La escritura. El gimnasio de la mente

«…escribir saca el caos del sistema límbico (el que regula las emociones, la memoria y la motivación entre otros) y lo organiza en el sistema lógico (el que ayuda a construir razonamientos válidos), reduciendo los niveles de cortisol (la hormona del estrés) en el cuerpo....”
Durante milenios, hemos visto a la escritura como una herramienta de comunicación o como un medio de expresión artística, sin embargo, en las últimas décadas, la neurociencia reveló que escribir es, en realidad, uno de los entrenamientos más intensos y completos que podemos ofrecerle a nuestro cerebro.
A diferencia del habla, que es una capacidad innata que vamos desarrollando a medida que crecemos, la escritura es una tecnología que debemos aprender. Visto que nuestro cerebro no nació para escribir, para hacerlo debe crear circuitos visuales, motores y lingüísticos.
Por lo tanto, cuando tomamos un bolígrafo y nos ponemos a escribir, no solamente estamos registrando información, sino que estamos activando un gimnasio de alta intensidad para nuestras neuronas.
Un ejercicio de completo
Para el cerebro, escribir es el equivalente a ejecutar una coreografía compleja que se traduce en una acción multisensorial, porque involucra la integración de la vista, el tacto, el oído y la propiocepción, considerada el sexto sentido, porque es la que nos permite conocer la posición y los movimientos de las diferentes partes del cuerpo.
También se involucran, al escribir, procesos cognitivos y motores finos, que nos sirven para organizar la información y para que fluya el formar las letras exactas que se necesitan para cada vocablo que se está escribiendo.
Por supuesto que, al mismo tiempo, se activan varias áreas del cerebro que cooperan entre sí, como las motoras, la memoria, la percepción y la emoción, creando entre todas un circuito de aprendizaje que resulta beneficioso y rico para el cerebro.
Y, en este sentido, resalto que toda esta maquinaria se pone en marcha, especialmente, cuando escribimos a mano.
La superioridad de la mano sobre la tecla
En la era digital, es tentador pensar que el teclado es un sustituto equivalente de la escritura a mano, pero la neurociencia no está de acuerdo con este concepto.
Existen estudios de las Universidades de Princeton y UCLA, liderados por Pam Mueller y Daniel Oppenheimer, en el 2014, que demostraron que los estudiantes que toman notas a mano, mejoran la comprensión y retienen a largo plazo, porque los obliga a procesar y sintetizar la información. Las notas son más cortas pero más profundas y efectivas.
En cambio, escribiendo con el teclado, se transcribe casi literalmente lo que se está escuchando, por eso el resultado es un aprendizaje más superficial y, en consecuencia, menos efectivo.
Otra importante diferencia es que, al teclear, realizamos un movimiento idéntico para cada letra (una pulsación), mientras que, al escribir a mano, el cerebro debe ejecutar un trazo único para cada carácter. El esfuerzo motor provocado, pone en marcha el Sistema de Activación Reticular (SAR), traducido como un filtro que se encuentra en el tronco encefálico, el que le dice al cerebro: «Presta atención, esto es importante».
Por otro lado, escribir a mano ralentiza el pensamiento lo suficiente para que la información se integre en la memoria de largo plazo, en lugar de ser procesada de forma superficial.
Escritura y Salud Mental
Uno de los descubrimientos más potentes de la neurobiología, es el relacionado con el impacto que tiene la escritura en la regulación emocional.
Cuando experimentamos estrés o trauma, la amígdala (que es el centro del miedo) se hiperactiva, dificultando el pensamiento lógico.
Precisamente, es aquí donde la escritura expresiva actúa como un puente pues, al plasmar una emoción en palabras, el cerebro realiza un proceso de etiquetado afectivo, lo que traslada la actividad neuronal de la amígdala emocional a la corteza prefrontal derecha, que es el área encargada del razonamiento y del control de los impulsos.
Explicado de otra manera, escribir saca el caos del sistema límbico (el que regula las emociones, la memoria y la motivación entre otros) y lo organiza en el sistema lógico (el que ayuda a construir razonamientos válidos), reduciendo los niveles de cortisol (la hormona del estrés) en el cuerpo.
Arquitectura del pensamiento
Nuestra memoria de trabajo es limitada, porque solo puede manejar una pequeña cantidad de conceptos de forma simultánea.
Por otro lado, la escritura funciona como un disco duro externo, o sea que, al plasmar una idea, estamos liberando «memoria RAM» en nuestra corteza prefrontal.
