Escritura y Tecnología: ¿Con qué y cómo escribimos?

«Los huesos y las piedras filosas fueron los primeros elementos que se utilizaron, para luego tomar las plumas de las aves, una vez que se inventó la tinta, aunque no era tan sencillo escribir con ellas, puesto que había que tener una gran pericia para no manchar todo lo que estuviera a mano...”

A priori, escritura y tecnología son dos conceptos que no parecerían congeniar.
La cuestión es que, la escritura, la podemos observar desde dos puntos de vista diferentes: uno es el referido al contenido de lo que se escribe y, el otro, orientado al cómo se practica la escritura o sea, a las herramientas que nos permiten escribir.
Respecto al contenido, es cierto que este es creativo en un cien por ciento, por lo tanto necesita del cerebro humano para manifestarse, aunque apalancarse de la tecnología para la creación de las ideas a plasmar escribiendo, sí aparece como algo “normal” en estos tiempos que estamos atravesando.
En el segundo aspecto, como me encanta investigar y haciendo un poco de historia, es cierto que las herramientas utilizadas por el ser humano, desde que comenzó a escribir, han ido evolucionando, especialmente desde hace un par de siglos.
¿Sobre qué escribir?
En los comienzos, hace miles de años, simplemente tallaban en la piedra o en la madera con lo que se pudiera, dejando así sus dibujos y sus primeras letras como huellas de la época. Más tarde, la arcilla, el papiro, los pergaminos fueron los testigos que contenían lo que se quería expresar.
Y, ¿con qué perpetuaban sus ideas?
Los huesos y las piedras filosas fueron los primeros elementos que se utilizaron, para luego tomar las plumas de las aves, una vez que se inventó la tinta, aunque no era tan sencillo escribir con ellas, puesto que había que tener una gran pericia para no manchar todo lo que estuviera a mano.
De hecho, los escribas egipcios utilizaban el cálamo, que es una especie de caña afilada, para escribir sobre papiro, también con tinta que tomaban de un pequeño recipiente, como lo hacían con la pluma.
Todo esto, hasta que la tecnología comenzó su lento camino de evolución, ya que cuando se inventó el papel, todo parecía ser mucho más sencillo.
A partir de ahí, las plumas de las aves fueron reemplazadas por las estilográficas, que facilitaron completamente la tarea, porque la tinta estaba (y sigue estando) dentro del contenedor.
Pero claro que no quedaron allí los avances tecnológicos, porque en el Siglo XIX, ya se comenzaban a ver las primeras máquinas de escribir, que eran un adelanto sin precedentes para escribir más rápido aunque no más prolijo, ya que muchas veces la tinta utilizada en esas cintas, manchaba el papel al punto de tener que repetir la operación en uno nuevo. Eso sí, cualquiera que supiera leer, podía entender fácilmente qué estaba escrito allí, ya que la escritura a mano muchas veces es ilegible.
Obviamente, el Siglo XX aceleró esos procesos por completo, puesto que aparecieron las máquinas de escribir eléctricas, incluso con memoria incorporada para repetir automáticamente algunos textos guardados en ella, sin contar con que, casi repentinamente, inundaron todos los mercados, los primeros ordenadores portátiles, que ofrecían una escritura mucho más limpia y fácil de ejecutar.
Me inunda una gran emoción al recordar que estudié dactilografía en las llamadas Academias Pitman, allá por los años setenta del siglo pasado, en las ahora antiguas máquinas Olivetti, cuyos teclados eran tan duros que mis dedos se fortalecieron al utilizarlos a diario.
Años más tarde, quizás por los ochenta, utilicé las máquinas eléctricas, pero por poco tiempo, porque fui una pionera (gracias a la inversión que hicieron mis jefes de aquél entonces), en gozar de un ordenador, cuyo procesador de textos me permitía arreglar los errores cometidos, sin tener que volver a tipear la página completa, como había sido hasta el momento.
Reconozco que en este ejercicio de memoria me embarga la nostalgia, ya que el proceso de escritura era más meticuloso, para evitar su repetición.
Y qué decir de los principios del Siglo XXI, cuando ya los procesadores de textos fueron y siguen siendo perfeccionados, permitiendo fluir en la escritura a una rapidez inaudita, que jamás hubiéramos podido imaginar.
Es lógico que sea mucho más sencillo escribir en un ordenador, cambiar de lugar los párrafos y utilizar otras de las muchas funciones que tienen, pero siempre apelando a nuestra creatividad, que es la que ahora, al menos desde mi punto de vista, se ve en peligro por el último y enorme avance de la tecnología, que es la IA o Inteligencia Artificial.
Hay algunas de sus funciones que nos facilitan totalmente la vida, como por ejemplo, corregir automáticamente los errores ortográficos que cometemos o, al menos, avisarnos de ellos, más allá de señalar cuando una frase no resulta del todo correcta o coherente, según la gramática del idioma en el que estemos escribiendo.
Es más, el dictado por voz es más que importante y se ha ido perfeccionando con los años, permitiendo incluso dejar de teclear (yo casi no lo utilizo porque amo escribir en mi teclado ergonómico), pero reconozco que para quienes no tienen la paciencia o la rapidez en sus manos, es una excelente opción para avanzar en su escritura. Eso sí, siempre pendientes de lo que el procesador escribe, porque muchas veces coloca, exactamente, “cualquier cosa”.
Y aquí es adonde quería llegar: a la IA, porque es este avance el que cambió absolutamente todo, desde hace nada, ya que su gran auge comenzó apenas en enero del 2024, cuando se popularizó a través del ahora famoso Chat GPT, revolucionando todas las áreas, desde la investigación hasta la escritura.
Es cierto que esta evolución en las herramientas de escritura (como en tantos otros campos), es fruto de nuestra búsqueda constante para allanar el camino de la práctica de la escritura, facilitando la forma de plasmar nuestras ideas, conocimientos e historias.
También es cierto que, gracias a la IA, podemos investigar mucho más rápidamente sobre el tema que necesitemos, considerando esta herramienta como parte de nuestro equipo, una socia que trabaja incansablemente sin exigir un salario ni condiciones laborales adecuadas.
Mi gran duda respecto al uso constante de la IA, observando que ya hay quienes ofrecen aprender a escribir un libro utilizándola, es…
¿Dónde queda nuestra creatividad?
¿Hasta dónde no estaremos perdiendo facultades por incorporar el uso de la IA para todo lo que debemos hacer?
En fin, ¿cuál será la próxima herramienta de evolución con la que podremos contar los escritores, que nos haga todo más sencillo, conservando nuestras neuronas tan imaginativas como siempre lo han sido?
CreBiendo…para Crear escriBiendo
La escritura es mucho más que plasmar ideas en un papel, es una fuente inagotable de beneficios derivados de su práctica constante.
Amo la escritura, porque el escribir un libro, para mí es el método perfecto con el cual compartir conocimientos y vivencias, explorar mundos diversos, construir puentes que me conecten con otros y dejar huella.
Plasmando mis palabras en cada hoja en blanco, transformo el caos en claridad, convirtiendo la duda en certeza y los pensamientos en realidad, porque la escritura es una poderosa y liberadora herramienta que me da energía, me ayuda a sanar y me inspira, dándome los elementos necesarios para motivar a otros a lograr sus objetivos.
Disfruto de todos estos beneficios, especialmente al escribir mis libros autobiográficos y aquellos que potencian mi marca, ya que en ambos vuelco mis vivencias y conocimientos, para ponerlos al servicio de quienes los utilizarán a su favor.
Si anhelas escribir tu libro, encontrando tu propio estilo de escritura, para compartir tus vivencias y conocimientos con el fin de potenciar tu marca y ayudar a los demás, acompáñame a descubrir el poder y la magia que reside en cada palabra escrita.

