¿Quién soy mientras crezco yo y mi negocio?

«Si vivimos demasiado tiempo en automático, sin preguntarnos si lo que hacemos realmente va con quienes somos hoy, corremos el riesgo de alcanzar el éxito en algo que ya no nos refleja solo porque “una vez decidimos que ese era nuestro sueño”. Y eso, termina cobrándose su precio.»

El crecimiento es algo bastante “tramposo”. Sentimos que “nunca llega” o que “nunca termina”, pero sin duda sí somos conscientes del momento “entremedias” en el que, seamos honestas, nos sentimos muy, muy incómodas y perdidas. Una se enfoca tanto en alcanzar la zanahoria que no comprende que en el famoso “camino” es donde realmente todo sucede. O bien se enfoca en comprender tanto “el camino” que ni siquiera lo disfruta.

En cada etapa del cambio, hay matices que a menudo pasamos por alto. En mi experiencia, he observado que el crecimiento más real y profundo no viene con un cartel luminoso en la mano. No se produce a raíz de un logro grande, intenso y que llega por todo lo alto, sino la quietud interna, una certeza silenciosa de que estamos en el camino correcto. Puede ser una conversación o lectura que nos mueve por dentro, o una decisión aparentemente pequeña que, sumada a otras, cambia la dirección de nuestras vidas.

La realidad es que casi siempre el punto de partida es un momento de caos que viene a desafiarnos. Y en ese desafío, se encuentra una gran oportunidad. Pero ¿cómo confiar en que eso es cierto cuando estamos en medio del ojo del huracán?

Cuando avanzamos —ya sea en nuestra carrera, negocio o liderazgo—, parece que todo a nuestro alrededor se mueve. Y claro que se abren puertas, pero también se despiertan viejos miedos e inseguridades. Las decisiones y prioridades que dabas por sentadas se ponen a prueba y la cuerda se tensa entre lo que el mundo espera de ti y lo que tú ya no quieres perder.

Crecer te hace dudar de quién eres

Crecer duele, muchas veces duele. Implica despedirse de partes de nosotras que fueron valiosas en otro momento, pero que ahora pesan. Decimos adiós a relaciones, trabajos, hábitos o sueños que simplemente ya no encajan en la versión que somos en la actualidad. Y, de alguna manera, reconocer que hemos cambiado, que podemos y debemos soltar lo que ya no nos nutre, es uno de los actos más poderosos de amor propio.

En los últimos años, he caminado al lado de mujeres valientes, apasionadas y preparadas. Entre todo ese éxito y reconocimiento, he observado que coexiste una cierta crisis de identidad, un duelo interno, una desfragmentación. Esa crisis de ya no ser quien pensamos que éramos e íbamos a ser, y de aún no saber o sentir quién queremos ser ahora. Nos forzamos a tener que elegir una sola de nuestras facetas para sentir que “tenemos sentido”, cuando en realidad nuestras piezas no es que no encajen, es que ahora forman un puzle bien distinto.

Yo misma he experimentado ese momento, esa crisis, unida al hecho de migrar a otro país. Una quiere empezar de cero, sin comprender que todo lo que vino antes también forma parte de nosotras y que no debemos renunciar a lo es importante para nosotras y nos identifica. La clave es justo aprender a integrarnos desde un lugar amoroso.

Ese espacio de cuestionamiento puede ser incómodo, pero es fértil; nos da la oportunidad de redefinirnos una y otra vez, de abrirnos a nuevas maneras de estar en el mundo. Hablar de crecimiento sin mencionar la identidad es como construir una casa sin cimientos: tarde o temprano, se tambalea.

Si vivimos demasiado tiempo en automático, sin preguntarnos si lo que hacemos realmente va con quienes somos hoy, corremos el riesgo de alcanzar el éxito en algo que ya no nos refleja solo porque “una vez decidimos que ese era nuestro sueño”. Y eso, termina cobrándose su precio.

El cuerpo entiende antes que la mente

Con frecuencia, la incomodidad se siente primero en el cuerpo: hombros tensos, cansancio que no se va, una irritabilidad sutil. Como si dentro de ti alguna parte supiera que estás forzando una versión de ti que ya caducó.

