Cuando el impulso de cambio aparece… y no sabemos por dónde empezar

«Venimos de una cultura que valora el hacer constante, el movimiento, la productividad visible, las agendas llenas. Durante mucho tiempo, yo también funcioné así: jornadas largas, fines de semana respondiendo mensajes, una sensación de avance permanente. Y cuando ese ritmo se detiene, algo se desacomoda.

Hay un momento —a veces silencioso, a veces incómodo— en el que algo adentro nuestro empieza a moverse. No siempre es claro, no siempre es ordenado, pero está. Es ese impulso que aparece cuando lo que antes funcionaba ya no alcanza, cuando lo conocido empieza a sentirse chico, cuando sostener lo que venías haciendo se vuelve más pesado que animarte a otra cosa.

Y sin embargo, no sabés por dónde empezar.

No hay un plan. No hay una certeza. No hay un paso a paso claro que te diga qué hacer. Lo que sí aparece —y con mucha fuerza— es la incertidumbre. Y con ella, muchas veces, la culpa.

Venimos de una cultura que valora el hacer constante, el movimiento, la productividad visible, las agendas llenas. Durante mucho tiempo, yo también funcioné así: jornadas largas, fines de semana respondiendo mensajes, una sensación de avance permanente. Y cuando ese ritmo se detiene, algo se desacomoda.

Aparece una pregunta incómoda: ¿estoy haciendo lo suficiente? Y con ella, una sensación aún más profunda: ¿estoy perdiendo el tiempo?

En mi proceso de cambio hubo momentos donde la culpa y la tristeza se hicieron presentes. Porque ya no estaba produciendo como antes, porque el ritmo había cambiado, porque no había resultados inmediatos que validaran ese nuevo camino. Pero con el tiempo empecé a ver algo distinto. Lo que parecía “menos” en realidad era “otra cosa”.

Estaba pensando más, sintiendo más, eligiendo con más conciencia. Estaba dándome el espacio para cuestionar estructuras que antes sostenía en automático. Y eso también es trabajo. Solo que no siempre es visible, no siempre se puede medir y no siempre es reconocido por afuera. Pero es profundamente transformador.

Hay una idea que me acompaña mucho en este proceso: no todo crecimiento es lineal. A veces, para avanzar, primero necesitamos bajar. Bajar el ritmo, bajar el ruido, bajar las exigencias externas. No como una renuncia, sino como una decisión. Una pausa consciente que permite reorganizar, mirar, elegir.

En un mundo que empuja a acelerar, parar puede parecer un retroceso. Pero muchas veces es lo que nos permite no seguir avanzando en una dirección que ya no queremos.

En ese tiempo de pausa, algo empezó a cambiar. Aparecieron con más fuerza personas que antes dejaba a un costado, espacios que no me permitía habitar, ideas que no llegaban porque no había lugar para escucharlas. También aparecí yo, en mi propio desafío, en mis preguntas, en mis ganas.

Y entendí algo que hoy puedo decir con certeza: la pausa no te detiene, te reconfigura. Te permite resetear, revisar, reordenar. No es el final del camino, es el momento en el que empezás a construir uno nuevo.

No saber cómo hacerlo no es un error. Es parte. Porque cuando estás creando algo nuevo —una forma de trabajar, una forma de vivir, una forma de elegir— no hay mapas preexistentes. Se construyen en el hacer, en el probar, en el equivocarte, en el volver a intentar.

Y sí, da miedo. Y sí, incomoda. Pero también es ahí donde aparece algo distinto: una forma más auténtica de avanzar.

Hoy sigo en ese proceso. No tengo todas las respuestas, no todo está resuelto. Pero sí hay algo que cambió: ya no mido mi valor solo por cuánto hago. Empiezo a medirlo por cómo elijo. Por la coherencia, por el sentido, por la dirección.

Estoy construyendo un nuevo ritmo. Uno que no responde solo a la exigencia externa, sino también a lo que internamente necesita crecer.

Si hoy sentís ese impulso de cambio pero no sabés por dónde empezar, si te invade la incertidumbre, la culpa o la sensación de estar haciendo poco, quiero decirte algo: no estás perdida, estás en proceso. Y ese proceso —aunque no siempre sea claro, aunque no siempre sea cómodo— tiene valor.

Tal vez no se trate de acelerar. Tal vez se trate de pausar para poder elegir mejor hacia dónde ir.

Porque no todo cambio empieza con una acción visible. Muchos empiezan así: en silencio, con dudas, pero con una certeza interna que, de a poco, se vuelve imposible de ignorar.

Agustina Marino es coach especializada en procesos de cambio laboral. Acompaña a personas que se sienten estancadas a ordenar sus ideas, reconocer sus habilidades y transformar su experiencia en nuevas oportunidades de acción.

Licenciada en Gestión del Arte y la Cultura y Magíster en Museología, cuenta con más de 15 años de experiencia en instituciones culturales, tanto públicas como privadas, donde lideró equipos y desarrolló proyectos vinculados al arte, la educación y la gestión.

Hoy integra esa experiencia con herramientas de creatividad y pensamiento estratégico para guiar procesos de transformación personal y profesional. Es creadora de Mentoría Creativa, un espacio donde el cambio deja de ser una idea y empieza a tomar forma.

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1 Comentario

  1. Alma Delia Miranda Flores

    Me encanto tu artículo. Justo me encuentro en ese proceso

    Responder

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