Un festival que da voz con imágenes: la historia y el presente del FiCSor

«El corazón de FiCSor es la defensa del derecho al acceso a la cultura y a la comunicación. Para la comunidad sorda, históricamente marginada de muchos espacios culturales por falta de accesibilidad, este festival se presenta como un escenario donde sus voces –en este caso, sus imágenes– encuentran eco y reconocimiento. Además de visibilizar las producciones audiovisuales realizadas por personas sordas, FiCSor promueve valores como la inclusión, la democratización del arte y la visibilidad de las minorías.”

En un país donde el cine suele estar asociado a grandes estrenos, alfombras rojas y la maquinaria de la industria audiovisual, existe un festival que se aparta de esas lógicas y que, sin embargo, se ha convertido en un faro cultural y social. Se trata del Festival Internacional de Cine Sordo de Argentina (FiCSor), una iniciativa única en el país y segunda en Sudamérica que, desde 2016, trabaja para visibilizar la cultura, la identidad y los derechos de la comunidad sorda a través del cine.

Más que un evento de exhibición de películas, FiCSor se ha consolidado como una plataforma sociocultural sin fines de lucro, impulsada y gestionada por personas sordas. Su misión excede la pantalla: busca garantizar accesibilidad comunicacional, derribar barreras y, sobre todo, generar inclusión. “El cine es un lenguaje universal, pero no todos accedemos a él de la misma manera. Nuestro desafío es que nadie quede afuera”, sostienen desde la organización.

FiCSor funciona bajo la figura de asociación civil, aunque sin sede física propia ni financiamiento permanente. Su motor principal son los voluntarios que integran el equipo y que, a través del trabajo colaborativo y flexible, sostienen cada edición. No hay jerarquías rígidas: los roles se asignan en función de las capacidades y la disponibilidad de quienes participan. Este rasgo de horizontalidad le da al festival una impronta particular, cercana y comunitaria.

El festival cuenta con apoyos institucionales que han sido clave para sostener su crecimiento. Entre ellos se destacan el Banco Supervielle, que acompaña a través del Régimen de Promoción Cultural (Mecenazgo) del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires; el Centro Cultural de España en Buenos Aires (CCEBA); y el Programa ACERCA de la AECID, Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo. En sus primeras ediciones también recibió subsidios del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA). Hoy el organismo mantiene un acompañamiento en materia de difusión y promoción, pero ya no brinda apoyo económico. Esta situación convierte al festival en un espacio de autogestión permanente, que depende del compromiso de sus integrantes y de las redes colaborativas que logra tejer con instituciones, artistas y activistas.

El corazón de FiCSor es la defensa del derecho al acceso a la cultura y a la comunicación. Para la comunidad sorda, históricamente marginada de muchos espacios culturales por falta de accesibilidad, este festival se presenta como un escenario donde sus voces –en este caso, sus imágenes– encuentran eco y reconocimiento. Además de visibilizar las producciones audiovisuales realizadas por personas sordas, FiCSor promueve valores como la inclusión, la democratización del arte y la visibilidad de las minorías. En este sentido, no se trata solo de mostrar películas: cada edición articula con escuelas de sordos, instituciones educativas, artistas y colectivos para garantizar que las proyecciones y actividades paralelas se conviertan en verdaderos espacios de encuentro e intercambio.

“Queremos que el público sordo se vea reflejado en la pantalla, que se sienta protagonista. Y al mismo tiempo, buscamos que el público oyente pueda conocer y valorar otra forma de narrar, de expresarse y de percibir el mundo”, remarcan desde la organización.

La historia del festival comenzó en 2016 en Tigre, provincia de Buenos Aires. Aquella primera edición sorprendió por su convocatoria: más de 5.000 personas asistieron al festival, que proyectó 39 películas nacionales e internacionales. Entre las actividades destacadas, se realizaron proyecciones especialmente diseñadas para escuelas de sordos, a las que asistieron 8 instituciones educativas con más de 100 niños. El impacto fue inmediato. Por primera vez, un festival ponía en el centro la cultura sorda y mostraba que el cine podía ser un puente para la inclusión. Esa semilla se transformó rápidamente en una apuesta de continuidad.

La segunda edición del festival tuvo lugar en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, elegida por su accesibilidad en materia de transporte y su infraestructura cultural. Allí, la convocatoria volvió a crecer: más de 10.000 personas asistieron a las funciones y actividades, y se proyectaron más de 70 películas de distintos países.

En esta oportunidad, la participación de las escuelas también se multiplicó: 15 instituciones educativas y más de 350 niños sordos formaron parte de la experiencia. Las actividades paralelas incluyeron talleres, charlas y encuentros que buscaron tender puentes entre la comunidad sorda y la oyente. La consolidación en Buenos Aires permitió que el festival alcanzara una visibilidad mayor en el mapa cultural, instalándose como una referencia dentro de la agenda de cine inclusivo y accesible en la región.

A diferencia de otros festivales de cine, FiCSor no se mide en glamour ni en cifras de taquilla. Su valor está en el impacto social y cultural que genera. Para muchos de los asistentes, se trata de la primera vez que encuentran una sala de cine pensada para ellos. Para otros, es el descubrimiento de un lenguaje audiovisual distinto, donde la lengua de señas ocupa un lugar protagónico. El festival también se convierte en una oportunidad para difundir y apoyar el trabajo de cineastas sordos, que muchas veces encuentran dificultades para acceder a circuitos tradicionales de exhibición. De esta manera, FiCSor no solo muestra películas, sino que también abre caminos y construye nuevas narrativas.

Hoy, el gran desafío de FiCSor es sostener su continuidad en un contexto de autogestión y con recursos limitados. La ausencia de financiamiento estable obliga a la organización a reinventarse en cada edición, apelando a la creatividad y a la fuerza del trabajo colectivo. Sin embargo, la solidez de sus objetivos y el apoyo de la comunidad permiten proyectar un camino de crecimiento. El festival no deja de tejer redes: trabaja con instituciones locales e internacionales, articula con programas culturales y busca alianzas que garanticen la accesibilidad. El sueño es que, en un futuro cercano,  el festival logre una estructura más estable, que permita expandir sus actividades y multiplicar su alcance.

A casi una década de su primera edición, FiCSor demuestra que el cine puede ser mucho más que entretenimiento: puede ser una herramienta de transformación social. En un mundo donde la diversidad cultural suele quedar en segundo plano, este festival recuerda que la inclusión no es un gesto, sino un derecho. Sin sede fija ni financiamiento asegurado, pero con un fuerte compromiso comunitario, FiCSor sigue creciendo como un espacio donde el cine se convierte en un lenguaje verdaderamente universal. Porque cuando las imágenes hablan, no hacen falta traducciones: lo que se transmite es la experiencia compartida de reconocerse en el otro.

Comunicadora social y Psicóloga Social.

Creadora del proyecto Mente y Comunicación, el cual también cuenta con un podcast en el que promueve todo lo relacionado a la salud mental y comunicación, especialmente.

Su foco es el emprendimiento femenino en el deporte y en los ámbitos de poder que ocupan las mujeres en este siglo.

1 Comentario

  1. federico sykes

    ¡Me encantó todo lo que escribiste! Muchas gracias por ayudar a visibilizar el trabajo que venimos realizando para el FiCSor.
    Un abrazo,
    Federico Sykes
    Director de FiCSor

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