Esther Torras: «El desorden no es un fallo. Es una señal»

Por Marita Seara
A veces, el resultado de escribir un libro no es su publicación. Va de mucho más. De encontrarse o reencontrarse. De descubrir lo que escondías, de revelarte aquello que no intuias. De limpiarte, de sanar y de descubrir.
Cuando terminas un libro, quizás sea un suspiro lo que te vacía, quizás las lágrimas hacen su trabajo. Descubres no solo tus historias, descubre lo que te ha llevado a ser lo que hoy eres, pero, además, te descubre que sí, que tú también puedes escribir un libro. Esta es la historia de Esther Torras, una catalana que ha hecho un viaje fascinante a través de las palabras. El resultado. Un libro que va mucho más allá de lo obvio: El desorden no es un fallo. Es una señal.
Un libro que va de historias. De la de ella, de esas que te mueven y otras te derrumban. De esas que consiguen el refugio necesario al llegar a tu hogar donde las miradas se encuentran en rincones que te abrazan “y te ordenan”. Un libro que va de armarios, de esos que cargan el peso de nuestras historias, de nuestros duelos también. Lo que acumulamos habla de lo que no hemos decidido. El desorden visible casi siempre esconde algo invisible que pesa más.
Porque para Esther, el desorden que vemos en una casa no es el problema — es la consecuencia. Detrás de cada cajón que no se abre, de cada caja que lleva años sin moverse, de cada rincón que se evita, hay algo que no se ha podido decidir todavía. Una pérdida que no se ha procesado. Una etapa que no se ha cerrado. Una vida que cambió, pero cuyas cosas siguen ocupando el mismo sitio.
Esther Torras es Ordenóloga. Sí, ordena espacios, pero principalmente los de tu interior. Porque para Esther, ser Ordenóloga es “ver el desorden desde una visión humana, transformadora. No ver armarios, no ver espacios: ver personas, ver momentos vitales complicados”.
Con ella hablamos de su libro, “El desorden no es un fallo. Es una señal”, hablamos de lo que ha significado escribir este libro, de cómo las historias, nuestras historias, nos van moldeando un camino que quizás no esperábamos. Nos habla de nosotras, las mujeres, de cómo nos ahogamos en el desorden, de cómo el fracaso, la frustración se percibe cuando entras en casa. Nos habla de emociones, porque el desorden es más que una casa, un armario, una alcoba desorganizada. Nos habla de lo que vivimos, sentimos, de lo que nos duele.
«El desorden, la mayoría de las veces, no habla de la persona. Habla de la etapa que está atravesando. Y eso cambia mucho la mirada. Porque cuando dejamos de juzgar a la persona y empezamos a entender su momento, aparece algo que suele ser mucho más útil que el juicio: la comprensión.»
«El desorden no suele ser la causa del problema. Suele ser la consecuencia. Es una señal de que algo está ocurriendo en la vida de esa persona. Puede ser una falta de tiempo. Un duelo. Una separación. Una enfermedad. Una maternidad. Una sobrecarga mental. Una etapa de cambios. O simplemente un sistema que ya no encaja con la vida que tiene hoy.»
Visionarias: Acabas de publicar tu primer libro, El desorden no es un fallo. Es una señal. Y quiero empezar por ahí, porque fue un proceso interno, de escarbar mucho en ti, en tu historia y en otras historias. ¿Cuándo lo terminaste, qué sentiste?
Esther Torras: Había escarbado tanto… Me sirvió para saber qué había sido mi vida. Todo ese proceso personal, tan íntimo, todo lo que me había llevado, donde me había llevado; todas esas historias que había vivido… Cuando acabé, tenía claro que quería escribir otro libro sobre quién era yo, cómo había llegado allí, cómo había podido ayudar a todas esas personas. Porque a esas personas las había ayudado porque también tengo un bagaje personal. Sin mi historia anterior de vida, yo creo que no habría sido capaz de dedicarme a esta profesión como me dedico.
