Reivindicar la voz de las mujeres mayores frente a la brecha digital

«La llamada “brecha digital” no es un problema de dispositivos: es una forma contemporánea de exclusión que se inscribe en décadas de discriminación acumulada. Muchas mujeres mayores crecieron en contextos donde el acceso a la educación y al trabajo estaba limitado por el machismo estructural. Hoy, frente a un mundo digital que exige competencias específicas, se encuentran con barreras que no son casuales: son el resultado directo de esas desigualdades..»

María, de 78 años, intenta sacar un turno médico en la página web del hospital. La pantalla le pide usuario, contraseña, clave de seguridad y un código que llega por correo electrónico. Confundida, llama a su nieta para que la ayude. “Yo sola no puedo”, dice con frustración. Esa escena, repetida en miles de hogares, no es un simple inconveniente técnico: es el reflejo de cómo la digitalización, lejos de ser neutral, se convierte en un nuevo rostro del patriarcado que margina a las mujeres mayores.

La modernización tecnológica se nos vende como progreso, pero en realidad está profundizando desigualdades históricas. La llamada “brecha digital” no es un problema de dispositivos: es una forma contemporánea de exclusión que se inscribe en décadas de discriminación acumulada. Muchas mujeres mayores crecieron en contextos donde el acceso a la educación y al trabajo estaba limitado por el machismo estructural. Hoy, frente a un mundo digital que exige competencias específicas, se encuentran con barreras que no son casuales: son el resultado directo de esas desigualdades.

Así Del-Valle-Gómez (2020), subraya que la brecha digital de género en edades avanzadas debe comprenderse en el marco de biografías atravesadas por exclusiones acumulativas..

El Estado, al trasladar trámites y servicios al ámbito digital sin garantizar alternativas accesibles, vulnera derechos básicos. La igualdad formal es una ficción cuando se exige a las mujeres mayores dominar herramientas que nunca estuvieron a su alcance. La ausencia de políticas públicas con perspectiva de género perpetúa desigualdades materiales que el derecho debería remover.

La digitalización, presentada como modernización, corre el riesgo de convertirse en una nueva cara del patriarcado: un sistema que invisibiliza, margina y condena a las mujeres mayores al aislamiento y la dependencia. El edadismo y los estereotipos de género refuerzan la idea de que ellas “no pueden” o “no saben”, negándoles la posibilidad de ser protagonistas de la vida pública. Esta cuestión de dependencia, brecha digital y aislamiento en el contexto urbano, expone las barreras tecnológicas que parecen articularse con representaciones sociales que subestiman las capacidades de las mujeres mayores (Rivera Herrera, 2023).

En efecto, si se asume que el acceso a la tecnología constituye una condición para el ejercicio de múltiples derechos, entonces la conectividad y la capacitación digital adquieren un carácter instrumental que el Estado no puede desatender, pues la exclusión tecnológica impacta en la autonomía personal, en la posibilidad de participar en la vida pública y en la gestión de asuntos propios, lo que equivale, en otras palabras, a una limitación indirecta del derecho a la igualdad sustantiva (Del-Valle-Gómez, 2020; Rivera Herrera, 2023).

Frente a esto, la respuesta debe ser clara y combativa:

  • Alternativas presenciales obligatorias para trámites esenciales.
  • Políticas de alfabetización digital feministas, diseñadas específicamente para mujeres mayores.
  • Normas de accesibilidad digital que impongan interfaces simples, lenguaje claro y asistencia humana inmediata.
  • Defensorías de derechos digitales con poder real para denunciar y frenar la discriminación tecnológica.
  •  Codiseño participativo, donde las mujeres mayores sean parte activa en la creación de herramientas digitales públicas. 

La voz de las mujeres mayores no puede seguir siendo silenciada. La tecnología debe adaptarse a ellas, no ellas a la tecnología. La digitalización, si se concibe con enfoque interseccional, puede ser una herramienta de emancipación. Pero si se mantiene como un proceso ciego a las desigualdades, será apenas otra forma de opresión.

