Marianela Castés: El cuerpo al principio susurra, después habla un poquito más alto y finalmente grita

Cuando grita es cuando se presenta el cáncer. En esta oportunidad nos referimos al de mama, que tiene la mayor incidencia en las mujeres. “El cuerpo nos está enviando una alerta para que actuemos de manera rápida. Si se descubre a tiempo, se pueden realizar los tratamientos adecuados. Al involucrarnos en el proceso de recuperación y hacer los cambios que la enfermedad nos exige, en términos de reestructurar nuestra vida, el cáncer puede ser curable; no es una sentencia de muerte”, señaló la Dra. Marianela Castés, inmunóloga con más de 30 años de experiencia en psiconeuroinmunología.

Desde esta disciplina, apoya a pacientes con cáncer de mama y otras enfermedades de alto riesgo en su proceso de prevenir, afrontar, entender y recuperar de la salud.

Visionarias (V): El año pasado entrevistamos a varias sobrevivientes de cáncer de mama, quienes nos hablaron de cómo la Psiconeuroinmunología las había ayudado en su recuperación. ¿Qué es la Psiconeuroinmunología?

Marianela Castés (MC): Básicamente, tiene que ver con la regulación neuroendocrina de la respuesta inmunológica. Voy a explicarlo con palabras sencillas. Esta es una disciplina que nos ha demostrado científicamente la conexión y el diálogo permanente que existe entre el sistema nervioso central —cuando hablamos del sistema nervioso central, estamos hablando de nuestra mente, de nuestra psique—, el sistema endocrino, que produce las hormonas, y el sistema inmunológico, que es nuestro sistema de defensa, el que nos protege diariamente contra agentes patógenos externos y también contra enemigos internos, como son las células tumorales.

Estos tres sistemas se comunican de forma permanente entre sí. No ocurre nada en un sistema que los otros dos no sepan inmediatamente. Es una comunicación bidireccional, y esta comunicación es posible gracias a la producción de neurotransmisores por parte del cerebro, de hormonas por parte del sistema endocrino y de citoquinas por parte del sistema inmunológico, que nosotros llamamos, en forma general, moléculas de la información. 

Son moléculas que se producen en estos tres sistemas: en el cerebro, en las glándulas endocrinas y en el sistema inmunológico, y que mantienen esta información permanente entre ellos. Me gusta decir, de manera sencilla, que son los grandes «chismosos» del organismo, pues no sucede nada en uno de ellos que los otros dos no sepan inmediatamente.

Quizás nos preguntemos, ¿eso, qué tiene que ver conmigo? Pues tiene mucho que ver con cada uno de nosotros, porque permite explicarnos cómo todo lo que sucede en el ámbito de la mente y de la psique influye en la calidad de nuestro sistema inmunológico, que es nuestro sistema de defensa.

Todo lo que tiene que ver con nuestros pensamientos, con las emociones, con nuestra satisfacción con la vida en general, con el trabajo en particular, con la calidad de nuestras relaciones interpersonales, con nuestra espiritualidad, y con nuestro sentido de la vida; todo eso que sucede en el ámbito de la mente y la psique influye en la calidad de nuestro sistema inmunológico y, por lo tanto, en la posibilidad de tener salud o de estar propensos a enfermar.

Emociones y enfermedad

V: ¿Pueden influir nuestras emociones tanto en el desarrollo de las enfermedades como en la prevención?

MC: Sí, totalmente. Las emociones son muy importantes. Por ejemplo, si vivimos en un estado emocional caracterizado por la rabia, el miedo, la frustración, la victimización, la indefensión o la infelicidad en general, todo eso provoca en el cerebro la producción de neurotransmisores que se corresponden con esas emociones y que llevarán esa información hasta el sistema inmunológico.

Una persona muy infeliz, deprimida, que no le encuentra sentido a la vida, que no tiene buenas relaciones interpersonales, que se siente sola y abandonada, que no encuentra satisfacción en el trabajo y que no tiene espacios para la recreación y la diversión, producirá neurotransmisores que activan un eje llamado eje hipotálamo-pituitaria-adrenal, que es un eje neuroendocrino. Al final, se produce una molécula como el cortisol, el cual ha sido científicamente demostrado que es un supresor de la respuesta inmunológica.

Cuando la respuesta inmunológica se suprime, esa persona estará mucho más propensa a enfermarse, porque su sistema inmunológico está debilitado. Esto puede llevar a enfermedades provocadas por patógenos, a enfermedades autoinmunes —que son respuestas de agresión del sistema inmunológico contra el cuerpo— o incluso al cáncer.

