
Pero es allí que Catalina aplicó lo que en Compliance llamaríamos una «auditoría del entorno». Mientras su esposo jugaba con soldados de plomo y alienaba a la corte, ella hizo lo contrario: Aprendió ruso obsesivamente (estudiando de noche hasta enfermar de neumonía) y se convirtió a la fe ortodoxa. Entendió que, para gobernar un país, debía ser el país. Y ante el vacío emocional de su matrimonio, se refugió en los libros. Leyó a Montesquieu, a Voltaire, a Tácito.
De acuerdo a mi apreciación, esta preparación autodidacta fue su acto de resistencia feminista más potente. Se armó de intelecto. Cuando llegó el momento crítico, no era una «esposa agraviada», era una estadista preparada que entendía la política mejor que los generales que la rodeaban.
De acuerdo a lo descrito, el lector debe tener presente el año 1762, que marca el punto de inflexión. Pedro III, ya emperador, era un riesgo sistémico para Rusia y una amenaza letal para Catalina (planeaba encerrarla en un convento para casarse con su amante). Y no esperó a ser víctima; actuó. Se vistió con el uniforme de un oficial de la Guardia (apropiándose de la simbología masculina del poder militar) y cabalgó al frente de las tropas. Lo fascinante es que ella no pidió permiso para gobernar; ella generó consenso. Había cultivado alianzas claves (los hermanos Orlov, la iglesia, la guardia imperial) basándose en su competencia, no solo en su encanto.
Como gobernante, Catalina intentó modernizar Rusia bajo los principios de la Ilustración francesa. Mantuvo correspondencia con Voltaire y Diderot por lo que, desde el feminismo jurídico y el derecho, destaco su «Nakaz», un documento visionario donde intentó reformar el sistema legal ruso. Abogó por la abolición de la tortura y la igualdad ante la ley. Sin embargo, aquí chocamos con la realidad política: Catalina quería liberar a los siervos, pero sabía que su poder dependía de la nobleza que poseía a esos siervos.
No obstante, queridas lectoras quiero destacar su logro feminista más tangible fue la educación. Fundó el Instituto Smolny para doncellas nobles, la primera institución de educación superior para mujeres en la historia de Rusia. Entendió que no podía haber progreso sin educar a las mujeres, sacándolas de la ignorancia medieval para convertirlas en ciudadanas cultas.
Hecho que no se le reconoce y sin embargo fue y sigue siendo difamada con el mito de la «Ninfómana»: El arma del patriarcado y la violencia reputacional ejercida contra ella. La historia popular la recuerda a menudo por sus amantes o la falsa leyenda sobre su muerte con un caballo.
Pues vale preguntarse ¿Cuándo una mujer ejerce su libertad sexual con la misma autonomía que un hombre, se la etiqueta de desviada o ninfómana?
Bajo su reinado, Rusia se expandió hacia el Mar Negro (logrando el sueño de Pedro el Grande) y hacia el corazón de Europa (las particiones de Polonia). Convirtió a San Petersburgo en una capital cultural que rivalizaba con París. Fomentó la vacunación contra la viruela siendo ella la primera en inocularse para dar el ejemplo (liderazgo en salud pública).
Catalina la Grande no fue una santa. Fue una autócrata que consolidó la servidumbre mientras predicaba libertad. Pero desde el feminismo, su figura es titánica porque se negó a ser pequeña. Se negó a ser una nota al pie en la historia de su marido.
Para nosotras, mujeres profesionales que trabajamos en entornos de alta exigencia, Catalina II es un espejo desafiante. Nos enseña que la competencia intelectual es la mejor defensa contra la discriminación. Nos enseña que el poder no se entrega, se construye red a red, alianza a alianza.
La «Leyenda Negra» sexual sobre ella es simplemente el grito de terror de un patriarcado que no podía concebir que una mujer tuviera tanto apetito: apetito por la vida, por el conocimiento, por el territorio y, sí, por el placer. Catalina la Grande no pidió perdón por su inteligencia ni por su deseo. Y esa es, quizás, su lección más revolucionaria.
Referencias Bibliográficas
Massie, R. K. (2011). Catherine the Great: Portrait of a Woman. Random House.
Montefiore, S. S. (2000). Prince of Princes: The Life of Potemkin. St. Martin’s Press.
Troyat, H. (1980). Catalina la Grande. Ediciones B.
Alexander, J. T. (1989). Catherine the Great: Life and Legend. Oxford University Press.
María Alejandra tiene una experiencia de 25 años en la Administración de Justicia de Venezuela como Juez, Defensora Pública de Responsabilidad Penal del Adolescente y Fiscal Nacional y Regional (Legitimación de capitales y Delitos financieros, Anti-Extorsión y Secuestro, Drogas, Violencia de Genero, Fase intermedia y juicio y Corrupción) y por tres años Directora de Postgrado de la Universidad Yacambu (Venezuela) Área Académica.
Docente de pre y postgrado desde hace 24 años en universidades nacionales y docente invitada de la Universidad de las Palmas de la Gran Canaria (España) en un programa formativo de género.
Conferencista y articulista nacional e internacional, articulista, miembro invitado de LEXCRIM (España), miembro invitado de Universitas y Catedra Jorge Rosell, miembro activo de Académica Multijurídica, Miembro del Consejo Consultivo de la Revista LEXITUM.
Es defensora de los Derechos de la Mujer. Consultora en el área penal de Destilerías Unidas (Empresa Trasnacional). Asesora externa de la Universidad Yacambú. Abogada Feminista y cofundadora de Cata Jurídica con Tacones
Vicepresidenta del Capitulo Venezuela del Colegio Internacional de Estudios Jurídicos de Excelencia Ejecutiva / CIDEJ. PH en Gerencia Transcompleja.
María Alejandra Mancebo es Consultora Visionaria. Visita su espacio haciendo click aquí ⇒⇒

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