Desmontando el mito de la competencia entre mujeres

«No es casualidad que cada vez más mujeres estemos cuestionando las estructuras tradicionales. Esas que nos han mantenido aisladas. Estamos hartas de jugar con reglas que no creamos, en un terreno que no nos representa. Estamos hartas de los discursos vacíos sobre sororidad y empoderamiento que abundan en redes sociales. La realidad es más compleja, más cruda y definitivamente más interesante que un simple #hashtag.”

¿Cuántas veces has oído frases como “las mujeres son las peores enemigas de otras mujeres”, “no pueden trabajar juntas” o “siempre hay drama en equipos liderados por mujeres”?

Estas ideas, repetidas hasta la saciedad en entornos profesionales y sociales, han servido como una profecía autocumplida, alimentando desconfianza y aislamiento entre profesionales brillantes, que podrían estar impulsándose mutuamente.

El mito de la supuesta rivalidad femenina es uno de los estereotipos más dañinos y persistentes. No es una realidad inherente a las mujeres, sino el resultado de estructuras organizativas diseñadas con premisas anticuadas, que perpetúan modelos de poder obsoletos. Este prejuicio, además de ser falso, representa una barrera que limita el potencial de las mujeres y las organizaciones que integramos.

Tras más de una década trabajando en el desarrollo del talento femenino, he visto una realidad completamente diferente: Las mujeres colaboran, lideran juntas y construyen redes de apoyo en todo tipo de espacios: corporativos, creativos, tecnológicos, comunitarios y personales. Y no solo transforman sus carreras, sino que también rediseñan los ecosistemas profesionales y sociales. Transforman ecosistemas completos.

El mito de la competencia no es más que eso, un mito, y uno diseñado para reforzar estructuras de poder que benefician a unos pocos.

Entonces, ¿de dónde viene esta idea?

La idea de que las mujeres no pueden trabajar juntas tiene sus raíces en las dinámicas de poder tradicionales. Durante décadas, nos han hecho creer que solo hay espacio para unas pocas mujeres en los puestos más altos. Esto ha generado una falsa sensación de escasez, fomentando una competencia destructiva que, en realidad, no beneficia a nadie.

Cuando las organizaciones asumen que solo hay lugar para una mujer en puestos de liderazgo, crean entornos que refuerzan la desconfianza, la soledad y el aislamiento. Este efecto se agrava con estructuras jerárquicas que privilegian ésta competencia individualista, dejando de lado un enfoque más colaborativo y humano que muchas mujeres ponen en práctica.

Ese enfoque no solo limita a las mujeres, sino que también socava el potencial de innovación y crecimiento de las organizaciones.

La colaboración entre mujeres es real y genera resultados extraordinarios. Piensa en los espacios donde las mujeres ya están marcando la diferencia:

En el ámbito corporativo. Mujeres ejecutivas están patrocinando a jóvenes profesionales para impulsar sus carreras. Empresas como Barilla, Honeywell y Abbott han implementado programas de mentoring y sponsorship que no solo han elevado a más mujeres a posiciones de liderazgo, sino que también han mejorado los indicadores de innovación y desempeño organizacional.

En el emprendimiento. Las redes lideradas por mujeres están desafiando modelos de negocio tradicionales al priorizar el impacto social junto con el beneficio económico.

En el día a día. Mujeres emprendedoras, artesanas y freelancers comparten contactos, recursos y aprendizajes, formando alianzas que van más allá de cualquier estructura formal. Por poner algunos ejemplos.

¿Cómo es que este mito sigue siendo tan persistente? En parte, porque durante mucho tiempo se nos ha inculcado la idea de que el éxito profesional femenino es una excepción, no una norma. Se nos ha intentado convencer de que nuestro éxito individual debe construirse en oposición al de otras mujeres.

Aquí, el papel que juegan las estructuras tradicionales de poder, que en lugar de valorar la colaboración premian el liderazgo autoritario y competitivo, es clave. Son sistemas que perpetúan la desigualdad. Estos comportamientos, no solo refuerzan estereotipos dañinos sobre cómo deben comportarse las mujeres en posiciones de poder, sino que además limita el impacto positivo que un enfoque más inclusivo y colaborativo podría tener en las organizaciones.

No es casualidad que cada vez más mujeres estemos cuestionando las estructuras tradicionales. Esas que nos han mantenido aisladas. Estamos hartas de jugar con reglas que no creamos, en un terreno que no nos representa. Estamos hartas de los discursos vacíos sobre sororidad y empoderamiento que abundan en redes sociales. La realidad es más compleja, más cruda y definitivamente más interesante que un simple #hashtag.