V: En una oportunidad, escuché a alguien que decía que una emoción dura segundos. Por ejemplo, frente a una amenaza a nuestra vida, sentimos miedo. Pero eso es una emoción que dura segundos. Ahora, cuando nos enganchamos con esa emoción, entonces ya no es una emoción, sino una actitud. ¿Qué opinión le merece esta afirmación?

MC: Ciertamente es así. Desde la neurociencia sabemos que una emoción dura segundos, máximo minutos. Es una respuesta adaptativa, es una respuesta positiva que nos permite reaccionar de manera rápida y eficaz frente a algo que puede estar afectando nuestra vida. Por ejemplo, el miedo.

El ser humano existe todavía en esta tierra gracias al miedo, porque nos pone en estado de alerta frente a algo que no está bien, y nos obliga a decidir: ¿lucho o salgo corriendo? Podemos tener una respuesta de lucha o huida.

El miedo también produce cambios fisiológicos en el organismo que nos preparan para esa respuesta. Aumenta la frecuencia cardíaca, la frecuencia respiratoria y redirige el flujo sanguíneo hacia los músculos, el corazón y el cerebro, lo que me permite volverme más fuerte, correr más rápido y dar una respuesta de lucha más efectiva. Es una respuesta adaptativa; las emociones son respuestas adaptativas y de corta duración.

 

El problema surge en el siguiente paso: cuando cesa el evento estresante, supero el miedo, actúo eficazmente y no pasó nada. La cuestión está en cómo nuestros pensamientos influirán en que esa respuesta, que era adaptativa y breve, se mantenga en el tiempo. Por ejemplo, hay respuestas de rabia.

Alguien me trató mal, y en ese momento siento rabia, pero esa respuesta puede quedarse ahí o puedo seguir rumiando esa emoción durante horas y a veces durante días. Esta es la diferencia entre una emoción como reacción breve y una actitud, que es la forma de mantener y prolongar esa respuesta emocional en el tiempo.

Siempre tenemos la posibilidad de elegir. Esto es bien importante: siempre vamos a tener la opción de decidir qué hacemos con esa emoción. Puedo quedarme enganchada todo el tiempo, lo que podría incluso alterar el eje hipotálamo-pituitaria-adrenal y producir cortisol, suprimiendo la respuesta inmunológica, o puedo decir: «Esto se queda aquí, ya pasó.»

 

 

La epigenética en el cáncer de mama

De acuerdo a National Human Genome Research Institute, la Epigenética se centra en los cambios en el ADN que no implican alteraciones en la secuencia subyacente. Las letras del ADN y las proteínas que interactúan con él pueden sufrir modificaciones químicas que alteran el nivel de activación y desactivación de los genes. Algunas de estas modificaciones epigenéticas se pueden transmitir de la célula progenitora a la célula hija durante la división celular o de una generación a la siguiente. El conjunto de todos los cambios epigenéticos en un genoma se denomina epigenoma.

V: A propósito del cáncer de mama, cuando a una persona le diagnostican esta enfermedad, ¿cómo manejar esas emociones para que no nos dominen frente al diagnóstico?

MC: Yo tengo 30 años trabajando con este tipo de patologías, y realmente un diagnóstico de cáncer en general, y de cáncer de mama en particular, es una respuesta devastadora para la persona. La principal respuesta es el miedo: el miedo a la muerte, no como un concepto general, sino como una posibilidad real de que la muerte esté presente y que pueda acabar con mi vida en un plazo determinado. Esa es la primera reacción frente al diagnóstico.

Este es un evento estresante en la vida de la persona, ya que no solo implica el miedo a la muerte, sino que también afecta sus relaciones familiares, pues siente que está causando un gran dolor a sus seres queridos. Además, hay un estrés económico considerable, ya que implica grandes gastos en tratamientos, citas médicas, etc. La persona queda afectada durante muchos años, incluso después de haber superado todo ese periodo, y, mientras avanza hacia su curación, cada vez que experimenta un malestar físico —desde una simple gripe hasta un dolor en la espalda— siempre surge el miedo a una metástasis.