En mi libro te das cuenta de que esto no va de colgar ni de doblar. Va de muchas más cosas. Me di cuenta de que Esther Torras era alguien con un bagaje increíble que le había permitido ayudar a esas personas a transformar sus espacios y sus vidas, con ese don que es una rareza mía, pero junto con toda mi vida: personal, emocional, mis vivencias familiares. Me di cuenta de que todo encajaba. Y me decía, ostras, lo he escrito y lo he vivido. Ha sido más un ejercicio personal mío. De darme cuenta que de una vida aparentemente normal como la mayoría de las personas, qué transformadora puede ser para muchas de ellas y para mí misma.
Visionarias: Un libro como el tuyo te obliga a escarbarte, a limpiarte. Pero también obliga a quien te lee. Yo nunca me había puesto a pensar en el desorden, en el orden. Y al leer tu libro empecé a analizarme. De repente, leyendo tu libro, todo tenía un sentido. Tú hablas de que el hogar te sostenía en los momentos difíciles, de que el orden te sostiene. Y que el desorden no es un fallo, es una señal. ¿En qué momento te diste cuenta de que lo que tú querías era ordenar casas, pero que al final no se trataba de ordenar casas, sino de ayudar a la gente a ordenar su casa interna?
Esther: Yo no fui consciente de mis propias historias hasta que empecé a ordenar casas y me encontré situaciones parecidas a las mías. Soy muy sincera con las personas con las que trabajo, muy transparente, porque creo que la sinceridad es básica para establecer una relación de tú a tú. Me di cuenta de que mi casa me ayudó a mí. No era consciente de ello porque, cuando tu entorno es el que es, no ves más allá. Cuando empecé a ordenar desde la pura estructura y funcionalidad, sin escarbar qué había detrás, fue cuando abrí las puertas de las clientas y vi historias que podían ser exactamente las mías, y cómo yo las había transitado.
Si a mí me ayudó, ¿por qué no tiene por qué ayudar a otras personas? Siempre les cuento mi historia. Muchas de las clientas de quienes escribo en el libro ya la conocen, porque les digo: yo he vivido situaciones tan duras como las tuyas, o más. Y el orden ha sido el aliado. Yo llegaba a casa con mi marido y ese entorno nos ayudaba. Tengo esa capacidad, ese don innato. Pero podía no tenerlo. Si mi casa se hubiera desordenado, no nos habría ayudado a transitar. Habríamos añadido una cosa más a esa ecuación tan difícil que es la vida a veces.
¿Qué es lo primero que ves cuando entras en una casa desordenada?
Esther: Una mujer. Esa es mi primera visión. Y esa es la primera señal.
Porque habla de lo que sé que vendrá después. El agotamiento. El no saber. El no entender. El sentirse un desastre. No puedo. Debería. Yo no era así. El orden no ha sido mi prioridad, pero ahora me supera. Mi familia no funciona. No quiero estar. No puedo estar. No respiro. No vivo en calma.
Veo un hogar que se sostiene porque ellas creen que deberían sostenerlo, no porque quieran. Veo peso.
Quizás esperabáis que hablara de objetos. De cajones llenos. De armarios que no pueden sostener más. De habitaciones donde no se puede respirar por todo el peso que contienen. Y sí, eso es lo que hay. Pero ya no es lo primero que veo.
Con el paso de los años veo otra cosa.
Veo personas. Veo historias. Veo vidas humanas sosteniéndose como pueden.
El desorden rara vez es la historia. Casi siempre es el mensaje.

Las mujeres y el desorden
Visionarias: La mayoría de tus clientas, o al menos de las historias del libro, son mujeres. ¿Es porque tú eres mujer y llegas más a ellas, o hay algo en el hecho de ser mujer que hace que el desorden nos traspase la vida de otra manera?
Esther: No quiero hacer ningún discurso de género porque no es la idea. Pero las que nos dedicamos a esto somos el 99,9% mujeres. Y las personas que nos llaman son evidentemente mujeres. Porque hoy por hoy el funcionamiento de una casa lo sostiene una mujer. Sea porque nos lo imponemos, porque nos lo han impuesto, por tradición, por herencia, porque hay unos patrones que no hemos cambiado, o porque quizás los llevamos en el ADN. Hoy el buen funcionamiento de una casa se mide por lo que hace una mujer.
