Entre la llamada del Ser y los miedos del humano

No todo miedo significa que debamos avanzar. El miedo también puede estar protegiéndonos de un peligro real. Puede decirnos que algo no es adecuado, que no es nuestro momento o que realmente no podemos sostenerlo. Por eso no se trata de vencerlo ni de ignorarlo. Se trata de aprender a discernir: ¿Este miedo responde a algo que está ocurriendo ahora o a algo que temo que pueda ocurrir? ¿Me está protegiendo de un peligro real o de abandonar lo conocido? ¿Hay un no profundo en mí o hay un sí al que inmediatamente le sigue el miedo? Quizá esta última pregunta sea la más importante.
Estoy muy contenta porque el grupo de la segunda edición del Programa P-ROC®, que comenzará en octubre, ya se está formando. Algunas personas ya habéis dado el paso y habéis decidido iniciar este viaje de nueve meses del humano hacedor al Ser humano creador.
Todavía sois muchas personas las que sentís la llamada, que lleváis tiempo interesadas en el programa, que me preguntáis, que queréis saber más, que sentís que algo de esta propuesta os resuena profundamente y que, sin embargo, todavía no os atrevéis a dar el paso.
Me habéis hablado del miedo a la inversión económica; del miedo a que vuestra situación cambie, a quedaros sin trabajo o a no poder sostener el compromiso adquirido; del vértigo que os produce pensar en un proceso de nueve meses; de la duda de si realmente os servirá; del miedo a compartir en grupo, a exponeros; incluso del miedo a lo que podáis encontrar dentro de vosotros/as mismos/as durante el proceso.
Quiero agradecer profundamente la confianza de todas las personas que habéis compartido conmigo estos miedos. Escucharos me ha llevado a reflexionar sobre algo que me parece esencial y que va mucho más allá del Programa P-ROC®.
¿Qué ocurre cuando sentís que algo os llama y, al mismo tiempo, tenéis miedo de responder? Quizá esta sea una de las grandes paradojas de este viaje del humano hacedor al Ser humano creador.
El Ser siente la llamada, pero es el humano quien tiene que dar el paso. Y el humano tiene miedo. El humano tiene miedo porque necesita seguridad, porque intenta anticipar lo que ocurrirá, porque quiere saber qué podrá sostener la decisión, porque busca garantías antes de adentrarse en algo que todavía no conoce.
El miedo forma parte de nuestra condición humana y tiene una función esencial: protegernos. Nuestro cerebro utiliza la experiencia acumulada para anticipar posibles peligros y ayudarnos a sobrevivir. El problema aparece cuando confundimos aquello que está ocurriendo con aquello que nuestra mente imagina que podría ocurrir.
Ante una decisión importante, la mente puede empezar a proyectarse hacia el futuro: ¿Y si dentro de unos meses no puedo pagarlo? ¿Y si pierdo el trabajo? ¿Y si aparece un gasto inesperado? ¿Y si nueve meses se me hacen demasiado largos? ¿Y si no tengo tiempo? ¿Y si invierto todo este dinero y después no me sirve?
Son preguntas legítimas. No creo en una espiritualidad que nos invite a ignorar la realidad material. Si hoy no podemos asumir económicamente un compromiso, necesitamos reconocerlo. Si nuestra situación vital no permite disponer del tiempo necesario, también debemos escucharlo. La conciencia no consiste en negar la realidad. Pero una cosa es observar lo que está sucediendo hoy y otra intentar controlar todo lo que podría suceder mañana.
Podemos valorar nuestra situación económica actual. Lo que no podemos hacer es garantizar que durante los próximos nueve meses nada cambiará. Tampoco podemos garantizarlo aunque decidamos no hacer el programa. La incertidumbre seguirá formando parte de la vida.
Y ahí aparece una pregunta importante: ¿Estoy tomando esta decisión a partir de mi realidad presente o a partir del futuro que mi mente está anticipando?
El miedo al compromiso también aparece cuando pensamos en nueve meses. Vivimos en una sociedad acostumbrada a la inmediatez. Queremos respuestas rápidas, resultados rápidos y soluciones rápidas. Pero hay procesos que necesitan tiempo. El cuerpo necesita tiempo, el sistema nervioso necesita tiempo, la confianza necesita tiempo, la integración necesita tiempo.