Por eso, en Venezuela hemos desarrollado durante más de 20 años un programa de apoyo psicosocial para personas con cáncer. Inicialmente era para personas con cáncer, pero luego incluimos a pacientes con otras patologías, denominándolo programa de apoyo para personas con enfermedades de alto riesgo. A través de este programa, brindamos apoyo psicosocial a quienes han sido diagnosticados con una enfermedad de alto riesgo. Junto con los tratamientos convencionales —cirugía, quimioterapia, radioterapia, inmunoterapia— también deben recibir este apoyo psicosocial para manejar todas esas emociones que están sintiendo, ya que necesitan tener su sistema inmunológico fuerte y activado. Muchas veces, este sistema se encuentra suprimido como consecuencia de la enfermedad.

Hoy tenemos un programa online a través del portal Inmunoalfabetización, ya que es importante empoderar a las mujeres con cáncer de mama —que es de lo que estamos hablando— con información de calidad, veraz y basada en evidencia científica. Esto les permite tomar posesión y apropiarse de su respuesta inmunológica, para lo cual hay técnicas que trabajamos en el programa. Actualmente, un porcentaje muy alto de personas logra sobrevivir al cáncer, y particularmente al cáncer de mama, si se trata a tiempo, si la persona recibe el tratamiento adecuado y, además, cuenta con todo este apoyo psicosocial que la ayuda en sus momentos estresantes. Así, tiene toda la posibilidad de curarse.

«He vivido de cerca el Cáncer de Mama»

“Mi hija mayor tuvo cáncer de mama hace 10 años, así que conozco el tema no solo desde la perspectiva de los pacientes, sino también desde mi propia familia. Me permito mencionarlo porque hemos hablado sobre ello, y a ella no le importa que lo mencione. De hecho, vamos a hacer un programa el mes que viene, ya que en este momento está cumpliendo 10 años desde su diagnóstico, y su oncólogo la declaró curada. Así que, más bien, es un año de júbilo para ella y para la familia”.

“Es importante señalar que cuando a una persona le da cáncer, realmente es toda la familia la que se ve afectada, especialmente a las personas más cercanas. Hace unos pocos días, después de un periodo de 10 años, su oncólogo le dijo: ‘Estás curada’. La posibilidad de que este cáncer recurra es la misma que la de cualquier mujer de tener otro tipo de cáncer. Así que estamos de júbilo; es una historia de éxito.

«Hay muchas historias de éxito con respecto al cáncer de mama, pero también hay que reconocer que, en su caso particular, el haber tenido una mamá con conocimiento en neurociencia la ayudó muchísimo”.

“Sin embargo, eso no es suficiente; ella tuvo que quererlo. A veces, incluso con una hija o un familiar cercano que desea apoyar, si la persona no quiere, no hay nada que hacer. Afortunadamente, en su caso, ella quiso y recibió ese apoyo plenamente. De hecho, participó en nuestro programa de apoyo psicosocial en Venezuela. Ella reconoce que ese apoyo que recibió en la primera etapa y todo lo que aprendió allí le facilitó mucho más el tránsito por este camino. Así que el apoyo psicosocial es fundamental, especialmente en el contexto del cáncer de mama”.

Alertas del inconsciente

V: Así como el inconsciente nos alerta a través de las emociones sobre amenazas externas, ¿puede alertarnos sobre una amenaza a nuestra salud, como un cáncer en desarrollo? ¿Cómo?

MC: Eso puede ocurrir, pero sucede en personas que están haciendo terapia. La manera en que nos comunicamos con nuestro inconsciente es a través de los sueños y su correcta interpretación. Me voy a referir de nuevo al caso de mi hija mayor, quien es médico; ese fue exactamente su caso.

Un día, ella me llamó y me dijo: «Mamá, tuve un sueño muy raro anoche. Soñé que estaba amamantando a mi bebé recién nacido y que el bebé se atragantaba. Le pedía a mi esposo que prendiera la luz y me pasara el sacaleches para ver qué estaba pasando, y lo que me salía era un agua negra llena de gusanos». Fue muy impresionante. Lo cuento y todavía me afecta. Inmediatamente supe que ella tenía algo importante y pensé que podía ser un cáncer. No fue sencillo convencerla de hacerse una mamografía, ya que ella es médica y hacía solo 10 meses que se había realizado una.

