Carpe Diem

Escrito por Daniela Ulian

En

Es esencial sentirnos a gusto. En el lugar donde vivimos, donde trabajamos, donde estemos… a gusto conmigo misma! A gusto por fuera y por dentro.

Parece una obviedad porque ya lo dijo alguien incluso antes que Garcia Márquez … que felices éramos y no lo sabíamos!

En estos últimos tiempos ha sido para mi un pensamiento recurrente sentir que algo falta, estar a disgusto, vivir una inenarrable retahíla de lamentos más ajenos que propios, sobreponerme al aislamiento, a la pesadilla del Coronavirus, y a las sospechosas actividades en segundo plano a él vinculadas, aún más difíciles de descifrar que aquellas que hacen colapsar internet y nuestros celulares.

Total que una especie de asfixia cancerosa me torturó largamente. Sentía necesidad de mar, de horizonte, de espacio y viento. De sol y bienestar. Y me fui cual Odisea aventurera a buscarlos tras las huellas de Ulises, con Kavafis bajo el brazo.

Quizás sea solo un decir… pero no tomé decisiones. Dejé que los hechos me arrastraran en su devenir. Y así el boleto más barato era para ir al puerto veneciano de Haniá, en Creta, y allí aterricé gitana pérdida sin saber cual sería el próximo paso en mi jornada hacia Itaca.

En Creta pasé semanas boqueando ante tanta belleza y sabrosura… leyendo Wikipedia y cuánto material light encontré on line para aprender un poquito sobre la dominación de la Serenissima allí y en casi todas las islas que luego fui recorriendo, para finalizar estupefacta ante el cañoneo de la Acrópolis, dirigido por el inefable Francesco Morosini en 1687, durante el asedio de Atenas, y que ocasionó el derrumbamiento del techo del Partenón.

Mientras chancleteaba en la tierra del rey Minos, se me ocurrió buscar el pabilo que me llevara a encontrar mi personal Minotauro.

Lo busqué con inicial entusiasmo, tenaz e inagotable montada de bus en bus, entre las arenas rosadas de Elafonissi, trastabillando al final de los 500 escalones de Gramvousa, chapoteando entre un millar de turistas en Balos, nadando entre nudistas en las caletas de Falasarna, arrastrándome para llegar a la meta de 17 kms en Samaria Gorge … aunque confieso que cada vez que veía una unidad de primeros auxilios -en la persona de una bien alimentada mula, cual cabra rutilante bajo los cipreses, soñaba con fingir un desmayo para que me llevaran a lomo hasta la salida al mar…

Insistí en el Palacio de Knossos, después de recorrer la magnífica fortaleza veneciana azotada por mar y viento, pero fue en el magnífico museo de Heraklion donde tuve una Epifanía. Bizco quedó el Minotauro cuando nos miramos y yo cuál trapecista me balanceaba por el lado oscuro de la luna.

Ni la playa donde bailó Zorba ni las prehistóricas y hippies cuevas de Matala calmaron mi sed de horizonte. Me refocile devorando regordetes pescados humectados con vino blanco de la casa, cretense y excelente.

Seguí por Yerapetra y Sitiá y fue tal mi jolgorio que ya no me importó que el ferry a Rodas se hubiera estrellado contra el muelle por el fuerte meltemi …

¿Hay alguna manera de salir de Creta por mar? pregunté, ya resuelta a lanzarme al vacío y conocer otros puertos.
Hay mañana un ferry a Santorini me respondieron.

Compré el boleto y ni siquiera busqué hotel. Así llegué a Santorini, donde no hay cama pa’ tanta gente… por lo menos no al precio que yo podía pagar.

 

Entonces los dioses ancestrales insuflaron mis velas y de repente allí estaba yo instalada en Perivolos, en la ladera playera de la isla implosionada. Inspirada por un arrebato de futuro, fui parrillera, cocinera, panadera, peluquera, jardinera. Visité kastros trepidantes -Emporio, Pyrgos-, alojamientos con piscinas privadas que cual relojes de Dalí se chorrean por los acantilados -Fira, Imerovigli, Oia-, tabernas a orillas del mar, la caldera con su infernal hálito de azufre, que quedó para siempre impregnado en mi bikini.

Desde las alturas del Monasterio del Profeta Elias, cerca de las ruinas de Ancient Thera, donde fueron encontrados frescos de 1.500 a.C, preservados por las cenizas volcánicas, que hacen palidecer el carmesí pompeyano, Santorini tiene un pálpito diferente. ¿Será el volcán naciente?

Me tomé el mismo tiempo del Creador, más mi misión quedó inconclusa y llegó el día de la partida. Mientras me depilaba sentada en un banco en la piscina de un hotel en Perissa, me reprendí duramente:

Daniela, será que estás gagá que ahora todo te tiembla???– pero era el segundo terremoto, que desde Creta me mandaba saludos.

El primer temblor lo sentí en la terraza de la Pensión Theresa, en Haniá. Estaba yo ahí solita desayunando y llenándome los ojos con la belleza del puerto veneciano cuando pasó un ruidoso jet. Pasarse la vida solita hace que de vez en cuando uno dialogue con Daniela y le dije:

Carajo, mosca, este edificio está realmente decrépito. Pasa un avión y todo tiembla. Mejor bajo… (sic)!!!

