¿Dónde están mis clientes? El desafío de la fragmentación de los canales

Tradicionalmente, la estrategia de canales se concentraba en decisiones de llegada al mercado: distribución directa o indirecta, retail o mayorista, cobertura geográfica, intermediarios, intensidad de distribución y disponibilidad física.
El ecosistema actual es considerablemente más complejo. Las organizaciones pueden operar a través de canales propios, como sitios web, aplicaciones, tiendas y fuerzas de venta directa; canales intermediados, como retailers, mayoristas y distribuidores; marketplaces como Amazon o Mercado Libre; comercio social y conversacional; plataformas de delivery; alianzas comerciales; y formatos físicos temporales, como pop-ups, showrooms y activaciones experienciales.
Las marcas nunca han tenido tantas oportunidades para llegar a sus clientes. Sin embargo, esta expansión también ha hecho que determinar dónde encontrarlos y cómo llegar a ellos sea cada vez más complejo.
Los consumidores se desplazan entre motores de búsqueda, redes sociales, aplicaciones de mensajería, sitios de e-commerce, tiendas físicas, creadores de contenido, comunidades y, cada vez más, interfaces impulsadas por inteligencia artificial. El descubrimiento de un producto puede producirse en un entorno, la consideración en otro y la compra concretarse a través de un canal completamente diferente.
En lugar de seguir un recorrido lineal, los consumidores transitan una red de puntos de contacto en la que las fronteras entre comunicación, distribución y transacción son cada vez menos definidas. Esta transformación tiene importantes implicancias para una de las variables fundamentales del marketing mix: el canal o plaza.
A pesar de su relevancia, la plaza suele recibir comparativamente menos atención en las discusiones actuales de marketing. El desarrollo de producto, el posicionamiento, la estrategia de precios, la comunicación y, más recientemente, el contenido y la tecnología tienden a dominar la agenda. La plaza, en cambio, suele abordarse principalmente como una cuestión operativa vinculada con la logística, la disponibilidad y el fulfillment.
Pero la plaza siempre ha tenido una función estratégica. No solo determina cómo una propuesta de valor llega al mercado, sino también de qué manera los clientes pueden descubrirla, acceder a ella y, finalmente, elegirla.
De la distribución a la arquitectura de canales
Tradicionalmente, la estrategia de canales se concentraba en decisiones de llegada al mercado: distribución directa o indirecta, retail o mayorista, cobertura geográfica, intermediarios, intensidad de distribución y disponibilidad física.
El ecosistema actual es considerablemente más complejo. Las organizaciones pueden operar a través de canales propios, como sitios web, aplicaciones, tiendas y fuerzas de venta directa; canales intermediados, como retailers, mayoristas y distribuidores; marketplaces como Amazon o Mercado Libre; comercio social y conversacional; plataformas de delivery; alianzas comerciales; y formatos físicos temporales, como pop-ups, showrooms y activaciones experienciales.
Al mismo tiempo, la distinción entre medios, distribución y venta es cada vez menos clara. Las plataformas pueden funcionar simultáneamente como espacios de comunicación, descubrimiento, atención al cliente y transacción. Aplicaciones de mensajería como WhatsApp pueden intervenir en la generación de leads, el asesoramiento, la conversión y el servicio posventa. Los marketplaces, por su parte, integran búsqueda, comparación, compra y fulfillment dentro de un mismo entorno.
La inteligencia artificial generativa agrega una nueva dimensión a este escenario. Las interfaces de búsqueda y recomendación impulsadas por IA comienzan a intervenir en el descubrimiento de productos, la búsqueda de información, la comparación de alternativas y la consideración de compra. De esta manera, incorporan un nuevo potencial intermediario en la relación entre marcas y consumidores.
En este contexto, el canal ya no puede entenderse exclusivamente como una decisión acerca de dónde está disponible un producto. Se convierte en un portafolio de puntos de acceso interconectados a través de los cuales la demanda se genera, se desarrolla, se convierte y se retiene.
La estrategia de canales, por lo tanto, deja de consistir únicamente en seleccionar dónde estar presente. El desafío pasa por definir qué función debe cumplir cada canal dentro del sistema comercial y cómo debe relacionarse con los demás.
La dicotomía entre lo digital y lo físico
Durante buena parte de la última década, los canales digitales y físicos fueron presentados como modelos opuestos. A medida que el e-commerce crecía, se consolidó la idea de que el comercio digital reemplazaría progresivamente al retail físico.
