No estás loca. La violencia que nadie ve

«El cortometraje de Bestar se arriesga a entrar en ese espacio y a mostrar la fatiga, la desesperación y la duda de la mujer que sabe que está en peligro, pero que no tiene cómo probarlo. Es una representación cruda de cómo la estructura social nos arrebata la credibilidad cuando más la necesitamos, dejándonos en la indefensión más absoluta...»

Llega noviembre, el Mes de la No Violencia, y con él, el imperativo de nombrar lo que la sociedad ha silenciado por siglos. Este año, mi atención se posa en una joya cinematográfica breve, pero de una verdad abrumadora, el debut como directora de la cantante y actriz María Bestar: el cortometraje «No estás loca».

Esta obra nos obliga a mirar el lugar más peligroso de todos: El hogar aparentemente normal. Es allí, en el núcleo de la intimidad, donde se gesta una de las formas de agresión más crueles del machismo: la violencia que se cuece en la duda y la soledad, esa que nos lleva a preguntarnos: ¿seré yo la que está equivocada?

La clave del laberinto: «Ana y Juan son una pareja aparentemente normal. La violencia vicaria que Juan ejerce sobre Ana, no se puede ver». Aquí reside la médula del horror. La violencia vicaria, el daño infligido a la mujer a través de sus seres queridos, no necesita de gritos ni golpes visibles. Es una guerra fría, silenciosa, donde el agresor es a menudo el «padre ejemplar» o el «esposo tranquilo» ante el mundo. Su violencia es una neblina de control, una microagresión constante que no deja moratones, sino una herida profunda en la mente. El objetivo es que la mujer, Ana en este caso, viva en un estado de alerta perpetua, obligada a negociar su seguridad y la de sus hijos con un hombre que ha perdido el control, pero que es maestro en la fachada. Es una tortura que no deja testigos.

El cortometraje de Bestar se arriesga a entrar en ese espacio y a mostrar la fatiga, la desesperación y la duda de la mujer que sabe que está en peligro, pero que no tiene cómo probarlo. Es una representación cruda de cómo la estructura social nos arrebata la credibilidad cuando más la necesitamos, dejándonos en la indefensión más absoluta.

Es que el mecanismo de control más efectivo de esta violencia invisible es el gaslighting. Es el arte de hacer que la víctima dude de su propia cordura, de su percepción y de su memoria. Ana vive una realidad que solo ella experimenta. Las palabras de Juan son sutiles, las amenazas indirectas, los castigos emocionales, calculados para que parezca que ella es la «demasiado sensible», la «histérica», la que «exagera». Cuando ella intenta compartir su dolor, se encuentra con la incomprensión de amigas o familiares que solo ven a un hombre «normal». Su esposo no ha roto nada; simplemente ha roto su mente.

En la vida real, esta duda es la prisión que el agresor construye para la mujer. Ella se pregunta: ¿Seré yo la que está dañando a mis hijos al intentar alejarlos de un padre que, supuestamente, solo quiere pasar tiempo con ellos? ¿Será que mi instinto es un traidor a la «normalidad» de mi familia?

El cortometraje, en sus breves minutos, captura el peso de esa soledad. Nos muestra el agotamiento de la mujer que intenta hilar hechos dispersos, que intenta probar una verdad que, por su naturaleza invisible, es inaccesible a los tribunales o a la mirada ajena. La violencia vicaria, en este contexto, es la culminación de un proceso de anulación: si la mujer no puede confiar en su propia mente, no puede actuar para protegerse ni para proteger a sus hijos.

Aquí es donde la obra de María Bestar se vuelve esencial. Nos da ese espejo que valida la intuición, ese aliento que rompe el aislamiento. Nos enseña que la verdad que se siente es, muchas veces, la única verdad que importa.

El título es el antídoto. «No estás loca» no es solo un nombre para la película; es el mensaje que se convierte en el primer paso hacia la liberación. La película, al centrarse en una mujer que lucha por mantener su realidad intacta frente a la embestida psicológica, nos regala un momento de profunda identificación. El acto de una mujer que se afirma en su verdad, a pesar de que el mundo le diga lo contrario, es el acto de recuperación de la agencia más poderosa que existe. Es la chispa que enciende el deseo de «partir» no en el sentido de desaparición, sino en el sentido de la liberación.

El cortometraje nos obliga a crear una conciencia colectiva en torno a la violencia que no deja pruebas forenses. Nos hace ver que la voz es poder, y que el silencio es la herramienta favorita de la opresión. Al nombrar esta violencia, al decir en voz alta que la experiencia de la víctima es real, desmantelamos la fachada de «normalidad» que el agresor utiliza para esconderse.