La sororidad y el apoyo entre mujeres nacen en lo cotidiano, en lo real, en lo imperfecto. Entre emprendedoras que comparten contactos y experiencias. En grupos de apoyo para madres que quieren tener una carrera profesional. En comunidades de tecnología que promueven la inclusión. Entre artesanas que preservan técnicas ancestrales y comparten sus aprendizajes. Se materializan en acciones concretas que generan cambios reales.

Lo más fascinante de este cambio de paradigma es cómo desafía las narrativas tradicionales sobre el liderazgo ejercido por mujeres que no renuncian a su ambición individual; por el contrario, están redefiniendo qué significa el éxito en el contexto profesional moderno. Están creando un ecosistema de apoyo mutuo que permite a cada una brillar en su área de expertise. El verdadero liderazgo no se mide por cuántas personas dejamos atrás, sino por cuántas llevamos con nosotras hacia adelante.

Las mujeres no somos el peor enemigo de las mujeres. Al contrario. Somos las grandes aliadas. El poder de las mujeres es una forma de reimaginar y reconstruir nuestros ecosistemas profesionales y personales.

Aquí es donde la magia sucede. No necesitamos adaptarnos a estructuras existentes. Podemos crear nuestras propias mesas, con modelos que integren nuestra humanidad y reconozcan que el bienestar y la colaboración son fundamentales para el éxito.

Algunas formas de hacerlo:

  • Compartir información y recursos. Desde compartir datos sobre industrias tóxicas hasta contactos de proveedores, cada intercambio de información fortalece a toda la red.
  • Defender a otras mujeres. Al alzar la voz por quienes no están presentes o enfrentarse a dinámicas injustas, creamos un entorno más equitativo y erradicamos ese mito.
  • Crear espacios seguros. Que permiten hablar abiertamente de temas como la salud mental, el burnout, o las brechas salariales
  • Normalizar el aprendizaje y la vulnerabilidad. Reconocer que los errores son parte del crecimiento fomenta una cultura de innovación y resiliencia.
  • Apoyar iniciativas lideradas por mujeres no solo con likes, sino con recursos concretos.

Piensa en las mujeres que han marcado una diferencia en tu vida. Quizá fue una compañera que te recomendó para un puesto, una amiga que te ayudó a negociar un contrato o una mentora que te animó a dar el salto cuando dudabas de ti misma. ¿Cuántas han habido?  Estas acciones son las que realmente desafían el mito de la competencia.

Cada vez que celebramos el éxito de una compañera, compartimos información valiosa o impulsamos sus proyectos, estamos reforzando una realidad que siempre ha existido: las mujeres colaboran, se apoyan y se elevan mutuamente. Este paradigma no es nuevo

El mito de la competencia entre mujeres no solo es falso, sino que está siendo desmontado en tiempo real por las acciones del día a día. Se desmonta con los modelos de liderazgo inclusivos que están cambiando las reglas del juego. Se desmonta al redefinir qué significa el éxito, el liderazgo y la colaboración.

La próxima vez que escuchemos el viejo mito de la competencia entre mujeres o que somos nuestras peores enemigas, recordemos que tenemos la oportunidad y la responsabilidad de escribir una historia diferente

Porque no vinimos a competir. Vinimos a transformar el juego.

Fundadora y directora de Komorebi Solutions Boutique Consultoría de PR y Comunicación Estratégica especializada en Equidad y visibilidad del talento femenino. Colíder de Lean In Crownz International y Ambassador del Programa PowerUp.

Conferenciante en temas de equidad, perspectiva de género e igualdad y sesgos conscientes e inconscientes.

Actualmente reside en el sur de Francia y acompaña con su firma Komorebi Solutions a empresas y mujeres a dar visibilidad al talento femenino a través de mentorías, formación y consultoría con su programa PR Essentials.

Es licenciada en Comunicación con la mención de PR y Comunicación Corporativa. Posee un Master en Marketing Digital y otro en Estudios Asiáticos

Cree que la comunicación puede ayudar a crear puentes para unir culturas y personas. Ha vivido y trabajado en varios países y continentes; entre ellos Japón dónde vivió y estudió en una bodega de sake para profundizar en su conocimiento de la cultura y de los negocios japoneses.

Roser Méndez es Consultora Visionaria. Visita su espacio haciendo click aquí ⇒⇒

Impacto positivo: Equidad, diversidad e inclusión

 

Tanto Visionarias.Business, como Komorebi Solutions, tenemos un compromiso con el fomento de la Equidad, la inclusión y la diversidad tanto en los negocios como en la sociedad. Creemos que abrazar estos conceptos es crear un Impacto Positivo en ambas áreas.

De ahí nace esta nueva sección: “Impacto Positivo: Equidad, diversidad e inclusión”. Un espacio para valorar y escuchar una amplia gama de perspectivas, experiencias vividas y formas de pensar. A través de esta sección queremos apoyar y promover las voces de los demás, otras historias, la interseccionalidad, porque la inclusión es algo más que “talla única” o una campaña de Marketing.

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