«¡Disculpa! ¿Qué significa con perspectiva de género?»

…cuando se compara la carga de cada enfermedad con el dinero que se invierte en investigarla, la balanza se inclina en nuestra contra. Un análisis publicado en 2021 en el Journal of Women’s Health encontró que, en Estados Unidos, las enfermedades que afectan sobre todo a mujeres reciben, en la mayoría de los casos, mucho menos dinero para investigación que las que afectan sobre todo a hombres, aunque nos quiten tantos o más años de vida sana. Y según el Foro Económico Mundial, los síntomas de la menopausia, junto con otras afecciones propias de las mujeres como la endometriosis, representan el 14 % de nuestra carga de enfermedad, pero recibieron menos del 1 % de la financiación de investigación entre 2019 y 2023.
Esta vez vengo a contarles algo que me sorprendió en el último evento al que asistí en Madrid. Cada vez que me presentaba, entregaba mi tarjeta o describía lo que hago, me preguntaban: «¿Con perspectiva de género? ¿Y qué quiere decir eso?».
Honestamente, eso no me lo esperaba, sobre todo conversando con personas del sector salud: investigadores, médicos, representantes de empresas del ramo de la salud… ¡y mujeres!
De la perplejidad pasé a la comprensión. En tiempos como los actuales, la cuestión del género se reduce a la identidad: «soy esto y no aquello», y basta.
En mi trabajo, que debería comenzar a llamar periodismo con perspectiva de sexo y género, pues ambas realidades se conectan y se influyen mutuamente, el género es un concepto mucho más amplio, que abarca las condiciones sociales y los prejuicios que distorsionan cómo la ciencia y la medicina atienden a las mujeres.
Como bien lo explica la neurobióloga francesa Catherine Vidal: «las diferencias de salud están ligadas al sexo, y las desigualdades de salud están ligadas al género».

No estoy reprochando la falta de conocimiento o de información; estoy genuinamente preocupada, porque ser capaces de distinguir entre sexo y género, dejando la identidad al margen, es lo que nos permite identificar los vacíos e impulsar las reivindicaciones que necesitamos que se tomen en cuenta.
Hay un argumento fundamental: si mezclamos sexo y género, no vamos a poder determinar cuál es la solución a un problema dado. Por ejemplo, ¿hace falta cambiar la dosis o el médico no está bien informado? ¿Sufrimos más depresión las mujeres por desequilibrios hormonales o por agotamiento físico y mental? Son dos realidades que se conectan y se influyen, pero siguen siendo diferentes, y el sistema debe tomar en cuenta tanto las diferencias como las desigualdades.
Investigar, estudiar e informar con perspectiva de sexo y género abarca todas aquellas realidades que, sin ser lo mismo, impactan la salud y la calidad de vida de las mujeres. Les pongo dos ejemplos.
Cuando el sexo cuenta: la farmacocinética
En 2020, dos investigadores estadounidenses, Irving Zucker y Brian Prendergast, quisieron saber si las diferencias en cómo hombres y mujeres procesan los fármacos – lo que en medicina se llama farmacocinética- explican por qué nosotras sufrimos más efectos secundarios. Revisaron más de 5.000 artículos científicos y reunieron los datos de los medicamentos aprobados en Estados Unidos que habían sido medidos por separado en hombres y mujeres.
Encontraron 86 fármacos con diferencias claras entre sexos, entre ellos antidepresivos, medicamentos cardiovasculares, antiepilépticos y analgésicos. En casi todos, las mujeres los eliminamos más lentamente, por lo que quedamos más expuestas; en el 96 % de los casos, eso se tradujo en más efectos secundarios. En conjunto, los sufrimos casi dos veces más que los hombres. Y la diferencia no se explica por el peso corporal. El sexo no es una simple cuestión de contextura o tamaño: es una realidad biológica que la medicina no puede seguir pasando por alto.
¿Por qué ocurre? Los propios investigadores reconocen que aún no se comprende del todo. Lo que sí recomiendan es reducir las dosis para las mujeres, pero con base en la evidencia, que es precisamente lo que falta: para cientos de medicamentos, ni siquiera existen datos públicos separados por sexo.
Hay un precedente. En 2013, la FDA, la agencia estadounidense del medicamento, redujo a la mitad la dosis recomendada para mujeres de un somnífero muy popular, el zolpidem, porque constató que lo eliminamos más despacio. ¿Se imaginan a una mujer que toma la dosis recomendada y, a la mañana siguiente, todavía bajo sus efectos, se levanta, se prepara para el trabajo y lleva a los niños a la escuela? No es difícil imaginar lo que puede suceder si estamos menos alertas. Los efectos secundarios implican muchas veces riesgos que no se limitan a un simple malestar.
