La otra mirada

Llegó la pandemia y con ella un Erte (*) que me apartó temporalmente del mercado laboral.

A partir de ese momento decidí volver a formarme después de muchos años. Como si no hubiera un mañana, empecé a realizar cursos en diferentes áreas y de diferentes niveles. Quizás venir de un tipo de empresa en el que no se potencia internamente la formación, disponer de tiempo para ello y ver que la rueda del hámster en la que estamos metidos en nuestra vida cotidiana se había parado, potenció mi actitud y ayudó a tomar esa decisión.

A diferencia de cuando estudiaba “por obligación”, pues era lo que tocaba hacer, en esta nueva etapa, supongo que por la edad – y quiero creer que también por madurez -, los objetivos eran mucho más claros y específicos, así que la motivación se multiplicó y los resultados fueron exponenciales transformados en nuevos conocimientos adquiridos.

Recuerdo que cuando estudiaba en el instituto y la facultad siempre me movía en pequeños círculos de mujeres estudiantes y los resultados siempre fueron positivos. Simplemente estaba más cómodo y me proporcionaban una hoja de ruta que me facilitaba el camino que la realidad intentaba desviar. Éramos jóvenes.

En los últimos cursos realizados en pandemia cuál fue mi sorpresa cuando en todos ellos el número de compañeras era mucho mayor que el de compañeros. La proporción se había agudizado y en ocasiones el 70% o 80% de los asistentes eran mujeres. Mi conclusión era clara: el interés de las mujeres por formarse es mayor.

«En los últimos cursos realizados en pandemia cuál fue mi sorpresa cuando en todos ellos el número de compañeras era mucho mayor que el de compañeros. La proporción se había agudizado y en ocasiones el 70% o 80% de los asistentes eran mujeres. Mi conclusión era clara: el interés de las mujeres por formarse es mayor.».

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Según algunos estudios, en países como Finlandia, Noruega, Islandia, Suecia (casualmente todos del norte de Europa) la proporción de mujeres matriculadas en educación superior es mayor al de los hombres. Al parecer lo que yo me he ido encontrando en las aulas o en las sesiones online coincide con los datos en los últimos estudios. Parece que las sensaciones de mi pequeño mundo coinciden con una realidad global.

Los cambios culturales y sociales hacia la igualdad de género en educación son una realidad. La visión de la educación es vista por las mujeres como una inversión para conseguir mejores trabajos y sueldos, con la consiguiente mejor calidad de vida para ellas y su entorno.

Siempre se me ha llenado la boca explicando que cuanto mayor era el número de mujeres en los equipos de personas con los que he colaborado, mejor era el funcionamiento de estos y los resultados conseguidos también. Y no es algo que se produjo en una etapa puntual de mi trayectoria profesional, sino que siempre he considerado que había sido así. Las que me conocen y me han tenido en sus equipos podrán confirmarlo.

No voy a descubrir a nadie que las mujeres tienen habilidad natural para trabajar en equipo, empatía natural, orientación a la relación, habilidad para una comunicación efectiva. Son muy hábiles en la gestión y resolución de conflictos. También he leído que tienen una habilidad especial para la multitarea, pero este punto lo dejaremos en entredicho, no por dudar de la capacidad, sino por las últimas teorías sobre la imposibilidad de llevar a cabo la multitarea por cualquier persona, independientemente del género.

Si releemos de nuevo el listado de habilidades y capacidades anteriores veremos que coinciden con las necesidades básicas recomendables para ser o llegar a ser un o una líder. Y me pregunto: si de inicio las mujeres parten de tener estos puntos tan positivos, ¿por qué la mayoría de las figuras lideres en el tejido empresarial y político siguen siendo hombres?

«Los cambios culturales y sociales hacia la igualdad de género en educación son una realidad. La visión de la educación es vista por las mujeres como una inversión para conseguir mejores trabajos y sueldos, con la consiguiente mejor calidad de vida para ellas y su entorno..»

He querido dar un paso más y he realizado un análisis crítico, todo lo objetivo que he podido, de mis posiciones en las diferentes empresas por las que he transitado durante mi trayectoria laboral. Recordando quien estaba por encima, al mismo nivel y por debajo. Los resultados me han sorprendido, pues en toda mi carrera profesional únicamente he estado dos veces bajo la dirección de mujeres, aunque sí he tenido compañeras al mismo nivel y mayoritariamente ellas han estado en posiciones jerárquicas inferiores.

Después de estos resultados, me ha sobresaltado pensar que toda mi narración durante estos años sobre la tendencia de género en los equipos en los que había colaborado no era neutra, pues lo había hecho, la mayoría de las veces, desde una misma posición jerárquica que estaban dañando mi objetividad.

Creo que es momento de ser crítico y sincero con uno mismo y el entorno, sin olvidar la humildad necesaria para poder seguir trabajando y cambiar el mapa inicial que nos permita valorar mejor nuestras historias.

Cuando estoy en contacto con emprendedoras y empresarias se me activa un punto de envidia por ese plus de actitud y aptitud que desprenden con el fin de conseguir la igualdad que debería ser ya una realidad.

Me gustaría que mis dos hijas pudieran partir muy pronto de un escenario más igualitario, donde cuando se hable de lideres no sea necesario especificar con un artículo a qué género queremos referirnos. Pero, mientras ese momento llega, creo que ninguna mujer debería dejar de luchar por ello y ningún hombre deberíamos olvidar quien, de forma natural, fue la mayor líder de nuestras vidas e intentar aprender del resto de ellas.

No quiero terminar esta publicación, sin agradecer al equipo de Visionarias, Marita y Andrea la oportunidad que me han dado de participar, de esta forma tan especial, en su gran proyecto que ayuda a la visibilidad y liderazgo de las mujeres.

Diplomatura en Ciencias Empresariales UB, Postgrado Coaching Ejecutivo y Personal UPF, Licensed Practitioner of NLP.

Más de 25 años de experiencia en gestión de unidades de negocio y ventas.

La pasión por los negocios me acompaña desde la niñez. Cuando otros niños veían los gusanos de seda como pequeñas mascotas y las hojas de morera como su alimentación principal, yo veía una línea de negocio con un producto de gran demanda con la venta de consumibles asegurada.

Conseguir la simplificación de lo que vemos como grandes problemas y obstáculos es una de mis habilidades. Y eso lo aplico en el mundo de la empresa y de l@s emprendedor@s.

Mis objetivos como profesional:
o Generar cambios y mejoras en la empresa o negocio
o Optimizar procesos
o Aumentar calidad y ser más productiv@
o Mejorar la organización y planificación
o Acompañar a la hora de emprender y evolucionar proyectos empresariales.
o Aumento de motivación, confianza y seguridad
o Potenciar y descubrir habilidades / talentos.
o Eliminar y substituir obstáculos que limitan la consecución de objetivos (falta de confianza, temor a los cambios, exceso de exigencia, creencias limitantes)

“Transformando lideres, impulsando negocios”.

(*) Erte es la sigla de expediente de regulación temporal de empleo, procedimiento legal al cual se acoge una empresa para suspender temporalmente contratos de su plantilla o reducir las jornadas laborales.

——

Fotos de Jordi Gómez

«Moonlighting» Entrepreneur

Si nos remitimos a la lengua inglesa encontramos varios conceptos que nos servirían, para llegar a la definición deseada, de forma más o menos discutible, como “side hustle”, “moonlighting”. Ambas aglutinarían otras acciones que no son el emprendimiento. He preferido...

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