Cómo la mamografía salvó mi vida

Mayo de 2019

Recién mudados al nuevo departamento, como tenía unos kilos de más, decidí comprarme ropa deportiva y ejercitarme en las máquinas que, a tal efecto, había en el gran y hermoso parque que estaba justo enfrente.

Comencé a hacer caminatas y ejercicio. Me sentía feliz, aunque todavía no tomaba consciencia de la gran importancia que eso tenía para mantener mi cuerpo y mente sanos.

Junio de 2019

Soy muy cuidadosa y organizada con los tiempos y, como ya se cumplían los dos años de la anterior mamografía, había pedido mi turno con anticipación.

Llegué al hospital, me hicieron la revisión y volví feliz a casa segura de que hasta dentro de dos años, no tendría que volver.

Sin embargo, un par de días después, me llamaron pidiéndome que fuera a hacer un ultrasonido mamario, sin explicación alguna.

Llegué al turno, entré en la sala, me hicieron el examen… ¡Nada me dijeron!

Desde allí, nuevamente me llevaron al mamógrafo… Otra vez a aplastarme sin piedad, pero con mucho cuidado de revisar milimétricamente cada pedacito de mis mamas.

Nuevamente, sin explicación, me dieron turno con cirugía.

Unos días después, me atendió una médica muy agradable, quien por fin me explicó que habían encontrado “algo”, de apenas cuatro milímetros, que debían extraer para hacer la biopsia y así saber exactamente de qué se trataba, aclarando que había sido una gran suerte detectarlo en su etapa inicial.

¡Hasta hizo el dibujo para que lo entendiera mejor!

«Mujer, te digo que la mamografía sí salva vidas, yo soy un claro ejemplo de ello. De no haberla hecho en el tiempo que me correspondía, seguramente que mi historia hubiera sido muy diferente…»

La cuestión era que ese “algo” era tan pequeño, que solo se detectaba en la mamografía y nada veían en el ultrasonido. 

Le conté que estaba haciendo ejercicio y me dijo que no, que a partir de ese momento y hasta después de la operación, nada de esfuerzo era recomendable, por lo que guardé mi ropa nueva y me dediqué a mirar el parque desde el balcón, salvo que hiciera alguna que otra caminata tranquila, sin esfuerzo alguno.

Tenía “algo” en mi mama derecha, pero como no me decían qué era exactamente, recurrí a mi médica de familia. Con ella tenía la confianza para preguntarle qué estaba pasando exactamente.

Ella tampoco se animó a decirme la tan temida palabra, hasta que le dije afirmativa y directamente:

—Tengo cáncer, ¿verdad?—.

Ella, mirándome con sus ojos desorbitados, solo me respondió:

—Sí—.

Nunca tuve miedo a las enfermedades, nunca hice escándalo por nada y tampoco lo hice en esta ocasión.

La palabra cáncer no me impresionó. La palabra cáncer no me amilanó. En realidad, no sentía dolor alguno, no tenía molestias, solo sabía lo que decían los médicos acerca de que “algo” había dentro de mi seno derecho, que debían extirpar lo antes posible.

No me sentía enferma ni víctima de nada.

Simplemente, daba las gracias por haberme hecho la mamografía en fecha, porque lo encontrado era tan pequeño, que estaban a tiempo de ahorrarme una gran tragedia.

Septiembre de 2019

Entre estudios y análisis, pasaron julio y agosto, llegando el día de la internación.

Para esa época, ya era vegana y mi gran preocupación de estar internada, era que debían saber que mi comida era diferente. Obviamente, me preguntaron sobre esto al ingresar al hospital.

Me prepararon para la cirugía, pero el tumor era tan pequeño, que el mismo día, antes de entrar en la sala de operaciones, nuevamente me hicieron una mamografía, para establecer el sitio exacto y extraerlo.

Recuerdo el paseo por el hospital en silla de ruedas. El camillero me llevaba a tal velocidad, que imaginé estar sentada en un auto de carreras, en plena faena. Intento, siempre, aplicar el humor, aun en los momentos más difíciles.

Una vez en cirugía, me hicieron una lumpectomía para extraer el tumor y, además, tal como me habían explicado previamente, una incisión en la glándula centinela, para realizar un drenaje a través de los ganglios linfáticos de la mama en cuestión, que se encuentran en la axila.

En total, salí con dos cortes que me incomodaron bastante por un buen tiempo.

Un par de días después, me dieron el alta con las debidas indicaciones y los turnos médicos que me correspondían.

Así fue como entré por primera vez en el Departamento de Cáncer del hospital. ¡Fue impactante!

Creo que recién en ese momento, caí en la cuenta de lo que me había sucedido o de lo que me estaba pasando, aunque seguía sintiendo lo mismo: «No estoy enferma, ya me quitaron el tumor y tuve mucha suerte de que lo encontraran al principio de su formación, tan pequeñito».

En esa sección, me designaron un médico que seguiría mi tratamiento de allí en adelante, sin contar que debía concurrir a control en Cirugía Mamaria dos veces por año, incluyendo mamografía y ultrasonido anuales y, también al ginecólogo, porque todo está unido.

El oncólogo me dijo que, para evitar nuevos tumores, debía hacer radioterapia, lo que no me gustó demasiado porque ya me había informado bastante. San Google me respondía todo lo que le preguntaba, y me había enterado de que esto no era demasiado agradable, pero sí necesario.