Aun así, la medida tardó en llegar a la consulta: un estudio con más de 14.000 recetas en farmacias de Carolina del Norte encontró que, en los meses siguientes al aviso de la FDA, más de ocho de cada diez recetas para mujeres seguían por encima de la dosis recomendada. Y en Europa, la agencia del medicamento examinó los mismos datos un año después y decidió no reducir la dosis para nosotras. El mismo medicamento se dosifica distinto según de qué lado del Atlántico vivamos.
El zolpidem es, además, una excepción: muy pocos medicamentos indican en su etiqueta una dosis distinta para mujeres. La mayoría se recetan igual para hombres y mujeres, aunque nuestro cuerpo los procesa de otra manera. El resultado: niveles más altos del fármaco en la sangre y mayores efectos secundarios. No es un detalle técnico: es un trato que nos afecta de forma directa.
Cuando el género cuenta: el edadismo
El edadismo de género es una muestra de lo importante que es que el sistema cambie. Un caso de escuela es la invisibilización de la mujer menopáusica en todos los ámbitos de la vida en sociedad. No solo hemos tenido que luchar para que la medicina nos ofrezca una atención basada en evidencia y no en temores mal fundados, sino que también debemos probar una y otra vez que no somos únicamente nuestra función reproductiva: somos actoras determinantes en todos los campos de la vida moderna, y necesitamos una medicina que nos acompañe como lo hace con los hombres. Sin prejuicios y con evidencia científica.
Basta mirar lo que la medicina ofrece a un hombre de más de cincuenta años: su corazón, próstata, su metabolismo y envejecimiento han sido estudiados durante décadas, con protocolos de prevención y tratamientos probados en cuerpos como el suyo. Nosotras, en cambio, recibimos las sobras: menos estudios diferenciados, menos financiación y, en consecuencia, menos tratamientos pensados para nuestro organismo. Esto es edadismo de género.
Hay una forma de medirlo. Los investigadores calculan el peso de cada enfermedad con un indicador llamado carga de enfermedad: no cuenta solo cuántas personas mueren, sino cuántos años de vida sana nos quita, ya sea por morir antes de tiempo o por vivir con dolor, cansancio o limitaciones.
Pensemos en las enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide o el lupus: rara vez matan de un día para otro, pero pueden robarnos años de movilidad, de energía y de vida plena. Las mujeres representamos alrededor del 80 % de las personas que las padecen.
Y cuando se compara la carga de cada enfermedad con el dinero que se invierte en investigarla, la balanza se inclina en nuestra contra. Un análisis publicado en 2021 en el Journal of Women’s Health encontró que, en Estados Unidos, las enfermedades que afectan sobre todo a mujeres reciben, en la mayoría de los casos, mucho menos dinero para investigación que las que afectan sobre todo a hombres, aunque nos quiten tantos o más años de vida sana. Y según el Foro Económico Mundial, los síntomas de la menopausia, junto con otras afecciones propias de las mujeres como la endometriosis, representan el 14 % de nuestra carga de enfermedad, pero recibieron menos del 1 % de la financiación de investigación entre 2019 y 2023.
En los años ochenta, la cardióloga estadounidense Nanette Wenger bautizó con ironía «medicina de bikini» a la que solo se ocupaba de las partes del cuerpo femenino que cubre un traje de baño, como si el resto funcionara igual que el de un hombre. Cuarenta años después, seguimos yendo al médico como si fuéramos a la playa, ignorando que las mujeres somos hormonales hasta la punta de los dedos y que necesitamos mucho más que especialistas en medicina reproductiva para vivir plenamente.
Por eso no basta con un buen ginecólogo. Necesitamos que el cardiólogo, el endocrino, el reumatólogo, el psiquiatra y el médico de familia entiendan cómo funciona nuestro cuerpo, y que se comuniquen entre ellos. Esperamos equipos multidisciplinarios, médicos expertos en el organismo de la mujer más allá de los ovarios.
Por qué este periodismo
Y aquí entra mi trabajo. Hacer periodismo de salud con perspectiva de sexo y género es tomar todos estos datos dispersos en revistas científicas, informes y congresos, y traerlos a la conversación de todos los días. Es contar lo que se investiga, lo que falta por investigar y lo que ya sabemos pero todavía no llega a la consulta. Porque una mujer informada pregunta, compara y exige, y una mujer que exige obliga al sistema a moverse.
No podemos seguir quedándonos en las salas de espera, o debajo de un parasol, aguardando a que la medicina se acuerde de nosotras. Un sistema que nos estudia menos, nos financia menos y nos receta con dosis pensadas para otros cuerpos es un sistema que discrimina. La ciencia avanza corrigiéndose a sí misma, y nosotras tenemos el derecho, y la responsabilidad, de empujarla para que lo haga más rápido.
Eso es, en pocas palabras, lo que significan mis credenciales.