La mujer lo sostiene todo. Yo lo he hecho, y tengo un marido extraordinario, pero él no sabía si los niños tenían que vacunarse, si tocaba revisión del oculista, si había la nevera llena. El orden y el desorden están dentro de esa ecuación. La mujer asume que es su responsabilidad y nadie se la quita. Como nadie le dice que eso no es suyo, lo asume. Porque sino, su casa no funciona. Y ella necesita que funcione: los hijos, las comidas, las rutinas, las enfermedades, todo.
A veces mantenemos un orden ficticio, por tener las cosas en un sitio determinado, porque pensamos que así la vida nos funcionará. Pero a lo mejor el orden que necesitas no es ese orden que estás viendo.
Visionarias: Tú dices que el desorden no es un fallo, es una señal. ¿Cuál es esa señal, o cuál es ese detonante común que ves en las mujeres cuando empiezas a trabajar con ellas?
Esther: Hay mucha mujer que se siente fracasada, un desastre, porque tiene un problema de desorden. El desorden es visible. Lo que se ve es muy fácil de juzgar moralmente. Yo soy un desastre a nivel contable, pero no se ve, nadie lo sabe, nadie me cuestiona por eso. En cambio, el orden se ve. La mujer lo ve, todo el mundo lo ve. Eso genera una autoexigencia brutal.
Encuentras mujeres que se sienten fracasadas, estresadas, agobiadas, que no pueden respirar. Y a lo mejor es la mejor penalista de España. He trabajado con mujeres exitosas al máximo, pero puertas para adentro son otro tipo de mujer. Allí se cuestionan cosas que fuera no se cuestionan.
Cuando te llama una mujer, lo primero que te dice es: soy un desastre, no puedo con todo, no soy capaz, mi vida no funciona, necesito orden, no puedo respirar. Cuando me preguntan qué me encuentro, yo siempre digo: me encuentro una mujer desbordada. No un espacio desbordado. Una mujer desbordada. Y luego ya veremos qué hay detrás: un armario desbordado, unos cajones desbordados, una vida saturada. Pero lo primero es eso.
¿Qué quieres que logre el libro?
Quiero que la gente mire sus espacios y decida qué quiere vivir, qué quiere tener en su vida. Estoy trabajando ahora con una chica que se quedó huérfana de madre hace un par de años y lleva meses metida en la casa que tiene que dejar porque ya la han vendido, y no es capaz de salir porque no sabe qué quiere para su vida. Quiero que tengan en cuenta que a veces los desajustes en tu vida pueden ser los espacios los que los provocan. No porque tu casa esté en caos: puede que no tenga desorden aparente. Pero mira tus espacios.
Esther, la Escritora
¿Cómo te sentiste como escritora? «Me sentí un poco impostora al principio, porque tengo un hermano que es periodista y es la pluma de mi casa. Luego me sentí supercómoda. Y luego me sentí que había conseguido otra reinvención, otra cosa que me parecía imposible. Nunca había pensado que podría escribir un libro. Fue una catarsis total. Es de las cosas que más me han marcado.
Y la prueba de que el impulso no se apagó está en que ya tiene listo el segundo libro, un título pensado para el tercero y una idea rondándole para un cuarto, aunque de momento prefiere disfrutar de este primero, a punto de salir a la calle.
Su escuela
En su escuela, Esther no enseña a doblar camisetas ni a organizar armarios. Lo dice sin rodeos: para eso ya hay vídeos en YouTube. Lo que enseña es otra cosa: a mirar las entrañas de lo que hay. A sus alumnas les advierte desde el principio que van a descubrir cosas que ni saben que existen, empezando muchas veces por su propia casa, porque entender qué esconde un armario cambia también la manera de verse a una misma.
