Autoexigencia y perfeccionismo, alas de insuficiencia

Sobreesfuerzo constante, sentir culpa por no haber llegado a la meta que nos habíamos marcado, autocastigo a través de nuestro diálogo interior que nos juzga, critica, minimiza y desvaloriza por creer que no logramos hacer mejor las cosas, aunado a lo complejo que resulta no darnos permiso de disfrutar de momentos de hacer nada, puede dar como consecuencia un constante sentimiento de frustración, una falsa creencia de no ser suficientes para los demás en donde la autoexigencia excesiva y la constante búsqueda de la perfección son patrones de comportamiento que en nuestra vida cotidiana hemos introyectado como mecanismos inconscientes de aceptación y de validación externa que lejos de situarnos como personas seguras de nosotras mismas nos alejan más de quiénes somos haciéndonos seres más frágiles ante una sociedad neurótica que nos presiona para distraernos de nuestra propia identidad.

⇒ Diálogo absolutista, activador de la autoexigencia

Debo, tengo, nunca, jamás, todo, siempre, ninguno, son algunas de las palabras que utilizamos en nuestro discurso interno y externo como mecanismo de sabotaje, ese diálogo absolutista que fomenta nuestra rigidez psicológica, esa que no permite equivocaciones, sostenida en rumiaciones y argumentos distorsionados; ejemplo de ello, frases como “nunca podré lograr la meta”, “siempre me pasa lo mismo”, “cuando me esfuerzo y no me reconocen me siento insuficiente”, “debo cumplir con todas mis actividades”, “puedo perder todo si me despiden”, “tengo que destacar, sino nunca lograré el éxito”.

Los términos absolutistas en nuestra forma de pensar y de comunicarnos facilitan la inflexibilidad de nuestra mente ya que tendemos a sacar conclusiones adelantadas de forma generalizada de un solo hecho o acontecimiento determinado sin una base suficiente que así lo soporte, lo que de manera constante fomenta la activación de comportamientos sustentados en la autoexigencia, entendiendo por ella el establecimiento y el constante esfuerzo por cumplir metas elevadas y poco realistas a través de patrones basados en altos estándares de comportamiento autoimpuesto que perseguimos de forma obsesiva, sostenida. Autoexigencia que nos invita a centrarnos recurrentemente en las equivocaciones, fallas y fracasos, más que en el proceso mismo.

«…la autoexigencia excesiva y la constante búsqueda de la perfección son patrones de comportamiento que en nuestra vida cotidiana hemos introyectado como mecanismos inconscientes de aceptación y de validación externa».

⇒ La autocrítica, aquello que nutre la autoexigencia y el perfeccionismo

“Soy una tonta”, “soy un incompetente», “soy la única fracasada de la familia”, la autocrítica es el pilar de un discurso interno absolutista cuando no cumplimos las metas, cuestionándonos significativamente si aquello que logramos realmente fue un logro o un fracaso. Tendemos a sostener el sesgo atencional hacia lo negativo, a ser personas más receptivas a los detalles que afectaron el resultado propuesto sin ser conscientes de la forma como minimizamos y desvalorizamos aquello que sí apoyó a su consecución en un sentido constructivo.

La autocrítica nutre la autoexigencia pero también el perfeccionismo el cual en exceso puede convertirse en patológico generador de estrés, ansiedad, angustia, depresión, mismo que se caracteriza por la necesidad obsesiva de hacer las cosas de forma tal como lo indica “a la perfección”, distorsión de la mente direccionada al deber de cumplir con un estándar exacerbado en el que si llegaran a existir situaciones nuevas o imprevistas la persona no cuenta con herramientas suficientes de adaptación tanto psicoemocional como psicosocial.

En ambas formas de comportamiento, autoexigencia y perfeccionismo excesivo, predomina el querer dominar o controlar determinada situación, la mente se vuelca en la obtención de respuestas inmediatas que atiendan puntualmente a la meta o al deseo fijados, si se pierde el control habitualmente surge un comportamiento reactivo en donde prevalece la autocrítica, aquella que evalúa nuestros resultados de forma desproporcionada, demandante, patológica, rígida, omitiendo toda posibilidad de modificar de forma consciente el diálogo interior por uno más flexible, bondadoso, generoso que fortalezca nuestra autoestima y sentido de identidad.

⇒ No ser suficiente

Eso catastrófico, fatalista que creímos sucedería a partir de un pensamiento y comportamiento autoexigente y/o perfeccionista ¿cuántas veces ha sido real? Tendemos a magnificar los sucesos a partir de un piloto automático que se instala interpretando, luchando constantemente con pensamientos y emociones que no son reales debido a que no están en el presente, permanecen en el pasado o en el futuro lo cual implica que nuestra mente divague entre diversidad de distorsiones cognitivas, pensamientos de todo o nada, o todo es un éxito o todo es un fracaso.