El Programa P-ROC® no es una sucesión de nueve talleres independientes. Es un proceso. Lo que ocurre durante cada encuentro continúa trabajándose después y se integra en la vida cotidiana. Aparece en nuestras relaciones, en nuestras decisiones, en nuestra manera de reaccionar, en el cuerpo, en aquello que empezamos a ver y que antes permanecía fuera de nuestra conciencia. Por eso los nueve meses no son únicamente la duración del programa, son parte del propio proceso de integración.
Y comprometerse durante ese tiempo significa aceptar algo que al humano no siempre le resulta fácil: decir sí hoy sin saber exactamente quién seré dentro de nueve meses.
También aparece el miedo a que no sirva. Lo comprendo. Cuando invertimos dinero, tiempo y energía queremos saber qué recibiremos a cambio. Queremos garantías. Nos gustaría conocer el resultado antes de empezar.
Puedo explicar qué es el Programa P-ROC®, puedo explicar su metodología, las herramientas que utilizamos y el recorrido que propongo. Puedo hablar del trabajo corporal, del trauma, del sistema nervioso, de las corazas, de la emoción, del inconsciente, de la energía o de la imaginación. Puedo compartir la experiencia de quienes ya han realizado el programa. Pero no puedo garantizar qué le ocurrirá a cada persona, porque no todas parten del mismo lugar, no tienen la misma historia, no necesitan lo mismo ni tampoco llegan al mismo lugar.
El Programa P-ROC® no propone convertirte en alguien diferente. Propone un proceso para ir retirando aquello que hemos construido para adaptarnos y sobrevivir, y acercarnos a quienes somos cuando dejamos de vivir únicamente desde esas adaptaciones. Y eso no puede conocerse antes de vivirlo.
Hay, además, otro miedo que aparece con frecuencia y que para mí tiene una importancia especial: el miedo al grupo.
A algunas personas les resulta difícil imaginarse compartiendo aspectos íntimos de su vida delante de otras personas. Les da vergüenza, temen sentirse juzgadas, no saben si serán capaces de hablar y algunas preferirían realizar todo el proceso individualmente.
También este miedo tiene sentido. Nuestro primer grupo fue nuestra familia y allí fue donde aprendimos qué partes de nosotros podían mostrarse y cuáles era mejor esconder, qué ocurría cuando llorábamos, nos enfadábamos o necesitábamos algo; qué pasaba cuando discrepábamos; si podíamos decir que “no”, si era seguro ocupar espacio, si podíamos expresar nuestra verdad y continuar perteneciendo. Para muchas personas, algunas de sus heridas más profundas se produjeron precisamente dentro de ese primer grupo.
Aprendimos que para pertenecer había que callar, que para ser queridos había que adaptarse, que expresar determinadas emociones podía provocar rechazo, que pedir era molestar, que decir que “no” podía generar conflicto, que mostrar nuestra vulnerabilidad era peligroso, que ser diferentes podía dejarnos fuera.
De adultos, nuestra mente sabe que las personas que tenemos delante ya no son nuestra familia, pero nuestro cuerpo puede seguir reaccionando desde aquella experiencia. El cuerpo recuerda y precisamente por eso el grupo, al que tanto tememos, puede convertirse en una parte tan importante del proceso. Muchas heridas traumáticas se generaron o se consolidaron en la relación y muchas de ellas necesitan también nuevas experiencias relacionales para poder repararse.
No basta con saber intelectualmente que ahora estamos a salvo. El cuerpo necesita experimentarlo, necesita experimentar que puedo mostrarme y seguir perteneciendo, que puedo emocionarme sin avergonzarme, que puedo expresar una necesidad y no ser rechazado, que puedo decir que no y mantener el vínculo, que puedo ocupar mi lugar sin quitárselo a nadie, que puedo ser visto sin tener que esconderme.
Por eso el Programa P-ROC® combina el trabajo individual y el trabajo grupal. Las sesiones individuales ofrecen un espacio de intimidad para aquello que necesita ser acompañado de otra manera. No todo tiene que ser compartido en un grupo ni todo tiene que ser contado. Nadie necesita exponerse para demostrar que está haciendo un proceso profundo. Cada persona tiene su ritmo.
Pero el grupo permite vivir algo que una sesión individual no puede ofrecer de la misma manera: una nueva experiencia de pertenencia y de poder ser en relación. En el grupo pueden aparecer la vergüenza, la culpa, el miedo al juicio, la comparación, la dificultad para expresarnos, el temor a ocupar espacio, la necesidad de agradar, la tendencia a escondernos o la necesidad de adaptarnos para ser aceptados. Y todo eso que aparece no es un inconveniente para el proceso. Es justamente la parte más importante del proceso: el grupo se convierte en un espacio donde podemos empezar a experimentar otra manera de estar con los demás sin dejar de estar con nosotros mismos. Podemos descubrir que para pertenecer y relacionarnos ya no necesitamos abandonarnos ni renunciar a nuestro Ser.
