El peso de la obediencia: dietas, delgadez y control sobre las mujeres

«El patriarcado ha encontrado en la obsesión por la delgadez y la cultura de la dieta una herramienta de control sumamente eficaz. No es casualidad que las mujeres hayamos sido empujadas, generación tras generación, a vivir bajo un régimen de restricción permanente: contando calorías, temiendo a la comida y midiéndonos frente a estándares que muchas veces resultan inalcanzables para la mayoría de nosotras.”
Alguna vez te has preguntado por qué tantas mujeres nos acercamos al dolor, al sacrificio y a lo incómodo, alejándonos de la búsqueda de placer, seguridad y la consecución de logros. Una de las respuestas está en la cultura de la dieta.
El patriarcado ha encontrado en la obsesión por la delgadez y la cultura de la dieta una herramienta de control sumamente eficaz. No es casualidad que las mujeres hayamos sido empujadas, generación tras generación, a vivir bajo un régimen de restricción permanente: contando calorías, temiendo a la comida y midiéndonos frente a estándares que muchas veces resultan inalcanzables para la mayoría de nosotras.
La cultura de la dieta no nos ayuda a elegir qué da sentido a nuestra vida; por el contrario, nos anima a definir nuestra valía a partir de deseos superficiales y efímeros de los demás. Como afirma Naomi Wolf en El mito de la belleza:
“Una cultura obsesionada con la delgadez femenina no está obsesionada con la belleza de las mujeres. Está obsesionada con la obediencia de éstas. La dieta es el sedante político más potente en la historia de las mujeres; una población tranquilamente loca es una población fácil”.
La dieta como dispositivo de control
Investigaciones recientes confirman el alto costo de esta obsesión. Un estudio publicado en BMJ Nutrition Prevention & Health por la Universidad de Toronto muestra la profunda influencia negativa de la restricción calórica en la salud mental y física: más ansiedad, más depresión y menos energía vital.
Esto contrasta directamente con los logros que las mujeres han conquistado en las últimas décadas: nuestra entrada al mundo académico, laboral, empresarial y político. ¿Cómo avanzar en estos espacios si vivimos agotadas, hambrientas y dudando de nuestro propio cuerpo? Nuestra revolución se frena cómodamente cuando las protagonistas no tenemos energía para sostenerla.
El mensaje es claro: la fijación cultural por la dieta y la delgadez no es un homenaje al bienestar, sino un mecanismo de obediencia y control social.
La inseguridad en el cuerpo como inseguridad en la vida
La cultura de la dieta afecta el autoconcepto, la autoestima y, lo más grave, nos hace sentir inseguras en nuestro propio cuerpo. Y si no nos sentimos dueñas de nuestro lugar más íntimo, el cuerpo donde habitamos, ¿cómo vamos a sentirnos seguras en el resto de los ámbitos de la vida?
Este canon de belleza no es, por tanto, una cuestión de gustos personales o de moda. Es una herramienta de opresión política y social que busca que las mujeres invirtamos nuestra energía en perseguir un ideal imposible en lugar de ponerla en transformar el mundo.
De nuevo en palabras de Wolf: «la fijación cultural por la delgadez de la mujer no es una obsesión por la belleza femenina, sino una obsesión por su obediencia».
Caminos hacia la autonomía corporal
Frente a este sistema de control, urge reivindicar la alimentación consciente, la aceptación corporal y la soberanía sobre nuestra propia vida. Hay hábitos mucho más poderosos que una dieta restrictiva para cuidar la salud física y mental:
- Aprender a poner límites.
- Priorizar el descanso y el sueño reparador.
- Elegir actividades físicas que se disfruten, no que castiguen.
- Tejer relaciones sanas.
- Impulsar el crecimiento personal desde la autoestima y no desde la culpa.
Estos caminos no solo fortalecen nuestro bienestar, sino que nos permiten estar alertas, con la energía y claridad necesarias para ocupar espacios que históricamente nos han sido negados: en la sociedad, en la economía, en la política.
El mito de la delgadez no es un capricho estético; es una estrategia de control. Resistirlo y reconectar con nuestros cuerpos desde la aceptación y el placer es también un acto político y una forma de libertad femenina.
Raquel Berrocal Sibaja es costarricense ecofeminista y amante del cine, los gatos y el café.
Es Licenciada en Relaciones Internacionales con énfasis en Cooperación Internacional y tiene un EMBA en Gestión de la Igualdad de Género en la Empresa de la Escuela de Negocios Formato Educativo. También es técnica en gestión ambiental.
Ha trabajado asesorando a instituciones, organizaciones y empresas en temas de Diversidad, Equidad e Inclusión. Tiene experiencia en ámbitos como Justicia, Justicia Juvenil y Sostenibilidad.
Tiene conocimientos y es apasionada de temas como representaciones culturales de las sexualidades, nuevas masculinidades y liderazgo y empoderamiento femenino.
En los últimos años ha sido gestora y directora de proyectos sociales. Quiere seguir trabajando en la reducción de las brechas de género y aportar en la construcción de un mundo más inclusivo y diverso.
Actualmente es consultora internacional y lidera un proyecto para crear una coalición latinoamericana a favor de la erradicación de la violencia en contra de las mujeres y de las niñas.
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