Débora Weller
Soy Débora Weller, Escritora y Coach de Escritura y Coach de Vida y de Negocios, ambos con Programación Neurolingüística.
Después de reinventarme, desde el año 2014, he dejado de trabajar, porque hago lo que amo: la escritura siempre fue un pilar fundamental en mi vida y hoy se ha transformado en mi forma de ayudar a los demás.
Me dedico a la escritura de libros en los cuales los escritores comparten sus conocimientos, sus vivencias y, si así lo desean, su método único de trabajo, con el objetivo de posicionarse como referentes en su área de experticia y, de esa manera, potenciar su marca.
También acompaño, en el a veces complicado, proceso de escritura de quienes desean dejar un legado contando su historia a través de una autobiografía, el que les ayuda, por supuesto, a sanar su alma.
Gracias a mi trabajo, estoy cumpliendo dos sueños: haberme convertido en escritora y disfrutar trabajando con personas de habla hispana que viven en diferentes rincones del mundo.
Débora Weller es Consultora Visionaria. Visita su espacio haciendo click aquí ⇒⇒
¿Preparada para escribir tu libro?
"Escribir un libro significa atravesar un proceso, más corto o más largo, según la persona y el tema a desarrollar, pero que requiere de tiempo y de algunos pasos obligatorios de caminar, si se quiere un libro de calidad, desde todos los sentidos: gramaticalmente...
¿Libro que potencie tu marca o autobiografía?
"Como emprendedora, tu activo más valioso es tu pasado, tu propia, única e irrepetible historia. Esta y tu método de trabajo, serán los elementos indispensables que debes dar a conocer, para diferenciarte de quienes hacen lo mismo que tú..”Eres experta en un área...
+ Sobre tratamiento de datos de los comentarios
RESPONSABLE TRATAMIENTO: VISIONARIAS, S.C.
FINALIDAD: Publicar el comentario en relación a la noticia.
LEGITIMACIÓN: Consentimiento del interesado.
CESIONES: No se prevén cesiones, excepto por obligación legal o requerimiento judicial.
DERECHOS: Acceso, rectificación, supresión, oposición, limitación, portabilidad, revocación del consentimiento. Si considera que el tratamiento de sus datos no se ajusta a la normativa, puede acudir a la Autoridad de Control (www.aepd.es).
INFORMACIÓN ADICIONAL: política de privacidad



0 comentarios