Las mujeres que sostienen al mundo cuando todo parece derrumbarse

“»La historia suele recordar a quienes cambiaron el curso de los acontecimientos. El liderazgo consciente nos invita a comprender qué había dentro de ellos para hacerlo posible.»
Hay una frase que me ha gustado desde hace muchos años.
El reconocido comunicador estadounidense Fred Rogers contaba que, cuando era niño y veía imágenes de guerras, accidentes o desastres naturales en las noticias, sentía miedo. Su madre, con la serenidad de quien comprende profundamente la naturaleza humana, siempre le decía:
«Busca a quienes están ayudando.»
Con el tiempo comprendió que, incluso en las peores tragedias, siempre hay personas que deciden convertirse en parte de la solución.
Durante la última semana, mientras Venezuela atravesaba uno de los momentos más dolorosos de su historia reciente, recordé esa frase una y otra vez.
Los venezolanos hemos vivido días de un dolor difícil de describir con palabras.
Gracias a las redes sociales hemos acompañado casi en tiempo real el llanto desgarrador de una madre, la angustia silenciosa de una abuela, la incertidumbre de una hermana, el desespero de un padre y la desesperación de familias enteras que, en cuestión de segundos, vieron cambiar sus vidas para siempre.
Las imágenes permanecerán por mucho tiempo en nuestra memoria colectiva.
Pero junto al dolor también hemos visto algo profundamente esperanzador. Hemos visto la voluntad de un pueblo que se niega a ser derrotado. Personas que, sin esperar instrucciones, sin buscar reconocimiento y muchas veces sin conocer a quienes estaban ayudando, comenzaron a organizarse para rescatar, alimentar, cuidar, acompañar y reconstruir.
Y cuando uno comienza a buscar a quienes ayudan, descubre algo extraordinario.
Descubre que una inmensa parte de ese liderazgo tiene rostro de mujer.
Son las que llevan días preparando cientos de comidas desde sus hogares o trabajando en las cocinas de restaurantes y hoteles para alimentar a quienes lo perdieron todo. Son las costureras que normalmente confeccionan uniformes o reparan ropa y que, frente a la emergencia, pusieron su oficio al servicio de una necesidad infinitamente mayor. Son las enfermeras ya jubiladas que volvieron a colocarse una bata porque sintieron que todavía podían servir.
O son las maestras que improvisan espacios para que los niños vuelvan a sonreír mientras sus padres intentan reconstruir sus vidas. Son las psicólogas que escuchan sin descanso. Las trabajadoras sociales que organizan. Las líderes comunitarias que coordinan. Las voluntarias que clasifican alimentos, medicamentos y ropa durante horas para que la ayuda llegue a quien más la necesita. Y también están las rescatistas que, con el mismo casco, la misma determinación y el mismo coraje que cualquier otro miembro de los equipos de emergencia, entran una y otra vez donde otros solo ven peligro.
Y están mujeres como Faby, cuya sonrisa en medio de la tragedia recorrió las redes sociales y terminó convirtiéndose en un símbolo inesperado de esperanza.
No era la sonrisa de alguien que ignoraba el dolor. Era la sonrisa de alguien que había decidido que el dolor no tendría la última palabra.
Muchas de estas mujeres jamás aparecerán en una entrevista. Probablemente sus nombres nunca formen parte de un libro de historia. Pero sin ellas, muchas historias tendrían un final diferente.
Mientras observaba ese inmenso esfuerzo silencioso comprendí que este no es solamente un fenómeno venezolano.
Es una constante que atraviesa toda la historia de la humanidad.
Cada vez que una sociedad enfrenta una guerra, un terremoto, una inundación, una epidemia o cualquier otra tragedia, aparecen mujeres extraordinarias que sostienen la vida mientras todo parece derrumbarse.
Lo hizo Florence Nightingale al transformar el cuidado de los heridos durante la Guerra de Crimea. Lo hizo Clara Barton al fundar la Cruz Roja Americana y llevar ayuda humanitaria allí donde más se necesitaba. Lo hizo Irena Sendler al salvar miles de niños durante el Holocausto, arriesgando su propia vida para preservar la de otros.
Y lo han hecho millones de mujeres cuyos nombres nunca conoceremos: las que escondieron familias durante las guerras, las que organizaron refugios después de terremotos, las que sostuvieron hospitales durante pandemias, o las que reconstruyeron comunidades enteras cuando parecía que todo estaba perdido.
