¡Quería ser un gigante…!
«Pensar que solo “somos lo que hacemos” es triste y reduccionista. Lo es porque nuestra mente inconsciente tiene multitud de soluciones y respuestas delante de los restos que le planteamos. Pero si nuestra conciencia insiste en formularle la misma pregunta, le ofrecerá, a regañadientes, la misma respuesta aunque sepa que es la equivocada.«

Gordon Johnson en Pixabay
Brendan Mahony estaba exultante. Estaba en Silicon Valley preparado para emular a Apple, Facebook, Airbnb, Google. Estaba listo para jugar en las Grandes Ligas. Estaba viviendo su sueño de adolescencia: Brendan quería ser un gigante…!
Brendan es solo uno de esos millones de ingenieros que han abandonado sus guaridas y se han dejado arrastrar por los cantos de sirena de las atractivas ciudades Hubs. Que han sustituido pantalones de chándal y sudaderas por los dockers y los polos de marca que tanto gustan a los inversores. Que han dejado de ser freakies para convertirse en codiciados objetos de deseo. Que han colgado en las paredes de sus escuálidos apartamentos la receta del éxito: «Come mierda durante 48 meses. Come caviar por el resto de tu vida»
Y Brendan lo hizo todo, creyó a pies juntillas que trabajar sin cesar lejos de las “distracciones mundanas” era el camino correcto, el camino para ser un emprendedor exitoso.
Abrazó convencido que la aburrida monotonía de interminables días sin nombre y sin horas era la métrica que definía su éxito:
Nosotros trabajamos. Comimos.
Nosotros trabajamos. Comimos demasiado.
Nosotros trabajamos. Subimos de peso.
Nosotros trabajamos. Dejamos de ir al gimnasio.
Nosotros trabajamos…
«Soy un llorón feo»
Brendan lloró. Su cuerpo sabio se cansó de oír la voz chillona de su conciencia. Su mente inconsciente le susurraba entre sueños psicodélicos que ser emprendedor no era eso, que él conocía otras definiciones. Pero Brendan insistía: más horas, menos distracciones…quizá si tecleo más rápido, si paso una nueva ronda, si cambio de equipo…Su hemisferio izquierdo insistía en justificar sus acciones y sus comportamientos mientras Brendan lloraba.
“… el mecanismo interpretativo del hemisferio izquierdo mantiene una actividad incesante, en busca del significado de los hechos. Constantemente va en pos del orden y la razón, aun cuando no haya ninguno, lo que conduce continuamente a cometer errores.»
Gazzaniga, «The split-brain revisited»
Brendan quería ser un gigante, alcanzar el éxito lo definía, En su memoria, recuerdos, creencias, comportamientos y acciones el concepto “éxito” era una constante. Estoy segura que en un listado de valores “éxito” brillaba con luz propia. Y lo peor, es que si lo dudaba su mente le llevaba al lugar del miedo, a la oscura habitación del “fracaso”
Pero “éxito” es un concepto difuso y difícil de definir. En una definición formal “es el estado o condición de cumplir con una serie de expectativas formuladas con anterioridad”.
Pongámoslo fácil: “tendré éxito en mi dieta si el 31 de enero he adelgazado 3 kilos”. Atendiendo a la definición puedo afirmar que soy una mujer de éxito porque he cumplido mis expectativas formuladas ¿O no?

