Invertir en mujeres, acelerar el progreso

Un año más el 8 de marzo se convierte en un momento para, que al conmemorar el Día Internacional de la Mujer, celebremos los avances y sobre todo, recordemos que, lamentablemente, aún queda mucho por hacer para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres.

Necesitamos una importante inversión para cerrar las brechas de género; en concreto, ONU Mujeres estima unos 360.000 millones de dólares anuales hasta 2030. Por otro lado, sabemos que la igualdad de género supone un aporte sustancioso a la economía: 172 billones de dólares y un incremento en el PIB del 20%, si las brechas de género en el empleo se cerraran. Sólo en España, los datos que se acaban de publicar del IV Indicador de Closingap realizado con PWC muestran que aportaría 213.000 millones de euros, 15,8% del PIB y 2.9 millones de empleos.

Y no sólo eso, sino que es absolutamente esencial para acabar con la pobreza y luchar contra el cambio climático tal y como se ha reconocido en la COP28 del Clima. Por este motivo, ONU Mujeres, ha lanzado el lema “Invertir en Mujeres, Acelerar el Progreso”.

Ante el creciente escepticismo con la igualdad de género, cabe decir que en el ámbito económico,  las evidencias y las cifras son demoledoras: 1.000 millones de mujeres en el mundo carecen de una cuenta bancaria (Banco Mundial, Global Findex 2022) lo que constituye una de las principales barreras para las MiPymes propiedad de mujeres.

Se estima que las necesidades de financiación a nivel global de estas empresas ascienden a 1.5 billones de dólares. Por otro lado, la participación laboral de las mujeres a nivel mundial es del 53% (frente al 80% de los hombres) derivada en gran parte por el  hecho de que las mujeres dedican 3 veces más de tiempo a tareas domésticas y de cuidado no remuneradas;  eliminar estas brechas en el cuidado podría crear 300 millones de empleo adicionales según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2022).

«La igualdad de género es, también, un tema  económico y dista, por tanto, de ser únicamente una cuestión de derechos humanos

La igualdad de género es, también, un tema  económico y dista, por tanto, de ser únicamente una cuestión de derechos humanos, por y para las mujeres. Está claro que no se trata de un asunto  que esté superado a nivel mundial, por el contrario,  y muy lejos de eso, se trata de una piedra angular del desarrollo sostenible e inclusivo y supone una apuesta clara por el futuro de las siguientes generaciones.

El sector privado tiene un rol clave a la hora de reducir estas desigualdades y crear oportunidades para millones de mujeres y sus familias. De hecho, muchas empresas e inversores muestran un interés creciente en avanzar en la inclusión y realizar “inversiones con impacto” o buscar un impacto económico y a su vez ambiental, social y de gobernanza (ASG o ESG por su siglas en inglés).

En el caso de la inversión con lentes de género se trataría de: invertir en empresas propiedad de mujeres, lideradas por mujeres o que desarrollen productos y servicios para ellas. De 2018 a 2020 el G7 ha invertido 10 mil millones de dólares, ya sea a través de sus instituciones financieras de desarrollo o a través de inversores privados ( con la iniciativa 2X Challenge).

También se ha producido un incremento del 255% en los fondos de género en el periodo 2017-2021, con 6 mil millones disponibles a través de capital de inversión, capital riesgo y deuda privada. A estas cifras hay que añadir, además, la inversión de impacto social con enfoque de género, que asciende a unos 26.000 millones de dólares según datos del International Finance Corporation (IFC). Parece que la evidencia demuestra que los fondos que invierten con estas lentes mejoran sus perfiles de riesgo y la rentabilidad de sus carteras de inversión.

Fotos:

Banner principal del artículo: Agricultora dominicana. Banco Adopem (Foto de Fundación Microfinanzas BBVA)

Foto 1: Florinda Chávez, artesana colombiana que confecciona sombreros vueltiados. Bancamía (Foto de: Fundación Microfinanzas BBVA)

Foto 2: Luisa Paredes, emprendedora dominicana que fabrica artesanía con cocos. Banco Adopem (Foto de: Fundación Microfinanzas BBVA)

Y así sucede también en el caso de las entidades financieras que invierten en mujeres, ya que disminuyen sus tasas de mora y logran una mayor fidelidad a largo plazo. Apoyar el emprendimiento femenino en América Latina (y en otras regiones emergentes) es vital teniendo en cuenta apenas la mitad de las mujeres se emplea formalmente. La otra mitad que no se emplea recurre al empleo en informalidad, depende de los ingresos de un tercero o emprende. De hecho, es una de las regiones con las tasas más altas de emprendimiento femenino del mundo: las mujeres latinoamericanas son propietarias de casi una cuarta parte de los emprendimientos y de las pequeñas y medianas empresas.

