El emprendimiento no tiene fecha de caducidad: lo que revela la pirámide invertida

En 2025, el porcentaje de personas de 55 a 64 años que manifiesta intención de emprender en los próximos tres años pasa del 5% al 12%. Es el repunte más pronunciado de todo el informe, junto al de los más jóvenes. Cuando una cifra se dispara así en un solo año, dejo de mirarla como una anécdota estadística y empiezo a mirarla como una tendencia que ya está en marcha, aunque todavía no se hable de ella.
Cada vez que reviso los datos del Global Entrepreneurship Monitor me detengo en la misma pregunta: ¿a qué edad decide alguien, de verdad, que es su momento de emprender? El informe GEM España 2025-2026 acaba de darme una respuesta que no esperaba: cada vez más tarde, y cada vez con más fuerza.
España envejece más rápido que nunca. En 2025 el índice de envejecimiento marcó un máximo histórico —148 personas mayores de 64 años por cada 100 menores de 16—, el mayor salto anual registrado hasta ahora (Idealista). Casi 10 millones de personas superan ya los 65 años, y el INE proyecta que serán 15,9 millones en 2045 (INE). Cuatro de cada diez españoles tienen ya más de 50 años. En 2030 serán prácticamente la mitad.
Solemos leer estas cifras en clave de alarma: pensiones, dependencia, sistema al límite. Yo prefiero leerlas también de otra manera. Porque detrás de cada porcentaje hay algo que rara vez se nombra: el retrato de una generación con más años de vida activa que ninguna otra en la historia de este país. La esperanza de vida en España superó por primera vez los 84 años en 2024 (El País), y a partir de los 65 quedan por delante casi diez años de vida saludable (IEGD-CSIC).
No es una crisis. Es un mapa nuevo.
Esa generación, según el GEM, ha empezado a emprender como no lo había hecho antes.
La intención se duplica, y no es casualidad. En 2025, el porcentaje de personas de 55 a 64 años que manifiesta intención de emprender en los próximos tres años pasa del 5% al 12%. Es el repunte más pronunciado de todo el informe, junto al de los más jóvenes. Cuando una cifra se dispara así en un solo año, dejo de mirarla como una anécdota estadística y empiezo a mirarla como una tendencia que ya está en marcha, aunque todavía no se hable de ella.
Es evidente que una persona de 55 años sigue estando en su plena capacidad y con la experiencia acumulada de haber transitado por los diferentes estados tanto laborales como personales. Esto la hace una pieza clave para emprender, desde una base mucho más sólida de lo que pueda parecer.
Consolidan más y abandonan menos. Esto es lo que más me interesa como consultora: no solo hay más intención, hay más permanencia. Las empresas consolidadas en manos de personas de 55 a 64 años suben del 23% al 29%, y su tasa de abandono —13% en 2025— es de las más bajas de todos los tramos de edad, muy lejos del 25% o el 27% que registran quienes tienen entre 25 y 44 años. Y hay un dato que el propio GEM incorpora por primera vez este año: al preguntar a personas de 65 a 70 años, resulta que representan solo el 3% de quienes tienen intención de emprender, pero nada menos que el 9% de quienes dirigen un negocio consolidado. Se emprende tarde, sí. Pero cuando se hace, se hace para quedarse.
La brecha de género no está en el impulso, está en la consolidación. Aquí el informe confirma algo que llevo años observando en el terreno: las mujeres son más constantes que los hombres a la hora de decidir emprender. Mientras la intención masculina pasa de un 11% a un 15% en un solo año —un salto brusco—, la femenina avanza de forma más gradual, del 11% al 13%. Las tasas de negocios recientes están prácticamente igualadas (8% hombres, 7% mujeres). La diferencia real aparece más adelante: solo el 6% de las mujeres dirige un negocio consolidado, frente al 9% de los hombres. No es un problema de arranque. Es un problema de sostenimiento en el tiempo, y ahí es exactamente donde la experiencia acumulada a partir de los 50 debería jugar a favor de las mujeres, si el ecosistema —financiación, mentoría, redes— se lo permite.
La demografía ya no es un problema, es un mercado. Salud, vivienda adaptada, acompañamiento, finanzas, ocio, formación digital: todos estos sectores crecen porque hay cada vez más personas que los necesitan y, a la vez, cada vez más personas con la experiencia vital y profesional para diseñarlos desde dentro. La llamada economía sénior ya está reconfigurando industrias enteras (El País), y quien emprende a los 55 o 60 años no solo conoce ese mercado: forma parte de él.
Cuando cruzo estas cuatro señales, dejo de ver la pirámide invertida como una amenaza y empiezo a verla como una palanca de crecimiento todavía infrautilizada. El informe GEM también es honesto con las barreras que quedan por resolver: el acceso a la financiación ha empeorado (de 4,0 a 3,8 sobre 10 en la valoración de los expertos), las barreras de entrada al mercado interno siguen siendo la peor nota de todo el estudio, y solo un tercio de quienes dirigen negocios consolidados —el perfil más sénior— confía en que la inteligencia artificial vaya a mejorar su productividad, frente a la mitad de quienes acaban de empezar. Son exactamente los puntos donde un ecosistema de apoyo bien diseñado —financiación adaptada, mentoría entre pares, alfabetización digital— puede marcar la diferencia entre una intención que se queda en el papel y un negocio que dura veinte años.
Emprender a los 55 años ya no es la excepción que confirma la regla. Es, cada vez más, la regla que estamos tardando en nombrar.
Ahora solo nos falta crear un espacio para apoyar este tipo de emprendimientos sénior y que puedan avanzar con el peso y la autoridad que les corresponde, fruto de su trayectoria personal y profesional.
Verónica Menéndez Díaz es consultora estratégica especializada en emprendimiento femenino y fundadora de FEM Consultoría (2025). Desde 2016 forma parte del ecosistema emprendedor público y privado, asesorando a emprendedores y negocios en todas sus fases: desde la creación hasta la transmisión empresarial.
Su enfoque es directo: los bloqueos no surgen de la ejecución, sino de decisiones no revisadas a tiempo. Aplica consultoría estratégica para analizar viabilidad real, coherencia del modelo y sostenibilidad a largo plazo.
Colegiada en el Col·legi d’Economistes de Catalunya (nº 17573), cuenta con formación en Empresariales, Emprendimiento e Innovación, RRHH e Igualdad. Fusiona rigor técnico y experiencia práctica en sus metodologías FEM y METANOIA. Autora de Emprender con claridad, ofrece herramientas prácticas para diseñar y validar negocios sólidos.

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