Elegir también significa renunciar

«He visto a personas quedarse paralizadas después de cerrar su empresa. He visto a otras lanzarse inmediatamente a otro proyecto, como si la hiperactividad pudiera anestesiar la pérdida. En ambos casos, el dolor estaba allí. Porque cuando un proyecto termina, no solo se pierde una fuente de ingresos: se pierde una identidad, un sueño, una etapa de vida..”

Todavía recuerdo la conversación con una mujer que llevaba semanas intentando tomar una decisión. Tenía dos oportunidades profesionales frente a ella. Las dos eran buenas. Las dos representaban crecimiento. Pero cuanto más intentaba decidir, más se paralizaba.

Un día me dijo algo que no he olvidado:

—¿Y si me equivoco?

Después de unos segundos de silencio le respondí con otra pregunta:

—¿Y si el verdadero miedo no es equivocarte, sino despedirte de la otra opción?

Su expresión cambió por completo.

Hasta ese momento había estado buscando la decisión perfecta, sin darse cuenta de que toda elección importante implica una renuncia.

Y las renuncias también duelen.

Nos enseñan a celebrar las decisiones. Cambiar de trabajo. Emprender. Aceptar un ascenso. Mudarnos a otra ciudad. Terminar una relación que ya no funciona. Iniciar un proyecto. Reinventarnos.

Lo que pocas veces nos dicen es que, incluso cuando elegimos lo que queremos, también dejamos algo atrás.

Y eso merece ser reconocido.

Con frecuencia asociamos el duelo únicamente con la muerte de un ser querido. Sin embargo, la tanatología nos recuerda que el duelo es la respuesta natural ante cualquier pérdida significativa. Cada decisión importante cierra una posibilidad para abrir otra. Elegir también significa despedirse.

Hace algún tiempo acompañé a una mujer que había recibido el ascenso con el que había soñado durante años. Todos la felicitaban. Ella sonreía. Pero en nuestras conversaciones aparecía una tristeza que no lograba entender.

Con ese nuevo cargo llegaron más responsabilidades, nuevos desafíos y un reconocimiento profesional importante. Pero también dejó atrás el equipo con el que había trabajado durante años, las conversaciones espontáneas, la cercanía con quienes habían compartido su crecimiento y una forma de trabajar que ya no volvería.  Se sentía culpable por estar triste.

«¿Cómo voy a decir que esto me duele si era exactamente lo que quería?»

La respuesta era sencilla: porque ganar algo no impide sentir la pérdida de lo que quedó atrás. No hay contradicción en eso.

Recuerdo también a una emprendedora que decidió cerrar una línea de negocio para concentrarse en otra que tenía mucho más potencial. La decisión era acertada desde cualquier punto de vista. Sin embargo, durante meses siguió preguntándose si había hecho lo correcto.

No extrañaba únicamente el proyecto. Extrañaba a la mujer que había sido mientras lo construía.

Y comprendió que, a veces, no lloramos lo que perdemos, sino la etapa de la vida que termina con esa pérdida.

Creo que eso nos ocurre con mucha más frecuencia de la que imaginamos.

Elegimos independizarnos y despedimos la seguridad de un salario fijo.

Elegimos ser madres o padres y despedimos parte de la libertad que conocíamos.

Elegimos cuidar de alguien que amamos y despedimos rutinas, planes o proyectos personales.

Elegimos migrar y despedimos una forma de vivir.

Elegimos recuperarnos después de una enfermedad y también tenemos que despedirnos de la persona que fuimos antes de ese diagnóstico.

Cada elección nos transforma.

Quizá por eso muchas decisiones importantes vienen acompañadas de una sensación extraña. Alegría y tristeza al mismo tiempo. Entusiasmo y miedo. Esperanza y nostalgia.

Podemos sentir gratitud por una nueva oportunidad y, al mismo tiempo, tristeza por lo que dejamos atrás.

Podemos estar convencidos de una decisión y aun así necesitar tiempo para despedirnos de la otra posibilidad.

Aceptar esto cambia por completo la manera en que vivimos nuestras elecciones.

Dejamos de exigirnos sentir únicamente felicidad y empezamos a tratarnos con más compasión.

Comprendemos que no todas las lágrimas hablan de arrepentimiento.  Muchas hablan de amor.

Porque solo nos cuesta despedirnos de aquello que tuvo un significado para nosotros.

Y eso también sucede en el trabajo, en los negocios y en el liderazgo.

Los mejores líderes que he conocido no son quienes nunca dudaron.

Son quienes aprendieron a cerrar etapas con respeto, a reconocer las pérdidas que implicaban sus decisiones y a avanzar sin negar lo que sentían.

Tal vez por eso hoy creo que decidir no consiste únicamente en elegir un camino. También consiste en honrar el que dejamos atrás.

Porque cuando aprendemos a despedirnos con gratitud, dejamos de mirar la renuncia como un fracaso y comenzamos a verla como parte natural del crecimiento.

Y quizá la próxima vez que una decisión importante llegue a tu vida, en lugar de preguntarte únicamente qué vas a ganar, también puedas preguntarte:

¿De qué necesito despedirme para abrazar con libertad la vida que estoy eligiendo?

Soy Licda. Marly Saravia, con diplomatura en tanatología asistencial y educativa, coach ontológico, coach en duelo y mentora. Acompaño a personas que atraviesan pérdidas de todo tipo —muerte, migración, rupturas, cambios de salud o de rumbo profesional, entre otras— para transitar sus procesos con consciencia, dignidad y esperanza.

Nací en Guatemala y actualmente resido en Canadá. Mi propia historia de duelos profundos transformó mi manera de entender la vida y el liderazgo. En mi trabajo integro escucha activa, preguntas poderosas y ejercicios prácticos que ayudan a pasar de la comprensión a la acción, siempre con un lenguaje cercano y humano.

Facilito cursos, talleres y charlas para personas e instituciones, en modalidad online, adaptando cada experiencia a las necesidades de quienes participan. Mi propósito es abrir conversaciones honestas sobre la muerte y las pérdidas, derribar tabúes y recordar que hablar de lo que duele también es una forma de cuidarnos.

Mi compromiso es que cada persona descubra que, incluso después de la pérdida, es posible reconstruir una vida plena, significativa y en paz consigo misma.

Web: marlysaravia.com/

 

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