Ruth Ebergenyi: «Ser capaz no significa hacerte cargo de todo»

Por Marita Seara
Hay conversaciones que empiezan hablando de algo que parece cotidiano y terminan llevándonos a preguntas mucho más profundas. ¿Cuánto de lo que hacemos responde realmente a lo que queremos? ¿Cuánto tiene que ver con aquello que aprendimos, con las expectativas que asumimos y con esa necesidad de demostrar constantemente que podemos con todo?
Con Ruth Ebergenyi hablamos de energía, de estrés y de bienestar, pero también de algo que atraviesa buena parte de la vida de muchas mujeres: la dificultad para detenernos, escucharnos y reconocer cuándo necesitamos cambiar el rumbo.
Ruth lleva más de treinta años trabajando en consultoría y acompañando procesos de formación y desarrollo. Es formadora, mentora y autora de El poder de tus cuerpos invisibles, y ha orientado buena parte de su trabajo hacia el liderazgo consciente, la regulación del estrés y el bienestar integral.
En nuestra conversación nos adentramos en esos patrones que arrastramos desde la infancia y que, muchas veces sin darnos cuenta, trasladamos a nuestra manera de trabajar, dirigir y relacionarnos. Hablamos de hipnoterapia, de cómo reconocer las señales del agotamiento antes de que nuestro cuerpo nos obligue a parar y de la importancia de aprender a vivir con mayor conciencia.
También conocemos Integrando Presencia, la comunidad desde la que Ruth acompaña a mujeres en ese proceso de transformación, y algunas de las prácticas que propone para recuperar el equilibrio en nuestra vida cotidiana.
«Creemos que hacer más, producir más, exigirnos más, va a hacernos sentir mejor, y no. Caemos en esa rueda y nunca es suficiente todo lo que hacemos, siempre sentimos que algo falta y vamos desgastándonos poco a poco: física, mental, emocionalmente, por supuesto».
El primer precio de poder con todo
Visionarias (Marita): Las mujeres que lideramos solemos decir que podemos sostenerlo todo. ¿Qué ocurre cuando esa capacidad pierde el equilibrio y se convierte en una fuente constante de estrés y de agotamiento?
Ruth Ebergenyi: Algo que siempre les comento a todas mis alumnas o mis clientas es que ser capaz no significa hacerte cargo de todo, que es justo lo que estás planteando. Yo misma, en más de 30 años que llevo en consultoría trabajando con empresas pequeñas, medianas, grandes, internacionales, locales y demás, he tenido tres periodos de burnout.
Desde 1989, el primero, del corazón; el segundo, en 1999, 10 años después, que fue por migrañas; y el tercero, en 2012, que fue una colitis que casi me llevó al hospital. Y realmente aprendí muchísimas cosas de esas tres ocasiones. Y, como narro en mi libro, yo vivía como en la rueda del hámster.
Había que hacer, cada vez hacer más, hacerte cargo de todo lo que te toca como mujer: la casa, el lunch para el niño, planchar la ropa, etcétera, más todo lo que llevaba el guiar equipos de trabajo, el estar viendo que todo saliera perfecto. Porque yo, en aquella época, que también voy a hacer la diferencia, no buscaba la excelencia, buscaba la perfección, y eso acaba enfermándonos a todos. Y creemos que hacer más, producir más, exigirnos más, pues va a hacernos sentir mejor, y no. Caemos en esa rueda y nunca es suficiente todo lo que hacemos, siempre sentimos que algo falta y vamos desgastándonos poco a poco: física, mental, emocionalmente, por supuesto.
Y entonces todo se vuelve más exigencia para la mujer. Si descansamos, uf, qué culpa, ¿no?: «Estoy tomándome estas horas, estoy tomándome todo el sábado, me tomé el fin de semana, no, no puede ser, tendría que estar haciendo algo productivo». Y, por ejemplo, una de mis participantes en Integrando Presencia, comunidad de la que hablaremos más tarde, me decía que ella se tomaba todas las responsabilidades en su oficina.