El año en que mi hija recibió el diagnóstico fue muy difícil en Venezuela. Había escasez de productos básicos, y además, sufrió un atraco a las 10 de la mañana al salir del Ministerio de Salud. Le pusieron un revólver en el estómago, lo que le dejó un moretón que duró hasta un mes después del evento. Ella se sintió muy vulnerable al pensar que, un día a las 10 de la mañana, podría sufrir un atraco tan violento. En ese momento, tenía dos niños pequeños. La combinación de la situación del país —escasez de bienes básicos y violencia— le causó estrés postraumático. Quedó en un estado muy alterado. Su reacción fue cerrarse a lo que le estaba ocurriendo; no quería sentirse vulnerable, nos decía y se decía que estaba bien, pero era obvio que no estaba nada bien.

Finalmente, como madre, encontré la manera de llevarla a hacerse la mamografía. Le descubrieron cáncer de mama. Afortunadamente, se detectó muy rápidamente y era muy pequeño: un cáncer ductal in situ. Ciertamente, ella tuvo una advertencia de su inconsciente. Si alguien no está muy atento a este tipo de alerta, puede que pase desapercibida, pero definitivamente el inconsciente siempre va más adelante que nosotros mismos; sabe muchas cosas mucho antes de que realmente las traigamos al consciente.

Ahora, podrías decir: «Bueno, todas las personas que fueron atracadas en Venezuela desarrollan cáncer». No es cierto, pero ella tenía características de personalidad que la hacían propensa a eso. Es una persona controladora y perfeccionista, que quería que todo estuviera bien. Imagínate ponerle en aquella situación de escasez, donde no podía conseguir leche para los niños, azúcar o papel higiénico, y donde temía ser atracada al salir de casa. Todo eso estaba fuera de su control y le produjo estrés postraumático, que también tenía que ver con su manera de responder a la situación en el país. Por esa razón, nosotros, como familia, decidimos salir de Venezuela, entendiendo que ella no iba a poder curarse en un ambiente tan adverso. Necesitaba un entorno sano y propicio para su curación.

Yo diría que casi el 95% de las personas sabe cuál fue ese evento que tuvieron en su vida frente al cual  dijeron «yo no puedo con esto», «no puedo con un sufrimiento tan grande», «no tengo ganas de vivir». La gente sabe cuál es ese evento o eventos estresantes que detonaron la enfermedad. Así que el estrés juega un papel central.

Test de Personalidad Inmunocompetente

“En nuestro Portal, tenemos una prueba de personalidad inmunocompetente gratuita. Con esta prueba, cuyos resultados le llegan por correo electrónico, las personas pueden empezar a ver si su forma de actuar en la vida, de pensar, sus creencias, cómo vive la vida puede conducir a tener una personalidad inmunocompetente o, por el contrario, tiene una personalidad que no permita su inmunocompetencia. Es como una mirada interior que comienza a permitirnos ver, por ejemplo, ¿busco ayuda cuando tengo un problema o trato de resolverlo yo sola?, ¿soy capaz de expresar la rabia o me la trago?, ¿cómo está mi sentido de la vida?, ¿tengo un espacio en la vida suficiente para el disfrute y la recreación?, ¿soy capaz de decir no cuando me piden un favor y realmente no lo puedo hacer?, ese tipo de cosas que son bueno la base de nuestra cotidianidad. Esta es una prueba que hizo el doctor George Solomon que me entregó en mano. Yo la he ajustado a nuestra realidad de hoy y ha resultado sumamente útil para las personas pues permite esa mirada interior que los lleva a tomar conciencia de que deben dar algunos cambios en su vida para ser más inmunocompetentes”.

Enfermarme me llevó a la Psiconeuroinmunología

V: ¿Cómo llega a la Psiconeuroinmunología? Háblenos sobre este recorrido y algunas experiencias que hayan sido particularmente significativas.

 

MC: Yo soy licenciada en Química de la Universidad Central de Venezuela. Vengo de una facultad de ciencias totalmente cartesiana, pues hice mi postgrado en el Instituto Pasteur, la cuna de la inmunología, en la Universidad de París 7. Cuando regresé a Venezuela, comencé a trabajar en la Escuela de Medicina José María Vargas, donde tuve la oportunidad de colaborar durante 20 años con el doctor Jacinto Convit, mi maestro en el campo de las enfermedades parasitarias, como la leishmaniasis y el Chagas. Con esta formación, nada de lo que no se puede demostrar científicamente existe. Además, como inmunóloga, podía medir las cosas en el laboratorio; ese era mi paradigma.

Pero un día me enfermé, y como afirmo al comienzo de mi libro “Inmunoalfabetízate y toma el control de tu salud”: las enfermedades vienen para curarnos. Esta afirmación a veces es muy fuerte, porque una persona con cáncer podría decir: “¿Cómo puede un cáncer venir a curarme?”.

