¿Fútbol Silver? Cuando los 40 dejan de ser tiempo extra.

¿Qué ocurrirá cuando los deportistas Silver dejen de ser una excepción y comiencen a formar parte habitual de los equipos? ¿Cómo cambiarán los procesos de selección cuando los clubes descubran que la experiencia puede generar valor durante más tiempo del que imaginaban? ¿Qué sucederá cuando los vestuarios integren de manera natural jugadores de veinte, treinta, cuarenta e incluso cincuenta años? ¿Seguirá siendo la edad el principal indicador para proyectar una carrera deportiva o comenzaremos a medir el potencial de formas más sofisticadas?
Durante décadas, el fútbol vivió bajo una regla tácita que parecía imposible de desafiar: la carrera de un jugador tenía fecha de vencimiento. A los treinta años comenzaban las preguntas sobre cuánto tiempo le quedaba en la élite; a los treinta y cinco se hablaba de experiencia y liderazgo; y acercarse a los cuarenta era casi una despedida anunciada. El talento podía retrasar el reloj unos años, pero la lógica parecía inevitable. El fútbol era, ante todo, un territorio de jóvenes. Sin embargo, algo está cambiando frente a nuestros ojos y quizás todavía no comprendemos la magnitud de esa transformación.
Cristiano Ronaldo ha superado los cuarenta años manteniéndose en competencia profesional. Lionel Messi se acerca a esa edad conservando una capacidad extraordinaria para influir en el juego. Luka Modrić continúa siendo una referencia mundial en una posición que exige inteligencia táctica, resistencia física y capacidad de adaptación. Lo más interesante, sin embargo, no es que existan futbolistas excepcionales capaces de desafiar las expectativas. Lo verdaderamente fascinante es preguntarse si estamos observando los últimos casos extraordinarios de una generación o los primeros representantes visibles de una nueva normalidad.
La pregunta puede parecer exagerada, pero vale la pena formularla porque el fútbol rara vez cambia de manera aislada. Los deportes suelen reflejar transformaciones más amplias que están ocurriendo en la sociedad. Y si existe una tendencia que está redefiniendo nuestro tiempo es la longevidad. Nunca habíamos vivido tantos años ni habíamos llegado a edades avanzadas con tantos recursos para mantenernos activos.
Por eso, cuando observamos a Messi o a Cristiano Ronaldo, quizás estamos viendo algo más que dos trayectorias deportivas extraordinarias. Tal vez estamos viendo una señal temprana de cómo será el futuro del rendimiento humano. Durante mucho tiempo hemos asociado la juventud con el máximo potencial físico y hemos asumido que el envejecimiento implica necesariamente una pérdida progresiva de capacidades. Sin embargo, la investigación sobre envejecimiento saludable muestra una realidad mucho más compleja. Aunque algunas capacidades físicas disminuyen con la edad, otras relacionadas con la experiencia, el juicio, la regulación emocional y la toma de decisiones pueden fortalecerse.
En el deporte profesional solemos admirar la velocidad, la fuerza o la resistencia porque son atributos visibles. Lo que no siempre vemos es el valor de la experiencia acumulada. Un jugador joven puede correr más rápido, pero un jugador experimentado suele interpretar mejor el partido. Reconoce patrones, anticipa movimientos, administra la energía y toma decisiones con mayor precisión bajo presión. En deportes complejos como el fútbol, donde cada segundo exige leer información y actuar en consecuencia, esa inteligencia práctica puede convertirse en una ventaja competitiva tan importante como la condición física.
¿Y qué decir de Serena Williams? Antes de continuar, vale la pena salir momentáneamente de la cancha de fútbol para observar otro escenario igualmente exigente. Durante años, el tenis femenino fue considerado una disciplina donde el reloj biológico imponía límites difíciles de negociar. Sin embargo, Serena desafió esa narrativa y se mantuvo compitiendo al más alto nivel cuando muchas de sus predecesoras ya habían dejado el circuito. Su historia nos obliga a formular la misma pregunta que emerge en el fútbol:
¿Estamos admirando a las últimas grandes excepciones o estamos presenciando el nacimiento de una nueva generación de atletas para quienes la edad tendrá un significado completamente diferente?
Estas reflexiones nos llevan a otra pregunta apasionante: ¿qué ocurrirá cuando los deportistas Silver dejen de ser una excepción y comiencen a formar parte habitual de los equipos? ¿Cómo cambiarán los procesos de selección cuando los clubes descubran que la experiencia puede generar valor durante más tiempo del que imaginaban? ¿Qué sucederá cuando los vestuarios integren de manera natural jugadores de veinte, treinta, cuarenta e incluso cincuenta años? ¿Seguirá siendo la edad el principal indicador para proyectar una carrera deportiva o comenzaremos a medir el potencial de formas más sofisticadas?
La historia del deporte está llena de predicciones que parecían sensatas hasta que dejaron de serlo. Durante mucho tiempo se creyó que era imposible correr una milla por debajo de cuatro minutos. También parecía improbable que atletas de alto rendimiento extendieran sus carreras mucho más allá de ciertas edades. Sin embargo, cada generación redefine los límites heredados. Lo que hoy nos parece excepcional suele convertirse en normalidad unas décadas después.