Camino a Itaca

Mis pies caminan inciertos. No porque la tierra tiemble. Que de hecho tiembla! Es porque caminé 17 kms bajando en cholas Samaria Gorge. Mis veteranas cholas que recorrieron Gran Sabana, Canaima y Salto Ángel, Puerto Ayacucho y Autana, Delta del Orinoco y nuestros vastos llanos (en Venezuela) nunca habían tenido que resistir tantos y tan rudos kilómetros. Pero salieron airosas y prontas para volver a ocupar su pequeña parte en mi ya excesiva maleta donde ni hablar de incluir botas de trekking…

Dicen los folletos que el recorrido se hace en 4 horas!!!! A mi me bastaron 7 y tuve que apurarme el último km porque casi pierdo el ferry. Aunque reconozco que por el camino me deleité con cada detalle que atrajo mi atención. Aves rapaces, paredes de rocas cual magníficas esculturas del Creador, calmosos riachuelos y pozos cuál espejos de nubes, unidades de primeros auxilios en la majestad de rutilantes mulas…. en todo el camino ni un kioskito donde aliviar una garganta reseca… solo cristalinos manantiales de montaña…. Un vinito por el amor de D!!!

Verdad y mentira a la vez… mis pies caminan titubeantes porque no quiero irme.

Tengo miedo de partir.

Como en aquella hermosa canción, “I left my heart…“ en todos y cada uno de los lugares que recorrí. En todas y cada una de las islas que visité.

Creta, Santorini, Naxos, Amorgos, Mykonos, Delos, Syros, Tinos, Paros, Antiparos, Milos e Ios desfilan cada noche por mi almohada y me alegran los sueños. Iraklia, Schoinoussa, Koufonisia, Donousa, Serifos, Sifnos, Kimolos, Folegandros y Sikinos son ráfagas de imágenes desde los puentes de ferries memorables. Tentadoras tabernas, muelles solitarios, playas desiertas, áridas colinas, abruptos acantilados. Retratos plasmados para mitigar mis noches insomnes. Para sosegar ansiedad o inquietud.

Mi pobre muy afortunado corazón se ha ido quedando en tantos hitos del camino que necesito contarles un poquito más… el año que viene!

Felices fiestas.

Haz realidad tus sueños…

Una foto vale por mil palabras y aún así ciertos lugares tienen un aura que ni la mejor foto logra trasmitir. Ergo la Gran Sabana, el Salto Ángel, el Autana… obra de dioses ancestrales. Tan cierto como que la raza humana está deteriorando la ecología del planeta Tierra es que el hombre ha construido sobre este suelo vestigios de su presencia que son de una belleza indescriptible. El Palacio de Knossos, la Acrópolis de Atenas, el Templo de Poseidón en el sur de Atica, el teatro griego de Milos… obra de hombres acuciosos que disfrutaron el momento y dejaron rastro de su paso por este mundo.

Caracas quizás nunca haya logrado 10/10 en bellezura pero mirar el Ávila cada mañana camino de la oficina siempre fue para mi una carga de energía para comenzar bien el día. Y los chaparrones agoreros que amenazaban con tragarse a la ciudad me producían un sosiego tal que ni el posterior tráfico infernal lograba alterar. Y paremos aquí porque corazón de piedra no tenemos.

A mi manera recorrí durante 8 semanas 12 islas griegas. Desde el puente de los fascinantes ferries vislumbré otras 9. La emoción estética -según sea el umbral de sensibilidad del espectador- desemboca en inesperadas reacciones. Risa, llanto incontenible, ansiedad y éxtasis melifluo están entre ellas. A mi me da por llorar. Y lloraba y lloraba…

Culminé este periplo con una semana en Atenas, enamorada perdidamente de las islas, de Grecia, de su gente, de su milenaria fabulosa cultura.

De la leyenda que cuenta que Poseidón, Señor de los mares y terremotos, poderoso Dios protector invocado en sus santuarios de Tinos y Sounion, en su enfrentamiento con Atenea para obtener el poder sobre Atica, clavó su tridente e hizo surgir un manantial de agua salada. Pero la diosa, con visionaria sagacidad, plantó su lanza, creció un olivo y alimento habemus… le dió palo y medio a Poseidón quien ante tanta sabiduría femenina no tuvo mejor opción que pactar por la paz de su pueblo y conformarse con ser el número dos…

Insistí en el Palacio de Knossos, después de recorrer la magnífica fortaleza veneciana azotada por mar y viento, pero fue en el magnífico museo de Heraklion donde tuve una Epifanía. Bizco quedó el Minotauro cuando nos miramos y yo cuál trapecista me balanceaba por el lado oscuro de la luna..

PD: Aterrizando en el planeta Tierra laboral -y para compensar tanto disfrute- me abatió una bronquitis criminal que me obligó a tres tests Covid y 3 semanas fuera de combate. Paladeé los sinsabores del malestar y, peor aún, los del rechazo, el terror al contagio, el extremo distanciamiento. Mientras intentaba expresar y compartir lo mejor de este momento, no logré parar de divagar y recordar y soñar el color del mar y del horizonte. El aroma del viento. El susurro de las rosas. La divinidad a nuestro alcance en cada respiro que nos recuerda que estamos vivas. Somos dueñas de nuestro destino. Y tenemos el derecho de exprimirlo a nuestro antojo.

El dolor no se puede evitar. El sufrimiento SI!

¡Carpe diem!

Nota: Fotos de Daniela Ulián

DANIELA ULIAN

Periodista de la UCV. Experta en Diseño Editorial. “Sibarita por vocación”. Como ella misma se describe, su andar ha sido una búsqueda “entre aventura y deleite, sensorial tanto como intelectual”. Daniela fue periodista de El Nacional y Directora de Arte por muchos años de Publicaciones de VenAmCham y Business Venezuela. Será nuestra Visionaria Sibarita y Colaboradora Principal de la sección Nosotras las Sibaritas donde nos hablará de sus experiencias de viajes, de cultura, gastronomía y más.

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