Algún día le contaré a mi hija que la he traído a un mundo peligroso. Le hablaré de violaciones, secuestros, tráfico sexual, de actos lascivos, estupros y del miedo que da caminar sola por la calle. Tendré que educarla para reconocer el abuso emocional y psicológico, y repetirle las veces que sea necesario que calladita no se ve más bonita. La dejaré salir, aunque tenga el corazón en la mano y le recordaré todo el tiempo: “No aceptes bebidas de extraños y nunca...