Irene Aguilera: «Urge replantear los estereotipos sobre la vejez y fomentar una cultura de envejecimiento activo»

“El aumento en la expectativa de vida es y será una crisis psicosocial mundial y constituye al mismo tiempo una oportunidad personal en el sentido de que no hay marcha atrás: Seremos más mayores. Esto no es una tendencia cualitativa de carácter actitudinal que surge de un análisis de la misma población existente. Será una demoledora tendencia demográfica que hay que aceptar y asumir”, señaló Irene Aguilera, consultora estratégica, psicóloga social y life coach especializada en transiciones personales y organizacionales durante la mediana edad. Es Voz Visionaria y forma parte de la Red de Expertas de Visionarias.

Esta afirmación categórica de Irene Aguilera se sostiene en datos muy reveladores de las Naciones Unidas, que estima  que la población mundial de personas mayores de 60 años alcance los 1.4 mil millones en 2030, lo que representaría un incremento del 40% en una década. Por su parte, Oxford Economics prevé que este segmento representará una parte importante del consumo mundial, ascendiendo su poder adquisitivo a 15 billones de dólares en 2030.

Visionarias (V): En un mundo tan complejo y cambiante, ante la aceleración tecnológica, ¿qué escenarios considera más probables para los próximos 25 años? ¿Es posible proyectar el mundo al 2050? ¿Qué factores hacen difícil vaticinar el futuro?

Irene Aguilera (Irene): Desde la psicología social, el aumento de la expectativa de vida representa uno de los cambios demográficos más significativos del siglo XXI con profundas implicaciones para las estructuras sociales, culturales y organizacionales. Esta realidad no solo amplía la duración de la vida, sino que también transforma las formas de convivencia, las relaciones intergeneracionales, el sentido del trabajo, la productividad y la participación social.

En la sociedad actual, la llamada Silver Economy o tendencia Silver visibiliza a un grupo poblacional con una gran acumulación de experiencia, conocimiento y capital social. Sin embargo, esta oportunidad también desafía los modelos tradicionales de envejecimiento, muchas veces asociados con la dependencia o el retiro pasivo. Desde una mirada psicosocial, urge replantear los estereotipos sobre la vejez y fomentar una cultura de envejecimiento activo, en la que las personas mayores sean reconocidas como agente social valioso y no solo como sujetos de asistencia.

En el ámbito organizacional, este fenómeno demanda nuevas políticas de inclusión laboral, flexibilidad y transferencia de saberes. Las empresas deberán adaptarse a equipos multigeneracionales, promoviendo el aprendizaje intergeneracional y la adaptación tecnológica de los trabajadores mayores. Esto supone revisar los sistemas de jubilación, los modelos de liderazgo y la gestión del talento humano desde una perspectiva más diversa y sostenible.

Aguilera considera que si bien el aumento significativo de la expectativa de vida es un privilegio social y personal, es un fenómeno demográfico de tal magnitud que los países y las sociedades no están preparadas para atender cabalmente los cambios que esto propone. “De igual manera, a nivel personal, no hemos hecho consciencia sobre cómo vivir esa longevidad prolongada, cómo prepararnos, qué cuidar y cómo plantear metas, proyectos, atmósferas y emociones para el disfrute de este nuevo tramo vital”.

V: ¿Estamos preparados como sociedad?

Irene: Aún no del todo. Aunque existen avances en políticas públicas y en la sensibilización social, la infraestructura, la educación, el empleo y la cultura siguen estando orientados a una lógica de juventud y productividad inmediata que llamo la “glorificación de la juventud”.

La preparación requiere una transformación profunda en la forma en que concebimos el ciclo vital, entendiendo que la longevidad no es un problema, sino un logro colectivo que exige corresponsabilidad social, políticas inclusivas y un cambio cultural que valore todas las etapas de la vida. Creo que este “regalo” de la vida puede convertirse en una oportunidad para fortalecer la cohesión social, la solidaridad intergeneracional y la innovación social, siempre que logremos integrar a las personas mayores como actores plenos de la sociedad y no como un grupo aparte.

