El consentimiento. La reconstrucción de una víctima

Estrenado en las principales salas cinematográficas europeas, hacia mediados del mes de abril de 2024, El Consentimiento presenta la historia de Vanesa Springora, una joven de 14 años que conoce y se vincula con Gabriel Matzneff, un hombre maduro escritor, de ya 50 años, muy inteligente y manipulador, así como reconocido en el ambiente cultural y político de su sociedad, que convierte a la joven en su musa y amante.

Situado en la década de 1980, el film de la directora Vanesa Filho, se basa en el relato autobiográfico de Vanesa Springora; escritora que, en su proceso de sanación del trauma que debiera afrontar, buscó narrar, en primera persona, las situaciones de abuso de las cuales fuera víctima, durante su preadolescencia. Es desde esta perspectiva subjetiva que El consentimiento invita al público a la reflexión y toma de conciencia respecto a la vulnerabilidad de las víctimas de violencia de género y a la impunidad  con la que  operan sus acosadores, más en casos donde la disparidad etaria, y, por tanto, de capacidad cognitiva, conocimientos, experiencias, habilidades, fortaleza física o mental e, incluso, factores socio-económicos entre las partes, juega un rol determinante.

Aunque en principio, el espectador pudiera suponer que el film narra una situación lejana o un tanto exagerada o fantasiosa, que pudiera haber quedado en el pasado, “como de otra época”, lo cierto es que cuenta, de un modo comercial, una historia que, lamentablemente, se replica, aún hoy, en la práctica cotidiana y en distintos escenarios socio-culturales y económicos, a nivel mundial, dando lugar a la proliferación de escenas de abuso de poder de adultos respecto de niños, niñas y adolescentes.

Focalizando en lo que a las formas de violencia o abuso sexual refiere, un informe dado a conocer, en el año 2020, por la Organización Mundial de la Salud (OMS)  señala que uno de cada cinco niños, niñas y adolescentes  sufre abuso sexual antes de cumplir los 17 años (La Vanguardia, 2020). Cifras que, tal como destacara Vicki Bernadet, fundadora de la Fundación Vicki Bernadet contra el abuso sexual infantil, permitiría plantear la existencia de una pandemia, si de algún tipo de enfermedad o patología se hablara (La Vanguardia, 2020).

«El libro de Vanesa Springora ha sido su revelación,  su grito de auxilio y ejemplo para que otras mujeres que padecieron o padecen agresiones sexuales las denuncien sin temor a no ser escuchadas o acompañadas.».

Tanto la novela como el film patentiza  los estados que padece la joven víctima que van desde la estupefacción, vergüenza, dolor y la más brutal sinceridad ante el horror que padece en manos de un ser oscuro que la persuade, aísla y controla emocionalmente en una relación abusiva/tóxica en que  queda atrapada. 

Vanesa se siente perdida,  juzgada y castigada ante el desprecio que luego le ofrecerá ese hombre que ella creyó que la amaba.

Y frente a ello una sociedad enferma y culpable que, en esa época,  no sólo toleró sino celebró y alentó la pederastía de Gabriel Matzneff, quien por cierto jamás ocultó lo que le hizo a Vanesa y otras tantas pequeñas adolescentes que quedaban embelesadas frente a su capacidad artistica y poderosa figura para robarles sus infancias.

Matzneff escribió sobre lo que le hacía a cada una de sus víctimas, es más, vivió de lo que hizo, facilitando su camino los referentes parentales de aquellas  que lejos de ponerle freno a los atropellos sexuales de  sus hijas, lo alentaban o callaban  mientras el mundo cultural en que se movía como pez en el agua lo vitoreaban por sus hazañas sexuales con niñas virgenes.

El avance de la cinta  produce un  shock, minuto a minuto,  al descubrir que durante demasiado tiempo ese horror, “el abuso sexual”  que aún se produce de manera cotidiana,  no tenía nombre,  minimizaba o se ocultaba  por verguenza. 

El libro de Vanesa Springora ha sido su revelación,  su grito de auxilio y ejemplo para que otras mujeres que padecieron o padecen agresiones sexuales las denuncien sin temor a no ser escuchadas o acompañadas.

