Crónicas de una analfabeta financiera

En las entregas pasadas de Visionarias se habló mucho de la importancia de la autonomía financiera y hasta se compartió una serie de estudios con perspectiva de género al respecto.   En ellos no solo nos dimos cuenta de la importancia de saber manejar los gastos; sino también del cambio de perspectiva que está empezando a inundar a las nuevas generaciones, en mujeres que no necesariamente piensan en depender de un hombre o que no está en sus planes la maternidad.

Yo no soy la excepción. La vida me ha llevado a ver que está en mis manos mi bienestar y futuro financiero. Pero también soy consciente que el camino no ha sido fácil.

No quiero caer en la victimización o lástima, pero vengo de una realidad en donde nadie me enseñó de administración o diversificación de fuentes de ingreso; creo que “sin querer queriendo” (frase coloquial mexicana) se pensó que con el tiempo me iba a casar y otra persona se ocuparía de mis finanzas.

Pero la realidad ha sido otra. Me he convertido en una adulta soltera, que vive con sus padres al mismo tiempo que sigue luchando en su carrera profesional, con dos gatos y que apenas entiende de “activos” y “pasivos”.

Mi primera experiencia fue cuando me mudé para continuar con mi educación; fue un duro golpe con la realidad darse cuenta del costo de la comida, renta, colegiatura, gas, etc. No solo fueron días en donde maduré, también me llegué a ver en la penosa situación de comprar mi despensa o un libro de física. Elegí la comida y me volví adepta a las copias y los libros electrónicos.

«Y en esas ando, una pequeña analfabeta financiera que no quiere volverse millonaria, ni vestir Chanel (pá que si todo lo meto a la lavadora) o andar del tingo al tango. Una “adulta chiquita” que solo quiere tener recursos para ir al doctor o poder sortear un imprevisto sin pensar en empeñar sus pertenencias. «

Después llegó la hora de sacar la tarjeta de débito. Recuerdo que pregunté en un banco y algunos conocidos que me recomendaban; y como en muchas ocasiones, cada quien me decía su experiencia y tips. Al final acabé aturdida, asustada porque en un banco estaba vetada (curioso porque nunca tuve relación con dicha entidad) y frustrada porque no sabía cómo “hacerle”.

Meses después me acerqué al banco más cercano (necesitaba una cuenta para que mis padres me pudieran depositar dinero para mi subsistencia en la ciudad). Pregunte tímidamente a la señorita de la entrada. “¿Cómo le hago para abrir una cuenta?” Después le expliqué mi situación de “estudihambre”. Ella asintió y me pasó con una ejecutiva perfectamente arreglada.

Como es de esperarse, me dieron la cuenta más básica y me explicaron que debía hacer al menos 6 transacciones para que no me cobraran comisiones. Todavía recuerdo que alguien me dijo . “Compra agua en el OXXO querida”, y ya con eso.

 

Yo trataba de procesar la información lo más rápido posible. Después aprendí a usar el cajero automático (tuve que intentarlo como 5 veces). En casa, descubrir cómo usar la Banca en Línea; y la semana subsecuente fui a otra zona de la ciudad por un token para poder hacer transacciones.

Y ya luego con el tiempo, práctica y maña, fui aprendiendo a vivir con “tres centavos”. Conocí mis zonas y en donde eran más asequibles los artículos de primera necesidad, que era para lo único que me alcanzaba.

Tres años después, un domingo, después de ir al súper por una dotación de avena, nopales y latas de atún; me empezaron a llegar un montón de notificaciones de transacciones financieras. Grité llena de pánico. Me estaban vaciando mi cuenta bancaria en un Cinepolis. Con los ojos al borde de las lágrimas llamé al número de atención a clientes del banco. La semana siguiente tuve que ir varias veces a la sucursal, y así aprendí lo que es que te clonen tu tarjeta, como bloquearla y obtener una de nuevo.  

Tiempo después dejé de usar la tarjeta con regularidad y me la bloquearon. De nuevo al banco para desbloquear el plástico. En esa ocasión recuerdo estar esperando más de dos horas, mientras escuchaba un comercial de inversiones. Me llamó la atención este último porque mencionaban que había que pensar en nuestro futuro.