Sin duda, los canales digitales transformaron la distribución. Redujeron las limitaciones geográficas, ampliaron la oferta, incrementaron la transparencia de precios y facilitaron el acceso a productos e información. Sin embargo, su expansión no eliminó la relevancia estratégica de los canales físicos.
El comportamiento actual del consumidor demuestra que la relación entre ambos entornos es más compleja. Una investigación de PwC de 2025 encontró que el 61% de los consumidores de Generación Z prefería descubrir nuevos productos en tiendas físicas, a pesar del papel central que ocupan los canales digitales en sus hábitos de consumo.
Esta aparente contradicción responde, en realidad, a las distintas formas de valor que ofrece cada canal. Los entornos digitales aportan conveniencia, amplitud de oferta, facilidad de búsqueda, personalización y comparación. Los espacios físicos, por su parte, permiten la evaluación sensorial, la interacción humana y una experiencia más directa con productos y marcas. En lugar de funcionar necesariamente como sustitutos, ambos pueden desempeñar funciones complementarias dentro de un mismo recorrido de decisión.
Por eso, la discusión estratégica ya no debería centrarse en elegir entre lo físico y lo digital, sino en comprender qué función cumple cada entorno, cómo se complementan y de qué manera pueden integrarse sin fragmentar la experiencia del cliente.
El canal en el proceso de decisión de compra
La proliferación de canales obliga a reformular una pregunta aparentemente sencilla: ¿dónde están realmente los clientes?
Identificar las plataformas que utilizan no es suficiente para definir una estrategia. Que un consumidor esté presente en determinado entorno no significa necesariamente que ese canal tenga la misma relevancia comercial para una marca. Lo importante es comprender qué función cumple dentro del proceso de decisión.
El customer journey puede analizarse a través de distintas etapas: reconocimiento de una necesidad, descubrimiento, consideración, evaluación, conversión, fulfillment, servicio y retención. Los canales ejercen distintos niveles de influencia en cada una de ellas y, con frecuencia, varios intervienen en una misma transacción.
Un consumidor puede descubrir un producto en una red social, encontrarlo más tarde en una tienda, recurrir a un buscador para investigar alternativas, consultar reseñas y, finalmente, completar la compra a través de un marketplace por precio, conveniencia o condiciones de entrega. La transacción ocurre en un canal, pero la decisión se construye a través de varios.
Esta dinámica vuelve más complejos los modelos tradicionales de atribución. El canal que registra la transacción no es necesariamente el que generó la demanda ni el que ejerció mayor influencia sobre la decisión de compra. Los modelos de último clic, por ejemplo, pueden atribuir el valor comercial al punto de contacto final, aun cuando otros canales hayan sido determinantes para que la conversión se produjera.
A medida que los recorridos se fragmentan, conceptos como incrementalidad, conversiones asistidas y contribución de cada canal adquieren mayor relevancia. La evaluación debe ir más allá de identificar dónde se concretó una transacción para comprender cómo los distintos puntos de contacto contribuyeron a generar demanda, desarrollar la consideración y crear valor.
Esto exige diferenciar dónde vende una empresa de dónde se construye realmente la decisión compra por parte del cliente. Un canal transaccional puede capturar demanda generada en otro entorno. Del mismo modo, un canal con pocas transacciones directas puede tener una influencia significativa sobre el conocimiento, la consideración, la confianza o la preferencia.
Por eso, diseñar un portafolio de canales únicamente en función de los ingresos directamente atribuibles puede conducir a una lectura incompleta de su verdadero aporte. Ya que se corre el riesgo de sobreinvertir en los canales que capturan la demanda y subinvertir en aquellos que contribuyen a generarla y desarrollarla.
Cuando la fragmentación de canales se convierte en fragmentación de marca
La proliferación de canales se vuelve especialmente problemática cuando la fragmentación del mercado comienza a reproducirse dentro de la propia organización.
Diferentes equipos gestionan distintos canales, operan con presupuestos independientes, utilizan tecnologías diferentes y optimizan su desempeño según indicadores específicos. Con el tiempo, cada canal puede comenzar a funcionar como una unidad comercial aislada, en lugar de formar parte de un sistema coordinado.
Las consecuencias se trasladan directamente a la experiencia del cliente: precios inconsistentes, promociones contradictorias, información distribuida entre sistemas que no se comunican, escasa visibilidad de inventario y una presentación de marca que varía según el entorno.