Les hago escarbar, descubrir qué hay, qué emociones van a encontrar, cómo abordarlas, cómo tratarlas, cómo cuidarse ellas también, porque son emociones que muchas veces nos llevamos a casa.
Su método parte de una convicción clara: si una profesional no sabe cómo abordar las emociones que va a encontrar al entrar en la casa de una clienta, el proceso se bloquea. O no llega al final, o llega de forma ficticia. En una semana, todo vuelve al punto de partida. Por eso, antes de hablar de barras y cajones, hay que entender de dónde viene el desorden. Cuando esa persona comprende que no es un fallo sino un momento, entonces sí: llegan los cambios que duran.
El proceso y sus resultados
Visionarias: ¿Cuál es el resultado final cuando trabajas ese proceso con una mujer? Me refiero desde el punto de vista emocional, porque al final es casi un trabajo psicológico.
Esther: Me haces esta pregunta justo dos días después de que una clienta me enviara un mensaje diciéndome que ha empezado un proceso de separación. Me lo envió a mí, porque sabe que su primera fase fue transformar sus espacios. Ella notaba que su vida no funcionaba: muchos desajustes, mucho estrés porque los espacios no acompañaban. Cuando empezamos a escarbar, cuando ella empezó a soltar lastres, cosas que no funcionaban y a las que estaba sujeta como a salvavidas, su vida se quedó más ligera. Y entonces se dio cuenta de que lo que no funciona no son solo sus espacios, sino algo más. Ese algo más remueve tantas cosas que dice: creo que hay otras cosas en mi vida que no funcionan y tengo que tomar cartas en el asunto.
He encontrado procesos de piel de gallina. Ni yo misma sabía que podía conseguir esos cambios a través del orden. Para mí todos estos cambios son un descubrimiento personal. No sabía que detrás del desorden podía haber tantas cosas y que podían moverse tantas. Hoy tengo amigas a las que he hecho proyectos de orden porque les ha cambiado la vida. Se crea una unión que va más allá de un armario.
¿Qué es ser Ordenóloga?
Ordenóloga es un nombre inventado que a algunos hace gracia y que otros critican, como si fuera una simple etiqueta. Pero el origen tiene su historia: se lo puso una alumna que es odontóloga y que, en mitad de un proceso de transformación vital muy complicado, descubrió que ordenar sus espacios le había cambiado la mirada sobre su propia vida. Si ella era odontóloga, le dijo a Esther, ella era ordenóloga. No por jugar con las palabras, sino porque ambas hacían lo mismo: mirar más allá de lo evidente.
Para Esther, esa palabra terminó resumiendo toda su filosofía de trabajo: ver el desorden desde una mirada humana y transformadora. No ver armarios ni espacios, sino personas, momentos vitales complicados. Esa distancia respecto a la organización profesional convencional es, según ella, lo que define realmente su trabajo.
Las historias del libro
Visionarias: Tu libro cuenta cantidad de historias impactantes: la tuya y las de esas mujeres, y también dos hombres. Es un libro muy bello de leer. ¿Hay alguna historia que te haya impactado especialmente?
Esther: Una de las primeras historias fue la que más me marcó. Llegué a mi casa flotando, necesité días para digerirla. Es la historia anónima de alguien con una depresión muy importante, una depresión postparto que llevaba 24 años sin superar. Cuando acabé de conseguir cambiar su mirada, el marido estaba allí. Solo quería conocer a la persona que le había devuelto la sonrisa a su mujer. Fue lo primero así de impactante. Después he tenido muchos más: personas que me abrazan con el corazón, que se ponen a llorar, yo lloro por el camino. No se puede entender si no lo vives.
He hablado con amigos que no lo entienden, que me dicen que al final son armarios, que la gente es desordenada, que no pasa nada. Yo les digo: para ti no pasará nada. Pero pasa, porque lo vivo y porque es así. A lo mejor cambiar una cocina de sitio remueve muchas cosas. La gente vive lo que vive. Hay gente que necesita descubrir lugares mágicos para sentirse viva. A mí me da igual. Yo la vida la siento de otra manera.