Ella tenía que supervisar equipo y demás, pero veía que algo iba a salir ligeramente mal de acuerdo a sus estándares: «No, no, no, yo lo hago, yo lo hago, yo lo hago, yo lo hago». Y no ponía límites y no respetaba sus horarios. No sabes cómo me identifico con ellas. Yo desayunaba, comía y cenaba en la oficina, no respetaba ni mis momentos de tener que ir al baño.
Todo eso es la autoexigencia en su máxima expresión y te va mermando todos tus sistemas. Y si para mi como empresaria todo depende de mí, pues, si todo depende de mí, mi negocio no puede crecer más allá de mi capacidad, y ahí el cuello de botella es la propia empresaria. Y lo que he aprendido es que no necesitamos demostrar nuestro valor cargando con todo.
Cada una ya somos valiosas, talentosas, tenemos muchísimas capacidades; no hay que cargar con todo para demostrarlo.
«Lo que he aprendido es que no necesitamos demostrar nuestro valor cargando con todo. Cada una ya somos valiosas, talentosas, tenemos muchísimas capacidades; no hay que cargar con todo para demostrarlo».

La niña que todavía dirige a la adulta
Visionarias: ¿Qué hay detrás de ese perfeccionismo, de ese querer demostrar que podemos con todo, aun con una carga de cuidado que se nos exige más a las mujeres que a los hombres? ¿Nos ocurre más a nosotras?
Ruth: Pues fíjate que, en mi experiencia, yo he recibido muchísimas más mujeres: nueve mujeres por un hombre en este tipo de cursos, de membresías, de programas para liberar el estrés. Los hombres, no sé si sea por cultura, no te lo puedo asegurar. Yo diría que es probable.
La parte de «tienes que estar sentadita, calladita, ser la niña perfecta, ser la niña que se haga cargo de esto, ser la niña que no reclama», va formando las creencias de la niña, sin mala intención de nadie, de los adultos que estaban con ella, por supuesto. Pero la niña va percibiéndose como imperfecta, como que le falta algo, como decía la gran autora Louise Hay, como que no eres suficientemente buena. Ese buscar que me acepten, que me amen, porque cada vez me hago cargo de más: porque «esta comida con los hermanos, yo voy a organizar todo», porque «esto es mi oficina, yo voy a poner hasta mi vajilla y mis manteles porque ahorita la oficina no tiene para comprar».
Cosas como ser la salvadora, que con eso trabajamos mucho, y ser también la víctima. Porque cualquier persona que se muestre como salvadora y que se esté haciendo cargo de lo que no le toca, tarde o temprano se siente víctima, siente resentimiento contra los hermanos, si es el caso, contra los colaboradores, contra los compañeros directivos del mismo nivel: «¿Por qué me estoy haciendo cargo yo?».
Y viene desde ahí, viene de creencias, de patrones que repetimos y que adoptamos desde muy, muy pequeñitas, al menos las mujeres. Y, sí, insisto, nueve de cada 10 personas con las que yo trabajo son mujeres. Los hombres sí, pero son muy pocos los que… no sé si los que acepten y digan: «Sí, yo también requiero ayuda, porque no sé realmente cómo liberar el estrés y demás», o porque ellos tengan más facilidad.
Hay muchos que hacen deporte, que salen a correr todos los días, que juegan al tenis o lo que sea, y desfogan. Y la mujer tiene tantas cosas que no se da el tiempo. Porque ese es respeto a uno mismo, que necesito alguna actividad. A lo mejor no es correr, a lo mejor es yoga, es otro tipo de actividad en donde pudiera relajarse.
Un dron desde arriba: cómo trabaja la hipnoterapia
Le pedimos a Ruth que explicara qué es la hipnoterapia y cómo trabaja con ella. Empezó por el cerebro. Cuando conversamos o resolvemos asuntos en la empresa, cuenta, tenemos ondas beta, «muy aceleradas, muy seguiditas unas a otras». Dice que el mismo Buda las describía como si tuviéramos «un changuito en el cerebro dando órdenes», y ella las ilustra con una lista de tareas: «La entrevista con Marita, después checa esa factura, por favor, ve la cotización de esto».
Según Ruth, cuando hacemos respiraciones conscientes durante tres minutos, las ondas cerebrales pasan de beta a alfa, «más ligeras, más separadas». Aparece entonces más claridad para decidir y menos impulso de reaccionar: «respondo tomándome mis segundos para valorar la situación».