Es este alivio de la carga cognitiva, el que permite que el cerebro realice operaciones de orden superior, lo que provoca que, cuando ves tus pensamientos escritos, puedas establecer conexiones que eran invisibles mientras las ideas volaban por tu mente.
Más que escribir para decir lo que pensamos, escribimos para saber qué pensamos, por lo tanto, el papel se convierte en un espejo donde el cerebro puede analizar su propio funcionamiento de manera objetiva.
El músculo de la atención en la era de la distracción
Actualmente, vivimos en la era de la distracción, que fragmenta nuestra capacidad de enfoque.
En medio de este caos, la escritura funciona como un antídoto, porque es una actividad que requiere atención sostenida, lo que fortalece nuestras redes neuronales del lóbulo frontal.
Cuando, al escribir, nos obligamos a seguir una estructura lineal (como puede ser la de sujeto, verbo y predicado), estamos entrenando al cerebro para que se resista a los impulsos de la multitarea.
Por lo tanto, la escritura se convierte en un ejercicio de resistencia mental que mejora la neuroplasticidad, permitiendo que el cerebro se mantenga ágil, enfocado y joven por más tiempo.
La escritura, entonces, no es un acto pasivo, porque cada vez que escribes, estás rediseñando la arquitectura de tu mente, reduciendo tu estrés y aumentando tu capacidad intelectual.
En un mundo que, permanentemente nos está empujando a la velocidad y la superficialidad, sentarse a escribir es el acto de rebeldía neuronal más efectivo que existe.
Tu cerebro es un músculo que se fortalece con cada trazo. ¡No dejes de entrenarlo!
CreBiendo…para Crear escriBiendo
La escritura es mucho más que plasmar ideas en un papel, es una fuente inagotable de beneficios derivados de su práctica constante.
Amo la escritura, porque el escribir un libro, para mí es el método perfecto con el cual compartir conocimientos y vivencias, explorar mundos diversos, construir puentes que me conecten con otros y dejar huella.
Plasmando mis palabras en cada hoja en blanco, transformo el caos en claridad, convirtiendo la duda en certeza y los pensamientos en realidad, porque la escritura es una poderosa y liberadora herramienta que me da energía, me ayuda a sanar y me inspira, dándome los elementos necesarios para motivar a otros a lograr sus objetivos.
Disfruto de todos estos beneficios, especialmente al escribir mis libros autobiográficos y aquellos que potencian mi marca, ya que en ambos vuelco mis vivencias y conocimientos, para ponerlos al servicio de quienes los utilizarán a su favor.
Si anhelas escribir tu libro, encontrando tu propio estilo de escritura, para compartir tus vivencias y conocimientos con el fin de potenciar tu marca y ayudar a los demás, acompáñame a descubrir el poder y la magia que reside en cada palabra escrita.

Débora Weller
Soy Débora Weller, Escritora, Coach de Escritura y Coach de Vida y de Negocios, ambos con Programación Neurolingüística.
Después de reinventarme, desde el año 2014, he dejado de trabajar, porque hago lo que amo: la escritura siempre fue un pilar fundamental en mi vida y hoy se ha transformado en mi forma de ayudar a los demás.
Me dedico a la escritura de libros en los cuales los escritores comparten sus conocimientos, sus vivencias y su método único de trabajo, con el objetivo de posicionarse como referentes en su área de experticia y, de esa manera, potenciar su marca. También acompaño a transitar el complicado proceso de escritura de quienes desean dejar un legado contando su historia a través de una AutoBiografía, la que a su vez les ayuda a sanar su alma.
Soy co-creadora de CreBiendo en Movimiento, una comunidad cuyos miembros aman compartir sus ideas, mover su cuerpo y sus emociones y escribir MiniRelatos espontáneos.
Soy creadora del Taller CoEscritura CreBiendo, un lugar ideal para quienes dicen no tener tiempo para escribir su libro o no saber cómo empezar. En este espacio vienen a compartir dudas, aclararlas, concentrarse y enfocarse en la escritura de su libro, bajo mi guía y en la mejor en compañía.
Gracias a mi trabajo, estoy cumpliendo dos sueños: haberme convertido en escritora y disfrutar trabajando con personas de habla hispana que viven en diversos rincones del mundo.
Débora Weller es Consultora Visionaria. Visita su espacio haciendo click aquí ⇒⇒
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