El amor también se aprende: comunicar lo que sentimos, entender cómo nos aman

«…es fundamental para la vinculación humana y la comunicación emocional identificar cómo ama el otro, cómo expresamos nosotros el amor y cómo lo recibimos. Y esto no se limita a las parejas; aplica a todos los vínculos importantes: padres, hijos, hermanos, amigos, compañeros de trabajo, incluso referentes afectivos que nos marcan la vida..

Debo confesar que hablar de amor no es algo que me salga fácil. A veces me siento un poco expuesta, como si estuviera abriendo una puerta que prefiero mantener cerrada. Pero últimamente he estado pensando mucho en esto, y creo que es clave para nuestras vidas. Entender cómo damos y recibimos afecto puede evitar tantos malentendidos, fortalecer nuestros vínculos y, honestamente, cuidar nuestra salud mental. Porque, al final, el amor no es solo un sentimiento; se aprende, se comunica y se vive en los detalles diarios.

¿Te ha pasado que hablar de amor —especialmente de esos «lenguajes del amor»— te incomoda? ¿Por qué nos cuesta tanto abrir ese mundo emocional, incluso con las personas más cercanas? Yo creo que es porque desde chicos nos enseñaron que el amor se demuestra «solo con hechos» o que si alguien te quiere «se tiene que notar». Pero… ¿Quién decide cómo se nota? ¿Cuáles son esas señales que esperamos, y desde qué creencias las construimos?

Hablar de amor nos expone: a lo que sentimos, a lo que deseamos y, muchas veces, a lo que no sabemos expresar. Nos enfrenta con nuestras heridas, con los modos aprendidos de dar y recibir cariño, con nuestros vacíos y expectativas.

Por eso, es fundamental para la vinculación humana y la comunicación emocional identificar cómo ama el otro, cómo expresamos nosotros el amor y cómo lo recibimos. Y esto no se limita a las parejas; aplica a todos los vínculos importantes: padres, hijos, hermanos, amigos, compañeros de trabajo, incluso referentes afectivos que nos marcan la vida.

Comprender los lenguajes del amor es una herramienta para evitar malentendidos y suposiciones que dañan las relaciones.

¿Cuántas veces has sentido que alguien no te quiere «como esperabas», solo porque no expresa el afecto del modo que necesitas? ¿Y cuántas veces has hecho sentir eso a otros sin darte cuenta?

Detrás de esas frustraciones hay formas distintas de lenguaje emocional. Gary Chapman, en su libro Los cinco lenguajes del amor, propone que existen cinco formas principales de expresar y recibir amor. No son reglas fijas, pero sí marcos útiles para entendernos mejor (Chapman, 1992).

  • Palabras de afirmación: Para quienes necesitan oír frases como «te quiero», «me hacés bien», «me encanta que estés acá». El amor entra por el oído. No decirlo puede sentirse como una ausencia total.
  • Tiempo de calidad: Compartir un rato sin pantallas, con atención plena. Un paseo, una charla sin distracciones, un café sin apuros. No es cantidad, sino presencia real.
  • Actos de servicio: Ayudar, cuidar, resolver algo por el otro. Preparar una comida, buscarte cuando lo necesitás, ofrecer ayuda sin que te lo pidan.
  • Contacto físico: Abrazos, caricias, tomarse de la mano, un mimo al pasar. Si no hay cercanía corporal, el afecto se siente lejano.
  • Regalos: No necesariamente caros, sino detalles pensados, sorpresas, simbolismos. Una carta, un chocolate, una flor del camino.

Todos tenemos una mezcla de estos lenguajes, pero generalmente hay uno o dos que predominan, tanto en cómo damos afecto como en cómo esperamos recibirlo.

El problema surge cuando hay desajuste entre lo que damos y lo que esperamos. Por ejemplo, si tu forma de dar amor es regalar cosas porque lo vives como algo genuino y alegre y la otra persona nunca te regala nada, podrías sentir que no te valora. Pero quizás esa persona te demuestra su amor de otra forma: esperándote con una comida caliente, acompañándote sin decir mucho, haciendo cosas por vos sin pedir reconocimiento.

¿No te quiere? No necesariamente. Tal vez te ama, solo que habla otro «idioma» emocional.

Dicho esto, no quiero que esto suene como una excusa para justificar frialdad o maltrato. No se trata de aguantar vínculos que no nos hacen bien. Comprender los lenguajes del amor no anula las red flags: manipulación, indiferencia, violencia o abandono emocional sistemático son otra cosa. Aquí hablamos de vínculos sanos, donde vale la pena construir puentes desde la empatía, no muros.

Tampoco confundamos esto con lo que «debería ser». Cargamos con mandatos aprendidos desde la infancia: que si alguien no dice «te amo» todo el tiempo, no nos quiere; que si no nos abraza, es frío; o que si no está pendiente de cada paso, no le importamos. Pero quizás esa persona ama distinto, y eso está bien.

En las amistades, esto se ve clarísimo. Una amiga puede no mandarte mensajes diarios ni likes en redes, pero estar siempre cuando la necesitás, ayudarte a mudarte o recordarte tus fechas importantes. ¿Es menos amiga que la que te escribe todos los días pero no aparece en los momentos duros? La forma de dar amor no es mejor ni peor; simplemente es distinta.

Incluso en lo laboral o comunitario: una colega que te deja un café en el escritorio, alguien que te dedica tiempo para escucharte en un mal día, o una persona que te abraza fuerte en un momento clave. Gestos que hablan, que sostienen, que te hacen sentir visto y contenido.

Por eso, hablar de los lenguajes del amor no es una moda ni una frase de autoayuda barata. Es una forma concreta de mejorar nuestras relaciones. Nos invita a salir del piloto automático, de las suposiciones, y a comunicarnos con más claridad y empatía.

¿Sabés cuál es tu lenguaje del amor? ¿Y el de quienes te rodean? Aprender a reconocerlos es una herramienta poderosa. Nos permite dar y recibir desde un lugar más consciente, amoroso y justo. Porque a veces no se trata de que el otro no te quiera, sino de que todavía no aprendieron a hablar el mismo idioma emocional.

Y como en todo lenguaje, lo importante no es solo saberlo… sino practicarlo. Al final, cuando empezamos a comunicar abiertamente cómo nos sentimos y cómo necesitamos ser amados, fortalecemos nuestros vínculos de verdad. Esto no solo evita rupturas innecesarias, sino que también protege nuestra salud mental: reduce la ansiedad de los malentendidos, nos ayuda a procesar heridas emocionales y nos da herramientas para relaciones más sanas y satisfactorias. Hablar de amor, al principio incómodo, termina siendo liberador. ¿Estás lista para intentarlo?

Bibliografía
Chapman, G. (1992). Los cinco lenguajes del amor: Cómo expresar un compromiso sincero con tu pareja. Northfield Publishing.

Comunicadora social y Psicóloga Social.

Creadora del proyecto Mente y Comunicación, el cual también cuenta con un podcast en el que promueve todo lo relacionado a la salud mental y comunicación, especialmente.

Su foco es el emprendimiento femenino en el deporte y en los ámbitos de poder que ocupan las mujeres en este siglo.

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