La justicia digital exige escuchar a las mujeres mayores, reconocer sus trayectorias y convertirlas en protagonistas de la transformación. Porque la verdadera modernización no consiste en imponer plataformas, sino en construir accesibilidad con dignidad, igualdad y derechos.

De este modo, la inclusión tecnológica debe promover el uso significativo y autónomo de las tecnologías y sus dispositivos, tal como sugieren los enfoques de e-inclusión (Vásquez Cupeiro y Castaño Collado, 2011).

Desde otra perspectiva complementaria, también resulta conveniente incorporar la variable edad y género en la evaluación de impacto normativo de las políticas de digitalización, de manera que toda reforma administrativa que implique virtualización de servicios sea examinada a la luz de sus efectos diferenciados, lo que permitiría anticipar barreras y diseñar ajustes razonables, evitando que la modernización tecnológica reproduzca desigualdades preexistentes (Quinde Barcia et al., 2020).

No aceptemos que la modernización sea excusa para la exclusión y que las mujeres mayores sean tratadas como incapaces o invisibles. Porque la brecha digital no es un problema técnico: es una injusticia política. Y como tal, debe ser combatida con la misma fuerza con la que hemos enfrentado otras formas de exclusión.

Las mujeres mayores no son un “problema” a resolver: son sujetas de derecho, portadoras de memoria y de lucha. Y su voz, hoy más que nunca, debe ser reivindicada.

Dedico este articulo a Noemí Scorciaffico, que con su entrega diaria acompaña y sostiene a mujeres mayores frente a la exclusión digital. Ella abre caminos donde el Estado aún no llega, convirtiendo la solidaridad feminista en verdadera justicia.

Referencias

Del-Valle-Gómez, G. (2020). La brecha digital de género en la experiencia vital de las mujeres mayores. Barcelona Societat. Revista de Investigación y Análisis Social 1-17 https://ajuntament.barcelona.cat/dretssocials/sites/default/files/revista-castellano/09_en_profundidad_gabriela_valle_bcn25_es.pdf

Quinde Barcia, B., Mosquera González, M. y Vásquez Martínez, A. (2020). Brecha digital en adultos mayores: accesibilidad tecnológica y redes sociales. GIGAPP Estudios working papers, 7(166-182), 744-757. https://gigapp.org/ewp/index.php/GIGAPP-EWP/article/view/220

Rivera Herrera, M. A. (2023). Dependencia, edadismo, brecha digital y aislamiento: mujeres mayores frente al uso de tecnologías digitales en la Ciudad de México [Tesis para Optar por el Grado de Doctor en Cienscias Políticas y Sociales] Universidad Nacional Autónoma de México https://biblio.colsan.edu.mx/tesis/DCPS_RiveraHerreraMAngel_UNAM.pdf

Vásquez Cupeiro, S. y Castaño Collado, C. (2011). La brecha digital de género: Prácticas de e-inclusión y razones de exclusión de las mujeres. Asparkía: investigació feminista (22), 33-50. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3824402

Karina Chávez

Abogada egresada de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Especialista en Derecho Penal de la Universidad de Salamanca (USAL).

Especialista en Investigación Científica del Delito – Facultad de Ciencias de la Criminalística/Instituto Universitario de la Policía Federal de Argentina (PFA).

Diplomada en Derecho Penal y Procesal Penal, Desafíos del Nuevo Código Procesal Penal – UFLO (Argentina), Diplomada en Investigación Criminal de la Universidad Bicentenaria de Ecuador (UBE), Diplomada en Reforma Penal y Política Criminal -UFLO y Diplomada Iberoamericana de Prácticas y Modelos Restaurativos en diferentes contextos: comunitaria, familiar, penal y barrial -UNLZ (Argentina). Diplomada en Gestión Integral de la Justicia Penal Juvenil -USI Y Diplomatura en Coaching Jurídico y Derecho Sistémico en curso – UDE

Conferencista Internacional.

