La confianza: el activo invisible del liderazgo femenino

La confianza no consiste en creer que nunca vamos a fallar.Consiste en creer que podremos seguir avanzando incluso cuando fallemos.”

Hay una escena que he visto repetirse muchas veces a lo largo de mi vida profesional.

Una organización está buscando a la persona adecuada para asumir una nueva responsabilidad. Se abre una posición de liderazgo, un proyecto estratégico o una oportunidad de crecimiento. Entre los posibles candidatos aparece una profesional brillante: preparada, respetada por sus colegas, con experiencia y resultados demostrados.

Cuando alguien le pregunta si le interesa asumir el reto, la respuesta suele estar acompañada de cierta cautela: «No estoy segura de estar lista.»

Curiosamente, en situaciones similares he escuchado respuestas muy distintas de otros profesionales que, en ocasiones, tenían menos experiencia o menos trayectoria: «Claro que sí. Lo iré descubriendo en el camino.»

Con el tiempo, estas conversaciones me llevaron a hacerme una pregunta que sigue pareciéndome fascinante:

¿Por qué tantas mujeres extraordinariamente capaces dudan de sí mismas más de lo que deberían?

No hablo de todas las mujeres, por supuesto. Tampoco se trata de una regla universal. Sin embargo, diversas investigaciones sobre liderazgo y desarrollo profesional han identificado un patrón interesante: muchas mujeres tienden a evaluar sus capacidades con mayor cautela, incluso cuando poseen niveles de preparación, experiencia y desempeño comparables a los de sus colegas masculinos.

Y detrás de esa realidad aparece un tema que rara vez ocupa titulares, pero que tiene un impacto enorme en el desarrollo profesional, el liderazgo y la toma de decisiones: la confianza.

A lo largo de los años he tenido la oportunidad de trabajar con cientos de ejecutivos, emprendedores, líderes empresariales y profesionales de distintas industrias. Y si algo he aprendido es que el éxito rara vez depende exclusivamente del talento.

He conocido personas extraordinariamente preparadas que nunca alcanzaron el impacto que podían generar. También he visto personas con capacidades aparentemente más limitadas construir carreras notables y asumir responsabilidades que muchos consideraban fuera de su alcance.

La diferencia, muchas veces, no estaba en el conocimiento ni en la experiencia. Estaba en la confianza que tenían para utilizar ambos. Porque la confianza es uno de los activos más importantes del liderazgo y, al mismo tiempo, uno de los más invisibles.

Ella no aparece en un currículum. No se refleja en un diploma. Tampoco suele medirse en una evaluación de desempeño. Sin embargo, influye silenciosamente en casi todas las decisiones importantes de una carrera profesional.

Es la confianza la que nos impulsa a levantar la mano cuando surge una oportunidad. La que nos permite presentar una idea frente a un comité ejecutivo. La que nos ayuda a iniciar una conversación difícil, negociar una promoción, emprender un nuevo proyecto o asumir una responsabilidad que nos intimida.

Muchas veces creemos que son nuestras capacidades las que determinan nuestras posibilidades de crecimiento. Pero la realidad es más compleja. Las capacidades y la confianza suelen trabajar juntas. Y cuando una de ellas falta, la otra rara vez alcanza todo su potencial.

Lo interesante es que la confianza y la competencia no siempre crecen al mismo ritmo.

Durante años hemos asumido que la confianza es una consecuencia natural de la experiencia. Que cuando una persona acumula suficientes conocimientos, certificaciones o logros, finalmente se sentirá preparada para dar el siguiente paso. Pero la experiencia demuestra que las cosas no siempre funcionan así.

He conocido profesionales con trayectorias impecables que siguen sintiendo que les falta algo antes de avanzar. Más experiencia. Más preparación. Más validación. Más tiempo. Como si existiera un umbral invisible que debieran alcanzar antes de sentirse autorizadas para asumir un nuevo reto.

Mientras tanto, otras personas avanzan mucho antes de sentirse completamente listas. No porque sean más capaces, sino porque tienen una relación distinta con la incertidumbre.

Lo más importante es entender que, en la mayoría de los casos, no estamos hablando de una falta real de capacidad. Las mujeres que he visto enfrentar estas situaciones suelen estar extraordinariamente preparadas. Han estudiado, acumulado experiencia, demostrado resultados y desarrollado competencias sólidas. Sin embargo, muchas veces perciben sus propias capacidades de manera distinta.

Y esa percepción importa.

Porque las decisiones profesionales no se toman únicamente con base en lo que somos capaces de hacer, sino también en lo que creemos que somos capaces de hacer.

La forma en que una persona interpreta sus fortalezas, sus limitaciones y sus posibilidades termina influyendo en los riesgos que asume, las oportunidades que persigue y los espacios que decide ocupar. Por eso la confianza no es solamente un tema personal. También es un tema de liderazgo y es un tema organizacional.

Cuando una profesional brillante decide no postularse para una posición porque siente que aún no cumple todos los requisitos, la pérdida no es únicamente individual; es también para la organización ya que pierde talento, diversidad de pensamiento e innovación. Pero también pierde perspectivas diferentes y, en muchos casos, pierde liderazgo.