Quizás por eso la pregunta más provocadora no sea si veremos más jugadores de cuarenta años. La verdadera pregunta es si dentro de veinte o treinta años los cuarenta dejarán de llamar la atención. Tal vez los jugadores de cuarenta años se conviertan en algo tan habitual que la nueva sorpresa sean los futbolistas de cincuenta. Parece una afirmación dramática, incluso exagerada, pero también habría parecido exagerado imaginar hace treinta años que algunas de las mayores estrellas del planeta seguirían compitiendo cerca de los cuarenta con niveles de rendimiento tan elevados.
La posibilidad de una era Silver en el deporte obliga a replantear muchas creencias culturales. Durante décadas hemos vivido bajo una narrativa que asocia envejecimiento con declive. Envejecer significaba perder velocidad, perder oportunidades, perder relevancia. Sin embargo, la longevidad está introduciendo una visión diferente. Nos invita a pensar que el paso del tiempo también puede significar acumulación. Acumulación de criterio, de resiliencia, de conocimiento, de autocontrol y de capacidad para gestionar la complejidad.
Esta perspectiva resulta especialmente interesante para quienes observamos la sociedad desde la tendencia Silver. El deporte tiene una enorme capacidad para moldear imaginarios colectivos. Cuando millones de personas observan a atletas mayores mantenerse competitivos, no solo cambia la percepción sobre el deporte. También cambia la percepción sobre el envejecimiento. La imagen del adulto mayor deja de estar asociada exclusivamente a la dependencia o al retiro y comienza a vincularse con capacidad, experiencia y vigencia.
Quizás el fútbol esté anticipando una conversación mucho más amplia que afectará a empresas, gobiernos y comunidades. Si vivimos más años y permanecemos activos durante más tiempo, tendremos que revisar muchas de las categorías con las que hemos organizado nuestra vida social. Las edades que antes marcaban el final de una etapa podrían convertirse simplemente en puntos de transición. Las carreras profesionales serán más largas. Los proyectos personales tendrán horizontes distintos. Y el talento dejará de medirse únicamente por la juventud.
Por ahora seguimos admirando a Messi, Cristiano Ronaldo o Modrić como excepciones extraordinarias. Pero quizá ahí esté nuestro error. Tal vez no sean el final de una era. Tal vez sean el comienzo. Tal vez representen la primera generación visible de una transformación que apenas empieza. Una transformación en la que la experiencia adquiere un nuevo valor y en la que la edad deja de ser un límite para convertirse en un activo.
¿Qué pasará cuando los equipos tengan varios jugadores de cuarenta años? ¿Cambiará la forma de entrenar? ¿Se valorará más la inteligencia táctica que la explosividad? ¿Veremos vestuarios verdaderamente intergeneracionales? Nadie tiene todavía las respuestas. Pero las preguntas ya están sobre la mesa y son demasiado importantes para ignorarlas.
El problema no es que haya más personas mayores. El problema es que seguimos pensando con categorías diseñadas para una sociedad más joven que la que realmente existe. Si el fútbol termina ayudándonos a comprender esta realidad, habrá hecho mucho más que producir grandes espectáculos. Habrá contribuido a transformar nuestra manera de entender el envejecimiento y a reconocer que el futuro no será necesariamente más joven. Será, sobre todo, más longevo.
Referencias
Baltes, P. B., & Baltes, M. M. (1990). Successful Aging: Perspectives from the Behavioral Sciences. Cambridge University Press.
Carstensen, L. L., Isaacowitz, D. M., & Charles, S. T. (1999). Taking Time Seriously: A Theory of Socioemotional Selectivity. American Psychologist, 54(3), 165–181.
World Health Organization. Decade of Healthy Ageing 2021–2030.
Soy consultora estratégica y coach, después de haber trabajado en corporaciones en el área de planificación estratégica y gerencia, principalmente en Venezuela y México.
Nací en Caracas, Venezuela en 1956, donde crecí y me desarrollé personal y profesionalmente.
Viví en México del 2008 al 2012, regresé a Venezuela y retorné en el 2017. Celebro ambas nacionalidades.
Soy Psicóloga (UCAB), Magister en Psicología Social ( UCV) Planificadora estratégica de negocios (IESA) y Business y Life coach ( Universidad Iberoamericana, México).
Participo con pasión en conferencias y actividades dedicadas a visibilizar el edadismo y oportunidades de negocio de la Silver Economy.
En mis presentaciones y redes, busco darles valor a mis queridos plateados, mostrando sus potencialidades.
A nivel individual, ayudo a personas a definir sus nuevas rutas de expansión, sustituyendo los «ya no» por «ahora sí». Creo que no existen cambios vitales sino personales.
Como consultora estratégica, me siento orgullosa de haber contribuido a que emprendedores, agencias de comunicación y startups hayan descubierto oportunidades de crecimiento.
Entre mis logros en estos últimos años están: el haber superado dificultades migratorias, pérdidas de familiares en la pandemia, una estafa financiera y sobreponerme a un cáncer de mama en el año 2020. Apoyo en lo que puedo.
Practico yoga y camino diariamente como ritual de meditación activa. Estudio astrología y tarot.
Adoro a mis dos hijas y a mis 5 nietos. Soy estudiosa de C.G. Jung y estoy dispuesta a aprender siempre.
Disfruto ser invitada a participar en equipos inter generacionales donde se requiera pensamiento estratégico y sabiduría.

Irene Aguilera forma parte de nuestra Red de Expertas Visionarias. Visita su perfil haciendo click aquí ⇒⇒

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