Sin embargo, no debemos olvidar que aún sucede el justificar al depredador sexual; pensemos en lo que no hace tanto se supo del escritor Metzner que contaba en sus libros lo que hacía con sus víctimas, pero se lo perdonaba en nombre del arte, sin reparar en el dolor de sus víctimas que fueron ignoradas.

En la misma línea, el presidente francés, Macron, salió en defensa Gerard Depardieu disculpando los abusos y violaciones que se le endilgaron, esbozando que era el más grande actor francés, entendiéndose así que se le disculpaba en nombre del arte ámbito de transgresión que siempre es disculpable en producción artística.

Lo lamentable de todo ello, es que nadie se detuvo a pensar en un momento en que había niñas adolescentes y mujeres adultas sufriendo, es decir víctimas cuyas vidas quedaron arruinadas para siempre. Un agresor sexual nunca actúa sin cómplices y la sociedad lo fue en varias épocas.

 Sin spolear escenas de la película, una puntualmente pone al descubierto lo que vengo sosteniendo.  Matzneff en una cena con amigos de su mundo literario presenta a una nueva víctima muy joven como si fuera una simpática mascota, en que esa casta aristocrática lejos de censurar lo que observan lo aplauden en sus transgresiones de pedofilias, entonces ¿la literatura lo disculpa todo?

No, es mi respuesta, y nunca debemos aceptar que la cultura puede servir para destruir a alguien sino por el contrario, debería ser una herramienta para compartir para hacernos más libres.

Transitamos un camino repleto de cambios culturales, legislativos, sociales, en el que como sociedad vamos aprendiendo a identificar y condenar las agresiones sexuales, conductas tóxicas hacia las mujeres que hemos soportado desde lo más nimio hasta lo más sangrante desde que llegamos a este mundo. 

La obra cinematográfica al igual que el  libro,  nos enfrenta al claro mensaje que  lo que hizo Matzneff  con Vanesa,  una niña de tan  solo  13 años, lejos de ser arte es un delito que siempre debemos denunciar, liberando así la voz de la víctima.  

Karina Chávez

Abogada egresada de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Especialista en Derecho Penal de la Universidad de Salamanca (USAL).

Especialista en Investigación Científica del Delito – Facultad de Ciencias de la Criminalística/Instituto Universitario de la Policía Federal de Argentina (PFA).

Diplomada en Derecho Penal y Procesal Penal, Desafíos del Nuevo Código Procesal Penal – UFLO (Argentina), Diplomada en Investigación Criminal de la Universidad Bicentenaria de Ecuador (UBE), Diplomada en Reforma Penal y Política Criminal -UFLO y Diplomada Iberoamericana de Prácticas y Modelos Restaurativos en diferentes contextos: comunitaria, familiar, penal y barrial -UNLZ (Argentina)

Conferencista Internacional.

Articulista con publicaciones en  Editorial y Librería Hammurabi, Editorial  Noveduc del Centro de Publicaciones Educativas y Material Didáctico SRL, Editorial  Ad-Hoc SRL y  Rubinzal Culzoni Editores

Columnista Estable de Revistas Jurídicas: Revista Federal de Derecho (Argentina), Revista Iberoamericana Derecho, Cultura y Ambiente (Argentina), LAW&TRENDS (España), LWYR MAGAZINE (Chile),

Columnista Colaboradora en Revistas on line: Pensamiento Penal de la Asociación Pensamiento Penal.

Participación en coautoría junto a otros especialistas en la obra titulada “Régimen Procesal Penal Juvenil Ley 2451, comentada” Ed. Jusbaires .

Participación en coautoría junto a otros especialistas en el Proyecto de Ley “Violencia Vicaria”, modificaciones a la Ley 26485.

Miembro CiDEJ ( Colegio Internacional de Estudios Jurídicos de Excelencia Ejecutiva) Capitulo Argentina

 

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1 Comentario

  1. Francisco Javier Rodríguez

    Un tema de actualidad, que sigue sin ser valorado en sus justas dimensiones.
    La integridad de las infancias no puede escudarse tras la «cultura», o el «prestigio social» del agresor.
    La sociedad debe ser más sensible y empática con nuestras infancias.

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