García (2023) destaca que las personas autocríticas sólo hacen las cosas para las que son buenas, todo lo demás lo evitan por miedo a que los demás piensen de ellas que son un fracaso; es por ello que el sufrimiento cotidiano ante el no ser suficiente tiene sustento en creer que la verdadera felicidad está sustentada en lo que los demás opinen de nosotros sin darnos cuenta de que el estado de bienestar se construye hacia el interior a partir de la aceptación de nuestros pensamientos y emociones aunque no nos agraden, dejando de controlar el mundo, haciéndonos responsables de nuestro autocuidado emocional.

⇒ Aceptación y discurso en atención consciente

Aceptar la frustración, la incomodidad que sentimos ante una conducta autoexigente y perfeccionista a partir de nuestro estado de conciencia, facilita que prestemos atención a nuestros pensamientos cuestionándolos y reemplazándolos por otros más realistas, alternativos y, sobre todo, más amables, por lo que bien podríamos comenzar con un ejercicio atencional a partir de nuestro diálogo interior, en el que sustituyamos nuestras frases, por ejemplo:

Discurso autocrítico

Discurso generoso (autocompasivo)

“Nunca seré capaz de __”

“No hay vuelta de hoja __”

“Nunca, jamás volveré a __”

“Tengo miedo de/a __”

“Estoy atorado/a __”

“No es justo que __”

 

“Sé cómo hacerlo”

“Estoy aprendiendo a __”

“¿Por dónde iría mejor?”

“Prefiero este camino”

“Puedo hacer esto en este momento”

“Mis planes son __”

Practicar la atención consciente a partir de darnos cuenta de nuestro hábito de hablarnos de forma crítica cuestionándonos ¿cómo es mi discurso, en qué tono me lo digo? ¿Qué beneficio me genera el complacer en todo momento a los demás de forma autoexigente y perfeccionista? ¿Para quién no soy suficiente? Nos permite percatarnos de que nuestra mente siempre está haciendo algo centrado en lo productivo, ayudando sin que nos lo pidan, tratando de agradar a alguien, sintiéndonos mal si descansamos o bien si nos detenemos, sustentado en la falsa creencia de que siempre falta algo, de que no somos suficientes. 

Referencias

  • García, J. (2023). Para para Vivir Mejor. Guía definitiva para liberarte de la ansiedad y del ruido mental. Editorial Siglantana.

  • Kay. K y Shipman C. (2019). La Clave de la Confianza. Editorial Océano

    Reflexión

    Una vez que nos hemos hecho consientes de nuestras conductas autoexigentes y perfeccionistas en exceso, cabe actuar, comprometernos a resignificar el diálogo interior autorregulando los niveles de autocrítica, buscando —en reflexión— no culpabilizar a alguien más, sino haciéndonos responsables a partir de nuestro autocuidado emocional de que podemos cambiar nuestro discurso por uno más amable y menos crítico ajustando nuestra expectativa en el resultado con el objetivo de evitar la frustración detonadora de estrés, ansiedad, angustia y depresión. 

     

    Alice Rodríguez

    Psicóloga Clínica, Instructora en Mindfulness, y abogada, fundadora de Resilio Consultores, S.C. a cargo de las áreas de psicología y sector empresarial en la implementación de políticas institucionales en temas relacionados con la prevención a la violencia laboral, igualdad de género, inclusión y no discriminación, creadora de su marca personal Alice Rodríguez-Psicología y Feminismos.

    • Psicóloga Clínica, Universidad Latinoamericana.

    • Instructora en Mindfulness, Instituto Iberoamericano de Estudios para la Paz en Valencia, España.

    • Licenciada en Derecho, Universidad Tecnológica de México.

    • Egresada, entre diversos estudios, del Máster Interdisciplinar en el Estudio y Prevención de la Violencia de Género, Universidad de Salamanca; de la formación Psicoterapéutica, Trauma y Mindfulness, Instituto Iberoamericano de Estudios para la Paz, España; Derechos Humanos de la Mujer, Universidad Austral, Argentina; Educación para la Paz y Derechos Humanos, Universidad Iberoamericana, y Enfoque de Derechos y de Igualdad de Género, en Política, Programas y Proyectos, OEA.

    Cuenta con 28 años de experiencia profesional. Es articulista para el Tribunal Federal de Justicia Administrativa, Visionarias y conductora del programa de radio “Género y Acción” que se transmite por KLDRO Radio.

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    1 Comentario

    1. Elizabeth Ramirez M

      Me parece que la nueva tendencia a «ser la mejor versión de un@ mism@» también fomenta la autoexigencia, creo que es importantísimo hablar de la autocompasión. Gracias por traer estos temas a la conversación.

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