Olvidarnos de la empatía, es olvidarnos de las personas

Sentir es el gran desafío que tenemos los seres humanos para construir nuestras vidas con sentido. Sin embargo, hemos sido entrenados para negar el sentimiento: evitarlo, huir de él, esconderlo o evadirlo. Si en un momento de tristeza rompes a llorar, no faltará alguien que se acercará a decirte que no llores. Si expresas temor, alguien vendrá a decirte “no temas”. Si te enfadas, pronto te dirán que no te enfades. Y si estás nerviosx, te dirán “cálmate”.
Solo piensa en algún momento de tu vida en que has sufrido una pérdida; pronto escuchaste frases como “distráete”, “no llores”, “no es para tanto”. La sociedad se empeña en tender a tu alrededor una red que amortigüe la emoción. ¿Por qué? Porque subyace la idea de que sentir solo nos puede llevar a cometer errores, que no es bueno y que las emociones deben ser acalladas o extirpadas. Y aunque tememos sentir, no dejaremos de sentir aquello que tememos.
La empatía se basa en el sentir.
Es el reconocimiento y la comprensión de las emociones ajenas, la capacidad para poder sintonizar con las señales sociales sutiles que indican que necesitan o qué quieren los demás. Es la capacidad de asumir el punto de vista de otra persona, una mayor sensibilidad hacia los sentimientos de los demás y una mayor actitud de escucha.
La empatía no es simpatía ni compasión ni cordialidad. La cordialidad no reconoce las emociones del otro, es automática y es un hábito. La verdadera empatía nace de una reflexión y un esfuerzo: el esfuerzo de reconocer al otro como portador de emociones. La empatía no es un sentimiento, sino una actitud de la que se derivan diversos sentimientos.
«La verdadera empatía nace de una reflexión y un esfuerzo: el esfuerzo de reconocer al otro como portador de emociones.»

La empatía empieza cuando escuchamos a alguien, sin presuponer nada y con ánimo de ayudarle.
Escuchar sin juzgar es un sano ejercicio diario que deberíamos practicar todxs.
En mis formaciones de acompañamiento en duelo lo propongo como uno de los principales objetivos de aprendizaje. Todos necesitamos que nos escuchen. Es por eso que escuchar sin juzgar puede ser uno de los actos más afectuosos que nadie pueda hacer. Escuchar y solidarizarse con la experiencia del otro, incluso en el caso de que nuestra vivencia sea otra, es la clave de una relación afectiva. Para ello debemos contar con una predisposición especial, mucha paciencia y coraje para compartir emociones sin perder el control.
Las personas empáticas suelen poseer unas fortalezas psicológicas y una capacidad de escucha muy positivas, lo cual puede aprenderse. Demostrar empatía es hacer saber a la otra persona que nos hemos percatado de sus emociones y que la compartimos.
Un gesto como una expresión facial de pena, tocar su brazo en señal de apoyo emocional o una frase como “tómate tu tiempo para hablar, estoy aquí para ti”, “tienes derecho a sentirte así”, “veo lo mal que lo estás pasando”. También a nivel no verbal podemos ofrecer apoyo, por ejemplo, cuando la persona comienza a llorar, ofrecerle un pañuelo.
La empatía se construye sobre la toma de conciencia de uno mismo, por ello cuanto más abiertos estemos para captar nuestras propias emociones, más fácil nos será reconocer las de los demás.
Soy Teresa Escobar Ruiz, docente y madre de dos niñas.
Maestra de Educación Primaria. Experta en Pedagogía de la Muerte y el Duelo. Fundadora y Directora de Duelo sin Abrazos. Comunicadora y Formadora en Pedagogía de la Muerte y el Duelo. Especialista Transpersonal en Acompañamiento en Procesos de Duelo y Muerte. Coordinadora de Grupos de Duelo
El desarrollo de mi profesión y la vida misma me ha puesto en el camino de aprender sobre los duelos y las pérdidas. Siempre se empieza por la experiencia personal, que es dura al perder un@ hij@, pero es un punto y aparte en la vida de cualquier persona. En mi caso tuve la necesidad de formarme en Pedagogía de la Muerte, porque necesitaba esa oportunidad de aprender de los investigadores qué es lo que debemos hacer l@s padres, madres y docentes cuando nos enfrentamos a una pérdida.
Esa formación la pongo hoy a disposición de quienes la necesiten, junto a otras que son muy importantes para abordar situaciones de shock emocional: Primeros Auxilios Psicológicos, Acompañamiento en Duelo transpersonal, Compasión, Perdón, Meditación, Espiritualidad y Autoconocimiento.
Ayudo a padres, madres y docentes a conocer lo que la Pedagogía de la Muerte nos enseña para abordar las pérdidas con nuestr@s niñ@s y adolescentes. Entender que no debemos vivir de espaldas a la muerte es importante para crecer y disfrutar de la vida. Imparto talleres, charlas, ponencias, webinars y cursos para grupos y centros educativos.
Mi web: duelosinabrazos.com
La Pedagogía de la muerte y yo
Tuve un viaje muy próspero gracias a sufrir un naufragio...Foto de Pressfoto (Freepik)Soy Teresa Escobar Ruiz, madre y Maestra de Educación Primaria. Con más de diez años de experiencia en la docencia, la vida me puso a prueba con la pérdida de mi hija con seis años....
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