La comunicación habla en femenino:empatía sin renunciar al poder

«Cuanto menos equilibrio haya en la mesa donde se decide qué contar y cómo contar, más probabilidades habrá de que se produzcan esos sesgos de género que tanto se intenta comunicar que se están superando. La llamada “comunicación transparente” o “con propósito” pierde autenticidad si, en el fondo, las historias que se cuentan están guiadas por miradas mayoritariamente masculinas» .
En el mundo de la comunicación corporativa e institucional, la paradoja es tan evidente como incómoda: las mujeres somos mayoría, pero el poder sigue siendo mayoría masculina. Un sector que se ha feminizado en las aulas, en los puestos junior y en los equipos de trabajo más senior, pero que mantiene los cargos de dirección y máxima visibilidad en manos de hombres, que concentran aproximadamente 2/3 de las direcciones de comunicación en España. Esto, a nivel cuantitativo; pero es que a nivel cualitativo está claro el cuestionamiento de nuestro liderazgo y de las comunicadoras que se perciban como “legítimas” para ocupar el centro del escenario.
Como profesional de la comunicación, uno de mis mayores aciertos ha sido convertir mi forma de comunicar en mi sello personal: comunicación efectiva + comunicación afectiva. No hablo de empalagar el discurso ni de suavizarlo artificialmente, sino de pillar el punto exacto en el que la claridad estratégica se cruza con la empatía, la cercanía y la autenticidad. Y ese punto es, precisamente, donde muchas mujeres comunicadoras encontramos nuestro terreno de poder.
En el número marzo de Visionarias Business os hablaba de cómo la mujer tiene especial facilidad para implementar esas soft skills (algunas, innatas) en su forma de liderazgo. La empatía, escucha activa, inteligencia emocional, capacidad de colaboración, resolución de conflictos y pensamiento crítico no son un “extra” decorativo, sino el núcleo de una comunicación que conecta, que genera confianza y, sobre todo, logra que las organizaciones se presenten como espacios humanos, no solo como máquinas de resultados.
En el sector de la comunicación, tan humano por definición, estas competencias se traducen en un estilo de liderazgo más inclusivo, más dialogante y menos jerárquico. Las profesionales de la comunicación tendemos a buscar puntos de encuentro antes que imposiciones, a liderar desde la escucha y no solo desde la voz. Y, sin embargo, esa misma cualidad tan valiosa en el día a día se utiliza muchas veces para invisibilizar nuestro poder: “es muy empática”, “sabe escuchar”, “se lleva muy bien con todo el mundo”, frases que, no por elogiosas, dejan de ser un suelo pegajoso que nos atornilla a la figura de la “buena compañera” y no a la de la “líder incómoda pero necesaria”.
Ser mujer en comunicación corporativa o institucional hoy es, en muchos casos, vivir en un territorio feminizado por fuera y profundamente masculino por dentro, en su estructura de poder. Las estadísticas son claras: las mujeres superan a los hombres en número, pero su presencia se diluye en la cúspide organizativa. En España apenas un tercio de las directivas de comunicación ocupan puestos de máxima responsabilidad, el resto está en las manos de siempre. Además, al llegar a puestos de mando, las mujeres suelen cobrar menos que sus homólogos masculinos y acceden a ese nivel bajo condiciones de estrés más intensas, con mayor carga emocional y una menor posibilidad de disfrutar de su tiempo libre.
Este desajuste estructural afecta directamente a la forma en que se construye el discurso corporativo. Cuanto menos equilibrio haya en la mesa donde se decide qué contar y cómo contar, más probabilidades habrá de que se produzcan esos sesgos de género que tanto se intenta comunicar que se están superando. La llamada “comunicación transparente” o “con propósito” pierde autenticidad si, en el fondo, las historias que se cuentan están guiadas por miradas mayoritariamente masculinas.
Comunicación efectiva: la obligación de llegar
La comunicación corporativa moderna exige efectividad: mensajes claros, coherentes con la estrategia, alineados con el propósito y concretos para el público objetivo. No es suficiente con decir: es imprescindible que se entienda, que se recuerde y que, si se espera una acción, se accione. Para ello se necesitan datos, estructura, argumentos sólidos, objetivos medibles… Pero también se necesita que quien recibe el mensaje sienta que alguien lo ha pensado, se ha puesto en su lugar, ha tenido en cuenta sus dudas, sus miedos, sus emociones.