V: Hay una contradicción en la sociedad: Vamos a vivir más, pero a partir de los 40 la sociedad nos considera viejos. ¿Cómo pueden las empresas y comunidades aprovechar la fuerza de la diversidad generacional para innovar y crecer?

Irene: Esto es de las paradojas más locas que estamos enfrentando y que vamos a vivir con más contundencia: Edadismo con longevidad. A las empresas no les va a quedar más remedio que abrazar una perspectiva intergeneracional y trabajar en ello promoviendo potencialidades.

Creo que las organizaciones y empresas que se transformen y aprovechen la sabiduría y experiencia de los mayores y la armonicen con la velocidad y la cultura tecnológica de los jóvenes, crearán una ventaja competitiva válida y rentable. Acumularán diferentes perspectivas y ofrecerán soluciones más completas, alcanzando un nivel mayor de satisfacción a sus clientes, porque los clientes también tendrán en espejo, esa misma intergeneracionalidad. La época de las startup de jovencitos caducará y comenzarán a aparecer otras con varias generaciones en sus equipos, porque no habrá tantos jóvenes. La edad no será un descriptor de competencias.

V: ¿Cuál ha sido tu experiencia como consultora Silver?

Irene: Mi formación y propósito de transformarme en un consultor Silver implica que no solo soy una estratega, sino que he mutado y hoy en día soy un agente de cambio cultural. La misión de un consultor Silver es tender puentes entre generaciones, organizaciones y significados, impulsando una nueva narrativa donde envejecer no es declinar, sino evolucionar.

Hoy más que nunca, las marcas y organizaciones necesitan voces con experiencia real, sensibilidad social y una comprensión profunda de la nueva longevidad. Yo no solo soy una influencer Silver que comparte reflexiones desde la vivencia, sino también una consultora estratégica comprometida con estudiar, investigar y entender a fondo este fenómeno. Mi formación en psicología social me permite analizar los cambios culturales que acompañan el envejecimiento, mientras mi experiencia personal me conecta con las emociones y desafíos de esta etapa.

Sigo aprendiendo cada día, porque creo que la credibilidad nace del conocimiento vivo, de la humildad de seguir explorando y del deseo genuino de aportar valor. Mi propósito es ayudar a las empresas y a las personas a ver la madurez como un espacio de innovación.

 

V: Las estadísticas sobre esperanza de vida en el mundo y por países revelan que la esperanza de vida de las mujeres es mayor a la de los hombres. De acuerdo a Datosmundial.com, el promedio mundial de vida para los hombres es de 71.0 años mientras para las mujeres es de 75.8 en promedio. ¿Estamos preparadas las mujeres para vivir más? ¿Qué debemos hacer?

Irene: Aunque las mujeres han conquistado importantes avances en longevidad, educación y participación social, la mayor esperanza de vida no siempre se traduce en mejor calidad de vida. Persisten desigualdades estructurales que hacen que esos años adicionales se vivan, en muchos casos, con más precariedad, soledad o dependencia. Desde la psicología social, este fenómeno refleja una paradoja de género: las mujeres viven más, pero muchas veces en condiciones de menor bienestar subjetivo, con menos ingresos y con una sobrecarga de roles de cuidado.

Culturalmente, se espera que las mujeres cuiden —de hijos, parejas, padres o nietos— durante toda su vida, incluso en etapas en las que ellas mismas necesitarían apoyo. Vivir más no es solo un logro biológico, sino un reto social y cultural. Las mujeres debemos prepararnos para una vida más larga cultivando la autonomía, la participación social y el autocuidado. Pero la sociedad, por su parte, debe transformarse para que la longevidad femenina sea sinónimo de dignidad, bienestar y reconocimiento.

 

V: Cuando estamos jóvenes sentimos que somos eternos. ¿Desde qué momento debemos comenzar a prepararnos para que la Edad Plateada y la Dorada no nos tomen por sorpresa?