Cuando llegó mi tiempo ante la ejecutiva también decidí preguntar por eso de las “inversiones”. La señorita solo me dijo.- Te lo puedo abrir, pero de ahí para adelante es por tu cuenta.       

Le dije, “No, gracias”; y me retiré.

Consecuentemente conseguí mi primer empleo, lo que significó que debía darme de alta en el SAT (Institución tributaria de México) y empezar a recibir mi modesto sueldo.

Que luego lo de los impuestos y lo del AFORE.

¿Qué es y cómo se come eso del AFORE?

Quién sabe, que al final es algo que tu debes de investigar; al mismo tiempo que debes seguir viviendo con tres pesos porque la vida es muy cara y el sueldo es pequeño cuando se inicia. Ni modo, el deseo de empezar a comprarme “mis cositas” solo se quedó en eso, en deseo.

Si bien quería comprarme “mis cositas” no me alcanzaba, no me quedó de otra que idear alternativas, olvidarme de unos gustos, tener que pedirle prestada su compu a mi hermana pequeña porque la mía ya había dado lo que tenía que dar.

Gracias obsolescencia programada.

Y mientras ¿qué hacer con los centavos que podía ahorrar?

Pues vamos de nuevo a investigar eso de las inversiones.

Visitar varias páginas web, escuchar podcast de emprendedores y meterme de colada en algunas reuniones virtuales; mientras trapeo la cocina.

Porque el año pasado ya me dije, “Ahora si ya. Tengo que agarrarle la onda, no hay nadie más, nadie lo va hacer por mi”. Y creo que agarré al toro por los cuernos aunque todavía no lo manejo bien.

Me persigné, le pedí a Dios su ayuda y me lancé con unos pagarés. Al ver que no perdía mi dinero, seguí adelante. Mis compañeros de trabajo me presentaron algunas aplicaciones en donde puedes tener tu dinero disponible todo el día y generar rendimientos. Ya que les entendí comencé con los Cetes, las SOFIPOS y con eso del “trading”; en donde yo solo veo gráficas, pero en la que muchos mencionan está la gallina de los huevos de oro.

Y en esas ando, una pequeña analfabeta financiera que no quiere volverse millonaria, ni vestir Chanel (pá que si todo lo meto a la lavadora) o andar del tingo al tango. Una “adulta chiquita” que solo quiere tener recursos para ir al doctor o poder sortear un imprevisto sin pensar en empeñar sus pertenencias.

Como verán no vengo del contexto, ni tengo el capital social, pero deseo aprender de educación financiera. Si bien uno se acostumbra al estrés y la incertidumbre, no quiero que sean mis compañeras de vida. Creo que hay otra opción y mientras la encuentro trato de seguir adelante, aprendiendo; mientras trapeo la cocina.

 

 

Alma Delia Miranda Flores

Licenciada en Estudios e Historia de las Artes, con orientación en Gestión Cultural, por parte de la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ).

Ha formado parte del voluntariado del Antiguo Colegio de San Ildefonso (museo) como mediadora y co-creadora del estudio de públicos en la misma área (2018- 2019).También, se ha desempeñado como asistente de curaduría e investigación, en la exposición Devoción (2018) de Katia Mandoki, realizada en la Celda de Sor Juana.
De igual manera, y por iniciativa propia, desarrolló un pequeño programa de radio titulado Tengo una pregunta (2019), en Radio C.
En 2020, colaboró con Mercarte como auxiliar e investigadora de Branding Art; al mismo tiempo que escribió la Guía de Reapertura para su espacio de exhibición.

Posteriormente se desarrolló en el área de redacción en Corima Online (webzine de arte y cultura) entre el 2020 y el 2022. De igual manera que como networker con Mirada Be (un espacio de difusión para artistas emergentes de América Latina).

Ha incursionado en la docencia con Art change makers y mediación cultural en el Museo Nacional de la Vivienda (Munavi).

Actualmente se desempeña como colaboradora en el área de edición de Antidogma. Revista de Arte y Cultura; así como Agente de captación de vacantes de Gestora (plataforma de servicios de empleabilidad para profesionales culturales y creativos en Latinoamérica, ubicada en Linkedin).

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