Aquí es donde la comunicación afectiva entra en juego como un ingrediente no negociable de la eficacia. No se trata de sentimentalismo, sino de humanidad. Una crisis empresarial, una reorganización, un cambio de marca… no se viven solo en términos de KPI’s o de logos, también hay que tener en cuenta que se viven en horas de insomnio, de conversaciones en el sofá, de llamadas de teléfono llenas de incertidumbre…La comunicación afectiva es la que dice: “Sé que esto te duele”, “valoro tu incertidumbre”, “no prometo que sea fácil, pero estaremos juntos en esto”.
Comunicación afectiva: el placer de quedarte
Si la comunicación efectiva es la obligación de llegar, la comunicación afectiva es la obligación de que el mensaje eche raíces. Y en esto, las mujeres comunicadoras tenemos una ventaja enorme: no solo traducimos estrategias en lenguaje comprensible, sino que lo hacemos de forma que el receptor se siente reconocido, no solo informado.
En el liderazgo femenino, la afectividad se convierte en un estilo: no se impone el mensaje, se construye junto a las personas. La inteligencia emocional de la mujer comunicadora permite anticipar cómo se va a sentir el equipo ante una noticia difícil, cómo se va a interpretar una decisión, qué puertas se van a abrir o cerrar según el tono utilizado. Esa sensibilidad que no debilita la autoridad y que, además la dota de sentido.
Tener voz propia sin perder la calidez
El gran reto para las mujeres comunicadoras hoy es doble: desarrollar una voz propia, segura y auténtica, capaz de ocupar espacios de poder, sin renunciar a la calidez que naturalmente despliegan. No se trata de “imitar” un modelo de liderazgo masculino, tradicionalmente más brusco, seco o frío, sino de redefinir el poder desde otro registro: firmeza con empatía, dureza con sentido, decisión con humanidad.
Cuando una mujer comunica con efectividad y afectividad, genera confianza, fideliza públicos y consolida culturas organizativas más saludables. Pero también genera incomodidad en quienes están acostumbrados a la comunicación fría, distante, burocrática, porque expone que el “no se habla de emociones” era, en realidad, una estrategia de control más que de eficacia.
Las mujeres comunicadoras no debemos conformarnos con ser las “más colaboradoras” o la “más empáticas”. Debemos atrevernos a ser también las más influyentes, las que marcan el tono, las que deciden cómo se cuenta la realidad de la organización. Para ello necesitamos que nuestras soft skills se valoren como competencias estratégicas y no como rasgos de “buen carácter”.
Y necesitamos, también, que la comunicación corporativa se reconozca por fin como una profesión donde la humanidad y la empatía no son un complemento, sino el núcleo de la eficacia. Porque comunicar desde la afectividad no es debilidad: es la condición necesaria para que una comunicación realmente efectiva llegue, toque y transforme.
Comunicar desde el corazón es la única forma de no convertirse en eco vacío en un mundo que ya habla demasiado y siente demasiado poco.
Clara Vega Lanza es una periodista española, nacida en Gijón hace 50 años. Estudió Periodismo entre la Universidad Pontificia de Salamanca y l’Università La Sapienza de Roma. Comenzó su andadura profesional en la televisión local de su ciudad para pasar después a medios nacionales, trabajando en radio, prensa escrita y agencia de noticias.
Se introdujo en la comunicación corporativa tras estudiar el Master de Comunicación Empresarial en ESIC, Madrid, y el Posgrado en Marketing Communications en la University of Houston, Texas, USA, y ha sido directora de comunicación, directora de relaciones externas y directora de comunicación y marketing para diferentes compañías de sectores tan variados como el tecnológico, industria farmacéutica, publicitario y audiovisual, alimentación premium, eventos especiales y producción musical.
Ha vivido en 4 países y ha viajado por más de 40. Actualmente está muy involucrada con el Tercer Sector. Se ha especializado en Responsabilidad Social e Igualdad de Género, dando continuidad a la visión humanista con la que escribe, como defensora de los Derechos Humanos y con lo que ella misma denomina como un “feminismo del entendimiento” dentro del feminismo liberal que más la define.


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