Irene: Cuando somos jóvenes, solemos vivir bajo la ilusión de la eternidad. Creemos que el tiempo es inagotable y que la vejez es una realidad lejana, casi ajena. Siguiendo los planteamientos de Carl Gustav Jung, podríamos decir que la sociedad moderna es devota del arquetipo del Puer Aeternus, el joven eterno que simboliza la vitalidad, la novedad y el deseo constante de comenzar de nuevo. Admiramos lo joven, lo veloz y lo innovador, y con ello negamos o tememos la madurez y el paso del tiempo.

Sin embargo, para transitar de manera plena hacia la Edad Plateada o Dorada, necesitamos reconciliarnos con el arquetipo opuesto: el Senex, el sabio. Este representa la madurez, la reflexión y la profundidad de la experiencia. Abrazar amorosamente al Senex implica reconocer y aceptar nuestras limitaciones físicas, pero también valorar la sabiduría, la serenidad y la perspectiva que solo los años pueden ofrecer.

Prepararnos para la vejez no significa anticipar la decadencia, sino cultivar desde la juventud una relación sana con el tiempo, con el cambio y con nuestra propia finitud. Además, es fundamental reconocer que el edadismo —esa forma de discriminación basada únicamente en la edad— es una enfermedad social que empobrece a todos, porque niega el valor y la dignidad de las etapas tardías de la vida. Esta preparación comienza cuando dejamos de temerle y empezamos a verla como una oportunidad para integrar todas nuestras etapas vitales en una historia coherente, plena y significativa.

 

V: Cuál es tu mensaje para quienes están cerca o ya están en la edad plateada?

Irene: Insisto, cuando somos jóvenes, vivimos convencidos de que el tiempo nos pertenece. La cultura contemporánea, marcada por la inmediatez y el culto a la juventud, refuerza la ilusión de eternidad. Desde la psicología social, esto responde a una estructura cultural que asocia valor con productividad y apariencia, dejando en la sombra a la sabiduría y la experiencia. Carl Gustav Jung nos enseñó que todos habitamos distintos arquetipos a lo largo del ciclo vital. En nuestra juventud, solemos identificarnos con el Puer Aeternus, el joven eterno que representa la posibilidad infinita y el deseo de aventura. Sin embargo, el verdadero crecimiento llega cuando reconocemos y honramos al Senex, el arquetipo del sabio. Este nos invita a mirar hacia adentro, a comprender el sentido de lo vivido y a poner nuestra experiencia al servicio de los demás.

Prepararse para la Edad Plateada o Dorada no significa esperar resignadamente la vejez, sino comenzar desde hoy a integrar ambas energías: la curiosidad del Puer y la sabiduría del Senex. Es un proceso de individuación, como diría Jung, en el que dejamos de pelear con el paso del tiempo y comenzamos a reconciliarnos con él.

Como mujer de 69 años, mi propósito es justamente ese: mostrar que en la madurez no hay final, sino expansión. Ser influencer a esta edad es un acto simbólico y social: es desafiar el edadismo, ese prejuicio colectivo que discrimina a las personas por cumplir años, y reemplazarlo por una narrativa más luminosa, donde envejecer es evolucionar.

De la narrativa del “antiaging” a una cultura del “proaging

«Desde la psicología social, vivimos en una época marcada por la obsesión con la juventud eterna. La industria cultural, la publicidad y los medios nos han enseñado a ver el paso del tiempo como una amenaza que debe ser combatida. Este discurso del “antiaging” es, en realidad, una forma de edadismo encubierto, porque nos invita a negar nuestra naturaleza cíclica y a rechazar una parte esencial de la vida”.

“Desde la mirada jungiana, como lo expresé antes, este rechazo al envejecimiento es el reflejo del arquetipo del Puer Aeternus, el joven eterno que se resiste a madurar. Sin embargo, toda evolución psíquica —lo que Jung llamó proceso de individuación— requiere abrazar también al arquetipo del Senex, el sabio. En él habita la fuerza interior, la serenidad y la perspectiva que dan sentido a lo vivido. Cuando integramos ambos arquetipos, dejamos de pelear con el tiempo y comenzamos a vivir en armonía con nuestro propio devenir”.

