Percepción de la vejez…de las niñas y los niños

Escrito por Roser Rovira

Foto de Ekaterina Shakharova en Unsplash
Una niña que ha dejado de ser un bebé puede comunicarse con su entorno de manera más efectiva a nivel social. Es decir, puede ser un emisor a través del habla (o de los signos, en caso de que sea sorda o con discapacidad auditiva), y puede ser un receptor a través del oído (o de los signos, en caso de que sea sorda o con discapacidad auditiva).
El lenguaje será primordial para establecer un nivel de comunicación efectiva con la gente de su entorno. De ahí que las niñas y los niños empiecen a tomar conciencia de todo tipo de razonamientos, prejuicios y convenciones sociales que no han tenido al alcance durante los primeros años de su existencia.
Los niños empezarán a captar multitud de mensajes verbales y visuales. Por un lado, intentarán estar integrados en todo tipo de conversaciones. Por otro lado, serán los receptores de muchos estímulos, que permitirán interpretar el mundo de forma subjetiva, ya que dependerán en gran medida de las herramientas informativas que tengan más al alcance.
Dentro del mundo verbal, los niños y las niñas están influenciados por lo que escuchan en su casa, en la escuela, en los medios de comunicación y en las redes sociales. Cabe tener en cuenta, pues, que:
- Los viejos no quieren ser viejos y no se consideran como tal.
- Los adultos hablan peyorativamente de la gente mayor, ya sea infantilizándolos o hablando de aspectos negativos de la vejez, sobre todo de enfermedades crónicas y mentales que desvirtúan a la persona.
- Los jóvenes hablan despectivamente de las personas mayores, debido a la información que han ido absorbiendo también a través de los distintos canales de comunicación.
- Los medios de comunicación y las redes sociales enaltecen a la juventud, asegurando a través de mensajes en forma de anuncios, noticias, películas, vídeos, y propaganda de todo tipo que los jóvenes disfrutan del estadio vital de mejor capacidad mental y, sobre todo, física.
Así pues, el enaltecimiento de la juventud desvalora completamente los otros estadios vitales, siendo la vejez la etapa más decadente y despreciada.
Con toda la información que reciben los niños y niñas, pues, no es de extrañar que vean la vejez de forma completamente peyorativa.
Las arrugas están desvaloradas. ¿Hay algo más bonito en el mundo que una cara con arrugas? Las arrugas significan experiencia, conocimiento, entendimiento. Grandes fotógrafos han sido capaces de inmortalizar caras con arrugas y los resultados suelen ser espectaculares. Bonitos. Increíblemente bellos. Pero la gran masa societaria no valora estas líneas que marcan el paso del tiempo. Y existen multitud de anuncios cosméticos, como cremas que te prometen la eterna juventud, maquillajes que disimulan la evidencia del tiempo, operaciones estéticas que alisan la cara y los sentimientos, tintes que ensucian las canas. Existe un universo creado para hacernos pensar que los jóvenes son extraordinarios y los viejos una chatarra.
Y ese universo es el que asimilan los niños y las niñas.
- Cuando pinzas un pedazo de piel de la mano de una persona joven y lo sueltas, la piel vuelve inmediatamente a su sitio, el tejido celular es lo suficientemente flexible como para recuperarse completamente de la pinzada en pocos segundos. Cuando pinzas un pedazo de piel de la mano de una persona vieja, este pedazo de piel tarda unos segundos en volver a su posición original. Las células epiteliales han perdido parte de su elasticidad y necesitan más tiempo para llegar a la posición inicial.
- Las manchas de color en la piel salen cada vez con mayor frecuencia, a medida que pasan los años. La cara de las personas se mancha, porque la melanina no se distribuye homogéneamente en todo el cuerpo.
- Las arrugas en torno a los ojos y los labios van tomando cada vez más consistencia, a pesar de los intentos infructuosos de disimularlas a través de productos de vendedores ambulantes de los años ochocientos en el oeste americano.
- Las canas cada vez abundan más, a medida que se cumplen años.
Esta pérdida de elasticidad de la piel, de existencia de manchas de colores, de arrugas cada vez más prominentes, de pelo más claro, son vistas por el conjunto de la sociedad como una pérdida de facultades, de vida, de alegría y de esperanza, en lugar de ser vistas a nivel objetivo como una evidencia del paso del tiempo que te encamina por los distintos estadios vitales.
Los niños, de por sí inquisitivos, curiosos y captadores de sensaciones, visualizan los mensajes negativos que les llegan desde todos los frentes, y comienzan a pensar que hacerse viejo, lejos de ser una bendición, es todo un suplicio.
Porque nadie les dice que, si tienen un problema, pregunten a una persona mayor. Por el contrario, les dicen que el abuelo ya no es lo que era. Los padres, estos seres ajetreados con poco tiempo entre sus manos, a menudo cuestionan que los abuelos den demasiada comida a los niños, que les mimen demasiado, que les den más golosinas de las permitidas.
A menudo, lo que escucharán los niños de la boca de sus padres son reproches para con los abuelos cuando, en realidad, son los abuelos quienes los van a buscar a la escuela, los cuidan, los miman y los tienen con la barriga llena y contentos, esperando que unos padres que van con prisa les pasen a recoger en casa de los abuelos sin un gracias suficientemente efusivo.
Y los niños, cargados de complejos de Edipo y Afrodita, creen lo que dicen los padres y madres, y los anuncios de la televisión. Creen que los abuelos son seres inservibles y que desvarían. Creen que los abuelos, los mayores, aquellas personas que tienen todo el tiempo del mundo para ellos, que los alimentan, que les besan, que los recogen a la salida de la escuela, son personas que no tienen entidad, y cada vez tendrán menos en cuenta lo que éstos puedan contarles.
Sin embargo, las niñas y los niños sentirán cariño por los abuelos, un efecto que se irá fortaleciendo con los años y las vivencias juntos, a pesar de vivir en una disyuntiva descomunal, ya que necesitarán y tendrán, tanto a nivel práctico como emocional, a unas personas a los que el mundo entero les llama inútiles y que no saben lo que hacen.

Roser Rovira
Me licencié en Química y he trabajado muchos años en Prevención de Riesgos Laborales. A los cuarenta años, cuando ya pensaba que lo tenía todo hecho, salí de mi zona de confort. Viviendo en Polonia realicé una web para escuchar cuentos en once idiomas, y en Massachusetts he trabajado de maestra, de intérprete en hospitales, de traductora para distritos escolares, y de creadora de contenido para un centro de niños con altas capacidades. Con cincuenta años, acabo de empezar un trabajo de asistente en un centro de investigación sobre el Alzheimer. Sé que puedo reinventarme, y acepto los retos que tengo por delante.
En mi tiempo libre, escribo. Mucho. Novelas, cuentos, relatos. Soy voluntaria en una web donde publican cuentos sobre niños enfermos, valientes y fuertes, que quieren contar su historia al mundo. Y escribo sobre la gente mayor. Sobre los viejos. Me encanta hablar con ellos, observarlos y escribir pequeñas historias o grandes cuentos sobre sus aventuras. Anna Editorial es mi proyecto para publicar libros, cuentos, audiolibros, cómics…. sobre gente mayor. Quiero luchar contra la discriminación por edad, el edadismo, a través de la literatura, para así empezar a eliminar los prejuicios erróneos que pesan sobre los mayores. Mis abuelas me enseñaron fortaleza y dulzura, y yo pretendo contar al mundo que el envejecimiento es vida, y que la vejez es un estadio más de la vida. ¿Te apuntas?
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