Más allá están las ondas theta, las del trance hipnótico. La persona está «consciente y está tan relajada» que puede ir hasta donde se generó el patrón. El terapeuta no le dice a dónde ir: la guía y le pide a su inconsciente que la lleve al momento en que ese patrón se originó, a veces una frase que alguien dijo y que dejó daño. Ahí, aclara Ruth, no se trata de volver a vivir el drama, sino de ver la escena «como un dron desde arriba» y sanar el momento, sobre todo en lo emocional.
También se pregunta al inconsciente si ese es el origen del patrón o si hay que ir a vidas pasadas. Aquí le comenté que es un tema que me encanta y que el libro «Muchas vidas, muchos sabios» de Brian Weiss, me impresionó muchísimo, y le pregunté si esos patrones también pueden venir de vidas pasadas. «Sí, claro. Es así», respondió. Hay ocasiones, añadió, en que alguien vivió algo en una vida anterior y ese fue «el punto de inicio» de un patrón de esta vida. Esa conversación quedó para otro día.
Cuando la persona regresa del trance, los resultados se ven «en los días y las semanas siguientes»: deja ciertos patrones, ciertos comportamientos, con la pareja o en el trabajo, como ese de «yo quiero hacer todo porque no me siento amada o no me siento aceptada». Es, resume Ruth, una de las maneras de cambiar los patrones de raíz.
Los patrones que llevamos al liderazgo
Visionarias: Hablas de esos patrones de exigencia que se construyen desde la infancia. ¿Cómo se ven en el día a día de una empresaria?
Ruth: Lo interesante con las empresarias, por ejemplo, es ver que la niña que necesitaba ser excelente siempre busca reconocimiento mediante resultados. Todo lo que yo manejo es no quedarnos anclados en «ay, es que como niña yo sentí…». Como niña pudimos sentir muchísimas cosas, que nuestros adultos no era su intención lastimarnos ni mucho menos. ¿Cómo las estás viendo reflejadas en tu día a día?
Y eso es en lo que nos centramos. «Ah, pues es que sí estoy buscando el reconocimiento». La niña que tenía que cuidar a los hermanitos, por ejemplo, por diferentes motivos: es la empresaria que prioriza a todos los demás y ella, al final, hasta que se enferma y cae en el hospital, y constantemente oigo esos casos. La niña que evitaba conflictos, que aprendió a callarse por miedo. ¿Qué hace la adulta?
No llamarle la atención al subalterno o al colaborador, que es un error garrafal que le costó mucho dinero porque no sabe cómo y si se va a molestar. Todo eso hay que ver, qué estamos haciendo en nuestra vida adulta, cómo está afectando a nuestro equipo de trabajo o a nuestra empresa. Y en el curso que tengo de Usa tu poder interior, por ejemplo, trabajamos con los lentes.
Les digo que todos llevamos unos lentes con los que vemos la vida, y esos lentes dependen de la infancia que tuvimos, de lo que traemos guardado en el inconsciente, y pues es nuestra reacción a todo lo que ocurre, y podemos cambiarlo.
Antes de llegar al hospital: las señales del burnout
Le preguntamos qué señales hay que vigilar y si hace falta llegar «al borde del precipicio», como le pasó a ella tres veces. Ruth empezó distinguiendo dos tipos de estrés. Existe el eustrés, «el que nos motiva», el que ante un desafío nos hace decir «sí puedo con este desafío, qué emoción, voy a aprender algo nuevo». Y existe el otro, el que lleva al burnout y «tiene muchas señales».
La primera es el sueño: si la persona duerme toda la noche o se despierta a las 2 o las 3 de la mañana «con pendientes de la oficina». Después, la fatiga persistente: «me acosté temprano, dormí 8 horas, pero me siento agotada todo el día», y eso, comenta Ruth, no es normal. También los miedos y las pesadillas que antes no existían, y la irritabilidad: nos convertimos «como el niño chiquito que no ha dormido la siesta». Luego, la dificultad para concentrarse, la pérdida de entusiasmo por ir a la oficina y las decisiones reactivas, tomadas desde el miedo.