Pero te puedo asegurar que he oído esa frase muchísimas veces, incluso en el caso de mi hija. Básicamente se refiere a que si uno entra en contacto con la enfermedad y logra encontrar su sentido, entiende por qué le sucede en ese momento de su vida, entonces puede cambiar su vida.

En mi caso, me enfermé en un momento muy abrupto. Tuve sangramientos abundantes; de la noche a la mañana, mi hemoglobina bajó a 7. A los 15 días me diagnosticaron fibromas en el útero, y me operaron. Eran tres fibromas muy grandes, que no estaban allí 10 meses antes, ya que me había hecho un chequeo ginecológico en ese periodo. Yo había atravesado un evento estresante fuerte en mi vida, que viví muy mal, en soledad y sufrimiento. Experimenté rabia, frustración, indefensión… todas esas emociones, además de tragarlas. No hice nada porque, con mi mente cartesiana, no creía en buscar ayuda de un psicólogo o algún tipo de terapia; me dediqué de lleno y de manera más intensa al trabajo.

Después de la operación, mientras estaba en la clínica, tuve un flash de sabiduría, intuición y certeza de que esos fibromas estaban relacionados con el evento estresante que había vivido. Fue como una claridad mental. Cuando salí de la clínica, busqué información científica que me permitiera contextualizar lo que había sentido de forma tan genuina. Así descubrí la Psiconeuroinmunología y me apasionó desde el primer instante. Entendí que si hubiera sabido esto antes, probablemente habría buscado ayuda para el evento estresante que tuve y muy probablemente no me habría enfermado.

Tuve un año sabático de la universidad y fui a estudiar Psiconeuroinmunología en el Simonton Cancer Center, donde estuve con el doctor George Solomon, el padre de la Psiconeuroinmunología. Tuve el privilegio de entrar a esta disciplina de la mano de su fundador, un médico psiquiatra de la Universidad de California en Los Ángeles, Estados Unidos. Cuando regresé, hablé con el doctor Convit y le dije: “No quiero trabajar más en parásitos. Ahora quiero dedicarme a la Psiconeuroinmunología”. Él era una persona muy avanzada para su época y me dio luz verde para hacerlo. Así empecé a transitar este camino.

 

Apropiarnos del sistema inmunológico

“Marianela Castés acaba de publicar la sexta edición de su libro “Inmunoalfabetízate y toma el control de tu salud”. Este libro incluye una grabación y está dirigido a todas aquellas personas que quieren apropiarse y responsabilizarse de su sistema inmunológico y, por lo tanto, de su salud. Pero, también para quienes tienen una inquietud genuina por averiguar si sus creencias sobre la salud son ciertas.

Ese libro forma una parte importante del Movimiento de Inmunoalfabetización, el cual persigue permite enseñar a las personas, y éstas a su vez aprender cómo mantener un sistema inmunológico activo y funcionando en toda su potencialidad.

Lo primero fue montar el Programa de Apoyo Psicosocial para Personas con Cáncer, que luego dio lugar al Programa de Apoyo Social para Personas con Enfermedades de Alto Riesgo. En la creación de la Cátedra de Inmunología, el doctor Solomon dio la clase magistral. También fundamos el Laboratorio de Psiconeuroinmunología y un diplomado de Psiconeuroinmunología que todavía dictamos con la Universidad de los Andes, completamente online, para profesionales de la salud, ya que necesitábamos formar a profesionales en este campo. Nos unimos a la Federación Latinoamericana de Psiconeuroinmunología, de la cual somos miembros fundadores.

Después, cuando me tocó la migración, también fue un evento estresante fuerte. Vivo en Panamá desde hace nueve años, un lugar que nos brindó un ambiente de tranquilidad y calma, lo que permitió que mi hija pudiera curarse y, hoy en día, celebrar su curación tras 10 años.

Ya no seguía haciendo los talleres que realizaba en Venezuela todos los meses. Comencé con este curso de Inmunoalfabetización mencionado anteriormente. Creamos un programa de apoyo de Inmunoalfabetización basado en la Psiconeuroinmunología, dirigido a personas con enfermedades de alto riesgo, pero también a quienes, aunque no tienen un diagnóstico, no se sienten bien. Están cansadas todo el tiempo, deprimidas, y no le encuentran sentido a la vida. Ese es el momento adecuado para participar en nuestro programa. Más de 2,000 personas han completado el programa.

