El camino hacia el Senex: Reflexiones en torno a la segmentación de grupos de edad de la tendencia plateada

«Los cuarenta marcan el nacimiento del Senex: una figura que, bien entendida, nos invita a valorar los procesos, el tiempo, las responsabilidades, las limitaciones y la complejidad de la vida como llaves que abren la puerta a los verdaderos regalos de nuestra existencia.»

El arquetipo del Senex, que significa “hombre viejo” en latín, representa en la psicología jungiana la figura colectiva del ser humano que, al acumular progresivamente experiencias —luminosas y oscuras, afables y dolorosas—, atesora sabiduría y conocimiento, y se transforma gracias a ello en una guía para la toma de decisiones y para la búsqueda de respuestas ante los misterios de la vida.

En una propuesta de dinámica de opuestos, el Senex se contrapone al Puer aeternus, el cual se resiste a madurar y nos conecta con experiencias infantiles, conscientes o inconscientes, ayudándonos a reconocer la ingenuidad en ciertas vivencias o, en un sentido positivo, a recuperar algunas añoranzas que nos devuelven vitalidad.

Asumimos que, a lo largo de la vida, la predominancia del Puer aeternus en las primeras etapas va cediendo espacio a las limitaciones propias de la madurez. Sin embargo, debido a la glorificación de la juventud —esa demanda social de permanecer jóvenes—, la edad suele presentarse como una especie de “expulsión del paraíso de la felicidad”. En consecuencia, se asocia con pérdidas, limitaciones y dificultades que son percibidas más como desgracias que como transiciones naturales, alejándonos del mito de la vida plena.

Partiendo de este enfoque, es importante destacar que, cuando abordamos lo que sucede a partir de los cuarenta años —frontera que asumimos como inicio de la llamada tendencia silver o mundo plateado—, las categorías perceptuales giran en torno a un preconcepto de declive: físico, mental y de valor social. Las personas comienzan a luchar contra las “ya no” impuestas por la mirada social. Al menos en la cultura occidental, esto parece inevitable. Y no se trata de negar los cambios físicos que se experimentan, sino de cuestionar cómo se valoran, cómo se codifican socialmente y, sobre todo, cómo nos desestabilizan al exigirnos esfuerzos extras para validar nuestra presencia en todos los ámbitos de la vida.

Desde 2018 he dedicado, con compromiso y entusiasmo, horas de estudio y trabajo compartido con diversos profesionales, reflexionando sobre la innegable tendencia demográfica que marca el crecimiento sostenido de la población mayor de 40, 50, 60 años y más, a nivel global. Esta tendencia genera temor, se niega y se recibe con recelo.

Existen muy pocas investigaciones psicosociales centradas en estas décadas que se aparten de la narrativa del deterioro, y son aún más escasas aquellas que destaquen la acumulación de fortalezas, la superación de crisis vitales, o el valor profundo de la madurez como fuente de conocimiento emocional, pensamiento estratégico y acción consciente.

En el esquema que presento a continuación (The Silver Path, fig. 1), que ya he mostrado en otras oportunidades, me interesa hacer énfasis en procesos que se activan en cada década y que no están necesariamente ligados al deterioro. Más bien, propongo observarlos como momentos clave de la vida, con el objetivo de —primero— generar una diferenciación clara por décadas, ya que los prejuicios suelen aglutinar bajo una misma etiqueta a todos los adultos mayores, ignorando variables biográficas, actitudinales y contextuales; y —segundo— mirar este tránsito del tiempo como una oportunidad para que el Senex nos guíe en un viaje hacia la sabiduría mediante la conciencia que se despierta en nuestras propias limitaciones.

Aclaro que, por ahora, respeto la división por décadas porque responde al lenguaje de la vida cotidiana. Las personas suelen decir: “cuarto piso, quinto piso…” y así sucesivamente. Pero más adelante compartiré algunos interrogantes sobre esta clasificación.