Y entonces llegamos quizá al miedo más profundo: el miedo a que algo cambie. A veces pensamos que tenemos miedo de que un proceso no funcione, pero también podemos tener miedo de que funcione.
¿Qué ocurrirá si empiezo a escucharme de verdad? ¿Qué pasará si descubro que ya no quiero algunas cosas que hasta ahora sostenía? ¿Qué sucederá si empiezo a poner límites? ¿Si cambia mi manera de relacionarme? ¿Si dejo de adaptarme? ¿Si empiezo a tomar decisiones diferentes?
Cambiar nuestra manera de estar en la vida puede modificar también el equilibrio que habíamos construido a nuestro alrededor. Y el humano conoce ese equilibrio, que puede que no sea satisfactorio, que incluso nos haga sufrir, pero es conocido. Y para nuestro sistema de supervivencia, muchas veces lo conocido resulta más seguro que lo desconocido.
Ahí encuentro la gran paradoja.
Algunos de los miedos que aparecen ante la posibilidad de iniciar el Programa P-ROC® están relacionados precisamente con aquello que iremos explorando y transformando durante esos nueve meses.
La necesidad de control, la anticipación, la dificultad para confiar, el miedo a mostrarnos, la vergüenza, la culpa, la necesidad de agradar, el miedo al rechazo, la dificultad para poner límites, la desconexión del cuerpo, la necesidad de permanecer en lo conocido aunque una parte de nosotros sienta que necesita otra cosa.
No se trata de “hackear” el cerebro para dejar de sentir miedo, se trata de conocer cómo funciona nuestro cerebro, nuestro cuerpo y nuestro sistema nervioso para que el miedo deje de tomar automáticamente todas nuestras decisiones —como la de participar o no en el Programa P-ROC®—.
No obstante, no todo miedo significa que debamos avanzar. El miedo también puede estar protegiéndonos de un peligro real. Puede decirnos que algo no es adecuado, que no es nuestro momento o que realmente no podemos sostenerlo. Por eso no se trata de vencerlo ni de ignorarlo. Se trata de aprender a discernir: ¿Este miedo responde a algo que está ocurriendo ahora o a algo que temo que pueda ocurrir? ¿Me está protegiendo de un peligro real o de abandonar lo conocido? ¿Hay un no profundo en mí o hay un sí al que inmediatamente le sigue el miedo? Quizá esta última pregunta sea la más importante.
Ahí es donde podemos empezar a diferenciar la llamada del Ser de los mecanismos de protección del humano. Mientras el humano quiere garantías, el Ser aprende a confiar. Mientras el humano intenta anticipar, el Ser habita el presente. Mientras el humano quiere controlar el camino, el Ser se abre a experimentarlo.
Y no se trata de elegir uno y rechazar al otro. El viaje del humano hacedor al Ser humano creador no consiste en eliminar nuestra humanidad, tampoco en silenciar la mente, negar el miedo o tomar decisiones irracionales en nombre de una supuesta llamada espiritual. Se trata de integrar, de escuchar al humano que tiene miedo, comprender qué intenta proteger y darle los recursos que necesita, pero también de crear el silencio suficiente para escuchar si, debajo de ese miedo, existe algo más.
A veces esperamos que el miedo desaparezca para poder dar un paso. El miedo no va a desaparecer. La seguridad interna no consiste en saber que nada inesperado va a ocurrir, sino en descubrir que podemos permanecer con nosotros mismos cuando la vida cambia, que podemos escucharnos, pedir ayuda, poner límites, cambiar de dirección y responder desde un lugar cada vez más consciente.
Tal vez por eso la llamada y el miedo pueden aparecer al mismo tiempo: una parte de nosotros reconoce el camino y otra todavía necesita sentirse segura para recorrerlo. Y aquí empieza realmente el viaje. El viaje empieza, no cuando dejamos de tener miedo, sino cuando somos capaces de escucharlo, abrazarlo y preguntarnos, con toda la honestidad posible, quién está tomando la decisión: el miedo del humano que necesita permanecer en lo conocido o ese lugar más profundo —nuestro Ser— desde el que algo en nosotros lleva tiempo diciendo sí.