Fuentes principales
Vidal, C. Inégalités de santé entre femmes et hommes : comment agir concrètement ? Institut Montaigne. https://institutmontaigne.org/expressions/inegalites-de-sante-entre-femmes-et-hommes-comment-agir-concretement
Zucker, I. y Prendergast, B. J. (2020). Sex differences in pharmacokinetics predict adverse drug reactions in women. Biology of Sex Differences, 11, 32. https://doi.org/10.1186/s13293-020-00308-5
FDA (2013). Drug Safety Communication: FDA approves new label changes and dosing for zolpidem products. https://www.fda.gov/drugs/drug-safety-and-availability/fda-drug-safety-communication-fda-approves-new-label-changes-and-dosing-zolpidem-products-and
Muzyk, A. J., Harward, J. L., Clinard, V. B., Jiroutek, M. R. y Lingerfeldt, B. H. (2015). Impact of a US Food and Drug Administration Drug Safety Communication on Zolpidem Dosing: An Observational Retrospective Cohort. The Primary Care Companion for CNS Disorders, 17(2). https://doi.org/10.4088/PCC.14m01728
Agencia Europea del Medicamento, PRAC (2014). Zolpidem: Article 31 referral, assessment report. https://ema.europa.eu/en/documents/referral/zolpidem-article-31-referral-prac-assessment-report_en.pdf
Mirin, A. A. (2021). Gender disparity in the funding of diseases by the U.S. National Institutes of Health. Journal of Women’s Health, 30, 956–963. Resumido en Nature (2023): https://www.nature.com/articles/d41586-023-01472-5
Foro Económico Mundial y McKinsey Health Institute (2025). How addressing nine women’s health conditions could boost the global economy by $400 billion. https://www.weforum.org/stories/health-and-healthcare-systems/how-addressing-nine-women-s-health-conditions-could-boost-the-global-economy-by-400-billion/
American College of Cardiology (2017). Women and CV Disease: Beyond the Bikini (sobre Nanette Wenger). https://www.acc.org/latest-in-cardiology/articles/2017/05/15/15/women-and-cv-disease-beyond-the-bikini
Periodista especializada en medicina funcional, epigenética y longevidad con perspectiva de género
La medicina funcional y la epigenética me atraparon antes de que supiera cómo llamarlas. Corría 2017, una persona muy cercana había fallecido en condiciones muy duras y, en pleno duelo, me pregunté ¿cómo alguien tan vital se enfermó al punto de perder su deseo de vivir?
En mi búsqueda de respuestas, y en una de esas sincronicidades con las que me sorprende el universo, me topé con el libro de Joël de Rosnay: Epigenética. La sinfonía de la vida, un ensayo que conecta biología, estilo de vida y potencial humano, y que se convirtió en el inicio de mi camino hacia la gerociencia y la longevidad.
Estudié Comunicación y Periodismo porque transmitir ideas con claridad es mi vocación. Empecé en Asuntos Públicos de Lagoven, PDVSA, y luego como periodista del Diario La Verdad, en Maracaibo. Los idiomas llegaron solos: viví en Latinoamérica, en África, estudié en Estados Unidos y hoy resido en Francia.
Actualmente trabajo en remoto para profesionales y negocios de medicina funcional, epigenética y longevidad con el objetivo de traducir a un lenguaje más accesible los últimos hallazgos e iniciativas en estos campos, sin perder de vista la salud de la mujer.
Un avance científico tarda 17 años en transitar el camino del laboratorio al consultorio. Ahí está la brecha que debemos colmar, y es donde quiero aportar.

El sistema que le debemos a nuestras hijas y lo que la menopausia de mi madre me enseñó
Todos los años llega a mi correo un recordatorio para que me haga el despistaje de cáncer de útero, mama y colon. Muy bien, es justo y necesario. Pero también constato que, cada 12 meses, el sistema olvida examinar mi corazón cuando, según la World Heart Federation,...
No se encontraron resultados
La página solicitada no pudo encontrarse. Trate de perfeccionar su búsqueda o utilice la navegación para localizar la entrada.
+ Sobre tratamiento de datos de los comentarios
RESPONSABLE TRATAMIENTO: VISIONARIAS, S.C.
FINALIDAD: Publicar el comentario en relación a la noticia.
LEGITIMACIÓN: Consentimiento del interesado.
CESIONES: No se prevén cesiones, excepto por obligación legal o requerimiento judicial.
DERECHOS: Acceso, rectificación, supresión, oposición, limitación, portabilidad, revocación del consentimiento. Si considera que el tratamiento de sus datos no se ajusta a la normativa, puede acudir a la Autoridad de Control (www.aepd.es).
INFORMACIÓN ADICIONAL: política de privacidad







0 comentarios