Rodéate de personas que te recuerden quién eres cuando, hasta tú, lo olvides…

Me inspiran quienes son generosos con sus conocimientos y sus contactos, quienes celebran sinceramente los éxitos ajenos, quienes cumplen su palabra, agradecen, saben pedir perdón y ayudan sin llevar una calculadora mental para saber cuándo les devolverás el favor.
Emprender tiene muchísimas cosas maravillosas, pero también tiene momentos en los que dudas de absolutamente todo: de tu estrategia, de tus decisiones, de si estás cobrando demasiado (o demasiado poco), de si ese servicio tiene sentido, de si deberías cambiar de rumbo y, en los días especialmente grises, incluso de si realmente eres tan buena como pensabas…
Porque por muy segura que seas, por mucha experiencia que tengas y por muchos éxitos que hayas acumulado, hay días en los que la confianza se tambalea. Y es precisamente entonces cuando descubres lo importante que es tener a tu alrededor a personas que te conocen, creen en ti y son capaces de recordarte todo lo que vales cuando tú, temporalmente, te has olvidado.
Siempre he pensado que una de las decisiones más importantes que tomamos en la vida es elegir de quién nos rodeamos. Y en el emprendimiento, todavía más.
Hay personas con las que compartes un café y sales llena de ideas, con ganas de comerte el mundo, porque te hacen pensar, te plantean preguntas que no te habías hecho y consiguen que veas posibilidades donde tú solo estabas viendo problemas.
Y también existen personas con las que ocurre exactamente lo contrario: después de hablar con ellas empiezas a dudar de cosas que antes tenías clarísimas o acabas convencida de que aquello que querías hacer es una locura.
No estoy diciendo que debamos rodearnos de personas que nos den siempre la razón. ¡Por favor, no! Para mí, alguien que te quiere también debe ser capaz de decirte: “Judit, creo que aquí te estás equivocando”. Pero una cosa es cuestionarte desde el cariño y con intención de ayudarte a crecer y otra muy distinta es hacerlo desde los propios miedos y limitaciones.
Cuando hablamos de personas inspiradoras pensamos muchas veces en grandes empresarias, escritoras, conferenciantes o referentes a quienes seguimos en redes sociales. A mí también me inspiran algunas de ellas, por supuesto, pero muchas de las personas que más han influido en mi vida son personas “normales” que tengo cerca: amigas, clientes, colaboradores, proveedores, compañeras de asociaciones profesionales y otras emprendedoras con las que comparto experiencias, conversaciones y también unas cuantas risas.
Personas a las que admiro por cómo trabajan, pero especialmente por cómo son, porque para mí esto es fundamental: quiero rodearme de buenos profesionales, sí, pero todavía más de buenas personas.
Me inspiran quienes son generosos con sus conocimientos y sus contactos, quienes celebran sinceramente los éxitos ajenos, quienes cumplen su palabra, agradecen, saben pedir perdón y ayudan sin llevar una calculadora mental para saber cuándo les devolverás el favor.
Cuanto más tiempo llevo emprendiendo, más claro tengo que quiero a ese tipo de personas cerca.
Soy miembro de diferentes asociaciones y comunidades profesionales, algunas exclusivamente de mujeres y otras mixtas, y una de las cosas más bonitas que me han regalado son precisamente las personas.
He conocido profesionales que me han inspirado muchísimo, personas que posteriormente se han convertido en clientes, proveedores o colaboradores y algunas que, casi sin darme cuenta, se han convertido en grandes amigos.
Por eso siempre defiendo que hacer networking “de verdad” no consiste en repartir tarjetas, acumular contactos en LinkedIn o entrar en una sala preguntándote a quién puedes venderle algo. Consiste en construir relaciones.
Quizá hoy conoces a alguien en un evento e intercambiáis dos frases, dentro de unos meses os tomáis un café, más adelante colaboráis en un proyecto y un día descubres que aquella persona a la que conociste “por trabajo” forma parte de tu vida.
Las buenas relaciones necesitan tiempo, generosidad, interés auténtico y confianza. Y nunca sabes hasta dónde pueden llevarte.
Pero nuestra red tiene otra función que para mí es todavía más importante: a veces necesitamos que alguien nos haga de espejo.
Nos acostumbramos tanto a nuestros propios talentos que dejamos de valorarlos. Aquello que hacemos bien nos parece fácil precisamente porque sabemos hacerlo y, como nos resulta natural, asumimos que tampoco debe tener tanto mérito.
Hasta que alguien te dice: “¿Pero tú eres consciente de lo que acabas de hacer?”. O te recuerda aquel proyecto que sacaste adelante cuando tú estás obsesionada con el que ahora no funciona. O te suelta un “Llevas años haciendo esto, sabes perfectamente lo que haces” justo el día en que aparece el síndrome de la impostora dispuesto a instalarse en tu sofá.
Necesitamos personas que nos devuelvan perspectiva. No para depender de la validación externa, porque nuestra autoestima no puede estar en manos de los demás, sino porque hay momentos en los que estamos demasiado cerca de nosotras mismas para vernos con claridad.
Que alguien que te conoce y te quiere bien te recuerde quién eres puede ser justo el empujón que necesitas para volver a confiar en ti.
Y aquí viene la otra parte de la historia, porque no se trata únicamente de encontrar personas que nos inspiren, apoyen y recuerden nuestro valor. También deberíamos preguntarnos qué tipo de persona somos nosotras para los demás.
¿Celebramos sinceramente los éxitos de nuestras compañeras? ¿Recomendamos a otros profesionales cuando surge una oportunidad? ¿Decimos a las personas que admiramos que las admiramos? ¿Recordamos a una amiga emprendedora lo buena que es cuando sabemos que está atravesando un momento complicado?
A veces pensamos cosas preciosas sobre las personas que queremos y se nos olvida decirlas. Y quizá justo ese día necesitaban escucharlas…
Porque una buena red no solo se encuentra. También se construye y se cuida.
Así que hoy quiero proponerte algo muy sencillo: piensa en esas personas que te inspiran, que confían en ti y que alguna vez te han recordado lo mucho que vales cuando hasta tú lo habías olvidado.
Y después haz algo todavía mejor: díselo.
Porque quizá tú también seas esa persona para ellas y todavía no lo sabes…
Judit Sorribes es consultora, mentora y formadora especializada en LinkedIn y ventas, con más de 25 años de experiencia en el ámbito comercial. Desde hace más de cuatro años, se dedica a ayudar a emprendedores, autónomos y pymes, especialmente aquellos en los sectores de consultoría, formación y servicios, a utilizar LinkedIn como su principal canal de ventas.
Su enfoque se centra en optimizar perfiles, crear publicaciones que atraigan a potenciales clientes, realizar prospección efectiva y abrir conversaciones que conviertan contactos en clientes. Además, te ayuda a potenciar la construcción de una marca personal sólida que inspire confianza y autoridad. Una de sus propuestas de valor es enseñar a utilizar LinkedIn de manera efectiva sin necesidad de suscripciones Premium o Sales Navigator, aprovechando al máximo las funcionalidades gratuitas de la plataforma.
Además, si no tienes tiempo (o no tienes ganas) de aprender, ella se ocupa de tu estrategia en LinkedIn (perfil, publicaciones y prospección) gracias a su servicio “llave en mano”.
Su trabajo (así lo expresan sus clientes) refleja una pasión innata por la formación y el desarrollo profesional de sus clientes.
Judit se autodefine como una apasionada de la vida con una clara vocación de servicio.
Web: juditsorribes.com

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