La historia suele recordar a quienes cambiaron el curso de los acontecimientos. Pero las sociedades sobreviven gracias a quienes sostienen la vida mientras esos acontecimientos ocurren.
Quizás esa sea una de las expresiones más profundas del liderazgo.
No del liderazgo entendido como poder.
Sino del liderazgo entendido como servicio.
Durante años hemos asociado el liderazgo con cargos, jerarquías o posiciones de autoridad. Sin embargo, las grandes crisis nos recuerdan una verdad distinta. Los líderes más importantes no siempre son quienes dirigen las operaciones. Muchas veces son quienes sostienen la esperanza. Quienes organizan cuando reina el caos. Quienes cuidan cuando otros huyen. Quienes consuelan cuando nadie encuentra respuestas, o quienes siguen sirviendo incluso cuando también están sufriendo.
Ese es el activo invisible que este tiempo nos ha permitido observar con enorme claridad.
El servicio. Un servicio que no nace de una obligación, sino que nace de la empatía, del compromiso, de la responsabilidad compartida y, sobre todo, de la profunda convicción de que el sufrimiento ajeno también nos pertenece.
Como sociedad haríamos bien en detenernos a aprender de estas mujeres.
Porque su ejemplo nos deja, al menos, cinco lecciones.
- La primera es que el liderazgo comienza mucho antes que el cargo.
- La segunda es que servir también es una forma de ejercer influencia.
- La tercera es que la esperanza no aparece espontáneamente; alguien decide construirla cada día.
- La cuarta es que ninguna sociedad supera una tragedia únicamente con recursos materiales. La reconstrucción también necesita confianza, solidaridad y capital social.
- Y la quinta, quizás la más importante, es que las personas que cambian una comunidad no siempre son las que reciben los aplausos. Con frecuencia son las que, en silencio, hacen posible que los demás vuelvan a ponerse de pie.
Quizás, dentro de algunos años, cuando recordemos esta tragedia, hablaremos de las cifras, de los edificios que cayeron y de todo lo que hubo que reconstruir. Pero espero que también recordemos a quienes sostuvieron la esperanza cuando parecía que todo se derrumbaba.
A las mujeres que cocinaron, curaron, cosieron, organizaron, abrazaron, escucharon y lideraron sin pedir nada a cambio. Porque los grandes desastres ponen a prueba la fortaleza de una sociedad.
Y son estas mujeres las que nos recuerdan que la verdadera reconstrucción comienza mucho antes de levantar un edificio. Comienza cuando alguien decide no dejar caer a otro ser humano.
Ellas no solo reconstruyen casas, reconstruyen comunidades, reconstruyen vidas y, muchas veces, reconstruyen la esperanza.
Porque, al final, ellas son las verdaderas heroínas de la vida.
Luis Vicente García es coach de rendimiento empresarial, conferencista internacional y autor de más de 15 libros best-sellers internacionales, colaborando con reconocidos expertos como Brian Tracy, Marshall Goldsmith, Jack Canfield y Joe Vitale, entre otros. Además, ha escrito dos libros sobre franquicias y emprendimiento y es un reconocido formador en liderazgo, productividad y estrategia empresarial.
Economista graduado de Georgetown University, cuenta con un MBA y especializaciones en Gerencia, Finanzas, Liderazgo Organizacional y Psicología Positiva. Es profesor universitario desde 2014, dictando clases de gerencia y liderazgo en la Universidad Metropolitana (UNIMET) y como profesor invitado en la UCAB y la Universidad Rafael Urdaneta.
Fue Presidente de la Junta Directiva de Profranquicias (2017-2019), CEO de Venamcham (2017-2024) y ha sido jurado de los Premios LEI otorgados por EY a los Líderes Empresariales Inspiradores durante los últimos cinco años. Actualmente, es fundador y CEO de Incrementum Academy, una plataforma de formación y coaching empresarial, donde desarrolla programas para potenciar el liderazgo, la productividad y el crecimiento estratégico de profesionales y empresas.
Creador del concepto #MOTITUD (Motivación + Actitud), es articulista en Visionarias Magazine, Analitica.com y PasionPais.com, abordando temas de liderazgo, emprendimiento y empoderamiento femenino; y fue por casi 8 años el Editor-en-Jefe de la revista Business Venezuela. Hoy es Embajador de Buena Voluntad de Goodwill Venezuela y de la Orquesta Sinfonica Gran Mariscal de Ayacucho.
Web: www.incrementumacademy.com


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