Abrazos con calendario

«Prometo recordarles a otras que ese examen que postergan puede ser la decisión que les devuelva la vida.»
Me descubrí escribiendo estas líneas como quien vuelve del borde: con la certeza de que llegué a tiempo. Y también con una pregunta que todavía me arde: ¿por qué yo sí y mi mamá no?
La llamada que me cambió la historia
Un día cualquiera, justo en mi cumpleaños, recibí la llamada que nadie quiere. Había algo que revisar. Todo se volvió difuso: los sonidos se apagaron, las manos sudaban y el mundo pareció detenerse.
Me hice estudios, seguí indicaciones y la vida me dio un margen. Ese margen me permitió actuar, organizarme y volver a mirar el calendario con esperanza.
No fue fácil, pero hubo luz. Y esa luz sigue siendo parte de cada palabra que hoy comparto.
Tres meses con mi madre
Mientras yo tenía margen, ella no. Y aunque también fue detectado a tiempo…pasó del susto al vértigo, como un tren sin frenos.
Tres meses. No alcanzaron para hacerle justicia a sus ganas de vivir. No alcanzaron para todas las conversaciones pendientes.
La vi fuerte y vulnerable a la vez. Tomé su mano muchas veces sin saber muy bien qué decir.
Ella, que siempre fue mi faro, se fue apagando sin reclamos. Solo con una dulzura que todavía me duele y me sostiene.
La pregunta incómoda
Entonces llegó el duelo. No hablo solo del dolor. Hablo de esa culpa silenciosa del sobreviviente que no siempre sabemos nombrar.
Recuerdo mirarme en el espejo días después del entierro, tocándome el pecho y preguntándome en voz baja si el mío era más fuerte, o solo más afortunado.
Probé responder con espiritualidad, con estadísticas, con frases que calman por un rato.
Hasta que acepté que quizá esa pregunta no tiene respuesta.
No toda pregunta busca lógica. Algunas buscan dirección. Y ahí encontré la mía.
Lo que aprendí entre dos orillas
El tiempo importa.
A veces es la diferencia entre una vida que sigue y una vida que se despide.
El amor también organiza.
Cuando la familia se coordina, la persona enferma respira mejor.
Pedir ayuda es valiente.
Terapia, amigas, redes. No es debilidad. Es cuidado.
La fe y la ciencia pueden convivir.
Orar y pedir segundas opiniones pueden ir de la mano.
El recuerdo puede ser causa.
El dolor con propósito empuja. El dolor sin sentido pesa.
Lo que haría diferente hoy
⇒ Hablaría antes. Conmigo, con mis médicos, con mi familia.
⇒ Preguntaría más. Llevaría un registro de síntomas. Armaría un calendario de autoexploración y estudios.
⇒ No dejaría para después una molestia que hoy parece mínima.
Y cuando el miedo me visite, le daría la mano para que me acompañe a la consulta, no para que me detenga.
La información en el momento justo es una caricia que puede salvarte.
Pequeña guía para quien está cuidando
Escucha y pregunta:
¿Qué necesitas hoy? ¿Qué puedo resolver por ti esta semana?
Tareas pequeñas y concretas:
Traslados, comidas, trámites. La logística también es amor.
Habla con la verdad que cuida:
No todo se dice, pero lo que se dice, que sea claro y amable.
Cuidar cansa.
Pon fecha a tus propios respiros.
Si hoy te toca a ti
⇒ Si estás leyendo esto con una cita pendiente, ve.
⇒ Si tienes miedo, llévalo contigo y, si puedes, lleva también una amiga.
⇒ Si acabas de recibir un diagnóstico, abrázate y arma equipo.
No estás sola.
Hay profesionales, hay redes, hay mujeres que ya cruzamos ese puente y hoy te decimos:Estar informada también es una forma de amor.
Lo que prometo en nombre de mi madre
Prometo hablar. Prometo incomodar cuando haya que hacerlo.
Prometo recordarles a otras que ese examen que postergan puede ser la decisión que les devuelva la vida.
Prometo honrar a mi madre convirtiendo su partida en una campaña personal de vida.
Porque el rosa no es publicidad.
Es una conversación urgente que nos salva y que también nos acompaña cuando la vida se pone frágil.
Convertir el dolor en propósito no borra la ausencia. La abraza y la transforma.
Hoy escribo porque llegué a tiempo.
Lo hago por mí. Por ella.
Y por ti, que quizá necesitas este empujón suave para agendar tu estudio, hablar con tu médico, tocarte sin miedo y pedir ayuda sin pena.
Ojalá, dentro de unos años, cuando releas este texto, puedas decir que tú también llegaste a tiempo.
Y que quizás, sin saberlo, estas palabras fueron el abrazo que necesitabas para dar el primer paso.
Abrazos con calendario: porque quien cuida también necesita que lo abracen con fecha y sin culpa.

Betty Palmeros
Soy Betty Palmeros, estratega en imagen pública y fundadora de Betty Palmeros Consultora. Desde hace más de 15 años acompaño a líderes y equipos en industrias críticas (como construcción, energía e hidrocarburos) a transformar el cumplimiento normativo en liderazgo vivo.
Integro comunicación clara, branding y sistemas ISO 9001, 14001, 45001 y 50001 con un enfoque profundamente humano: uno que cuida tanto a las personas como a los resultados. Este año celebro 25 años trabajando en Sistemas de Gestión.
Creé la metodología BettyStyle® para convertir la capacitación técnica en experiencias memorables. Trabajo con storytelling, prácticas en piso y liderazgo mentor, para que cada requisito se entienda, se sienta y se viva.
Me mueven los cambios que se notan en la operación: menos simulación, más reportes proactivos, mejores hábitos de seguridad y una reputación que se fortalece día a día.
Escribo el newsletter Café con Betty, y creo en el poder de las redes. Porque sí: #SiempreEsPosible, incluso en los sectores más técnicos.
Mi propósito es sencillo y poderoso: que la norma se convierta en un puente hacia culturas más humanas, seguras y sostenibles… y que cada persona vuelva a casa segura y orgullosa de lo que hizo y de cómo lo hizo.
Betty Palmeros es ExpertaVisionaria. Visita su espacio haciendo click aquí ⇒⇒
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Muchas gracias por tan hermoso escrito que llena el alma de esperanza y como dices es un abrazo, pero al corazón muchas gracias betty
Gracias, Katy 🌷
Me alegra profundamente saber que mis palabras resonaron contigo.
Eso es justo lo que busco con cada texto: que nos recuerde que detrás de cada norma, proceso o liderazgo, hay un corazón que siente, construye y transforma.
Un abrazo grande, y gracias por leer con el alma. 💛