El valor de lo correcto: Reflexiones de María Alejandra

«El dolor de los demás y no solo el mío se volvió un espejo que reflejaba mis propias luchas. Aprendí que reconocer la injusticia requería no solo empatía, sino también un compromiso activo para cambiar esta realidad. Este proceso de tomar conciencia de la injusticia y el sufrimiento ajeno es un paso crucial para convertir nuestro dolor en motivación. Al comprender que el sufrimiento que una injusticia provoca se siente en todas partes del mundo, comenzamos a construir una conexión más profunda con nuestra humanidad compartida.»
«Tú debes ser el cambio que deseas ver en el mundo». Mohatma Gandhi
Es para mí transcendental escribir este mes de diciembre en mi columna Las Mujeres que somos sobre una María Alejandra que no conocen, sobre un camino largo, tortuoso y muy humano, un hecho que de personal me transformo, y es que, en la vida, todos enfrentamos momentos de injusticia que pueden dejarnos marcados. Estas experiencias, aunque dolorosas, pueden convertirse en catalizadores de cambio personal y social. Al plantarse el dolor de una injusticia, comenzamos un viaje que no solo nos permite reconocer la fragilidad de la vida, sino que también nos impulsa a buscar la verdad y la justicia.
Mi experiencia con la injusticia ha sido un maestro duro, pero ha sido también un faro que me ha guiado hacia una mayor resiliencia y la reafirmación de mis creencias.
La injusticia puede presentarse en muchas formas: desde discriminación y abuso de poder hasta desigualdades sistémicas que perpetúan el sufrimiento de comunidades enteras. Uno de los momentos más dolorosos que viví fue cuando fui perseguida por defender los derechos de las mujeres de manera legítima, sentí desesperación, angustia y la desilusión hacia un sistema que es mi vida y me dejó una herida emocional profunda. Sentí impotencia; el dolor de la injusticia era palpable. Este momento se convirtió en un punto de inflexión en mi vida. Me di cuenta de que no podía quedarme de brazos. Este dolor emocional me hizo más fuerte y determinada a no solo ayudar a quienes me rodean, sino también a leer, a informarme y a involucrarme. En lugar de dejarme vencer por el sufrimiento, decidí que debía encontrar un camino hacia el cambio.
Al enfrentar esta experiencia, comencé a reconocer que la injusticia no es un fenómeno aislado, sino un problema sistémico que afecta a innumerables personas diariamente. Este reconocimiento fue fundamental; me permitía ver más allá de mis propios problemas y sintonizar con las luchas de otros. Comencé a leer sobre las injusticias que ocurrieron a lo largo de la historia, desde la lucha por los derechos civiles hasta la batalla por la igualdad de género.
Un libro que me impactó profundamente fue La temperatura del agua de la activista y escritora Malala Yousafzai, quien desafió el miedo y la opresión por querer acceder a la educación. La historia de Malala me hizo reflexionar sobre cuántas personas en el mundo luchan por su voz y su dignidad, enfrentándose a riesgos inimaginables.
El dolor de los demás y no solo el mío se volvió un espejo que reflejaba mis propias luchas. Aprendí que reconocer la injusticia requería no solo empatía, sino también un compromiso activo para cambiar esta realidad. Este proceso de tomar conciencia de la injusticia y el sufrimiento ajeno es un paso crucial para convertir nuestro dolor en motivación. Al comprender que el sufrimiento que una injusticia provoca se siente en todas partes del mundo, comenzamos a construir una conexión más profunda con nuestra humanidad compartida.
Con el tiempo, decidí que no solo debía observar y reconocer el dolor de la injusticia, sino que también debía actuar. Cada acción que tomaba, por pequeña que fuera, se sentía como una chispa que encendía mi esperanza y mi determinación. Recuerdo asistir a una charla sobre el dolor, pude escuchar las experiencias de personas que habían sido directamente afectadas por ese sentimiento. Sus testimonios eran poderosos; eran un testamento de cómo el compromiso y la lucha pueden transformarse en resultados positivos.
Además, la historia de líderes como Nelson Mandela, quien pasó 27 años encarcelado, pero nunca perdió la esperanza ni la determinación de luchar por la libertad de su pueblo, se convirtió en un ejemplo de lo que significa transformar el dolor en acción. Su valentía para resistir y seguir luchando me inspiró a entender que a veces el mayor desafío es levantarse después de haber caído y seguir adelante aun cuando el miedo acecha. Comprendí que cada paso que dábamos para enfrentar la injusticia no solo beneficiaba a quienes luchan de manera activa, sino que también nos enriquecía a nosotros mismos en el proceso.
Uno de los mayores obstáculos a los que nos enfrentamos al abordar la injusticia es el miedo. El miedo puede paralizarnos, hacer que nos sintamos impotentes y nos conduzca a prestar silencio ante situaciones que claman por justicia. En mi propia vida, he sentido este miedo. Sin embargo, también he descubierto que, en esos momentos de miedo, hay una semilla de valentía esperando ser cultivada. Cuando decidí mostrar quien soy sentí un temor aplastante. Pero al mismo tiempo, el deseo de defender lo que era correcto se volvió más fuerte que el miedo.
