Personal branding y autoridad en clave femenina

«La marca personal femenina no se construye en igualdad de condiciones. Se desarrolla en un entorno históricamente definido por códigos de liderazgo masculinizados, donde la autoridad, la visibilidad y la credibilidad han seguido patrones que no siempre contemplan ni favorecen otras formas de ejercer poder.» .
En el ecosistema profesional actual, hablar de marca personal ya no es una opción estratégica, sino una condición necesaria para existir, influir y liderar. Sin embargo, cuando trasladamos este concepto al terreno de las mujeres, el debate deja de ser únicamente técnico para convertirse en estructural.
La marca personal femenina no se construye en igualdad de condiciones. Se desarrolla en un entorno históricamente definido por códigos de liderazgo masculinizados, donde la autoridad, la visibilidad y la credibilidad han seguido patrones que no siempre contemplan ni favorecen otras formas de ejercer poder.
Cuando quiero trasladar mi experiencia -como consultora de comunicación y branding- del ámbito corporativo al ámbito personal, observo un patrón recurrente: muchas mujeres altamente capacitadas no tienen un problema de talento: se trata de una cuestión posicionamiento, concretamente, de cómo traducir su valor en una narrativa estratégica que genere reconocimiento, respeto e influencia.
Marca personal: de herramienta a territorio de poder
Crear tu marca personal implica definir con claridad qué representas, qué aportas y desde qué lugar quieres ser percibida. Pero, en el caso de las mujeres, también implica una decisión más profunda: adaptarnos a modelos de liderazgo preexistentes o construirnos un modelo propio.
Todas nacemos con una hoja en blanco. Si no tomamos el control, alguien escribirá la hoja por nosotras. Y, con esto, mucho cuidado, porque quienes lo hagan, ya sean hombres o mujeres, lo harán siguiendo la desventaja sistémica que aprendimos (todas, también me incluyo) y arrastramos desde la prehistoria. La marca personal no es exposición. Es dirección, así que procuremos dirigir la nuestra, lejos del viejo referente masculino, impregnándonos de autenticidad, con sello propio. Porque, como dice la periodista y escritora de “Feminismo irreverente”, Carla de La Lá, el machismo ni se crea ni se destruye, se transforma.
Durante años, muchas profesionales hemos entendido que para ser tomadas en serio debíamos aproximarnos a estilos de comunicación más duros, más racionales, jerárquicos… ya sabéis, próximos al patrón dominante masculino.
Me llevó tiempo ver que el problema no era estratégico: es una cuestión identitaria. Construir marca personal desde la imitación y no desde la autenticidad, pierde coherencia y credibilidad. No es sostenible.
Autenticidad no es espontaneidad, es coherencia estratégica
Uno de los grandes errores en torno al branding personal es confundir autenticidad con naturalidad sin filtro.
Ser auténtica no significa decir todo lo que se piensa ni mostrarse sin criterio, en absoluto. Significa alinear tres dimensiones:
1.-Tu identidad: quién eres y cuáles son tus valores.
2.-Tu propuesta de valor: qué aportas de forma diferencial.
3.-Tu forma de expresarlo: cómo decides comunicar en cada contexto.
La autenticidad estratégica exige conciencia, selección y consistencia. Y, en el caso de las mujeres, añadiría una exigencia más que nos facilita la vida: desmontar la presión de cumplir expectativas.
Se trata de ser firme, pero no agresiva. Visible pero no excesiva. Ambiciosa pero no incómoda… Nadie dijo que fuera fácil.
También es cierto que la marca personal bien construida permite romper a veces ese equilibrio imposible desde la propia identidad.
Credibilidad e influencia: los verdaderos activos
En entornos profesionales complejos, la visibilidad sin credibilidad es puro ruido. Y ya sabemos que la credibilidad no es algo que se gane de un día para otro.
Por eso, el verdadero objetivo de una marca personal que pretenda ganar credibilidad no es ser conocida, sino ser reconocida por algo concreto y relevante, algo que sume, que aporte valor real en el espacio en el que se participa.
A partir de ahí, la influencia será la consecuencia natural de esa credibilidad sostenida en el tiempo.
Para muchas de nosotras, esto implica un cambio de enfoque: dejar de esperar validación externa y empezar a ocupar espacio con criterio propio. No desde la sobreexposición, sino desde el posicionamiento.
Por otro lado, vengo a traeros una mala noticia que también he aprendido con el tiempo y es un error crítico: asumir que el trabajo bien hecho habla por sí solo. Siento deciros que no lo hace.
En un entorno saturado de información y estímulos, lo que no se comunica, no existe. Y lo que no se posiciona, no se recuerda.
Muchas mujeres operan desde la excelencia técnica, pero sin una estrategia de visibilidad coherente. Esto genera un desfase entre su valor real y la percepción externa, limitando oportunidades de liderazgo, crecimiento y reconocimiento. La marca personal nos ayuda a corregir esta brecha.
No se trata de exponernos más, sino de hacerlo mejor: con intención, con narrativa y con objetivos claros. Y para ello hay que conocerse. Ocurre lo mismo en el mundo empresarial: muchas empresas ni siquiera se conocen bien. Por eso el branding tiene que ver con el ADN, ya sea de una organización o de una persona.
Por eso, la marca personal es una herramienta clave en este proceso que permite introducir nuevas formas de adquirir el liderazgo. Cuando una mujer construye una marca personal sólida, mejora su posicionamiento individual, pero también amplía el marco de su perfil en un entorno competitivo. Y eso tiene un efecto multiplicador.
Una decisión estratégica, no estética
La marca personal para nosotras, las mujeres, no es una cuestión de imagen. Es una decisión estratégica sobre cómo queremos participar en el mundo profesional. Es una herramienta de empoderamiento real que nos permite ganar autonomía narrativa, reforzar la credibilidad y ejercer influencia desde un lugar propio.
No se trata de encajar. Se trata de definir.
Y, sobre todo, de sostener esa definición con coherencia, incluso cuando el entorno, pese a estar en el siglo XXI, todavía no esté preparado.
Porque la única forma de cambio social que existe es cambiarnos primero a nosotras mismas. Por eso el mundo necesita más branding personal de mujeres profesionales: no con intención de borrar tanta presencia masculina, en absoluto, sino para enriquecer el repertorio de manera igualitaria y con voces propias.
Clara Vega Lanza es actualmente consultora de Comunicación estratégica, Marketing corporativo y Relaciones Institucionales.
Como periodista y especialista en igualdad de género, pretende transmitir una la visión humanista de lo que ella misma denomina un “feminismo del entendimiento”, dentro del feminismo liberal que más la define.
Aparte de transitar los libros, la Universidad y varias Escuelas de negocio, ha vivido en 4 países y ha viajado por más de 40 intentado convertir la teoría en experiencia y la experiencia en criterio.


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