Octubre 2019

A partir del 15, tenía diecisiete sesiones de radioterapia por delante.

Los dolores de mama, después de una operación como esta, son muy fuertes.

Yo estaba habituada a andar por mi casa sin sostén, porque es una prenda íntima que siempre me incomodó, pero en aquella época, tenía prohibido no llevarlo, porque de verdad que los dolores se hacían insoportables.

Las mamas son zonas muy delicadas, aunque eso, por lo general, no lo tenemos en cuenta.

Cumplí una por una las sesiones de radioterapia, siempre siguiendo las indicaciones de los especialistas y aguantando, gracias a mi fortaleza, las incomodidades que este tratamiento me imponía.

Aproveché los viajes al hospital para disfrutar del paisaje que rodeaba la carretera. Eran unos cuarenta y cinco minutos de gozo total, por lo que llegaba a recibir la sesión, relajada y feliz de ir avanzando y pronto, muy pronto, terminar.

Diciembre 2019

¡Sí! Por fin se acabaron las sesiones de radioterapia. Me sentía feliz de haber superado esta etapa que me enfrentaba, día a día, conmigo misma.

Sin embargo, no fue así.

En la cita con el oncólogo, él me explicó lo que seguía, refiriéndose a un tratamiento diferente, una especie de quimioterapia pero en pastilla, que debía tomar día tras día, durante cinco años, a fin de evitar que, después de ese plazo, volviera a formarse otro tumor, siempre hablando de tumores mamarios.

Me dijo que no era obligatorio, pero sí muy recomendable. Entonces, le pedí el nombre del medicamento y me puse a investigar.

¡Wowww! Las contraindicaciones eran más que temibles y me tomé mi tiempo para pensar.

Además, ya tenía el alta y podía comenzar a hacer ejercicio, entonces la trabajadora social del Departamento de Cáncer me puso en contacto con una fundación que tiene abierto un centro de actividades gratuito para personas enfermas de cáncer.

Allí conocí lo que es el Fendelkraiss, una disciplina maravillosa para sanar dolores corporales, moviendo la columna vertebral y otros huesos que, normalmente, no movemos.

También fui a clases de yoga y de ejercicio.

En fin, que tomé verdadera conciencia de mi cuerpo y de la importancia de amarlo y cuidarlo, para estar sana y saludable.

En esa época, pesaba casi noventa kilos con una estatura de un metro sesenta centímetros. ¡Imagínate!

Enero 2020

Me tomé vacaciones con mi hija y me dediqué a pensar.

A pesar de los fuertes dolores que aún tenía en mi mama derecha, estaba cicatrizando bien y podía hacer esos esfuerzos.

Febrero 2020

Finalmente, llegó la visita al oncólogo. Había decidido seguir el tratamiento con Tamoxifen (me lo entregan gratuito todos los meses), concentrada en que todo iría de maravillas.

A partir de allí, habiendo tomado conciencia de lo que había pasado y de que el cuidado de mi cuerpo y de mi mente es fundamental, busqué un grupo de ejercicio diferente y recurrí a una nutricionista. Lentamente, comencé a bajar de peso.

Hoy, casi cinco años después, estoy finalizando el tratamiento, feliz de encontrarme sana y agradecida al cáncer, porque fue el que me dio la cachetada que necesitaba para darme cuenta de que debo ir para adentro en las cosas que me pasan y así sanar mi alma, porque es lo único que sana mi cuerpo.

El mucho ejercicio y las muchas caminatas que realizo ahora, gracias a los que bajé más de treinta kilos, son un gran acompañamiento para ese estar mejor como la unidad que soy, formada por lo material y lo inmaterial.

Finalmente, entendí que yo sola había generado el cáncer, por los muchos traumas que traía acumulados desde el mismo momento de mi concepción, que no quería ver, y que, por lo tanto, yo sola debía superarlos para que el cáncer no volviera a visitarme.

Y, para terminar, Mujer, te digo que la mamografía sí salva vidas, yo soy un claro ejemplo de ello. De no haberla hecho en el tiempo que me correspondía, seguramente que mi historia hubiera sido muy diferente.

Por eso, mi recomendación es:

¡Házte la mamografía regularmente!

 

Débora Weller

Soy Débora Weller, Escritora y Coach de Escritura y Coach de Vida y de Negocios, ambos con Programación Neurolingüística.

Después de reinventarme, desde el año 2014, he dejado de trabajar, porque hago lo que amo: la escritura siempre fue un pilar fundamental en mi vida y hoy se ha transformado en mi forma de ayudar a los demás.

Me dedico a la escritura de los libros de no ficción, aquellos gracias a los cuales mis escritores comparten sus conocimientos, sus vivencias y, si así lo desean, su método único de trabajo, con el objetivo de posicionarse como referentes en su área de experticia y, de esa manera, potenciar su marca.

También acompaño, en el a veces complicado, proceso de escritura de quienes desean dejar un legado contando su historia a través de una autobiografía, el que les ayuda, por supuesto, a sanar su alma.

Gracias a mi trabajo, estoy cumpliendo dos sueños: haberme convertido en escritora y disfrutar trabajando con personas de habla hispana que viven en cualquier rincón del mundo.

Web: https://deboraweller.com/ 

Débora Weller es Consultora Visionaria. Visita su espacio haciendo click aquí ⇒⇒

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