Ser madre: una barrera

El hogar, la crianza, la maternidad y el desarrollo personal son espacios de reivindicación tanto como lo es el mercado laboral, el ascenso profesional y una remuneración adecuada. Todos estos aspectos, y algunos más, son necesarios para que la autodeterminación de las mujeres se manifieste en todas las dimensiones del ser.  Por ello, al trabajar propuestas para el “suelo pegajoso” o el “techo de cemento” desde la esfera privada de la vida de las mujeres es imperativo proponer soluciones que cambien el paradigma de los estereotipos de género frente a los cuidados.

Sin ello, se continuará perpetuando este modelo de convivencia que subestima la sensibilidad del hombre y sobrestima la de la mujer, a la vez que profundiza en esquemas de violencia doméstica, pobreza femenina y roles estereotipados.

El “suelo pegajoso” o “sticky floor” es un término relacionado con la desigualdad de género en el mercado laboral. Refiriéndose a las dificultades de las mujeres para abandonar la esfera privada por encargarse de los trabajos de cuidado y a las barreras en el ámbito laboral que las anclan en posiciones de menor nivel, mayor precariedad laboral y menor valoración social. (Visionarias Business)

El término fue acuñado en 1992 por la doctora en Sociología Catherine Berheide, quien afirmó en un artículo del New York Times (Noble, 1992), que si nos enfocamos únicamente en el techo de cristal, estamos perdiendo de vista a la gran mayoría de mujeres en la fuerza laboral, pues ellas no logran salir de los puestos de menor movilidad y menor remuneración.

«La responsabilidad de los cuidados es un problema que persiste incluso para las mujeres que sí han tenido la oportunidad para escalar en el mercado laboral».

En 2022, Visionarias Business y Feminismo INC se unen para realizar un estudio sobre este tema con el objetivo de presentar recomendaciones a los líderes de políticas públicas para corregir esta desigualdad. En su diagnóstico identificaron como una de las barreras que componen el suelo pegajoso: Ser Madre, pues las encuestadas manifestaron tener un exceso de responsabilidad y de carga laboral en el hogar, así como un sentimiento de culpa por no lograr abarcar y rendir efectivamente en todas las tareas que se atribuyen. De allí tomo el título del presente artículo, pues cuando leí el estudio me identifiqué y vi plenamente identificadas a mis coachees quienes llegan buscando soluciones para su bienestar personal y profesional, pero que no encuentran el espacio para lograrlo, pues como indica el estudio:

“Las tareas de cuidado y vida familiar están relegadas únicamente a las mujeres. Ese espacio que ocupa cantidad de horas adicionales dificulta, por un lado, la conciliación laboral – vida privada y por otra, impide crecer profesionalmente.” (Visionarias Business)

Dichas tareas son consideradas trabajo. De hecho, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) las reconoce y las define como cuidados no remunerados que comprenden un conjunto de actividades superpuestas que incluyen la atención directa de otras personas como alimentar a un bebé y cuidar de un enfermo; y las indirectas como lavar, limpiar, cocinar, etc. (OIT, 2019) También señala que:

“Si bien la prestación de cuidados puede ser gratificante, cuando se realiza en exceso y cuando conlleva un alto grado de penosidad obstaculiza las oportunidades económicas y el bienestar de las cuidadoras y cuidadores no remunerados, y menoscaba su goce general de los derechos humanos.” (OIT, 2019)

En ese mismo sentido, según el informe “Las desigualdades y el mundo del trabajo” de la ONU publicado en 2021 las mujeres dedican en promedio cuatro horas y veinticinco minutos diariamente a tareas de cuidado no remuneradas, mientras que los hombres dedican una hora y veintitrés minutos a estas mismas actividades. Estadísticas que por experiencia sabemos que se profundizaron durante la pandemia, pero en cualquier caso nos indican que las mujeres necesitan el equivalente a media jornada laboral para trabajo no remunerado en el hogar.

La responsabilidad de los cuidados es un problema que persiste incluso para las mujeres que sí han tenido la oportunidad para escalar en el mercado laboral. A este fenómeno se le llama “techo de cemento”,  que alude a los límites autoimpuestos inconscientemente por las mujeres que las llevan a rechazar ascensos y puestos de mayor responsabilidad laboral.