La neurociencia nos dice que, cuando operamos sin coherencia interna (ese desfase entre lo que sentimos, pensamos y actuamos), nuestro sistema nervioso se pone en alerta. Vivir en incoherencia produce estrés, desregulación emocional e incertidumbre por no pertenecer.

Y no es desde ahí desde donde queremos liderar.

Identidad no es rigidez, es raíz

Ser fiel a tu identidad no es aferrarte a etiquetas, sino recordar lo que te hace única, incluso mientras te transformas.

Tu identidad es esa raíz silenciosa que nutre cada decisión. Es lo que permanece mientras cambias de rol, de país, de proyecto o de sueños.

Cuando sostienes tu identidad, ere capaz de adaptarte y de siempre sentirte segura y en casa, pase lo que pase fuera. Sostener tu identidad es elegirte en cada pequeña decisión.

¿Y esto cómo se hace?

Aquí van algunas ideas que comparto y que yo misma practico cada vez que el crecimiento me reta:

Haz pausas verdaderas para escucharte. No es irte al Tíbet ni hacer journaling cada día (aunque si te hace bien, hazlo). Es encontrar pequeños momentos para preguntarte honestamente: “¿Esto aún me representa?”. A veces la respuesta tarda, pero siempre llega.

No sacrifiques tu esencia por validación. El aplauso puede ser adictivo, pero si requiere que te calles, te endurezcas o uses un disfraz incómodo, no vale la pena. La autenticidad puede incomodar, pero es lo único sostenible.

Cuida tu diálogo interno. La autocrítica a veces pesa más que la crítica externa. Habla contigo con la misma valentía y compasión con la que te haces un cambio de look.

Rodéate de mujeres que te celebren como eres. Tener cerca a personas que te apoyan incondicionalmente es un salvavidas. Busca espacios donde puedas hablar de tus logros y tus dudas, sin ser juzgada.

Recuerda que tu crecimiento es espiritual. No solo creces profesionalmente. También se amplía tu conciencia, tu libertad y tu compasión.

Pierde el miedo a cambiar de opinión

Piensa en ti y en tu crecimiento como en un árbol. Crecer sin fortalecer tus raíces solo hará que la siguiente tormenta te arrastre.

Si un día lo que construiste ya no te representa, cambia el rumbo. No es un error, deja de martirizarte por eso. Es comprender que tu negocio crece contigo y evoluciona contigo. Y eso es liderar con alma y en coherencia.

La expansión siempre es posible cuando sostienes tu raíz, cuando te permites habitar plenamente, con tus dudas y certezas, con tus aciertos y replanteamientos. Cuando lo que estás haciendo sientes que te representa realmente.

Permítete evolucionar, conocerte cada vez más en cada etapa y comprender que todos son pasos para alcanzar esa versión de ti clara, auténtica y coherente.

Porque esa es la que será verdaderamente imparable.

Neuropsicóloga, consultora, coach creativa y de inteligencia positiva, cuenta con más de 18 años de experiencia en distintos ámbitos de la psicología y del desarrollo personal, tanto en contextos clínicos, como académicos y empresariales. Experta en psicometría y evaluación psicológica, también es autora y adaptadora de varias pruebas de prestigio internacional. Ha sido y sigue siendo docente de diversas universidades de España, México y EE.UU.

Ha desempeñado distintos roles en capacitación y e-learning en distintas consultoras españolas líderes en el sector, como Telefónica Learning Services y Bizpills. Desde entonces, ha continuado colaborando con diversas organizaciones públicas y privadas en México y España, entre las que destacan instituciones como el Ministerio de Justicia de Querétaro, el Municipio San Pedro Garza García (Nuevo León) y empresas como Telefónica, BBVA, SANTANDER, Universidad Europea, IBERIA, EY, EVO Payments, FEMSA y DLL.

Autora, speaker, docente y facilitadora internacional, su misión es inspirar a más personas a salir de sus cajas para vivir una vida con propósito y en balance. En su podcast “Lo que callan las flores” comparte secretos de florecimiento de la mano de otras mujeres, los cuales aborda también desde la neurociencia y la inteligencia positiva. Apuesta por la autenticidad, la creatividad y el bienestar como bases del poder personal, el autoliderazgo, el talento y el éxito en las distintas áreas de nuestra vida.