“Transformar la narrativa del envejecimiento implica cambiar la mirada colectiva: pasar de la negación del tiempo a la celebración de la plenitud. No se trata de oponerse a la juventud, sino de reconocer que la madurez tiene su propio poder, su propia belleza y su propio brillo”.

“Como mujer de 69 años y comunicadora, creo profundamente que mostrar públicamente una vejez vital, creativa y libre es un acto político y simbólico. Es decirle a la sociedad: ‘No necesito borrar mis años para valer’. Promover una cultura del pro-aging es invitar a las personas —sobre todo a las mujeres— a vivir su edad con orgullo, como el resultado de una biografía rica en aprendizajes, resiliencia y amor propio. En vez de ‘anti-aging’, hablemos de pro-vida, pro-experiencia y pro-sabiduría. La madurez no resta; revela. Nos devuelve a lo esencial: el sentido, la autenticidad y la conexión con lo que realmente importante”.

El cambio desde las organizaciones

Las organizaciones están comenzando a comprender que la longevidad ha cambiado las reglas del juego. En un mundo donde la población Silver crece y se diversifica, los clientes, organizaciones y comunidades necesitarán con urgencia consultores estratégicos especializados en esta nueva realidad demográfica y cultural.

Estos profesionales deberán atender tres necesidades clave:

Comprender los nuevos perfiles del grupo Silver. Ya no se trata de un solo grupo homogéneo, sino de múltiples generaciones maduras con estilos de vida, intereses y actitudes distintas. Es esencial conocer sus segmentos etarios y psicográficos, entender qué los motiva, cómo se relacionan con la tecnología, el consumo, el bienestar y la identidad.

Diseñar estrategias de marketing y comunicación más auténticas. Las marcas deben abandonar los clichés visuales del pasado —la “abuela con los nietos” o la imagen del adulto mayor frágil y dependiente— y comenzar a representar a las personas Silver como activas, competentes, conectadas y emocionalmente plenas. La conversación con este público debe construirse desde el respeto, la inspiración y la inclusión, no desde la condescendencia.

Crear sistemas de coaching de vida y desarrollo laboral. El cambio más profundo será ayudar a las personas a redefinir su relación con la edad. Desde la psicología social y el coaching evolutivo, se trata de acompañarlas a programar su vida desde la posibilidad, no desde el deterioro. A guiar su mirada hacia los próximos capítulos vitales, capitalizando sus fortalezas, su experiencia y su sabiduría. Especialmente en personas de 40 y 50 años que ya actualmente se sienten viejas y en declive.

 

Nuevas narrativas

 Replantear el envejecimiento femenino.-Necesitamos visibilizar nuevas narrativas sobre la vejez de las mujeres: activas, autónomas, creativas y socialmente comprometidas. Salir del modelo de “abuela cuidadora” hacia uno de mujer plena y protagonista de su etapa vital.

Fomentar la educación y la autonomía económica durante todo el ciclo de vida.-La seguridad financiera y la educación continua son claves para un envejecimiento saludable y empoderado. Las políticas públicas deben promover la equidad salarial, la formación digital y la planificación del retiro con perspectiva de género.

Promover redes intergeneracionales y comunitarias.-Vivir más años implica también vivir en comunidad. La solidaridad intergeneracional puede ser un antídoto frente a la soledad y un motor de aprendizaje mutuo entre mujeres jóvenes y mayores.

Impulsar políticas de salud integrales.-No solo se trata de longevidad, sino de años vividos con bienestar físico, psicológico y social. Las políticas deben incluir atención a la salud mental, menopausia, y acompañamiento psicosocial en la vejez.

¡IAM Silver: Vivo, aprendo y celebro!