La frase más conocida de Maquiavelo es “el fin justifica los medios”. Así, da igual qué estrategia utilice para que la báscula me confirme los 3 kilos perdidos, lo verdaderamente “exitoso” es el resultado. Nadie puede juzgarme, ni siquiera yo misma. por poner en riesgo mi salud por el ayuno, las dietas milagrosas o cualquier otra estratagema. Tampoco pueden responsabilizarme por el “efecto rebote” o por futuros disturbios alimentarios…Uum! Creo que la definición no me convence del todo.
Por lo poco que sé, a Brendan tampoco acabó de convencerlo. Si os parece, juguemos a detectives y probemos a descubrir cómo nuestro protagonista lloraba a moco tendido…
Tropos venenosos
Según David Eagleman “cómo acaba uno siendo depende de dónde ha estado”. Nuestro protagonista nació en Nueva York donde vivió su adolescencia millennial.
En NY la línea que separa el triunfo del fracaso está hecha de pequeños detalles y es altamente probable que Brendon tuviera muy claros los escalones de su escalera del éxito: buenas escuelas, buenas relaciones, educación en el esfuerzo.…todo lo necesario para alcanzar las plantas superiores de los rascacielos de oficinas y los apartamentos con vistas a Central Park.
Llegó a Silicon Valley con los primeros peldaños superados y sus sueños de “startapero” en la mochila dispuesto a “petarlo”. Sí, porque Mahony no solo es fruto de su lugar de nacimiento, sino también de su lugar en el mundo y una startup es la “puesta en marcha de un estado de ánimo”.
“Una startup es cuando la gente se une a la empresa y juntos deciden de forma explícita renunciar a la estabilidad, a cambio de la promesa de un enorme crecimiento y la emoción de hacerlo de forma inmediata” Adora Cheung, una de las fundadoras de Homejoy.
Así, en su escalada hacia el éxito incluía las expectativas de enorme e inmediato crecimiento, dominar y engullir a sus competidores, inversiones externas multimillonarias, formar parte del club selecto de los “unicornios”…y a cambio, esfuerzo, sacrificio, horas, stress, angustia, hábitos desastrosos, engordar, alejarse de los seres queridos…Y llorar, llorar mucho.
Un precio muy caro por una exigua promesa de recompensa,…Porque es sabido que el 90% de las startup fracasan. Pero él no se resignaba, en su “mapa” no había lugar para el fracaso quizás porque el constante martilleo de la industria inundaban su ser de narraciones “mitológicas” de emprendedores exitosos.
La escalera y la pared o viceversa
Pensar que solo “somos lo que hacemos” es triste y reduccionista. Lo es porque nuestra mente inconsciente tiene multitud de soluciones y respuestas delante de los restos que le planteamos. Pero si nuestra conciencia insiste en formularle la misma pregunta, le ofrecerá, a regañadientes, la misma respuesta aunque sepa que es la equivocada.
El cerebro inconsciente es el primero en darse cuenta de las cosas, y la conciencia va a la zaga. David Eagleman. “Incógnito”
Hacer un pulso con nuestro inconsciente es una batalla perdida porque, no sólo lo sabe antes, sino que además tiene un gran aliado: nuestro cuerpo. Un cuerpo que pierde el equilibrio cuando no apoyamos nuestra escalera hacia el éxito en la pared correcta.
Esa es la pared de nuestros principios, valores, amores, emociones, pasiones. No es la pared de los pósteres llenos de frases motivadoras, sino la de nuestros recuerdos más preciados, la de las fotografías de nuestros amores, de nuestros grandes viajes, de nuestras dudas, sueños, ilusiones y sí, también la de nuestros miedos.
Brendan no fracasó, pero aprendió la lección. No abandonó a su “bebé”, su empresa sigue siendo una prioridad, sigue dedicándole horas y trabajo constantes. Pero ahora sabe que no es todo, que hay mucho más.
Brendan volvió a Nueva York y …
Bueno, no lo estamos “petando”. Pero me estoy divirtiendo construyendo este negocio nuevamente. Me mantengo saludable y disfruto de otras áreas de mi vida. Los que no giran en torno a alcanzar los KPI o cualquier tontería que se esté lanzando.
La historia completa de Brendan Mahony AQUÍ

Marta Fernandez de Arroyabe Mas
Máster Coach UB Certificada Coaching Comercial CIE. Humanista, ADE y como buena barcelonesa llevo el comercio en mis venas. He trabajado en el sector desde que tengo conciencia. En grandes empresas, en mis propios negocios, aquí y en el extranjero. Como humanista, la perspectiva, la curiosidad y la pasión por la voluntad humana de crear. Como empresaria la constancia, la lucidez de las cifras y, a veces, la desesperación. Como coach, ⓓⓐⓡ es mi manera de ser útil a todos los profesionales de la venta. Una metodología creada y probada para alcanzar tus metas. Mi correo: coreografies@gmail.com
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