La abogada de las causas imposibles: La lección de Shirin Ebadi

» Shirin Ebadi nos ha enseñado que el riesgo personal es el precio que se paga por la coherencia. Ella ha vivido en el exilio, ha sido amenazada y ha visto cómo sus archivos eran confiscados. Sin embargo, su pasión no ha disminuido. Al contrario, ha madurado. Eso es lo que yo llamo el «Alma del Derecho»: esa capacidad de seguir, después de décadas de servicio, con la misma convicción del primer día.

Cuando alguien me dice que el Derecho es solo una cuestión de leyes frías, le hablo de Shirin Ebadi. Shirin nació en Hamadán, Irán, en 1947, en una familia de intelectuales que le enseñó que la verdadera autoridad no emana del poder político, sino de la integridad personal. Si Concepción Arenal pisó el barro de las prisiones y Simone Veil sobrevivió al abismo del siglo XX, Shirin Ebadi es la prueba de que el Derecho puede ser un arma de resistencia cuando el sistema se convierte en una amenaza.

La historia de Shirin es la mía, y es la de cualquier abogada que se haya atrevido a cuestionar el statu quo. Fue la primera mujer juez en Irán, una carrera que se vio truncada abruptamente por una revolución que, de un día para otro, decidió que el conocimiento legal de una mujer era un peligro para el orden establecido. Fue degradada, despojada de su magistratura y relegada al silencio. Pero Shirin no se retiró a la pasividad. Como tantas veces he tenido que hacer yo, decidió que, si la puerta principal estaba cerrada por decreto, encontraría el modo de entrar por la ventana de la abogacía independiente.

Lo que me fascina de ella, lo que me conecta profundamente con su figura, es su concepto de «soledad estratégica». Ebadi no ha sido una abogada que busca la comodidad del consenso. Se ha especializado en las causas que nadie quería tocar: niños maltratados, mujeres oprimidas, disidentes políticos acosados por un Estado que ha hecho de la ley un látigo. Su labor es, en esencia, la defensa del debido proceso en contextos donde el sistema judicial es, por definición, un tribunal de excepción.

Por ello ¿Qué significa Shirin Ebadi para mí, Maria Alejandra Mancebo, a mis 30 años de graduada? Simboliza que el Derecho no es un oráculo, es un campo de batalla. Ella me recuerda que, incluso en un sistema que parece diseñado para la arbitrariedad, el Derecho sigue siendo nuestra herramienta más poderosa. Ella no litiga con sentimentalismos; litiga con expedientes. En cada defensa que ha llevado adelante, Ebadi ha sido quirúrgica, buscando la contradicción interna del régimen, el vacío en el procedimiento que permita salvar una vida.

He enfrentado suficientes juntas directivas, suficientes presiones institucionales para entender que Shirin Ebadi no es una excepción: es el espejo de lo que significa ser una abogada íntegra. Su lucha no es por una ideología; es por la dignidad humana básica. Cuando defiendo un criterio de Compliance, cuando lucho por la transparencia, estoy librando mi propia versión de su batalla. Porque la corrupción y la falta de integridad no son solo fallas administrativas; son, en última instancia, formas de opresión. Y la opresión, del tipo que sea, se combate con el rigor de la norma aplicada con rectitud.

Shirin Ebadi nos ha enseñado que el riesgo personal es el precio que se paga por la coherencia. Ella ha vivido en el exilio, ha sido amenazada y ha visto cómo sus archivos eran confiscados. Sin embargo, su pasión no ha disminuido. Al contrario, ha madurado. Eso es lo que yo llamo el «Alma del Derecho»: esa capacidad de seguir, después de décadas de servicio, con la misma convicción del primer día. Ella nos demuestra que la justicia no se derrota porque te quiten la toga o porque te cierren el tribunal; la justicia se mantiene viva mientras haya alguien capaz de articular una defensa lógica y valiente.

Para mis estudiantes, suelo citar a Ebadi como el ejemplo supremo de la «resiliencia legal «. Les digo: «No basta con conocer el código; hay que tener el carácter para aplicarlo cuando nadie más quiere hacerlo». Shirin no pide permiso para ser abogada; ella impone su derecho a ejercerlo mediante una maestría legal que nadie puede cuestionar.

Ese es el tipo de liderazgo con corazón que defiendo: uno que no pide espacios, sino que los ocupa a través de una competencia técnica tan elevada que se vuelve indiscutible.

Al final del día, Shirin Ebadi representa esa grieta por la que siempre, sin falta, termina colándose la verdad. A través de sus escritos y de su trabajo como Premio Nobel de la Paz, ha logrado que el mundo entero preste atención a las historias que su país intentó sepultar bajo el olvido. Su vida es una oda a la perseverancia.

Nos enseña que, mientras haya un abogado dispuesto a estudiar el caso con honestidad, el sistema no tiene un control absoluto. Siempre hay un precedente, siempre hay un argumento, siempre hay una vía legal por la cual se puede forzar la apertura del sistema.

Mi labor como abogada es, a escala y en mi contexto, un eco de esa lucha. No estoy aquí para navegar las aguas tranquilas; estoy aquí para asegurar que, en medio de la opacidad, la ley actúe como un faro. Shirin me ha dado la validación de que, incluso cuando el sistema está en tu contra, el Derecho sigue siendo un lenguaje universal que, si se maneja con maestría y con el corazón en la mano, es capaz de desarmar cualquier intento de atropello.

Shirin Ebadi sigue vigente, sigue trabajando, sigue enseñando. Y yo sigo aquí, con mis tacones y mi código, lista para el siguiente caso, lista para la siguiente alerta de riesgo, lista para la siguiente clase. Porque al final, ser abogada es eso: ser un puente entre la barbarie y la justicia. Y si Shirin pudo mantener ese puente en pie en las circunstancias más oscuras, ¿cómo voy a permitir yo, con toda mi formación y mis herramientas, que ese puente se derrumbe en mi guardia? No. La justicia es una construcción incesante, y mientras existan mujeres como Ebadi, el Derecho nunca dejará de ser la herramienta más poderosa para liberar a nuestra especie de sí misma. Ese es el legado, y esa es la promesa que asumo con cada firma, con cada artículo y con cada día de trabajo.

Experta de renombre internacional en el ámbito del Compliance y el Liderazgo Estratégico. Actualmente se desempeña como Gerente de Control de Riesgos y Legitimación de Capitales de Corporación Bel, desde donde ha transformado la visión tradicional del cumplimiento normativo en una ventaja competitiva basada en la ética y la innovación tecnológica.

Con una trayectoria marcada por la implementación de sistemas de prevención de vanguardia, creyente del uso de la Inteligencia Artificial con enfoque antropocéntrico.

Como conferencista y mentora, su propósito es empoderar a la próxima generación de mujeres líderes, demostrando que la alta dirección y la gestión de riesgos complejos alcanzan su máxima eficacia cuando se ejercen con rigor técnico y una profunda humanidad.

María Alejandra Mancebo es Consultora Visionaria. Visita su espacio haciendo click aquí ⇒⇒

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