Este proceso de convertir el miedo en valentía es esencial para el crecimiento personal y social. Con cada pequeño acto de valentía, el miedo pierde su poder sobre nosotros. Esto no significa que el miedo desaparezca por completo; en vez de eso, aprendemos a avanzar a pesar de él. La valentía se convierte en una respuesta activa ante el miedo; es la decisión de actuar con integridad y determinación, y es un acto que inspira a otros a hacer lo mismo. Cuando vemos a alguien enfrentar su miedo y defender la justicia, esa acción puede alentar a otros a seguir su ejemplo. Así, un pequeño acto de coraje puede desencadenar una cadena de solidaridad y resistencia.
A medida que continué mi camino, sentí que el dolor y el miedo se transformaban en un poderoso sentido de propósito. Cada injusticia enfrentada no solo me fortalecía, sino que también me empujaba a aprender y buscar maneras más efectivas de involucrarme. Este crecimiento personal no solo impactó mi vida, sino que también se convirtió en un pilar de esperanza. Seguir estudiando, creyendo en lo correcto me permitió comprender que del dolor no se actúa con venganza, sino que debemos demostrar a nosotros mismo que lo justo siempre será el camino y no perderás tu identidad
La fortaleza que descubrí en mí misma superó mis expectativas. Aprendí a enfrentar la adversidad con una mentalidad de crecimiento y a ver cada desafío como una oportunidad para aprender. Con cada paso en mi viaje, comprendí que el dolor puede ser un maestro, y al enfrentar mis miedos, podía no solo lidiar con mis propias luchas, sino también inspirar a otros a unirse a esta causa. Así, mi compromiso por buscar la justicia ha florecido, y cada acto de valentía, por pequeño que sea, se convierte en parte de una lucha colectiva por un futuro más equitativo.
Este recorrido por el dolor de la injusticia y su capacidad para fortalecer nuestras convicciones, me permitió entender que cada experiencia adversa en nuestras vidas lleva consigo una lección fundamental. A menudo, el sufrimiento nos muestra no solo lo que está mal en nuestro entorno, sino también lo que somos capaces de hacer para cambiarlo. El camino hacia la justicia no es fácil; está lleno de desafíos, miedos y momentos de duda. Sin embargo, es precisamente en la lucha contra la injusticia donde descubrimos nuestro verdadero potencial.
El miedo, aunque paralizante, puede convertirse en el impulso que necesitamos para actuar con valentía. Al afrontar nuestras ansiedades y hablar, escribir es un espacio para la transformación. Cada pequeño acto de resistencia alimenta la esperanza y nos recuerda que, aun en la adversidad, podemos ser agentes de cambio.
En este viaje, he aprendido que la fortaleza no significa la ausencia del miedo, sino la capacidad de actuar a pesar de él. Cada vez que decido elevar mi voz, tocar puertas, estoy dando un paso hacia un mundo más justo y equitativo. A través del dolor y la lucha, encontramos no solo la resiliencia necesaria para seguir adelante, sino también la capacidad de inspirar a otros, pero sobre todo a mi ….
Así, la injusticia, lejos de ser solo una fuente de sufrimiento, se convierte en la chispa que enciende mi pasión por la justicia. María Alejandra, con lo que ha vivido, ha comprendido que vale la pena luchar por lo correcto, especialmente al anclarlo en la experiencia humana. Su deseo de empatía y voluntad de conectar con otros se fortalece con cada desafío superado. Me recuerda que, a pesar de las adversidades, nuestra lucha tiene significado y valor, por lo que debemos seguir adelante.
El progreso no es posible sin el cambio, y quienes no pueden cambiar sus mentes no pueden cambiar nada.» George Bernard Shaw,
María Alejandra Mancebo es Consultora Visionaria. Visita su espacio haciendo click aquí ⇒⇒
María Alejandra tiene una experiencia de 25 años en la Administración de Justicia de Venezuela como Juez, Defensora Pública de Responsabilidad Penal del Adolescente y Fiscal Nacional y Regional (Legitimación de capitales y Delitos financieros, Anti-Extorsión y Secuestro, Drogas, Violencia de Genero, Fase intermedia y juicio y Corrupción) y por tres años Directora de Postgrado de la Universidad Yacambu (Venezuela) Área Académica.
Docente de pre y postgrado desde hace 24 años en universidades nacionales y docente invitada de la Universidad de las Palmas de la Gran Canaria (España) en un programa formativo de género.
Conferencista y articulista nacional e internacional, articulista, miembro invitado de LEXCRIM (España), miembro invitado de Universitas y Catedra Jorge Rosell, miembro activo de Académica Multijurídica, Miembro del Consejo Consultivo de la Revista LEXITUM.
Es defensora de los Derechos de la Mujer. Consultora en el área penal de Destilerías Unidas (Empresa Trasnacional). Asesora externa de la Universidad Yacambú. Abogada Feminista y cofundadora de Cata Jurídica con Tacones
Vicepresidenta del Capitulo Venezuela del Colegio Internacional de Estudios Jurídicos de Excelencia Ejecutiva / CIDEJ. PH en Gerencia Transcompleja.
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