La organización percibe problemas operativos independientes. El consumidor experimenta una única marca fragmentada.
Esta falta de coordinación también puede generar ineficiencias económicas. Los canales directos pueden competir con socios de retail; las promociones online, debilitar la distribución física; y los marketplaces, ampliar el alcance mientras incrementan la transparencia de precios y la presión sobre los márgenes. En lugar de contribuir a un crecimiento incremental, distintos canales o equipos pueden terminar compitiendo por el mismo cliente y redistribuyendo transacciones que ya existían.
Pero la fragmentación no afecta únicamente la eficiencia comercial. También tiene implicancias sobre el brand equity, porque los canales no son espacios neutrales. El contexto en el que una marca aparece, se presenta y se comercializa influye en la manera en que es percibida.
Una estrategia de distribución selectiva puede reforzar la exclusividad y la diferenciación. Una distribución intensiva puede aumentar la conveniencia y la penetración, pero también modificar la percepción de valor. Una tienda insignia puede generar un valor simbólico y experiencial muy superior al que reflejan sus ingresos directos. Un marketplace puede ampliar significativamente la accesibilidad, pero también situar a la marca en un entorno donde el precio, las calificaciones y las condiciones de entrega adquieren mayor peso en la decisión.
En este sentido, decidir dónde y cómo está presente una marca no es únicamente una decisión de distribución: también es una decisión de posicionamiento.
El desafío está en la implementación estratégica
Una arquitectura de canales deliberada requiere que cada componente del portafolio tenga una función definida. Los canales deben evaluarse según los segmentos a los que sirven, el papel que desempeñan dentro del recorrido de decisión, su contribución a la adquisición y retención de clientes, el nivel de control que proporcionan, su impacto sobre los datos y su interacción con el resto del sistema. Esto implica distinguir entre creación y captura de demanda, pero también entre crecimiento incremental y simple redistribución de transacciones existentes.
El objetivo no es ofrecer experiencias idénticas en todos los puntos de contacto. Cada canal posee características particulares y los clientes recurren a ellos con propósitos diferentes. Integración no significa uniformidad, sino coherencia estratégica: que los distintos puntos de contacto cumplan funciones diferenciadas y, al mismo tiempo, refuercen una misma propuesta de valor, posicionamiento y relación con el cliente.
Las marcas nunca han tenido mayor acceso a los mercados. Pero tampoco habían contado con tantos puntos de interacción que evaluar, coordinar y gestionar. Lejos de perder relevancia, la plaza adquiere así un papel cada vez más estratégico dentro del marketing.
La cuestión central es comprender dónde se origina la demanda, dónde se construye la consideración, qué canales influyen sobre las decisiones y dónde las transacciones pueden capturarse con mayor eficacia.
En este contexto, la plaza deja de centrarse exclusivamente en maximizar la distribución para convertirse en el diseño de una arquitectura efectiva de llegada al mercado. Ante la multiplicación de canales, la ventaja no reside en estar en todas partes, sino en estar estratégicamente donde se construye valor para el cliente y para el negocio.
María Laura Ruiz es especialista en marketing estratégico y digital, y consultora en transformación de negocio, enfocada en convertir iniciativas en sistemas de crecimiento sostenibles.
Cuenta con trayectoria internacional en el diseño de estrategias integradas de comunicación, producto y posicionamiento, trabajando con empresas que buscan ordenar, diferenciar y escalar su negocio.
Es Licenciada en Marketing por UADE (Argentina), con especialización en Marketing y Estrategia Digital en Regent’s University London (UK) y formación ejecutiva en City University London (UK). Ha desarrollado su carrera en Europa y América Latina, y es cofundadora de la agencia Creamos, con sede en Londres.
A lo largo de su recorrido, ha liderado estrategias 360° de marketing y desarrollo de productos digitales, combinando rigor estratégico con una fuerte orientación a resultados.
Su enfoque integra estrategia, negocio y ejecución, con foco en construir posicionamiento, generar diferenciación y transformar el marketing en un motor real de crecimiento.
Colabora con artículos en medios especializados en Argentina y España. También ha sido jurado en las más prestigiosas competencias internacionales de marketing como Lápiz de Oro & Platino, Premios Mercurio, FIP Festival, FePI, Effie Global Best of the Best y Effie US. Además, participa con regularidad como oradora en eventos y espacios profesionales de la industria.

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