Gloria Steinem: anatomía de una influencia que se convirtió en legado

El legado comienza cuando aquello que ayudamos a cambiar
aprende a continuar sin nosotros.
Hay una manera sencilla de contar la historia de Gloria Steinem. Nació en Ohio en 1934, estudió en Smith College, comenzó a trabajar como periodista y durante las décadas de 1960 y 1970 se convirtió en una de las figuras más reconocibles del movimiento feminista estadounidense. Participó en la creación de Ms. Magazine, escribió libros, ayudó a fundar organizaciones y permaneció durante más de seis décadas vinculada a algunas de las grandes conversaciones sobre igualdad, derechos y participación de las mujeres.
Su muerte, el 2 de septiembre de 2026, a los 92 años, invita naturalmente a revisar esa extraordinaria trayectoria. Pero este no pretende ser un obituario.
Hay una pregunta quizás más interesante para Visionarias que da pie para este artículo: ¿cómo consiguió una periodista transformar su voz en influencia y esa influencia en una capacidad de transformación que terminó trascendiéndola?
Responderla nos permite ir más allá de la biografía para intentar comprender la arquitectura de una influencia.
Al observar su trayectoria aparecen cinco componentes que se repiten de distintas maneras: VER, NOMBRAR, VISIBILIZAR, CONECTAR y ORGANIZAR. No significa que Steinem haya diseñado conscientemente este modelo ni que una transformación colectiva pueda reducirse a cinco verbos. Es una lectura retrospectiva que permite comprender cómo una influencia puede construirse y multiplicarse. Y existe finalmente una sexta dimensión, mucho más exigente: PERDURAR. Es allí donde comenzamos a hablar verdaderamente de legado.
Ver aquello que habíamos aprendido a considerar normal
Las transformaciones no siempre comienzan con una gran idea. Algunas comienzan cuando alguien observa una realidad que otros han aprendido a aceptar y se pregunta: ¿por qué tiene que ser así?
En 1963, cuando todavía intentaba consolidarse como periodista, Steinem se infiltró como trabajadora en el Playboy Club de Nueva York. Su reportaje A Bunny’s Tale mostró aquello que existía detrás de la imagen de glamour: las exigencias impuestas a las trabajadoras, las condiciones laborales y las relaciones de poder presentes en aquel entorno.
Ese gesto —mirar detrás de aquello que la cultura presenta como normal— aparecería repetidamente en su trayectoria. Pero ver no basta. Una realidad puede permanecer delante de nosotros durante generaciones si no encontramos las palabras necesarias para interpretarla de otra manera.
Y allí aparece una dimensión fundamental de Steinem que a veces queda eclipsada por su activismo: fue una escritora extraordinariamente efectiva para convertir experiencias complejas en conversaciones accesibles a públicos mucho más amplios.
Las transformaciones necesitan ideas. Pero también necesitan palabras capaces de viajar.
Nombrar permite que una experiencia deje de parecer exclusivamente individual. Puede compararse con la experiencia de otros, discutirse, investigarse y eventualmente reconocerse como parte de un fenómeno mayor.
Así aparece el segundo componente: NOMBRAR.
De las palabras a la conversación pública
Steinem encontró en el periodismo el instrumento para realizar el siguiente movimiento.
En 1968 participó en la fundación de New York Magazine, donde escribió sobre política, sociedad y el creciente movimiento de mujeres. Tres años después ocurrió algo decisivo: en diciembre de 1971 apareció como suplemento de New York Magazine un número de prueba de una nueva publicación: Ms.
La propuesta era profundamente diferente a buena parte de las revistas dirigidas a mujeres de aquella época. Ms. podía hablar de trabajo, política, poder, discriminación, maternidad, sexualidad, violencia, derechos reproductivos y autonomía desde la perspectiva de las propias mujeres.
No se trataba solamente de producir contenido. Se trataba de intervenir sobre una pregunta mucho más importante: ¿qué experiencias merecen entrar en la conversación pública?
Ese es el tercer componente: VISIBILIZAR.
Porque aquello que permanece invisible difícilmente puede convertirse en objeto de transformación. Pero cuando una experiencia se hace visible ocurre algo todavía más poderoso. Alguien descubre que aquello que consideraba exclusivamente suyo también le ocurre a otra persona.
“Esto me ocurre” comienza a convertirse en “esto nos ocurre”.
Y allí aparece la posibilidad de conectar.