En este modelo se asume —por mandato social— que a los cuarenta se cruza una frontera: la de las dudas sobre si “me estoy poniendo viejo o no”. La presión externa no ayuda, e inicia una sutil inoculación de ansiedad, una percepción de que el tiempo no alcanza para lograr ciertos objetivos. Así comienza un proceso soterrado de declive físico y psicológico, teñido de una sensación de fracaso: la idea de que “ya no lo logré”. Esta emoción, gota a gota, va minando la autoestima de forma equivocada.

Resalto esta década como una de las más significativas para terapeutas, coaches, mentores, médicos y profesionales de la salud. Es clave para intervenir en esa percepción de declive y ayudar a reencuadrar la mirada sobre la propia vida.

Si tomamos en cuenta las proyecciones globales sobre expectativa de vida, a estas personas les quedan en promedio entre 30 y 40 años más de vida. ¿Cómo podemos permitir que se sientan “viejos”? ¿Cómo no ver como positivas las limitaciones que surgen entre los 40 y 50 años, si comprendemos que se trata de un proceso que nos aproxima a la sabiduría?

En su libro In Midlife (1983), Murray Stein nos recuerda que, alrededor de los cuarenta años, se inicia una transformación profunda: la crisis de la mediana edad. Este proceso no implica un descenso, sino una evolución. Es una etapa en la que se replantean los caminos recorridos, se enfrentan dolores del alma y se transita el umbral entre lo que ya no nos define y lo que está por venir con una identidad más madura y diferenciada.

La crisis de la mediana edad no es un final, sino el inicio de una nueva etapa vital.

¿Cómo podríamos reducirla a una pérdida? Al contrario: es un periodo colmado de riqueza, donde debemos impulsar una nueva percepción colectiva. Los cuarenta marcan el nacimiento del Senex: una figura que, bien entendida, nos invita a valorar los procesos, el tiempo, las responsabilidades, las limitaciones y la complejidad de la vida como llaves que abren la puerta a los verdaderos regalos de nuestra existencia.

…Seguimos en la próxima entrega.

Bibliografía:
Stein, Murray. In Midlife: A Jungian Perspective (1983)

Soy consultora estratégica y coach, después de haber trabajado en corporaciones en el área de planificación estratégica y gerencia, principalmente en Venezuela y México.

Nací en Caracas, Venezuela en 1956, donde crecí y me desarrollé personal y profesionalmente.

Viví en México del 2008 al 2012, regresé a Venezuela y retorné en el 2017. Celebro ambas nacionalidades.

Soy Psicóloga (UCAB), Magister en Psicología Social ( UCV) Planificadora estratégica de negocios (IESA) y Business y Life coach ( Universidad Iberoamericana, México).

Participo con pasión en conferencias y actividades dedicadas a visibilizar el edadismo y oportunidades de negocio de la Silver Economy.

En mis presentaciones y redes, busco darles valor a mis queridos plateados, mostrando sus potencialidades.
A nivel individual, ayudo a personas a definir sus nuevas rutas de expansión, sustituyendo los «ya no» por «ahora sí». Creo que no existen cambios vitales sino personales.

Como consultora estratégica, me siento orgullosa de haber contribuido a que emprendedores, agencias de comunicación y startups hayan descubierto oportunidades de crecimiento.

Entre mis logros en estos últimos años están: el haber superado dificultades migratorias, pérdidas de familiares en la pandemia, una estafa financiera y sobreponerme a un cáncer de mama en el año 2020. Apoyo en lo que puedo.
Practico yoga y camino diariamente como ritual de meditación activa. Estudio astrología y tarot.

Adoro a mis dos hijas y a mis 5 nietos. Soy estudiosa de C.G. Jung y estoy dispuesta a aprender siempre.

Disfruto ser invitada a participar en equipos inter generacionales donde se requiera pensamiento estratégico y sabiduría.

Irene Aguilera forma parte de nuestra Red de Expertas Visionarias. Visita su perfil haciendo click aquí ⇒⇒

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1 Comentario

  1. María Carolina Páez-Pumar

    Excelente artículo y muy buenas las reflexiones.

    Responder

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