Para Las mujeres que somos, la historia de Ana es un recordatorio de que la lucha contra la violencia en noviembre no se detiene en los informes públicos; se libra en la mente y el corazón de cada mujer.

Que «No estás loca» vea la luz en el Mes de la No Violencia es un acto político y social vital. Nos recuerda que nuestra lucha no puede detenerse ante la invisibilidad; debe, por el contrario, crear la luz para ver en la oscuridad.

El miedo es la prisión que el agresor construye para la mujer, y la duda es la llave que él utiliza. Este cortometraje nos devuelve la llave de nuestra propia celda en forma de una afirmación innegociable.

Mi llamado final a Las mujeres que somoses a convertirnos en el eco de esta verdad. Si sientes miedo, si te han hecho dudar de tu propia mente, si te han dicho que estás exagerando: busca tu voz. La verdad de tu experiencia es válida. La dignidad no se negocia.

Que la frase «No estás loca» se convierta en el mantra de la sororidad que desenmascare el acoso, la violencia vicaria y cualquier otra forma de violencia que opere en las sombras. Es hora de que nos afirmemos en nuestra verdad. Y no, no estás loca.

María Alejandra tiene una experiencia de 25 años en la Administración de Justicia de Venezuela como Juez, Defensora Pública de Responsabilidad Penal del Adolescente y Fiscal Nacional y Regional (Legitimación de capitales y Delitos financieros, Anti-Extorsión y Secuestro, Drogas, Violencia de Genero, Fase intermedia y juicio y Corrupción) y por tres años Directora de Postgrado de la Universidad Yacambu (Venezuela) Área Académica.

Docente de pre y postgrado desde hace 24 años en universidades nacionales y docente invitada de la Universidad de las Palmas de la Gran Canaria (España) en un programa formativo de género.

Conferencista y articulista nacional e internacional, articulista, miembro invitado de LEXCRIM (España), miembro invitado de Universitas y Catedra Jorge Rosell, miembro activo de Académica Multijurídica, Miembro del Consejo Consultivo de la Revista LEXITUM.

Es defensora de los Derechos de la Mujer. Consultora en el área penal de Destilerías Unidas (Empresa Trasnacional). Asesora externa de la Universidad Yacambú. Abogada Feminista y cofundadora de Cata Jurídica con Tacones
Vicepresidenta del Capitulo Venezuela del Colegio Internacional de Estudios Jurídicos de Excelencia Ejecutiva / CIDEJ. PH en Gerencia Transcompleja.

María Alejandra Mancebo es Consultora Visionaria. Visita su espacio haciendo click aquí ⇒⇒

Las mujeres que somos

Esta columna es un espacio donde contaré historias de mujeres: unas veces me iré a la historia, otras las narro y otras las entrevisto. Historias de mujeres reales, las mujeres que somos, lo que hacemos y hacia dónde vamos. 

Las mujeres que somos: Un café con Virginia frente a la grieta

Las mujeres que somos: Un café con Virginia frente a la grieta

" Levanto la vista del café. En la butaca de cuero al otro lado de mi estudio, iluminada por la luz oblicua de la tarde larense, está sentada Virginia Woolf. No me sorprende su presencia. He recurrido tantas veces a sus textos para buscar refugio y entender el peso de ser mujer en mundos de hombres, que materializarla en medio de este pánico residual me parece la única concesión cuerda que mi mente puede hacerme hoy. Virginia me observa con esa fijeza melancólica...

Las mujeres que somos: Un café con Virginia frente a la grieta

La abogada de las causas imposibles: La lección de Shirin Ebadi

" Shirin Ebadi nos ha enseñado que el riesgo personal es el precio que se paga por la coherencia. Ella ha vivido en el exilio, ha sido amenazada y ha visto cómo sus archivos eran confiscados. Sin embargo, su pasión no ha disminuido. Al contrario, ha madurado. Eso es...

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


+ Sobre tratamiento de datos de los comentarios

RESPONSABLE TRATAMIENTO: VISIONARIAS, S.C.

FINALIDAD:  Publicar el comentario en relación a la noticia.

LEGITIMACIÓN: Consentimiento del interesado.

CESIONES: No se prevén cesiones, excepto por obligación legal o requerimiento judicial.

DERECHOS: Acceso, rectificación, supresión, oposición, limitación, portabilidad, revocación del consentimiento. Si considera que el tratamiento de sus datos no se ajusta a la normativa, puede acudir a la Autoridad de Control (www.aepd.es).

INFORMACIÓN ADICIONAL: política de privacidad