«Para mí la línea siempre está ahí: conservar aquello que nos aporta felicidad, aquello para lo que tenemos espacio y que sigue teniendo sentido en nuestra vida actual. No esconderlo en un rincón olvidado, sino darle un lugar. Un lugar desde el que podamos volver a ello cuando queramos, sin que el pasado termine ocupando el espacio que necesita nuestro presente.»
«Veo mujeres que sostienen a sus hijos, a sus parejas, a sus padres, sus trabajos, sus casas y sus responsabilidades. Mujeres que están pendientes de todo y de todos. Y en algún momento, casi sin darse cuenta, ellas desaparecen de la ecuación. Sus necesidades quedan para después. Su descanso queda para después. Su bienestar queda para después. Se acostumbran tanto a cuidar que dejan de cuidarse. Y no suele ocurrir de golpe. Ocurre poco a poco. Un día renuncias a una hora para ti. Otro día pospones algo que necesitas. Otro día te dices que ya habrá tiempo. Y cuando miras atrás, llevas años sosteniendo a todo el mundo menos a ti misma.»

¿Quién es Esther Torras?
Esther Torras es Ordenóloga Profesional desde 2017, divulgadora, formadora y autora del libro El desorden no es un fallo. Es una señal.
Durante casi una década ha entrado en cientos de hogares acompañando a personas y familias en procesos de transformación a través del orden. Su experiencia le ha permitido comprobar que el desorden rara vez es el problema real, sino la manifestación visible de situaciones, emociones y etapas vitales que necesitan ser atendidas.
Emprendedora resiliente y apasionada por ayudar a las personas, creó Esther Torras – Ordenóloga con el propósito de convertir el orden en un aliado accesible, útil y libre de culpa. Su trabajo va más allá de la organización de espacios: escucha, comprende y diseña soluciones realistas adaptadas a cada estilo de vida, alejadas de la búsqueda del orden perfecto.
Como divulgadora, reúne cerca de 40.000 seguidores en redes sociales, donde comparte consejos prácticos, reflexiones y herramientas para ayudar a las personas a mejorar su bienestar a través de la transformación de sus espacios.
Además, es creadora y formadora del Método Ordenóloga®, una metodología propia con la que forma a nuevas profesionales del sector desde una visión humana, flexible y transformadora del orden.
Con la publicación de El desorden no es un fallo. Es una señal., Esther Torras traslada al papel los aprendizajes, experiencias y reflexiones acumulados tras años acompañando a personas que buscaban mucho más que una casa ordenada: buscaban vivir con más calma, claridad y bienestar.
Su web: esthertorras.com
Si Instagram: @esthertorras

Marita Seara Fernández
Periodista con Perspectiva de Género y Editora de medios digitales e impresos. Consultora Comunicacional. Escribe para hacer visible lo invisible, sobre igualdad de género, sobre mujeres referentes, sobre la mujer en el mundo de los negocios y sobre el emprendimiento liderado, «por supuesto», por mujeres. Ha dirigido los departamentos de Comunicaciones de organizaciones relacionadas con el sector de los negocios e inversiones. Fue Directora de Comunicaciones de la Cámara de Industria y Comercio de EEUU y Venezuela, Gerente de Comunicaciones del Consejo Nacional de Promoción de Inversiones y Editora de la revista sobre economía y negocios Business Venezuela.
En 2014 creó su propio blog, Voces Visibles, para escribir sobre los derechos de mujeres y niñas en el mundo. Publicó en Amazon La Mujer. Una Voz que se extiende. Es coautora de La Visibilidad en 3 miradas: Cuando la Voz se escribe y de Tendencias 2026: 16 miradas sobre los cambios que redefinen el mundo. Es Consultora Comunicacional y apoya y asesora a mujeres +50 en sus estrategias comunicaciones y a armar su Hoja de Ruta hacia la visibilidad y posicionamiento de sus marcas y de ellas como referentes en sus áreas de acción.
Marita es fundadora de Visionarias Business y su Directora Ejecutiva y Editorial. También fundadora de la Red de Expertas Visionarias.
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