Por esa razón, una de las responsabilidades más importantes de los líderes modernos consiste en crear entornos donde todas las personas, tanto hombres como mujeres, puedan desarrollar su propia confianza. Y eso implica mucho más que reconocer resultados; implica abrir oportunidades, delegar responsabilidades, acompañar el crecimiento y ayudar a otros a descubrir capacidades que quizás todavía no reconocen en sí mismos.

Cuando escuchamos las historias de muchas mujeres que hoy ocupan posiciones de liderazgo, encontramos un elemento común: en algún momento de sus vidas apareció alguien que creyó en ellas antes de que ellas mismas lo hicieran. Un profesor. Una mentora. Un jefe. Una colega, o alguien que les dijo: «Creo que puedes hacerlo.»

Quizás por eso el papel de los líderes, mentores y patrocinadores resulta tan importante. Muchas personas descubren capacidades que no sabían que tenían porque alguien las vio primero. Y eso puede venir en una palabra de aliento, una oportunidad inesperada o un voto de confianza que pueden cambiar el rumbo de una carrera profesional. Lo que comienza como confianza prestada termina convirtiéndose, poco a poco, en confianza propia.

Quizás una de las transformaciones más interesantes que estamos viendo en el liderazgo femenino contemporáneo sea precisamente la manera en que muchas mujeres están redefiniendo el concepto de confianza. Durante décadas asociamos la confianza con la seguridad absoluta. Con tener todas las respuestas. Con proyectar certeza permanente. Con no mostrar vulnerabilidad. Sin embargo, las líderes más admirables que he conocido suelen mostrar una versión muy diferente de la confianza. No son personas que nunca dudan, que controlan todas las variables o que viven libres de incertidumbre. Son más bien personas que han aprendido a avanzar a pesar de ella, que han comprendido que la confianza no consiste en eliminar las dudas, sino en impedir que las dudas nos paralicen.

Y esa es una diferencia enorme.

Porque la verdadera confianza no nace cuando desaparece el miedo; nace cuando descubrimos que podemos actuar incluso en su presencia.

Vivimos en un mundo cada vez más complejo, cambiante e incierto. Las organizaciones necesitan líderes capaces de aprender continuamente, adaptarse rápidamente y colaborar con otros para resolver problemas que no tienen respuestas simples.

En ese contexto, la confianza adquiere una importancia aún mayor: no porque garantice el éxito; sino porque permite intentar; permite innovar; permite asumir riesgos; permite crecer y permite liderar.

Mirando hacia el futuro, resulta evidente que las organizaciones necesitarán más mujeres ocupando espacios de liderazgo. No por una cuestión de cuotas o por una tendencia pasajera. Sino porque necesitan más talento, más perspectivas y más diversidad para enfrentar los desafíos del siglo XXI.

Y para que eso ocurra, debemos seguir construyendo culturas donde la confianza pueda florecer. Culturas que valoren la preparación, pero que también impulsen a las personas a creer en su propio potencial. Porque muchas veces el desafío no consiste en desarrollar más talento.

El verdadero desafío consiste en ayudar a que ese talento crea en sí mismo. Y cuando eso ocurre, no solo cambia la trayectoria de una persona; también cambia el futuro de las organizaciones.

Y quizás ahí resida una de las mayores fortalezas del liderazgo femenino contemporáneo: no en la ausencia de dudas sino en el coraje de avanzar a pesar de ellas.

Luis Vicente García es coach de rendimiento empresarial, conferencista internacional y autor de más de 15 libros best-sellers internacionales, colaborando con reconocidos expertos como Brian Tracy, Marshall Goldsmith, Jack Canfield y Joe Vitale, entre otros. Además, ha escrito dos libros sobre franquicias y emprendimiento y es un reconocido formador en liderazgo, productividad y estrategia empresarial.

Economista graduado de Georgetown University, cuenta con un MBA y especializaciones en Gerencia, Finanzas, Liderazgo Organizacional y Psicología Positiva. Es profesor universitario desde 2014, dictando clases de gerencia y liderazgo en la Universidad Metropolitana (UNIMET) y como profesor invitado en la UCAB y la Universidad Rafael Urdaneta.

Fue Presidente de la Junta Directiva de Profranquicias (2017-2019), CEO de Venamcham (2017-2024) y ha sido jurado de los Premios LEI otorgados por EY a los Líderes Empresariales Inspiradores durante los últimos cinco años. Actualmente, es fundador y CEO de Incrementum Academy, una plataforma de formación y coaching empresarial, donde desarrolla programas para potenciar el liderazgo, la productividad y el crecimiento estratégico de profesionales y empresas.

Creador del concepto #MOTITUD (Motivación + Actitud), es articulista en Visionarias Magazine, Analitica.com y PasionPais.com, abordando temas de liderazgo, emprendimiento y empoderamiento femenino; y fue por casi 8 años el Editor-en-Jefe de la revista Business Venezuela. Hoy es Embajador de Buena Voluntad de Goodwill Venezuela y de la Orquesta Sinfonica Gran Mariscal de Ayacucho.

Web: www.incrementumacademy.com

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