 “IAMSilver son las iniciales de mi nombre, Irene Aguilera Monroy, pero también son una declaración de identidad. Cuando ese nombre llegó a mi mente, sentí una alegría profunda. Supe que era el nombre correcto porque toda celebración genuina comienza en casa, en una misma. A lo largo de mi vida he tenido que escuchar, más veces de las que quisiera, que me llamen ‘vieja’ como si fuera una ofensa. Y no soy la única. Mujeres y hombres de distintas edades hemos sentido el peso de un sistema que teme al paso del tiempo. Pero yo decidí transformar esa palabra en una medalla simbólica, en un recordatorio del camino recorrido, de las pruebas superadas y del aprendizaje que solo la vida puede otorgar”.

“Así nació IAMSilver, como un acto de afirmación y una celebración constante. Porque ser Silver no es solo una etapa biológica, sino una actitud, una conciencia y una elección de vida. Es honrar lo vivido, abrazar la madurez con gratitud y compartir con los demás la luz que se enciende cuando una mujer deja de esconder su edad y empieza a brillar desde ella.”

“¡Soy IAMSilver! Una mujer que vive, aprende, sabe y celebra cada día el privilegio de seguir siendo, con dignidad, curiosidad y alegría.”

¿Quién es Irene Aguilera?

Soy consultora estratégica y coach, después de haber trabajado en corporaciones en el área de planificación estratégica y gerencia, principalmente en Venezuela y México.

Nací en Caracas, Venezuela en 1956, donde crecí y me desarrollé personal y profesionalmente.

Viví en México del 2008 al 2012, regresé a Venezuela y retorné en el 2017. Celebro ambas nacionalidades.

Soy Psicóloga (UCAB), Magister en Psicología Social ( UCV) Planificadora estratégica de negocios (IESA) y Business y Life coach ( Universidad Iberoamericana, México).

Participo con pasión en conferencias y actividades dedicadas a visibilizar el edadismo y oportunidades de negocio de la Silver Economy.

En mis presentaciones y redes, busco darles valor a mis queridos plateados, mostrando sus potencialidades.
A nivel individual, ayudo a personas a definir sus nuevas rutas de expansión, sustituyendo los «ya no» por «ahora sí». Creo que no existen cambios vitales sino personales.

Como consultora estratégica, me siento orgullosa de haber contribuido a que emprendedores, agencias de comunicación y startups hayan descubierto oportunidades de crecimiento.

Entre mis logros en estos últimos años están: el haber superado dificultades migratorias, pérdidas de familiares en la pandemia, una estafa financiera y sobreponerme a un cáncer de mama en el año 2020. Apoyo en lo que puedo.
Practico yoga y camino diariamente como ritual de meditación activa. Estudio astrología y tarot.

Adoro a mis dos hijas y a mis 5 nietos. Soy estudiosa de C.G. Jung y estoy dispuesta a aprender siempre.

Disfruto ser invitada a participar en equipos inter generacionales donde se requiera pensamiento estratégico y sabiduría.

Anabelle Yánes

Ejerció como periodista en Venezuela hasta el año 2002 en el área de economía, finanzas y negocios. Posteriormente desarrolló un emprendimiento para la fabricación de mermeladas y dulces artesanales.

En 2008 participó en el Concurso Ideas clasificando entre los cinco primeros proyecto de 730 participantes por el concepto de red de productoras artesanales. El emprendimiento tuvo éxito y duro hasta el 2019 cuando debido a la crisis económica en Venezuela se paró la producción y venta.

En paralelo, trabajó como docente durante este período.

Actualmente retoma el periodismo e inicia una nueva etapa escribiendo cuentos infantiles.

Vive en Estados Unidos.

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1 Comentario

  1. Eulalia Siso Lizarraga

    Un artículo brillante y reveladOr. Hablar sobre esta realidad social y personal ayuda A comprender, con perspectiva, el rol que nos toca transformar en lo personal para EXTRAPOLAR a lo COLECTIVo.
    Definitivamente es una época «dorada» para ser «silver».

    Responder

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