Reconexión con tu propósito

por | Liderazgo, Luisa Laya

Escrito por Luisa Laya

“Ser feliz es decisión tuya”, es el título en español de un libro sobre liderazgo escrito por Tal Ben-Shahar y Angus Ridgway (2017), donde definen un estilo que llaman “Líderes 10X”, sobre el fundamento de la psicología positiva. Según plantean, un “líder 10X” que incrementa su productividad y la de su equipo con agilidad, se caracteriza principalmente por desarrollar estas 5 habilidades, SHARP por sus siglas en inglés:

Foto de Matheus Bertelli en Pexels

Enfocarse en las Fortalezas (Strenghs), ya que tanto el tiempo, como la energía y los demás recursos son limitados, impulsarte a ti mismo y a tu equipo, según sus potencialidades, afectará de manera positiva la creatividad, la confianza, la satisfacción, la adaptabilidad y la calidad de los logros.

Atender la Salud (Health), dando espacio para la creación de una cultura de bienestar, ayudando a restaurar la energía, que supone aprender acerca de la ineficacia de la fatiga, tener y mantener hobbies o intereses fuera del trabajo, llevar una dieta saludable, entre otros temas de importancia.

 

Concentrarse en objetivos (Absortion), lo que permite alcanzar el disfrute y fluir con el oficio cotidiano, sin tener que esperar a que algún día suceda algo extraordinario.

Cultivar las Relaciones interpersonales (Relationships) fomentando las interacciones, a través de una influencia democrática, inclusiva, auténtica y ética.

Reconocer y atesorar un Propósito (Purpose) al que además acentúan como “la clave de la realización”.

¿Cómo puedes pretender liderar a alguien si no sabes cuál es el propósito de tu vida? ¿Cómo alguna persona puede seguirte o sentirse inspirada por ti, si no logras transmitirle un propósito? ¿Cómo podemos vivir en la sinrazón, vivir sin un propósito? Valdría la pena levantarse un día y decidir buscar respuestas honestas a estas cuestiones.

Aquí en la “P” de este SHARP me quiero concentrar y hablar en unas líneas acerca del propósito, este sentido esencial para la vida.

¿Cómo puedes pretender liderar a alguien si no sabes cuál es el propósito de tu vida? ¿Cómo alguna persona puede seguirte o sentirse inspirada por ti, si no logras transmitirle un propósito? ¿Cómo podemos vivir en la sinrazón, vivir sin un propósito? Valdría la pena levantarse un día y decidir buscar respuestas honestas a estas cuestiones.

Las tareas te ocupan, los objetivos te guían, las metas te muestran el punto que pretendes alcanzar, y un propósito es una visión encendida, algo superior que inyecta energía a tu alma, una chispa que está por encima de dificultades, de rutinas, de insatisfacciones, de rudezas o crueldades, volviéndolas pasajeras, metal para tus escudos, agua en tu deshidratada ruta, cuero protector en el suelo árido y fuego para tu pasión.

Habrán leído o visto películas sobre personas que superaron campos de concentración, pérdidas trágicas de seres queridos, bancarrotas, encuentros muy próximos con su propia muerte, y luego saltaron al vacío, cayendo sobre una montaña en ascenso. No ha sido por casualidad, ni por un golpe de suerte, ni porque estaban bendecidos por alguna deidad en particular, sino porque un fuerte sentido de la vida los impulsó hacia el mantenimiento de la voluntad, de la fe, y no en su acepción religiosa, en realidad en una más amplia que te lleva a saber, intuir, pensar o sentir el “para qué” de cualquier cosa que decidas en esta existencia actual.

El propósito siempre ha estado en cada uno de nosotros, no todos lo descubrimos a la misma edad, ni en exactas circunstancias. Muchas vidas siguen opacas y grises porque en alguna tienda de prejuicios y creencias se compraron un propósito que no era de su talla y decidieron vestirlo eternamente.

Otros creen tener el libro mágico para develar los propósitos de los demás y escriben largos (o cortos pero reiterativos) tratados en blogs y redes para convencer y procurar motivar a la acción a sus “discípulos”. En un punto algo distante a estos dos tipos de personajes, es donde se ubica ese líder visionario cuyo sentido de vida reconoce, que es capaz de hacer que lo sigan por inspiración, que tiene el don de acompañar a cada integrante de su equipo por un camino sembrado de fortalezas diferentes y complementarias, ánimo, movimiento, hacia un fin superior que es a la vez individual y grupal.

Foto de Lucas Pezeta en Pexels

«Muchas vidas siguen opacas y grises
porque en alguna tienda de prejuicios y creencias
se compraron un propósito que no era de su talla y decidieron vestirlo eternamente».

Los propósitos colectivos están compuestos por características individuales que se encuentran, y también muchas culturales, históricas, generacionales. Si desde tiempos remotos una de las principales razones del trabajo ha sido establecer una base para la subsistencia, propia y de la familia, los propósitos particulares son los que han proporcionado la diversidad de oficios, estudios, construcciones, destrozos, riquezas, hallazgos, pérdidas, extinciones y descubrimientos.

Mientras unas generaciones lucharon por encontrar un lugar estable para emplearse y allí permanecer muchos años hasta ser jubilados, unas más recientes, prefieren ir de un espacio a otro buscando respuestas, retos y aprendizajes.

Mientras unas personas quieren subir todos los peldaños posibles para ubicarse en una cima, otras recorren una ruta más horizontal, tomado elementos de aquí y allá, con varios sabores y colores, para construir su vitral. Mientras unos trabajan para ser parte de la historia de una gran empresa, otros lo hacen para hacer de su proyecto una gran historia.

Nadie está equivocado, sólo  (y quizá) un poco confundido o retardado, quien no ha descifrado el enorme propósito que da sentido a aquello que hace con su vida, y se dedica únicamente a repetir un patrón, a temerle al prejuicio, a retransmitir telenovelas, a ocultar lo real.

El propósito no es un adjetivo, no es bueno ni malo, te visibiliza, te ayuda a salir de las filas mostrándote tu camino.

A nosotras las mujeres, el mundo del liderazgo
sólo nos resultará lejano
si no contactamos con nuestro sentido de vida
y con nuestras fortalezas.
El propósito es como las alas de Maléfica
que esperaron vivas hasta la reconexión.

LUISA LAYA

Es Socióloga, Conferencista e Instructora de Dale Carnegie y Practitioner de PNL con especialización en Recursos Humanos en Venezuela, Colombia, Chile, Perú y otros países. Los programas que dicta como instructora son “Presentaciones de Alto Impacto” (oratoria), “Habilidades Esenciales para el Éxito” (Relaciones Interpersonales y Comunicación), “Liderazgo”, “Train The Trainers” (Formación de Instructores), “Escuela de Ventas y Negocios”; “Coaching”, Gestión del Estrés”, Oratoria Juvenil; entre otros. Luisa es la Visionaria Líder de la sección de Liderazgo.

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