A eso se suma el exceso de control: «ya no la excelencia, sino el perfeccionismo». Y, en casa, la impaciencia con la pareja y con los hijos y una menor disponibilidad emocional: la persona está, pero no está presente.
Cuando ese estado se prolonga, explica, el cortisol es «alto, alto, alto, alto» y mantiene el sistema nervioso «alerta, alerta, alerta». Llegan las fallas en el metabolismo, las digestivas, las migrañas, «falla hasta el corazón». Todo se empieza a descomponer, pero nada empezó en el órgano: el órgano, dice, ya es el final.
De ahí su frase: «No esperes a que tu cuerpo te obligue a detenerte. Ve haciendo altos tú con toda conciencia».
Integrando Presencia: aprender a estar
Visionarias: Me gustaría que nos hablaras de Integrando Presencia. Primero, me encanta el nombre: ¿por qué elegiste llamarla así? Y, sobre todo, ¿qué significa para ti integrar la presencia en nuestra vida cotidiana?
Ruth: Pues mira, el nombre para mí es importantísimo.
La presencia, algo que tendremos o tendríamos que estar practicando continuamente.
Cuando elegimos tomar un vaso con agua, realmente el agua o el té, el café, saborearlo; cuando estamos con otra persona, estar con la persona. ¿Cuántas personas te están atendiendo, te están escuchando y están con el celular, y ves que están en scrolling o contestando otro texto?No están presentes contigo.
Y para estar presentes requerimos esos momentos de calma, requerimos estar tomando conciencia de qué estamos haciendo cada momento. «Con Marita reaccioné, no le respondí, reaccioné desde la irritabilidad. ¿Por qué? ¿Qué está pasando conmigo? Voy a hacer un alto».
La verdad es que vivimos en piloto automático, a toda velocidad, ya acostumbrados a qué hora suena el despertador, qué hago después, a dónde me dirijo, cómo manejo o si no manejo, ya llegué, pongo mis cosas en la oficina y arranco el día. Un día y otro día y otro día. ¿Y cómo integramos con práctica? Eso no es algo que vayamos a recibir o que las personas que lleguen a la membresía reciban información.
Herramientas para un liderazgo consciente
Visionarias: Además de Integrando Presencia, has desarrollado otras propuestas para trabajar el bienestar, la energía y el liderazgo consciente. Me gustaría que nos contaras qué otros espacios de formación y acompañamiento has creado y qué podemos encontrar en ellos.
Ruth: Uno es el taller Reset Energético 180, que es en el que te decía que explico el eustrés, el distrés, el cortisol, cómo te va afectando, y doy rutinas: rutinas matutinas y nocturnas.
He estado en cursos, con el doctor Eduard Estivill, reconocido como «el gurú del sueño». Él tiene una rutina nocturna muy vasta, pero en mi curso vamos aplicando lo que cada una podemos, porque el estrés empieza la noche anterior: ¿cómo nos preparamos la noche anterior para descansar y para el día siguiente? Entonces, en Reset Energético, un taller cortito, te dejo con muchas herramientas para que vayas mejorando tu día a día y disminuyendo el estrés.
También imparto mi curso Usa tu poder interior, que está basado en mi libro «El poder de tus cuerpos invisibles», y en él vamos de vivir en piloto automático a realmente estar viviendo desde la conciencia. Cuando estamos en piloto automático, creamos toda nuestra realidad actual y futura desde el inconsciente. O sea, no nos damos cuenta, pero estamos creando.
Y ahí a lo que vamos es a conocer nuestro cuerpo energético, nuestra aura con todas sus capas, los centros de poder o de energía, los chakras, cómo se relacionan con cada órgano; qué es importante hacer; cómo podemos obtener más energía para no estar desfallecidos a lo largo del día; ciertas rutinas también; qué es el prana, la energía. Y todo esto funciona para un liderazgo consciente y energético.

Integrando presencia: la comunidad
Ruth explica que Integrando Presencia es una comunidad en la que hay vídeos cortos que las participantes pueden consultar a medida que trabajan los distintos temas, aunque insiste en que lo principal es la práctica.
