El tabú del dinero: ¿Por qué las mujeres evitamos hablar de finanzas?

«Durante siglos, las mujeres hemos sido vistas como objetos de intercambio, propiedad de maridos, padres o hermanos, y nuestra valía ha sido medida por los cuidados que brindamos. Esto ha limitado nuestra relación con el dinero y el poder adquisitivo, generando una culpa y un miedo profundos que giran sobre esto..”

Crecí en un hogar donde el dinero era manejado por mi mamá, quien administraba los ingresos de su pareja y los aportes de sus hijos mayores. Esta gestión, sin embargo, se limitaba a cubrir lo indispensable: las necesidades del hogar y la crianza de sus 8 hijos. Con este ejemplo, aprendí que el dinero solo debía destinarse a lo esencial, y que cualquier evento o gasto extra requería volver a pedirle a sus parejas. El concepto de ahorro, vacaciones o cualquier otro gasto no básico era ajeno a nuestra realidad.

La sociedad nos ha enseñado que las mujeres somos derrochadoras o que no sabemos administrar el dinero. Sin embargo, el ejemplo que tuve en casa me permitió cuestionar este mito. Pero también a redefinir qué elementos eran posibles de replicar y cuáles patrones, por el contrario, no quería copiar cuando tuviera mi propio dinero.

A pesar de esto, hoy me encuentro en una encrucijada: darle el verdadero valor a mi trabajo, reconocer el esfuerzo de años de educación y profesionalización, y exigir la compensación que merezco. Esta reflexión me lleva a preguntarme por qué, incluso ahora, me cuesta hablar abiertamente sobre el dinero, a mí y a muchas otras mujeres.

Históricamente, las mujeres hemos estado atrapadas entre dos roles: ser propietarias, en menor medida, o ser propiedad, un concepto que se remonta a relaciones asimétricas de poder, patriarcado, extractivismo, colonialismo y androcentrismo. Durante siglos, las mujeres hemos sido vistas como objetos de intercambio, propiedad de maridos, padres o hermanos, y nuestra valía ha sido medida por los cuidados que brindamos. Esto ha limitado nuestra relación con el dinero y el poder adquisitivo, generando una culpa y un miedo profundos que giran sobre esto.

En los medios de comunicación, las mujeres que muestran interés o habilidad para gestionar el dinero a menudo son retratadas de manera negativa. Se nos etiqueta como inescrupulosas, interesadas o manipuladoras, creando una imagen de que el dinero y el poder nos corrompen moralmente. Esta representación refuerza el estigma de que, si las mujeres buscan ser independientes financieramente o tener éxito en el ámbito económico, están actuando en contra de su naturaleza altruista y cuidadora.

Esta narrativa contribuye a que muchas mujeres sientan culpa o miedo al querer tomar control de sus finanzas o pedir lo que merecen, ya que temen ser percibidas como ambiciosas de manera negativa, en lugar de ser vistas como agentes empoderadas que toman decisiones informadas y responsables. Sin contar que se nos pronostica un futuro de soledad y amargura.

Además, en muchas culturas y desde las estructuras religiosas, la humildad y la pobreza se consideran virtudes. Esto nos ha enseñado a ver el dinero con recelo, como algo incompatible con la bondad o la moralidad.

Con este contexto en mente, ¿cómo podemos mejorar nuestra relación con el dinero y las finanzas? Aquí algunos puntos clave que pueden ayudarnos a cambiar nuestra perspectiva:

Entender nuestra marca personal y el valor de nuestro tiempo: Todo trabajo que realizamos tiene valor, y debemos aprender a reconocernos y a exigir una compensación justa por ello. Nuestro trabajo no solo cuesta, sino que tiene un impacto real.

Hablar de dinero con naturalidad: Romper el tabú de hablar sobre finanzas con nuestras amigas y colegas es crucial. No se trata de competir ni de sentirnos superiores, sino de compartir información útil y comparar salarios o ganancias. Esto nos permite conocer nuestra posición y defender nuestra valía.

Revisar las relaciones de pareja: Es importante entender nuestras relaciones no como una «unión en la pobreza y la enfermedad», como dictan los ideales sociales y religiosos, sino como una sociedad equitativa y colaborativa, donde ambos (o todos) los miembros aportan y tienen voz en las decisiones financieras.

Identificar carencias y gestionar el dinero de manera consciente: Debemos reflexionar sobre cómo controlamos nuestros gastos y si lo hacemos desde un lugar de carencia o inseguridad. Gastar de manera impulsiva o en función de nuestras debilidades solo perpetúa gastos innecesarios.

Compartir conocimientos y construir redes: Crear una comunidad de apoyo entre mujeres nos permite crecer juntas. Al compartir nuestros conocimientos y experiencias, contribuimos a una cultura de empoderamiento y aprendizaje mutuo. Además, al ver el valor de nuestras contribuciones, podemos obtener el reconocimiento que merecemos.

Ser agentes de cambio: Como mujeres, tenemos un impacto profundo en nuestras familias y comunidades. Si nos referimos a otras mujeres de forma negativa, sin respeto o valor, esto afectará nuestra percepción y la de quienes nos rodean. Debemos cambiar esa narrativa, tanto hacia nosotras mismas como hacia las demás, y fomentar una cultura de respeto, apoyo y empoderamiento.

Entender que el dinero no es malo: Finalmente, es crucial comprender que el dinero, al igual que el poder, no es intrínsecamente negativo. El dinero puede ser una herramienta para generar bienestar, para mejorar nuestras condiciones de vida y para apoyar causas que realmente importan. Lo importante es tener claros nuestros valores y actuar con ética.

Cambiar nuestra relación con el dinero no es solo una cuestión de finanzas, sino de redefinir nuestro valor como mujeres en un mundo que históricamente nos ha relegado a un segundo plano. Al empoderarnos, hablar abiertamente sobre el dinero y tomar control de nuestras finanzas, podemos transformar nuestra realidad y la de las próximas generaciones.

Raquel Berrocal Sibaja es costarricense ecofeminista y amante del cine, los gatos y el café.

Es Licenciada en Relaciones Internacionales con énfasis en Cooperación Internacional y tiene un EMBA en Gestión de la Igualdad de Género en la Empresa de la Escuela de Negocios Formato Educativo. También es técnica en gestión ambiental.

Ha trabajado asesorando a instituciones, organizaciones y empresas en temas de Diversidad, Equidad e Inclusión. Tiene experiencia en ámbitos como Justicia, Justicia Juvenil y Sostenibilidad.

Tiene conocimientos y es apasionada de temas como representaciones culturales de las sexualidades, nuevas masculinidades y liderazgo y empoderamiento femenino.

En los últimos años ha sido gestora y directora de proyectos sociales. Quiere seguir trabajando en la reducción de las brechas de género y aportar en la construcción de un mundo más inclusivo y diverso.

Actualmente es consultora internacional y lidera un proyecto para crear una coalición latinoamericana a favor de la erradicación de la violencia en contra de las mujeres y de las niñas.

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