Sin embargo, muchas de ellas carecen de los recursos necesarios a la hora de emprender, no cuentan con garantías, historial crediticio, conocimientos financieros, conectividad y habilidades digitales o tiempo para dedicar a su negocio (debido a las horas que destinan a las tareas domésticas y de cuidado no remunerado). Y a pesar de todos estos obstáculos, emprenden y constituyen un tejido productivo esencial para las sociedades latinoamericanas y otros países en desarrollo. Y son un auténtico ejemplo de superación y coraje personal.

Así lo muestran también nuestras historias de vida y nuestros datos de desempeño social en la Fundación Microfinanzas BBVA (FMBBVA), donde desde 2011 hemos atendido a 2.6 millones de emprendedoras (un 60% del total). El 83% se encuentran en situación de vulnerabilidad, un 64% están solas con dependientes a cargo y un 66% presenta, además, otras carencias que se suman a las económicas en cuanto a su nivel educativo, de salud o vivienda (pobreza multidimensional). Son mayoritariamente comerciantes minoristas con negocios más pequeños en activos (38% inferiores) y excedentes y sus desembolsos son un 36% inferiores a los de los emprendedores hombres. A pesar de ello, el 68% de las personas atendidas por la FMBBVA que salieron de la pobreza desde 2011 hasta 2023 fueron mujeres.

Pese a estos datos tan esperanzadores y optimistas, la brecha crediticia de las mujeres emprendedoras en América Latina asciende a US$98.000 millones, una de las más altas del mundo. Una oportunidad que toman en cuenta las entidades financieras de la región de forma creciente, y en especial aquellas que nos dedicamos a las microfinanzas. De hecho, mientras el 85 % de las que tienen definido el segmento de las pequeñas y medianas empresas (PYME) cuentan con una oferta específica para mujeres empresarias,  sólo el 18% de las que no tienen este segmento ofrecen este tipo de oferta especializada para ellas.

Las entidades que somos capaces de llegar al “mercado mujer” contamos con un firme compromiso al más alto nivel, que va más allá de un “pink washing” o unos datos desagregados por género. Se trata de tener una perspectiva de género en nuestra oferta de valor, una banca digital fácil de usar, procesos de crédito donde se tiene en cuenta si eres hombre o mujer   (y los sesgos inconscientes de nuestros asesores), uso de garantías o scorings de crédito alternativos, tipos de interés ajustados y servicios no financieros como formación, plataformas empresariales, servicios digitales o networking.

Por eso, como dice un reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo, estamos en un momento excepcional para mejorar sustancialmente el rol de las instituciones financieras en la inversión en estas emprendedoras.

Es justamente esa “banca mujer” o “con lentes de género”, la que hace que muchas de ellas puedan despegar y pasar de tener pequeños negocios de subsistencia a convertirse en empresarias, generando empleo y riqueza. Una oportunidad estimada de ingresos anuales para las entidades financieras que apuesten por ellas que puede llegar a los 29.100 millones de dólares.

Y en este proceso, además, ellas invierten en sus familias apostando por el desarrollo de las siguientes generaciones y muchas toman conciencia de su propio poder para transformar la comunidad en la que viven, asumiendo posiciones de liderazgo y voz en los espacios públicos (es decir, la palabra “empoderamiento” cobra un sentido real y de impacto).

A nivel regional, sólo 1 de cada 3 bancos comerciales cuenta con una estrategia de mercado para la mujer y 1 de cada 5 ni siquiera se lo había planteado. Muchas entidades aún lo consideran un aspecto de responsabilidad social corporativa o de sus iniciativas ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) más que una oportunidad de crecimiento o de mejora de la rentabilidad.

¿Y si son tan “buen negocio” entonces por qué no terminamos de verlo y de invertir en ellas?  No dejemos que la ceguera nos impida ver que las mujeres cada vez tienen y toman más peso en las decisiones financieras principales a nivel mundial. Sólo aquellas entidades financieras y empresas que sean capaces de verlo podrán atrapar esta oportunidad, diferenciarse y contribuir a su vez a crear un mundo mejor.

 

Laura Fernández Lord

Laura Fernández es responsable de Sostenibilidad, Equidad e Inclusión en la Fundación Microfinanzas BBVA.

Es licenciada en Economía por la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en Relaciones Internacionales (M.A.) por la School of Advanced International Studies, Johns Hopkins University, es Coach ACTP y graduada del Proyecto Promociona de ESADE.

Antes de incorporarse a la Fundación, desarrolló su trayectoria profesional en el sector de la cooperación al desarrollo, trabajando 10 años en distintas entidades como la Fundación Lealtad, la FAO, el Banco Interamericano de Desarrollo, la AECID o el Instituto Complutense de Relaciones Internacionales.

Ha participado como ponente en los principales foros de la mujer a nivel internacional en la Comisión del Estatus de la Mujer de las Naciones Unidas, la Conferencia Regional de la Mujer de CEPAL, la OCDE, el Encuentro Empresarial Iberoamericano.

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