El autocuidado como el arte de pausar y poner límites

«Hago un llamado para que nos demos el permiso, con gentileza y autocompasión, de parar, de saborear cada logro, de sentir el gozo de desconectarnos de lo cotidiano para conectar con nuestra verdadera esencia, con nuestro valor personal. Esto se logra desde la quietud, la contemplación, la presencia plena, el disfrutar lo que tenemos en el presente, que al final por todo eso es por lo que se trabajó previamente.«
Hoy quiero abordar un tema que nos atraviesa a todas las mujeres y que en el día a día observo cómo tiene implicaciones en el bienestar, la productividad y las relaciones interpersonales.
Mucho se habla del autocuidado como un derecho y una necesidad básica que implica dedicar tiempo al bienestar físico, mental y emocional. Lo cierto es que, en la práctica, representa un desafío para la población femenina que bajo la narrativa del empoderamiento se ha visto inmersa en una serie de actividades que para ser honestas, no alcanzan veinticuatro horas al día ni los siete días de la semana para realizarlas manteniendo un nivel de energía vital adecuado.
El mito de las 24 horas vs la dulzura de no hacer nada
¿A qué me refiero con lo anterior?, a que se ha llegado a confundir el estar ocupada con ser productiva. Las mujeres emprendedoras, que son con quienes interactúo desde hace varios años gracias a mi labor como consultora, en su mayoría, tienen dificultades para gestionar su tiempo; dificultades que surgen por un dilema interno, porque conciliar las horas que le dedican a su negocio compiten con el autocuidado y otras actividades como las relacionadas con labores domésticas o de cuidado de otras personas. Algunas coinciden en que el autocuidado les genera culpa, porque se colocan en el primer lugar de su lista de prioridades o porque cuando se dedican tiempo a sí mismas; sienten que no son productivas o no se pueden permitir “no hacer nada” (descansar, dormir una siesta, salir a caminar, etcétera).
Vivimos en una sociedad que ha elogiado el desgaste físico, mental y emocional, porque a su vez, se ha privilegiado el “hacer”, el pasar de una acción a otra sin tregua. Y así es como me encuentro con mujeres agotadas, que no se permiten disfrutar de las etapas y procesos de su proyecto de negocio, porque se han desconectado de su ser.
Hago un llamado para que nos demos el permiso, con gentileza y autocompasión, de parar, de saborear cada logro, de sentir el gozo de desconectarnos de lo cotidiano para conectar con nuestra verdadera esencia, con nuestro valor personal. Esto se logra desde la quietud, la contemplación, la presencia plena, el disfrutar lo que tenemos en el presente, que al final por todo eso es por lo que se trabajó previamente.
Hiperdisponibilidad de tiempo y exceso de empatía (que autodestruye)
Interactuar con otras personas requiere invertir tiempo, energía y emociones; si estuviéramos más conscientes de su impacto en nuestro bienestar, gestionaríamos estos recursos efectivamente.
Con el afán de atender a la clientela, proveedores, familia, amistades y más, noto que las mujeres de negocios y profesionales, se vuelven hiperdisponibles y muestran un exceso de empatía. Su tiempo es el de sus clientela, a la hora que las buscan responden (más cuando el medio son las redes sociales), se pierde el sentido de la privacidad y respeto a los espacios personales. Su tiempo es el de su familia, porque aún sabiendo que existe la corresponsabilidad en ciertas actividades, continúan realizándolas ellas. A costa de su salud, en el sentido amplio de la palabra. Porque también involucran emociones, sentimientos al grado de que se hacen responsables de procesos de vida ajenos.
Poner límites a otras personas, tener y ejercer el poder para no estar disponible en el momento que nos busquen es clave, el cuerpo siempre reacciona, siempre alerta, sólo basta con detenernos a escucharlo. Avisa cuando hay cansancio, cuando el intercambio de energías no fue equilibrado.
Paciencia para avanzar
A través del autoconocimiento podemos fijarnos metas, accionar para alcanzarlas, en orden y con paciencia, sin autoexigirnos ni juzgarnos. Cada mujer, cada persona, tiene su propia historia de vida, su propio ritmo al avanzar.
Así como las normas sociales elogian el hacer, también elogian la velocidad y la competencia. Cuando una mujer en total libertad y soberanía, respeta sus procesos, sus aprendizajes, su reconstrucción, no necesita competir con nadie más. El único referente que tiene es a ella misma en su versión anterior buscando la plenitud.
La plenitud entendida como el saber estar, saber agradecer, el sentir satisfacción por el paso a paso, el mantenerse en armonía interiormente. Armonía que se logra con prácticas de autocuidado como la escritura, las comidas sin prisa, el baile, de presencia plena, meditación, ejercicio físico, círculos de mujeres, caminatas conscientes, en fin, todo aquello que genere vitalidad, que dé sentido a tus días y que provoque una mayor creatividad, que llene las baterías para seguir accionando.
El autocuidado no necesariamente es en solitario
Suele pensarse que el autocuidado es una actividad que se practica en solitario, nada más fuera de la realidad; también se ejerce en colectivo, en comunidad. Entre mujeres podemos, en un acto de sororidad, sostenernos mutuamente. Estableciendo relaciones recíprocas, permitiéndonos ser vulnerables y reconociendo que la sostenibilidad de los proyectos de vida, de negocio y profesionales dependen de que cada una esté bien de manera integral.
Para concluir me encantaría que cada una de las lectoras reflexione sobre sus agendas, el valor de su tiempo, la importancia de escuchar al cuerpo y pausar. Porque esto también es empoderamiento, honrarte y amarte es el verdadero autocuidado.
Directora general y socia fundadora de Consultoría Atalanta y Asociadas.
Licenciada y Maestra en Economía con estudios en México, Estados Unidos, Inglaterra e Italia, cuenta con un Diplomado en Educación Financiera y otro en Liderazgo en Inclusión Social y Acceso a Derechos, ha participado como mentora de mujeres empresarias en Vital Voices México, Global Mentoring Walk, Girls in Biz y Endeavor México, entre otros.
Certificada en el Estándar de Competencia Laboral en Servicios de Consultoría y en el Estándar de Competencia Laboral en Asesoría General para Proyectos de Emprendimiento ante CONOCER y también está certificada en el Programa de Fortalecimiento Empresarial con enfoque de Economía Social y Solidaria por ECOOS (Escuela de Economía Social).
Cuenta con experiencia enfocada en la coordinación estratégica y operativa de programas de emprendimiento femenino, en negociación de alianzas y fondos con sectores público, privado, sociedad civil y organismos internacionales.
Actualmente colabora como consultora en ONU Mujeres México en temas relacionados con la implementación de programas que promueven la autonomía económica de la mujer, participa en iniciativas de MIT D-Lab para el desarrollo comunitario con enfoque de género, además de dirigir los servicios de consultoría y trabajo en territorio requeridos desde el sector privado y público.
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Me gusta tu perpectiva y enfoque del tema pero lo importante es la empar de mujeres ayudando a mujeres y el estudiode la economia social y solidar es un campo muy aplio desde la perspectiva del bien vivir y muchas cosas desde muestras conciencias marcar muy bien criterios para saber si estas lista para ayudar a mujeres como nosotras
Excelente artículo