La segunda edición del Programa P-ROC® comienza en octubre de 2026. El grupo ya se está formando y me siento profundamente agradecida por cada persona que ha decidido iniciar este recorrido y también por quienes todavía estáis al otro lado de la decisión, sintiendo al mismo tiempo la llamada y el miedo.
No necesitas resolver ese miedo. El viaje del humano hacedor al Ser humano creador no empieza cuando desaparece el miedo, sino cuando el miedo deja de decidir por ti.
Y si después de leer este artículo reconoces alguno de estos miedos —o algún otro que no haya nombrado en este artículo—, estoy a tu disposición para escucharlo y hablarlo contigo. Sin necesidad de convencerte de nada ni de hacer desaparecer el miedo. A veces, simplemente poder ponerlo en palabras y mirarlo juntos ya nos ayuda a descubrir qué intenta decirnos.
Y quién sabe… quizá tu miedo tenga algo nuevo que enseñarnos también a los demás. Al fin y al cabo, el humano tiene una imaginación extraordinaria cuando se trata de encontrar razones para quedarse exactamente donde está.
Licenciada en Ciencias Económicas (UB) y en Ciencias Políticas (UAB), Máster en Finanzas (Esade) y Máster en Excelencia Directiva y Liderazgo (Institut Gestalt), con una amplia experiencia profesional de casi 30 años en el mundo de la banca a nivel nacional e internacional, al frente de la gestión comercial de empresas, con cargos ejecutivos y directivos, gestionando y liderando equipos de alto rendimiento.
Una revisión profunda de su existencia la llevó a formarse en varias disciplinas como el Método de Liberación de las Corazas (MLC©), las Imágenes de Transformación (IT©), la Armonización Energética Anschma©, las Constelaciones Integrativas©, las Terapias Esenias, el Brainspotting©, la Terapia de Reprocesamiento y Sanación del Trauma (Modelo Aleceia©) y a certificarse como facilitadora del Método Melchizedek©.
En la actualidad, Judit es escritora, formadora, ponente y terapeuta psico-corporal, especializada en gestión emocional, conciencia corporal, diálogo con el inconsciente y sanación del trauma. Autora del libro “Sobrevivir en la mente o vivir en el corazón” (Ed. Hakabooks, 2023). Ayuda a las personas en las empresas a mejorar su liderazgo, la gestión del estrés, la toma de decisiones y la comunicación, y a los particulares a recuperarse de experiencias traumáticas a través de técnicas innovadoras como el Brainspotting, cuyo fin es identificar y liberar las fuentes del dolor físico y emocional.
Su formación empresarial, experiencia profesional en el mundo corporativo, junto con su trayectoria personal y cambio vital, así como su formación y experiencia como terapeuta psico-corporal y energética, le permite ofrecer un acompañamiento integral para el bienestar personal y desarrollo profesional.
Acompaña desde el corazón a redescubrirnos en nuestra mejor versión para que desde esta, podamos expandir y mostrar todo nuestro potencial, tanto personal como profesional.
Webs:
www.juditmateu.com
www.tempspertu.com
www.casakaruna.com
www.fundacioncielotierra.com
Correo: info@tempspertu.com

Directorio de Expertas Visionarias: dar voz a las mujeres transforma la sociedad
Cuando una sociedad amplía las voces que participan en la conversación, también amplía su capacidad de comprender el mundo y esa diversidad no es una cuestión de cuotas, es una cuestión de riqueza, de calidad del conocimiento y de futuro.Durante años se ha repetido...

La diferencia entre amar y adaptarse
"Aprendemos a adaptarnos para conservar el amor y, años después, seguimos adaptándonos creyendo que eso es amar. Aprendemos a comprender antes que a sentir. Aprendemos a justificar antes que a cuestionar. Aprendemos a ponernos en el lugar del otro antes que a ocupar...
+ Sobre tratamiento de datos de los comentarios
RESPONSABLE TRATAMIENTO: VISIONARIAS, S.C.
FINALIDAD: Publicar el comentario en relación a la noticia.
LEGITIMACIÓN: Consentimiento del interesado.
CESIONES: No se prevén cesiones, excepto por obligación legal o requerimiento judicial.
DERECHOS: Acceso, rectificación, supresión, oposición, limitación, portabilidad, revocación del consentimiento. Si considera que el tratamiento de sus datos no se ajusta a la normativa, puede acudir a la Autoridad de Control (www.aepd.es).
INFORMACIÓN ADICIONAL: política de privacidad


0 comentarios