Mensaje final: «Vivir con consciencia»

“Mi mensaje para todas las mujeres en octubre, cuando se celebra el Día Internacional de Lucha contra el Cáncer de Mama, es que empecemos a vivir con conciencia y prestemos atención a nuestro cuerpo. Este nos envía mensajes de muchas maneras, pero a menudo estamos tan perturbadas por el caos externo en el mundo, y somos conscientes de ello en tiempo real. Entendemos que estamos atravesando un momento difícil para la humanidad, y debemos tomar precauciones adicionales. Una de ellas es prestar atención a nuestra vida y a los mensajes que nuestro cuerpo nos envía, que a veces son sutiles: gripes recurrentes, problemas para dormir, falta de alegría, mal humor casi permanente, insatisfacción con la vida, cambios en la alimentación, ya sea por dejar de comer o por comer en exceso”.

Es fundamental cuidar nuestro apoyo psicosocial y nuestras relaciones interpersonales significativas, no solo con la pareja, sino también con amigos. Hasta con el bodeguero de la esquina podemos establecer una relación significativa. El sentido de la vida lo construimos nosotras mismas; todos debemos preguntarnos por qué nos levantamos cada mañana porque el mundo puede parecer tan abrumador que quizás no tengamos ganas de levantarnos. Sin embargo, nos levantamos, nos vestimos y hacemos cosas porque tenemos un sentido, un propósito.

Explorar el sentido de la vida en estos momentos es fundamental. A pesar de toda la incomodidad que nos provoca la situación actual, quiero seguir viviendo. Este enganche con la vida es esencial para una respuesta inmune saludable. También es importante cultivar un sentido de gratitud. A pesar de las dificultades, todos los días hay cosas por las que agradecer. Debemos hacer de esto una práctica diaria: por la noche, revisar qué cosas buenas nos sucedieron durante el día, desde una llamada especial de un nieto hasta una frase amable de una amiga o una clase de ejercicio que disfrutamos.

Debemos concentrarnos en esas cosas que funcionan bien en nuestra vida, que estoy segura son muchas, aunque a veces pasen desapercibidas.

Dra. Marianela Castés

Química/inmunóloga, egresada de la Universidad Central de Venezuela. PhD en Inmunología Universidad de París VII, Francia.

Profesora titular y fundadora de la Cátedra de Inmunología y del Laboratorio de Psiconeuroinmunologia de la Escuela de Medicina Dr. José María Vargas, Universidad Central de Venezuela.

Fundadora del Diplomado de Psiconeuroinmunología mediante educación a distancia. Universidad de los Andes. Presidenta Honoraria de la Sociedad Venezolana de Psiconeuroinmunología. Miembro honorífico de la Federación Latinoamericana de PNI (FLAPNIE). Miembro de la “Research Society of PsychoNeuroinmunology, USA”. Miembro Honorario de la Sociedad Peruana de PNI.

Fundadora y actual Directora de la Asociación Creando Salud (Venezuela) y de MIA Evolution, SA (Panamá).

Autora del libro: Psiconeuroinmunología: Inmunoalfabetizate y toma el control de tu salud (Editorial EDAF, España, 4 ediciones).

Ha publicado más de 70 trabajos en revistas de alto prestigio internacional y conferencista en más de 250 congresos, Talleres, Mesas Redondas tanto Internacionales como Nacionales.

Profesora invitada de la Universidad Libre de Bruselas, Instituto Pasteur (París, Francia), Universidad de Cambridge (UK), Universidad Ricardo Palma (Lima, Perú) Universidad Católica de Montevideo (Uruguay).

Web: miaevolution.com

 

 

Anabelle Yánes

Ejerció como periodista en Venezuela hasta el año 2002 en el área de economía, finanzas y negocios. Posteriormente desarrolló un emprendimiento para la fabricación de mermeladas y dulces artesanales.

En 2008 participó en el Concurso Ideas clasificando entre los cinco primeros proyecto de 730 participantes por el concepto de red de productoras artesanales. El emprendimiento tuvo éxito y duro hasta el 2019 cuando debido a la crisis económica en Venezuela se paró la producción y venta.

En paralelo, trabajó como docente durante este período.

Actualmente retoma el periodismo e inicia una nueva etapa escribiendo cuentos infantiles.

Vive en Estados Unidos.

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1 Comentario

  1. ignacio aguerrevere

    Excelente artículo, me abrió los ojos a un mundo desconocido

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