Se reúnen tres veces al mes durante una hora. En esos encuentros van integrando lo aprendido y, en ocasiones, realizan hipnosis grupales. También organizan sesiones más largas cuando detectan algún reto compartido por el grupo y ofrecen hipnosis de manera particular.
La propuesta combina información, práctica y acompañamiento para que los ejercicios se conviertan en hábitos. Las participantes tienen acceso al WhatsApp de Ruth y pueden escribirle cuando atraviesan una situación difícil en el trabajo o en su empresa. Ella las ayuda a reconocer desde dónde están reaccionando y a detenerse antes de repetir un comportamiento.
Ruth cuenta que muchas de las situaciones que le comparten las participantes también las ha vivido ella. Para su comunidad es fundamental que se acompañen desde la compasión y nunca desde la crítica. Ese apoyo permite compartir avances, reconocer límites y observar cómo cambian las relaciones familiares y laborales.
También procura que cada mujer encuentre su propio camino: «No todas somos iguales, no todas tuvimos la misma infancia y eso es lo que procuro». El acompañamiento incluye el trabajo con la energía y el sistema nervioso, así como rutinas matutinas y nocturnas.
Las sesiones son online. Los vídeos se liberan progresivamente en Skool, la plataforma que utiliza Ruth, y los encuentros se realizan en directo. Los contenidos son breves, de cinco o seis minutos, para facilitar que las participantes puedan incorporarlos a su día a día.
Cuatro prácticas para recuperar tu energía
Visionarias: Para terminar, Ruth, nos has dado muchas pistas sobre cómo recuperar el equilibrio y aprender a cuidarnos. Me gustaría que compartieras algunas recomendaciones prácticas, especialmente para las mujeres que están leyendo esta entrevista y que viven corriendo, muchas veces en piloto automático. ¿Qué podemos empezar a hacer desde hoy?
Ruth: Lo primordial que recomiendo a todo el mundo es hacer cinco o seis altos o pausas a lo largo del día y hacer respiración consciente, 3 minutos. No requieren, si están en un entorno de oficina y no pueden levantarse, ir a un jardín, sentarse junto a un árbol; no importa.
Yo estuve ahí. Yo tenía mi macetita, y entonces lo que hacía era concentrarme; si no quería cerrar los ojos porque los demás estaban viendo, puede ser. Y te concentras 3 minutos, pones lejos tu celular. ¿Qué es respiración consciente? Puedes, si estás solo, poner una mano en el pecho y la otra en el abdomen.
Cada vez que inhalas, la única mano que se debe mover es la del abdomen. Así sabes que el aire está realmente llegando al fondo de los pulmones, y exhalas. Puede ser inhalar por la nariz y exhalar también por la nariz, o inhalas por la nariz y exhalas por la boca. Muy importante aquí es hacer la inhalación la mitad del tiempo de la exhalación. Eso te va a relajar todavía más rápido, 3 minutos.
Esa es la primera. La segunda es tomar sol, si les es posible, las primeras horas. Si son de las que les guste el amanecer, como a mí, tomen los rayos del sol a la hora del amanecer. Eso produce unos grandes cambios en una glándula que tenemos en el cerebro que se llama la glándula pineal.
Tiene que ver con el estado de ánimo, con cómo vamos a dormir, mejor o peor, en la noche y tiene que ver con que nos sintamos más agotados o más llenos de vida durante el día. El sol es vital. Nadie habla de ponerse a las 2 de la tarde y que te dé cáncer de piel. No, las primeras horas del amanecer, los primeros minutos, y tomar ese sol, solo unos 15 minutos.
El tercero, ya para dormir: evitar estar con pantallas una hora antes de dormir. No celular, no computadora, no televisión; puedes charlar con tu pareja, o si no tienes pareja, leer un libro, escuchar un podcast, pero no estar ya con las pantallas, porque la luz de las pantallas también son estímulos para el cerebro, y seguimos con el sistema nervioso en alerta con lo que está pasando.
Hoy por hoy, si te pones en cualquier red social lo que ves son disturbios, guerras, destrucción. ¿Cómo deja eso al sistema nervioso antes de dormir? Mal. Ya te quedas estresado.