Articulista con publicaciones en  Editorial y Librería Hammurabi, Editorial  Noveduc del Centro de Publicaciones Educativas y Material Didáctico SRL, Editorial  Ad-Hoc SRL y  Rubinzal Culzoni Editores

Columnista Estable de Revistas Jurídicas: Revista Federal de Derecho (Argentina), Revista Iberoamericana Derecho, Cultura y Ambiente (Argentina), LAW&TRENDS (España), LWYR MAGAZINE (Chile),

Columnista Colaboradora en Revistas on line: Pensamiento Penal de la Asociación Pensamiento Penal.

Columna de Opinión: Periodismo digital “Sección Ciudad” y Periodismo Legislativo Revistacamaramx (México).

Participación en coautoría junto a otros especialistas en la obra titulada “Régimen Procesal Penal Juvenil Ley 2451, comentada” Ed. Jusbaires .

Participación en coautoría junto a otros especialistas en el Proyecto de Ley “Violencia Vicaria”, modificaciones a la Ley 26485.

Participación en Obra Colectiva titulada “Perspectiva de Género: Teoría y Práctica”, Ed. Ediciones Jurídicas

Participación en Obra Colectiva titulada “JUSTICIA JUVENIL, alternativas a la sanción y criterios para la imposición de la pena” Ed. Jusbaires . en preparación para publicación.

Miembro CiDEJ ( Colegio Internacional de Estudios Jurídicos de Excelencia Ejecutiva) Capitulo Argentina y EEUU.

Nombramientos académicos: Directora del Área de Vinculación Académica (CIDEj) y Catedrática honoraria de Educación Continua Internacional del Colegio Internacional de Abogados Especializados CIDAE/México

 

2 Comentarios

  1. Sebastian Lazarte Slee

    Excelente artículo Karina! Me parece fundamental poner sobre la mesa la dimensión política de la brecha digital y cómo esta impacta en la autonomía de las mujeres mayores. Es un texto necesario que visibiliza una exclusión que a menudo se minimiza como un simple «problema técnico».

    Si me permites una reflexión para sumar al debate, creo que tu texto abre una puerta muy interesante para discutir dos puntos que me quedaron resonando:

    1) La dimensión generacional vs. la de género: Si bien el sesgo de género y el patriarcado juegan un rol innegable en la trayectoria educativa de las mujeres mayores, creo que este es un desafío que también alcanza a los varones de la misma cohorte etaria. La dificultad de navegación no es exclusiva, aunque sí tiene matices diferenciados. Creo que este es un problema de diseño sistémico, donde la «mayoria etaria» se enfrenta a interfaces pensadas para nativos digitales, lo que genera una barrera universal para la tercera edad.

    2) La adaptación como proceso bidireccional: Sobre tu afirmación de que ‘la tecnología debe adaptarse a ellas’, me permito matizarlo. Más que una adaptación unidireccional (de la máquina hacia el usuario), creo que el camino es la adaptación mutua. El ser humano mantiene una capacidad de aprendizaje increíble independientemente de la edad; por eso, más que solo simplificar la tecnología, creo que debemos fortalecer los entornos de cuidado. La clave podría estar en que el Estado y la sociedad creen estructuras de acompañamiento que faciliten este puente tecnológico, permitiendo que esa capacidad adaptativa natural de nuestros mayores se active con el apoyo necesario, en lugar de asumir que no pueden o que solo el sistema debe cambiar.

    En definitiva, creo que tu artículo es un gran punto de partida para pensar no solo en cómo corregir la tecnología, sino en cómo reconstruir esas redes de contención social que facilitan el acceso. ¡Felicitaciones por el artículo!

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  2. Raqurl Temperan

    Impecable trayectoria profesional. Un orgullo contar con especialistas tan comprometidos con la justicia, la investigación y la formación académica. Felicitaciones por este recorrido tan sólido y por seguir aportando conocimiento al ámbito jurídico

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