Una influencia construida entre otras influencias
Steinem tampoco realizó aquel recorrido sola. Bella Abzug, Shirley Chisholm, Dorothy Pitman Hughes, Florynce Kennedy, Betty Friedan y muchas otras fueron políticas, intelectuales, periodistas, abogadas y activistas con pensamiento, trayectoria y capacidad de liderazgo propios.
No eran simplemente mujeres que acompañaban a Gloria Steinem; eran otras fuentes de influencia. Esto permite comprender una característica particularmente interesante de su liderazgo. Su influencia no fue únicamente vertical —una figura pública hablando a millones de personas—, sino también profundamente relacional. Steinem compartió plataformas, construyó alianzas y participó en redes donde mujeres extraordinariamente diferentes podían encontrarse alrededor de determinadas causas.
Steinem influyó sobre otras mujeres y otras mujeres influyeron sobre Steinem. Quizás por eso deberíamos medir la influencia de un líder no solamente preguntándonos cuántas personas consigue movilizar, sino también cuántas capacidades consigue conectar.
La influencia deja entonces de parecer una línea entre una líder y sus seguidores para convertirse en una red. Ese es el cuarto componente: CONECTAR.
Pero una conversación todavía no es una transformación
La visibilidad puede producir atención. La conexión puede generar comunidad. Pero existe una distancia considerable entre conseguir que una sociedad hable de algo y desarrollar la capacidad necesaria para cambiarlo.
Steinem participó repetidamente en ese siguiente movimiento.
En 1971 estuvo entre las fundadoras del National Women’s Political Caucus, creado para aumentar la participación política de las mujeres. Participó también en iniciativas como la Women’s Action Alliance y la Ms. Foundation for Women. Décadas después, en 2005, fundó junto con Jane Fonda y Robin Morgan el Women’s Media Center, orientado a ampliar la presencia y representación de las mujeres en los medios.
Las organizaciones importan porque permiten algo que la influencia individual difícilmente puede conseguir por sí sola: acumular conocimiento, desarrollar nuevos liderazgos, coordinar personas y sostener una causa cuando la atención pública se desplaza hacia otra parte.
Ese es el quinto componente: ORGANIZAR.
Vista en conjunto, la arquitectura comienza a adquirir sentido:
VER → NOMBRAR → VISIBILIZAR → CONECTAR → ORGANIZAR
Pero todavía falta la prueba más difícil.
PERDURAR: Cuando la influencia se convierte en legado
Influencia, impacto y legado suelen utilizarse como si significaran lo mismo. No necesariamente es así.
La influencia es aquello que conseguimos mover. El impacto es aquello que conseguimos cambiar. Y el legado es aquello que continúa cambiando cuando ya no estamos.
Desde esta perspectiva, el legado de Steinem no puede encontrarse únicamente en Ms., en las organizaciones que ayudó a construir o en las campañas en las que participó.
Existe un legado de lenguaje, porque contribuyó junto con muchas otras mujeres a encontrar palabras para experiencias que habían permanecido fundamentalmente privadas. Existe un legado de visibilidad, porque ayudó a llevar esas experiencias hacia la conversación pública. Existe un legado de conexión, porque formó parte de redes de mujeres capaces de multiplicar mutuamente su influencia. Existe un legado institucional, porque algunas de las organizaciones que ayudó a construir adquirieron capacidad para continuar más allá de sus fundadoras. Pero quizá exista una quinta dimensión todavía más profunda: un legado de posibilidad.
Las transformaciones culturales modifican aquello que las personas consideran imaginable para sus propias vidas. Una mujer nacida en 2026 llega a un mundo profundamente diferente del que recibió a Gloria Steinem en 1934. Esa transformación no pertenece a Steinem ni a ninguna persona individualmente. Fue construida por generaciones de mujeres y hombres, movimientos sociales, cambios económicos, reformas legales e innumerables protagonistas cuyos nombres quizá nunca conoceremos.
Pero Steinem estuvo durante más de medio siglo dentro de esa historia, ayudando a darle palabras, visibilidad, conexiones y arquitectura.
Una de las formas más profundas de legado es contribuir a ampliar el horizonte de posibilidades desde el cual otros podrán construir su propia historia.
Un legado que permanece vivo precisamente porque cambia
Eso tampoco significa convertir retrospectivamente a Steinem en una figura sin contradicciones.