Estos límites están relacionados con los estereotipos de género que no son necesariamente conscientes y que trae como consecuencia que las mujeres se autoexcluyan de ambientes estereotípicamente masculinos como son los espacios de liderazgo y toma de decisiones. Entre las formas en que se manifiesta el techo de cemento se encuentra el miedo a no lograr una buena conciliación vida- familia-trabajo, es decir, entre otros temas, los cuidados.

Entonces, son los estereotipos de género los que inconscientemente nos traen a un mundo laboral de techos de cemento y suelos pegajosos. Las madres, que deseamos desarrollarnos fuera de la esfera de los cuidados y que hemos concientizado el efecto de los estereotipos de género, podemos cambiar estos paradigmas dentro de la dinámica familiar porque está dentro de nuestra esfera de control. Por eso quiero utilizar la educación positiva y crianza consciente para sugerirte cambiar tres paradigmas en este camino:

⇒ ⇒El que da por cierto que la mujer cuida y el hombre provee, para sustituirlo por el de una relación nutritiva en la que hayan acuerdos según los talentos, intereses y fortalezas de la madre y del padre.

⇒ ⇒El que ve la crianza solo hacia los hijos, para sustituirlo por el de la crianza consciente que la entiende como una relación en la que criamos, criándonos o rematernándonos, logrando un intercambio del cual nos beneficiamos madres, padres e hijos.

⇒ ⇒El que ve a la madre sin pareja como “todapoderosa”, para sustituirlo por un paradigma que reconoce la red apoyo, gratuita o remunerada, que le permite asumir enteramente el rol de cuidador y proveedor a la vez o por el contrario la falta de red de apoyo.

Romper estos tres paradigmas implica una visión feminista de la crianza donde las madres, y los padres presentes, guían a los hijos con convicciones y herramientas que rompen paradigmas de estereotipos, modelando relaciones equitativas y colaborativas donde se prioriza el bienestar de todos los miembros de la familia. Incluido el de la mamá, que comprende su desarrollo profesional y personal.

A medida que se repartan las tareas de cuidado de acuerdo a estándares no estereotipados y a las etapas de desarrollo de los hijos, así como que existan redes de apoyo remuneradas o no para el trabajo de cuidado, el cambio de paradigma se estará gestando para las mujeres (y hombres) de hoy y las del futuro.

Sarah Soriano

Sarah Soriano es estudiosa empedernida del desarrollo personal quien a través de Contacto Nutritivo está desarrollando una escuela de buen trato enfocada en competencias relacionales fundamentadas en el autoconocimiento y la educación positiva.

Su escuela está dirigida a madres, padres y maestr@s que deseen convertir la educación en una fuente de bienestar y desarrollo personal.

Sarah es coach ontológica con enfoque en psicología positiva y educadora en Disciplina Positiva, miembro activo de la Asociación Internacional de Disciplina Positiva: PDA. Con estudios en políticas públicas para el desarrollo infantil temprano, principalmente en lactancia materna y masaje infantil.

Abogada de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) de Venezuela, especialista en Derecho Corporativo para empresas familiares. Fue profesora universitaria, directora de programas sociales de atención durante los 1000 primeros días de vida. Actualmente cursa una maestría en Psicología educativa y de la salud.

1 Comentario

  1. Leonardo

    Saludos Sara SORIANO,
    NO DEBEMOS OLVIdar que somos animales mamíferos. En los mamíferos habitualmente la madre cuida las crías. Tal vez haya más biología que estereotipos SOCIALES en el comportamiento humano.
    Una mayoría de mujeres prefieren sacrificar sus carreras que a sus familias versus una mayoría de hombres que sacrifica su familia por su carrera.
    Creo que la cuestión no es cambiar el comportamiento humano, sino cambiar el sistema económico.
    Deberían existir en las empresas políticas que faciliten la conciliación familiar y laboral para que cuidar de tus hijos no signifique un freno para nadie.
    Posibilidades: flexibilidad horaria, teletrabajo siempre que sea posible, reuniones por videoconferencia, bolsa de horas (hoy trabajo 2 horas extras, dispongo de 2 horas para cuando las necesite), guarderías en centros de trabajo o en polígonos industriales, etc.

    Estoy escribiendo un artículo sobre esto, con estas y otras propuestas para favorecer la conciliación.

    Atentamente,

    Leonardo

    Responder

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