Y te voy a dar la cuarta: antes de dormir, piensen en algo lindo, pueden agradecer por algo del día, tres cositas de su día, y pensar algo lindo para el día siguiente.
El doctor Wayne Dyer decía que cuando nosotros vamos a dormir, tenemos un caldo de cultivo en el inconsciente, y lo que tú le dejes antes de dormir lo va a estar, como la olla con las verduras y demás, así está cocinando, cocinando, y así te va a dar todo para el día siguiente.
Entonces, antes, ya cuando te estés quedando dormido, después de agradecer te dices: «mañana quiero lograr esto», o «mañana voy a ver tal cosa», o «el proyecto va a salir increíble», y se lo dejas así al inconsciente.

¿Quién es Ruth Ebergenyi?
Formadora de líderes, mentora, consultora y autora.
Con más de 30 años de trayectoria, Ruth Ebergenyi ha dedicado su carrera a desarrollar el potencial humano y transformar el conocimiento en resultados.
Junto con su esposo, ha formado a miles de speakers, coaches y capacitadores, ayudándolos a convertir sus ideas y experiencia en programas de formación profesionales, tanto presenciales como digitales.
Como consultora, ha liderado procesos de desarrollo organizacional en instituciones públicas y privadas, nacionales e internacionales, incluyendo organizaciones de hasta 11.000 colaboradores. También ha diseñado programas de transformación social orientados a fortalecer la autonomía económica, las relaciones familiares y el desarrollo comunitario.
Su trayectoria integra más de 20 años de formación en disciplinas energéticas y desarrollo de la consciencia, así como nueve años de aplicación de un programa propio dirigido a mujeres líderes que buscan gestionar el estrés y recuperar su bienestar, con participantes de Latinoamérica y Estados Unidos.
Es autora de «El poder de tus cuerpos invisibles», cuyas dos ediciones fueron presentadas en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
Actualmente, su mayor pasión es acompañar a las personas a descubrir su poder interior y utilizarlo para crear la vida que realmente desean.
Para ello, desarrolla distintas propuestas: el curso-taller Usa tu Poder Interior, que integra neurociencias, epigenética, física cuántica, energía y espiritualidad; la hipnoterapia, orientada a trabajar creencias, emociones y experiencias que limitan el bienestar; y las Constelaciones Cuánticas Conscientes, con las que propone explorar y transformar patrones y situaciones que llevan años sin resolverse.
Su propósito es que cada persona reconozca que tiene más posibilidades de elección de las que imagina y aprenda a utilizarlas para transformar su vida.
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Marita Seara Fernández
Marita Seara es periodista, editora y consultora en comunicación y proyectos editoriales. Su trabajo se centra en investigar, construir y contar historias, desarrollar contenidos y dar dirección editorial a proyectos que buscan aportar conocimiento, abrir conversaciones y poner en valor nuevas voces y perspectivas.
Con una trayectoria de más de tres décadas en comunicación corporativa, medios y publicaciones especializadas, ha dirigido departamentos de comunicación de organizaciones vinculadas al mundo empresarial y de las inversiones. Fue directora de Comunicaciones de la Cámara de Industria y Comercio de Estados Unidos y Venezuela, gerente de Comunicaciones del Consejo Nacional de Promoción de Inversiones y editora de la revista de economía y negocios Business Venezuela.
En 2014 creó Voces Visibles, un espacio dedicado a las historias, los derechos y las aportaciones de mujeres y niñas. Es autora de La Mujer. Una Voz que se extiende, publicado en Amazon, y coautora de La Visibilidad en 3 miradas: Cuando la Voz se escribe y Tendencias 2026: 16 miradas sobre los cambios que redefinen el mundo.
Actualmente desarrolla proyectos de dirección y acompañamiento editorial, trabaja con mujeres en la construcción de su voz de autora y en el posicionamiento de sus conocimientos y trayectorias, y colabora con organizaciones en el desarrollo de contenidos y narrativas vinculados a sus iniciativas y programas.
Es fundadora de Visionarias Business, plataforma de contenidos, conocimiento y encuentro que dirige desde su dimensión ejecutiva y editorial, y creadora de la Red de Expertas Visionarias.
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