Fue una de las grandes representantes de la denominada segunda ola del feminismo, pero las generaciones posteriores ampliaron algunas de sus preguntas, incorporaron nuevas perspectivas sobre raza, clase, orientación sexual e identidad y cuestionaron también posiciones de quienes las precedieron. Steinem tuvo controversias, recibió críticas y participó en debates que fueron evolucionando durante sus más de seis décadas de vida pública.
Pero quizá allí encontremos otra característica del verdadero legado.
Perdurar no significa permanecer intacto.
Un legado vivo puede ser recibido, discutido, ampliado, reinterpretado e incluso superado por quienes vienen después. De hecho, una de las mayores evidencias de transformación puede ser que la siguiente generación tenga la posibilidad de comenzar desde un lugar al que la anterior tuvo primero que llegar.
Existe aquí una paradoja fascinante. Cuando una transformación fracasa, recordamos aquello por lo que se luchaba. Cuando tiene éxito, algunas de sus conquistas terminan incorporándose de tal manera a la normalidad que generaciones posteriores pueden preguntarse por qué alguna vez fue necesario luchar por ellas.
Quizá esa sea una de las medidas más extraordinarias del progreso.
Lo que finalmente deja una Visionaria
Gloria Steinem no transformó sola la realidad de las mujeres. Sería contrario a su propia historia atribuir a una persona una transformación construida por millones.
Su importancia está en otro lugar.
Ayudó a ver aquello que había sido normalizado. A nombrar experiencias para poder comprenderlas. A visibilizarlas para incorporarlas a la conversación pública. A conectar personas y liderazgos. A organizar parte de aquella conciencia hasta convertirla en capacidad colectiva.
Y entonces ocurrió aquello que ninguna persona puede controlar completamente: parte de esa transformación comenzó a PERDURAR.
Quizá por eso la pregunta más interesante después de su muerte no sea solamente qué consiguió Gloria Steinem durante su vida.
Es otra: ¿Qué seguirá ocurriendo porque Gloria Steinem estuvo aquí?
Esa pregunta no pertenece solamente a Gloria Steinem. Nos pertenece a todos quienes, desde una empresa, una universidad, una comunidad, una familia o una causa, aspiramos alguna vez a dejar algo mejor de lo que encontramos.
Porque la influencia es aquello que conseguimos mover. El impacto es aquello que conseguimos cambiar.
Para profundizar
Este artículo forma parte de una investigación más amplia sobre Gloria Steinem, la construcción de influencia y la naturaleza del legado. El libro desarrolla su trayectoria, su escritura, las mujeres que compartieron aquel recorrido, las organizaciones que ayudó a construir, sus controversias y la evolución de las ideas que contribuyó a impulsar.
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Luis Vicente García es coach de rendimiento empresarial, conferencista internacional y autor de más de 15 libros best-sellers internacionales, colaborando con reconocidos expertos como Brian Tracy, Marshall Goldsmith, Jack Canfield y Joe Vitale, entre otros. Además, ha escrito dos libros sobre franquicias y emprendimiento y es un reconocido formador en liderazgo, productividad y estrategia empresarial.
Economista graduado de Georgetown University, cuenta con un MBA y especializaciones en Gerencia, Finanzas, Liderazgo Organizacional y Psicología Positiva. Es profesor universitario desde 2014, dictando clases de gerencia y liderazgo en la Universidad Metropolitana (UNIMET) y como profesor invitado en la UCAB y la Universidad Rafael Urdaneta.
Fue Presidente de la Junta Directiva de Profranquicias (2017-2019), CEO de Venamcham (2017-2024) y ha sido jurado de los Premios LEI otorgados por EY a los Líderes Empresariales Inspiradores durante los últimos cinco años. Actualmente, es fundador y CEO de Incrementum Academy, una plataforma de formación y coaching empresarial, donde desarrolla programas para potenciar el liderazgo, la productividad y el crecimiento estratégico de profesionales y empresas.
Creador del concepto #MOTITUD (Motivación + Actitud), es articulista en Visionarias Magazine, Analitica.com y PasionPais.com, abordando temas de liderazgo, emprendimiento y empoderamiento femenino; y fue por casi 8 años el Editor-en-Jefe de la revista Business Venezuela. Hoy es Embajador de Buena Voluntad de Goodwill Venezuela y de la Orquesta Sinfonica Gran Mariscal de Ayacucho.
Web: www.incrementumacademy.com

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